Historia Inmediata


Chávez


Aunque algunos opositores de Chávez pudieran esgrimir en su contra actitudes políticas que se entienden censurables (como la confrontación permanente con periodistas y medios de comunicación), lo que ha llevado a ese país a una situación de ingobernabilidad tiene que ver con los intereses del gran capital el petróleo.

La crisis de gobernabilidad que impera en estos momentos en Venezuela no tiene su origen en el fallido intento de golpe de Estado contra su legítimo presidente, Hugo Chávez García; ni siquiera en el fracasado cuartelazo encabezado por éste y un puñado de militares contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, el 4 de febrero de 1992, con el pretexto del deterioro de la economía venezolana y la rampante corrupción del gobierno socialdemócrata.

Este malestar, que subyace todavía en la sociedad venezolana, tiene sus orígenes en como los partidos políticos, en la patria de Simón Bolívar, se manejaron en la alternancia del poder, caracterizado por una corrupción que permeó todo el tejido social de ese país por la ausencia de participación en la toma de decisiones de los distintos sectores y el incumplimiento de una deuda social acumulada con los desposeídos que se advierte en la pobreza extrema en que viven millones de venezolanos de los cerros.

El sistema de partidos en Venezuela, que funcionó con sus logros e imperfecciones durante los últimos 45 años se desplomó y el país terminó dándole la espalda a los políticos para aferrarse de un ex militar con un discurso bolivariano.

Los partidos Acción Democrática (AD), Copei y los propios grupos de la izquierda se dejaron entrampar de la politiquería la pérdida de los valores democráticos intrapartidistas y la creación de múltiples corrientes a lo interno sin plataformas programáticas, enfrentadas unas con las otras, con un sello clientelista.

Los copeyanos y los adecos pesaron tanto en la vida política, económica y social de Venezuela que se convirtieron en agrupaciones totalitarias que confiscaron los poderes y se olvidaron de la población. En las encuestas hechas en las décadas de los ochenta y los noventa los partidos políticos ocupaban el último lugar entre las instituciones venezolanas. La población seguía votando por ellos, pero los aborrecía.

En esas condiciones llega a la Presidencia de la República, en 1994, Rafael Caldera, quien ya había ocupado la rama ejecutiva por primera vez en el período 1969-1974. Caldera, pionero del pensamiento socialcristiano en Sudamérica, llegó al poder en esta segunda ocasión bajo las banderas de Convergencia Nacional, una coalición de 17 partidos minoritarios.

Para estructurar su nueva plataforma política, después de romper con el Copei y Eduardo Fernández, Caldera contó con su bien ganada fama de hombre honesto, de patriarca de la democracia venezolana, y le allanó el camino la debacle en la que el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez dejó a ese país.

En las elecciones del 5 de diciembre, Caldera y su Convergencia obtuvieron el 30.5 por ciento de los sufragios, venciendo a los partidos tradicionales representados en las figuras de Oswaldo Alvarez Paz, de su antiguo partido (Copei), Claudio Fermín, de AD, y Andrés Velásquez, de Causa Radical.

Para Caldera la situación heredada no era de fácil manejo. Tuvo que sortear una espiral inflacionaria y el descenso de las reservas de divisas, para lo cual tuvo que tomar medidas políticas odiosas y la suspensión de las garantías constitucionales, que tenían que ver con la propiedad privada y la libre actividad económica, lo cual supuso el control estatal sobre el mercado de cambios, el sistema bancario y los precios.

El veterano político socialcristiano tuvo que enfrentar una inflación que superó los dos dígitos (103 %), la recesión se colocó en 1.6% del PIB por la desaparición de decenas de entidades privadas de crédito, viéndose precisado a poner en práctica medidas de corte neoliberal atendiendo a recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). El bolívar se devaluó en un 70 por ciento y la deuda exterior se elevó hasta los 36 mil millones de dólares.

