Historia Inmediata


Chávez


El siguiente texto fue publicado en el diario Panorama, de Maracaibo, el 15 de noviembre de 2001:

La hora de Chávez

Roberto López Sánchez
Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela

 El ascenso al poder de Hugo Chávez Frías se produjo en circunstancias excepcionales y a través de acontecimientos vertiginosos. Una breve presentación en televisión cambió una derrota militar y dudosa rendición en victoria política, el 4 de febrero del 92. La euforia chavista de los meses posteriores al 4 de febrero se esfumó luego del fracaso del levantamiento militar del 27 de noviembre. Cuando salió de la cárcel, en 1994, casi nadie le prestaba atención, salvo un grupo de fanáticos fundamentalistas que creían haber encontrado al salvador de la patria. La historia cambió cuando decide participar en el proceso electoral del 98.

La campaña electoral y el triunfo alcanzado en diciembre del 98 constituyó una avalancha de adhesiones difíciles de digerir política y personalmente. El descontento popular acumulado en casi dos décadas de crisis económica y una década de crisis política se volcó hacia Chávez, pero no por razones que se relacionarán con una pretendida coherencia programática y organizativa de su candidatura. El efecto Chávez jugó un papel determinante en su triunfo electoral. Sus mismos enemigos le hicieron la campaña. Mientras más se estigmatizaba su candidatura, más crecía la misma en votos. Si la población tenía alguna duda sobre quien se presentaba como enemigo del puntofijismo, como eventual verdugo de la cogollocracia, las campañas de Salas Römer, de AD y Copei se encargaron de decírselo. De esta forma, el saco de gatos del chavismo logró un histórico triunfo electoral. Los anhelos de cambio manifestados desde el 27 de febrero de 1989 adquirían así concreción en el nuevo gobierno de Hu!go Chávez.

Cuando Acción Democrática ganó las elecciones en 1958 tenía un poderoso partido con cuadros experimentados durante 30 años de lucha en la clandestinidad, la legalidad, en la oposición y en el ejercicio del gobierno, en acciones tanto pacíficas como violentas, en la cárcel, la tortura y el exilio. Sus raíces en el movimiento obrero y campesino tenían tres décadas de crecimiento sostenido. Sus integrantes dejaban tras de si a valiosos dirigentes caídos en la lucha por conquistar la democracia, como Ruiz Pineda, Pinto Salinas, Carnevali. No eran doce horas de alzamiento fracasado el currículum que presentaban ante el país. Eran treinta años de larga y penosa lucha por conquistar un régimen de libertades formales. No habían circunstancias fortuitas de por medio; era un triunfo político buscado y planificado desde 1928.

El chavismo en cambio existe producto de circunstancias fortuitas. El golpe de suerte ha sido el elemento principal en los aciertos políticos del chavismo. Y Chávez parece haber erigido toda una práctica política confiado en la suerte, en el destino. Pero la historia enseña que las circunstancias fortuitas tienen su momento y pasan. Actualmente el gran momento histórico de Chávez ya ha pasado. Siete triunfos electorales corridos y una Asamblea Constituyente no son poca cosa en términos históricos. Pero tarde o temprano las deficiencias salen a flote, y no son pocas las que el chavismo arrastra.

El alzamiento del 4 de febrero se justificó con un discurso que actores civiles relativamente anónimos habían construido durante un lustro de violentas protestas populares. Chávez se apropió de ese discurso y eclipsó a las organizaciones populares que con su combate de calle habían deslegitimado al puntofijismo. Chávez se hizo heredero de un discurso y una práctica sociopolítica con la cual no había tenido la menor relación. Ahora, la suerte se ha acabado, y Chávez se enfrenta a la realidad de contar con una propuesta política incoherente, en la cual se combinan elementos de transformación con tesis abiertamente neoliberales y conservadoras, y una organización de aventureros que no sirve siquiera para repetir los vicios del puntofijismo. Es la hora de Chávez.