Historia Inmediata


Chávez


En respuesta al prof. Aguilera, de la ULA:

Dado que su opinión intenta argumentar una pretendida raíz del proceso que vivimos en la historia reciente de Venezuela, me permito responder. No es mi intención polemizar personalmente con nadie, pues la manipulación que vivimos termina llamando insultos cuando alguien opina distinto a otro. Pero creo que aquí se puede tener cierta altura en el debate teórico, siempre que el mismo se entienda vinculado en todo momento a un compromiso práctico. En un país al borde de una guerra civil, cualquier opinión pública implica un riesgo vital que supongo todos estamos conscientes de ello.

Discrepo radicalmente de la tesis que considera que el proceso que vive Venezuela actualmente tiene sus raíces en el Pacto de Punto Fijo, y Chávez sea el último representante de ese proceso. En otros escritos he afirmado que en 1989 se abrió en el país un período de la historia que se caracteriza fundamentalmente por el protagonismo popular. El 27 de febrero comenzó a actuar políticamente una gran mayoría social que había estado mediatizada por el puntofijismo. La debacle del control que los partidos políticos ejercían sobre las masas populares permitió la modificación en la correlación de las fuerzas sociales en Venezuela. El momento culminante de este protagonismo popular nacido del 27 de febrero ha sido el triunfo electoral de Chávez en 1998 y los subsiguientes triunfos en seis procesos eleccionarios. Pero lo ocurrido el 13 de abril del 2002 es aún una circunstancia histórica más significativa, y que demuestra contundentemente nuestra afirmación sobre el proceso iniciado en 1989. Chávez ha sido un intérprete del sentir popular, pero eso no significa que en sí mismo encierre el sentir popular. Como hemos dicho en otros documentos, la alianza política que llevó a Chávez a la presidencia se despedazó el 11 de abril. Su regreso al poder fue producto de factores sociales que si bien lo habían apoyado no habían participado directamente en el gobierno: un enorme movimiento popular poco organizado, y los mandos medios y soldados de la fuerza armada nacional.

Chávez gobierna en el 2003 con actores que poco tienen que ver con quienes lo apoyaban y gobernaban con él en 1999. Esto lo sabemos todos, pero se ignora al momento de los análisis. Prácticamente todo el alto mando militar de 1999 está pasado al bando golpista. Igual ocurre con los jefes de los partidos fundamentales del proceso en 1999: Miquilena (MVR), Medina (PPT), Mujica y Puchi (MAS). Sectores que hoy están a la cabeza de la conspiración, como algunos medios de comunicación, periodistas y empresarios, apoyaban a Chávez en 1999. Si esto es así, ¿porqué Chávez no ha sido derrocado? La respuesta es que su verdadero apoyo está en las masas populares, incluyendo a unas fuerzas armadas de mayoritaria extracción popular. Aunque Chávez no haya estado consciente de ello, por lo menos hasta el 13-14 de abril, y tal vez aún no tenga plena conciencia del fenómeno social que lo mantiene en el poder. Lo que se vive en Venezuela si tiene antecedentes en nuestra historia, pero no en los períodos que menciona Aguilera. En 1812 se abrió en el país un proceso de insurgencia social que sólo vino a culminar al término de la Guerra Federal. Es un proceso poco estudiado, porque nuestros historiadores nunca le han prestado interés al análisis de la acción popular, prefiriendo el estudio de las élites. Las consecuencias de esa insurgencia popular iniciada en 1812 repercuten aún en nuestra sociedad. Allí se aniquiló el régimen excluyente de la colonia, y se consolidó una sociedad igualitaria y democrática en lo cultural. Sus principales ejecutores fueron Boves y Zamora. Este proceso que vivimos aún no ha concluido. Por lo menos no hay señales visibles de que esté concluyendo. Por el contrario, se están fortaleciendo una serie de fuerzas sociales que pueden catapultar este proceso de cambios por varias décadas, y extenderlo a otros países latinoamericanos.

Lo que sucede, aparentemente, es que existe una resistencia natural a comprender los procesos

revolucionarios, pues los mismos revientan todas las teorías sociales y políticas que se elaboran en los
períodos de calma social.

Venezuela es hoy un ejemplo vivo de ello. Si hacemos un análisis de las posiciones políticas presentes en el llamado bando chavista, veremos cómo las tendencias más conservadoras y conciliadoras están representadas en los partidos políticos y los dirigentes civiles del "proceso". Las tendencias más radicales las vemos explícitas tanto en los movimientos populares de base como en los mandos militares fundamentales. El discurso de un Baduel, un Carneiro, un Acosta Carles, y de cualquier dirigente popular de los barrios de Caracas, es mucho más comprometido que los balbuceos inconexos de un Aristóbulo, un José Vicente, un Alí Rodríguez.

Esto puede ser difícil de entender en otros países, en los cuales la llamada izquierda es la que representa
generalmente las posiciones políticas más radicales. Igual ocurre con la oposición. Primero fueron los
militares insubordinados los que marcaban la pauta de la oposición, más allá de las directrices políticas de la llamada Coordinadora "Democrática"; actualmente son los ejecutivos de PDVSA los que dirigen la
conspiración, determinan lo que debe hacerse y hasta dónde se extenderá el paro.

La clave histórica de Venezuela hoy no es el final del puntofijismo. Podemos estar asistiendo al final de una correlación de fuerzas sociales que se impuso desde 1830. Las fuerzas que sostienen a Chávez en el poder están enterrando no sólo al puntofijismo. Están enterrando al entreguismo antinacional que predominó en Venezuela desde Páez hasta Caldera. Están reivindicando un protagonismo popular que nunca antes se había hecho poder en el país, y que hoy puede consolidarse a corto plazo.

Aguilera yerra cuando afirma que el puntofijismo execró a los militares del poder. Totalmente falso. En
todo caso, era un régimen partidista, y los militares cumplían una misión, muy bien recompensada durante décadas.

Yerra también cuando dice que Chávez representa un gobierno de izquierda. Creo que desde 1989 es evidente el colapso de la izquierda venezolana, cuyas momias superstites son individuos como Miquilena, Pablo Medina, Pompeyo Márquez, Bandera Roja. La izquierda venezolana dejó de existir como proyecto social. Los "izquierdistas" que siguen figurando en el gobierno de Chávez son en su mayoría individuos que hace décadas abjuraron de cualquier política revolucionaria, como es el caso de Alí Rodríguez, José Vicente y algunos otros. Su permanencia allí es sólo una carambola de la historia, pues ellos mismos no comparten el contenido revolucionario del proceso.

Y si esto es o no una revolución, afirmo que las fuerzas armadas no habían tenido jamás, como institución, una depuración tan absoluta como la generada por este proceso. Instituciones como PDVSA avanzan también hacia una depuración nunca vista en nuestra historia. Por cierto, no son depuraciones promovidas como intención primera por el gobierno. Las barbaridades de la oposición han llevado a ello


La construcción de una nueva Venezuela es evidente que sólo podrá concretarse históricamente en el contexto de la realidad social que vivimos. Aspirar a que cesen los conflictos sociales es un deseo de ilusos, pues para ello tendrían que desaparecer primero las causas económicas que generan las diferencias entre las clases. Y el orden global más bien tiende a profundizar y agudizar esas diferencias.

Cualquier propuesta seria para el país tiene que poner los pies en la tierra. Llamo a que debatamos en el
terreno de la realidad.
 
Roberto López. Historiador. Profesor de la Universidad
del Zulia. Maracaibo.