Con un panorama tan desconcertante los venezolanos se sintieron huérfanos, a pesar de que Caldera terminó con un balance de luces y sombras. Como positivo se destaca que mantuvo la gobernabilidad, ausente en la sociedad venezolana de hoy.

FRACASO DEL GOLPE

Si ciertamente una parte de la población venezolana manifestaba algún tipo de disgusto con la administración de Chávez, los opositores al gobierno demostraron una incapacidad pasmosa para manejarse en el terreno político.

El historiador venezolano Jorge Olavarría, acérrimo opositor de Chávez, calificó la conducción política de la oposición como "uno de los más grotescos mamarrachos de nuestra historia".

¿A qué se refería el cronista Olavarría con esa expresión tan propia de los sudamericanos. A que el primer acto del gobierno de facto de Pedro Carmona fue emitir un decreto mediante el cual anulaba la Constitución aprobada en el referéndum, con lo cual se arrogó la facultad de destituir a gobernadores y alcaldes elegidos en las urnas.

Por el contenido de ese decreto espantó la mula el jefe de las Fuerzas Armadas, Efraín Vásquez, quien había apoyado la rebelión civil, mandó detener al Presidente y habría dicho "me salgo de la jugada" debido a la torpeza con que se manejaron los opositores de Chávez.

Si los que luchaban por la salida de Chávez del poder querían darle un barniz de legitimidad al golpe militar-patronal, con la complacencia de los Estados Unidos, tenían que tomar en cuenta el apoyo que le pudiera dar a esa acción política la comunidad internacional, una buena parte de ella reunida en San José.

El Presidente se había cuidado de no hacer una renuncia por escrito. El señor Carmona no guardó las formas constitucionales y chocó con la Carta Democrática Interamericana, que se expresa contraria a cualquier ruptura de la legalidad institucional, que era lo que había ocurrido en Venezuela.

Philip Chicola, funcionario del Departamento de Estado, lo hizo saber mediante una comunicación que envió al encargado de negocios en Washington, Luis Herrera Marcano, y que éste remitió al contralmirante Molina Tamayo.

El influyente diario norteamericano The New York Time publicó la información el 16 de abril de que "fuentes oficiales de la administración Bush confirmaron la celebración de reuniones con líderes de la oposición venezolana, en las que se habló de un posible golpe de Estado".

El propio portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, admitió la existencia de los contactos entre representantes del gobierno de los Estados Unidos y miembros de la oposición a Chávez, aunque negó que Washington hubiera impulsado o promovido el fallido golpe de Estado.

CHOQUE DE INTERESES

Aunque algunos opositores de Chávez pudieran esgrimir en su contra actitudes políticas que se entienden censurables (como la confrontación permanente con periodistas y medios de comunicación), lo que ha llevado a ese país a una situación de ingobernabilidad tiene que ver con los intereses del gran capital el petróleo.

La enorme influencia que tiene el petróleo sobre la economía venezolana se puede medir por las ventas anuales que superan los 55 mil millones de dólares, mientras el valor estimado de la estatal Petróleos de Venezuela es tres veces mayor que su Producto Interno Bruto (94,551 millones de dólares) y el valor de esa empresa representa más de la mitad de los ingresos del estado nacional.

La controversia suscitada a raíz de la decisión presidencial de sustituir a la gerencia de esa compañía se convirtió en detonante de una crisis que sacudió al país entero. La primera medida adoptada por Chávez después de su reposición en el poder fue aceptar la renuncia de todos los directivos que él había nombrado allí.

El presidente Chávez admitió después de su retorno que cometió errores que estaba dispuesto a enmendar. Sin embargo, sus oponentes entienden que la reunificación del país se empieza a construir con la renuncia del Presidente.

La mesa de diálogo propuesta por Chávez no parece haber tenido mucha acogida entre sus adversarios. Una misión del Grupo Carter ha viajado a Venezuela para tratar de zanjar las diferencias, pero todo parece indicar que el diálogo no ha tenido éxito en lo inmediato.

La oposición se reagrupa y anuncia para este mes de octubre una agenda altamente conflictiva, en medio de un contexto geopolítico internacional diferente al que existía en abril cuando se produjeron los cacerolazos y las manifestaciones callejeras.

Si bien a Estados Unidos parece no simpatizarle el reinado de Chávez, su salida del poder no es prioridad en su agenda de política internacional.

Desde la perspectiva de Washington, lo principal en este momento es la guerra contra el terrorismo y, dentro de ella, el desplazamiento de Sadam Husein del poder en Irak. Si hay una guerra en Medio Oriente es conveniente que haya buenas relaciones con los suministradores de América Latina, y Venezuela cubre el 2 por ciento de las importaciones norteamericanas.

Una crisis política en Venezuela, como la ocurrida en abril pasado, sacude el mercado petrolero mundial, especialmente en una coyuntura donde la situación es inestable por las tensiones en Medio Oriente.

Cuando se produjo la efímera destitución de Chávez los precios del petróleo experimentaron una caída superior a los dos dólares por barril, lo que se explica porque el presidente de Venezuela ha promovido un estricto respeto a las cuotas de producción establecidas por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Ejemplo de ello es que su retorno al poder provocó un repunte de los precios. Eso se debe a que Venezuela, que ha dado un trato de preferencia a países de la región como República Dominicana, tiene una producción de 2.59 millones de barriles diarios y cuenta con las reservas más grandes del hemisferio occidental, siendo el segundo abastecedor del crudo que utiliza los Estados Unidos.

Recuérdese que desde el 2000, cuando asumió la administración Bush, la economía norteamericana ha experimentado una desaceleración, de manera que los estrategas estadounidenses pueden haber llegado a la conclusión de que una inestabilidad política en Venezuela pudiera poner en peligro la incipiente reactivación de su economía.

En toda la sociedad venezolana hay la convicción de que se debe volver a confiar en los partidos políticos, que éstos juegan un papel de principalía en el sostenimiento del sistema democrático, la preservación del Estado de derecho, las libertades públicas y el desarrollo social y económico de esa nación.

La preocupación por el debilitamiento de los partidos se expresa en los foros organizados bajo el nombre de "Jornadas Venezolanas Sin Partidos no hay Democracia", en las que participan académicos, políticos, investigadores, escritores y periodistas.

El doctor Teodoro Petkoff, fundador del Movimiento al Socialismo (MAS), analizó en el marco de esas jornadas "cómo fue que los propios instrumentos principales de la vida democrática de Venezuela, que son los partidos políticos, se las arreglaron para producir una situación tal en la cual el país terminó dándoles la espalda, después que ellos le dieron la espalda al país".

Se pregunta Petkoff "qué fue lo que nos llevó a todos los hombres de partido a participar de un proceso de decadencia del sistema político venezolano sin que cada uno de nosotros, que lo estaba viendo por separado e interrogando por separado en foros de esta naturaleza, y sin embargo como conjunto no pudimos hacer nada para impedirlo".

El veterano político e intelectual venezolano, quien fue uno de los expositores de las jornadas, concluyó diciendo en el foro que "una sociedad democrática no puede vivir sin partidos".

La oposición venezolana, desde distintos estamentos, se reagrupa para seguir la batalla por la salida del presidente Chávez, pero pudiera tener en su contra el factor de que la prioridad de Estados Unidos en este momento es conseguir el apoyo de la comunidad internacional en las Naciones Unidas para lanzar un ataque que saque del poder al gobierno de Irak, donde también se mueven los intereses del petróleo.

En la patria de Simón Bolívar hay rumores de descontento en las Fuerzas Armadas, el presidente Chávez sólo cuenta con un 32 por ciento de popularidad, la más baja desde que llegó al poder, pero advierte a sus adversarios de la siguiente manera "No se olvide a la contrarrevolución oligárquica de Venezuela que esta revolución es pacífica, pero no está desarmada".

Francisco Mangano
Luz, Venezuela