Historia Inmediata


Chávez


Chávez es superior a Bolívar 

jl Monzant Gavidia

jlmonzantg@hotamil.com

 

El mito fundacional, la mayor verdad en Venezuela es que Bolívar es el padre-fundador de la patria, el héroe, el gran ciudadano, el “visionario” y abnegado patriota que se arruinó sin esperar nada a cambio; y que, por lo tanto, todos debemos imitar, pero sabiendo que es insuperable por cualquier otro venezolano, dentro o fuera de Venezuela.

No hay duda de que Bolívar es un sujeto histórico de gran trascendencia a nivel mundial ya que sintetizó en su espacio-tiempo, en su práctica histórica, la lucha por la independencia de América del Sur, además de inspirar la del resto de América Latina.

Pocas veces se ha reflexionado, sin embargo, acerca del verdadero papel que Bolívar —con su espada, sus muchos libros leídos (de los ilustrados franceses y los liberales ingleses); sus pensamientos, sus cartas y sacrificios personales, sus guerras a muerte, sus travesías trasandinas y admirables, sus apostasías contra la Iglesia y su carácter de “visionario”— jugó en la consolidación-modernización del régimen político (democracia representativa, elitesca, excluyente o clasista) inherente al capitalismo, al modelo económico que, conocido hoy como neoliberalismo, sociedad o economía de mercado, sociedad tecnológica o de la información, Aldea Global o neoliberalismo globalizado, es combatido por Hugo Chávez y otros cientos de millones de mestizos latinoamericanos.

 

La guerra de independencia (y el capitalismo)

Quienes defienden la “heroica gesta emancipadora”, y a Bolívar con ella, seguramente desconocen que en realidad están defendiendo la imposición de las injusticias y las desigualdades económico-sociales que hoy predominan en la sociedad capitalista y que Bolívar contribuyó a consolidar, pero aderezada con ingredientes teóricos como libertad, justicia, igualdad jurídica y democracia.

En un principio, la independencia no fue más que una guerra entre iguales —entre blancos y blancos, entre criollos y peninsulares— para definir quién seguía ejerciendo el control económico-político sobre las provincias de la Capitanía General de Venezuela y el resto de la América hispana. Pero la escasa población de blancos y la necesidad lógica de preservarse genética y socialmente como clase dominante, determina la colectivización de la guerra ya que, como en todas las grandes guerras de la historia, los excluidos tenían que participar para hacer bulto, para convertirse en carne de cañón[1] y poner la balanza a favor de uno de los 2 bandos.

 

Sargentos del mantuanaje y pardocracia

Boves y Páez —blancos los 2, pero que vivían como pardos y entre ellos— aglutinaron mejor que nadie a los excluidos de entonces, negros y pardos, en su mayoría llaneros, que se echaron encima de sus espaldas las guerras por la independencia; pero en realidad, ninguno de los 2 “taitas” pretendió beneficiar a esas mayorías, pues ambos se limitaron a servir de sargentos de las élites para formar parte de ellas y/o para sustituir a sus jefes[2]. Por el contrario, Manuel Carlos Piar —otro blanco criado como pardo— en medio de la guerra llamó a los pardos a sublevarse contra los mantuanos, a pelear por sí mismos y en función de sus propios intereses como clase; era la oportunidad de los excluidos (pardos, negros e indígenas) para reclamar y alborotar el contenido social de la guerra de independencia, para exigir sus derechos y reivindicaciones sociales. A nada le tuvo mayor temor la parasitaria élite mantuana-agrocomercial que a la pardocracia de Piar y por ello le inventaron un juicio viciado, del que Bolívar formó parte activa y determinante desde el momento del arresto hasta la sentencia a muerte y el fusilamiento del “pardócrata”.

 

Bolívar vs Chávez

Esto hace que Bolívar se parezca más a Gustavo Cisneros, a los Fernández, Carlos y Juan, y a todos los blancos “amantuanados” de Fedecámaras; de los partidos políticos viejos (como AD-COPEI) y nuevos (como Primero Justicia, con su discurso racista-clasista-fascista del poder) y, por supuesto, de los militares de Altamira[3]. Bolívar se parece más a todos ellos que a Chávez y su proyecto mestizo. “¿Cómo es posible que ese líder de campesinos y mecánicos, prostitutas y harapientos, indígenas y lumpens; de esa gentuza, de esas hordas[4], se atreva a usar a Bolívar de manera tan incongruente y disparatada?”, se preguntará, anonadada, la alta intelectualidad al servicio del empresariado.

Cualquier persona que conoce algo de la historia económica mundial y de la evolución del capitalismo, se percata de inmediato de que Chávez disparatea —una vez más— al usar contra el capitalismo a uno de sus más genuinos constructores en América Latina. Bolívar se parece más a George Washington y a Bush, en sus 2 versiones. Ellos sí son comparables, pues todos son representantes de los intereses de las minorías ricas; unos allá, durante las guerras anticoloniales anglo-hispanas de los siglos xviii y xix; los otros aquí, en este siglo xxi que no deja de oler a xx.

Por ello hay que insistir en que Chávez quiere compararse con lo que pretende destruir o cambiar. Asemejarse a Bolívar es otra prueba de que se trata de un individuo que desconoce con precisión su papel histórico en la actualidad, por lo que los venezolanos y latinoamericanos que plantean y buscan alternativas de co-existencia social, tienen que seguir empujándolo y a veces hasta arrastrarlo hacia el camino que consideran correcto, pues, dadas las circunstancias tan sólo Chávez es capaz de sostener-manejar este proceso de cambios.

En nuestro caso específico, Bolívar —heredero de 8 millones de dólares[5]— fue, inicialmente, el representante de la parasitaria élite agrocomercial caraqueña, para imponerse —luego de desacuerdos, peleas, divisiones y traiciones entre ellos— como el líder o caudillo consensual interélites del mantuanaje provinciano adherido a la causa antiespañola. Chávez, en cambio, fue electo y ha contado con la acción legitimadora de las mayorías pobres y eso lo ubica, históricamente, por encima de Bolívar y en el bando contrario al de Bolívar, gracias a quien las minorías ricas de la independencia, los “grandes cacaos”, impusieron su proyecto clasista y excluyente[6]. Si Chávez realmente quiere parecerse y hacer las paces con el espíritu y la acción elitesca de Bolívar, pues que pacte definitivamente con el empresariado que hoy representa, en su plenitud, don Gustavo Cisneros; porque mientras más se parezca Chávez a Bolívar, más traicionará los ideales por los cuales muchos venezolanos y latinoamericanos sueñan y  luchan, por los que trabajan para consolidar las posibilidades de construir una sociedad más justa que esta heredada de la independencia, de las viejas revoluciones Francesa e Industrial, de la invasión a América y del Renacimiento, del resultado entre el enfrentamiento entre los señores feudales y los artesanos-comerciantes que luego dio paso a la formación de la burguesía.

 

Chávez vs Chávez

Ya Chávez, sin embargo, ha dado amplias muestras de encaminarse a traicionar sus ideales. ¿De qué otro modo se explica la presencia en el gobierno de Francisco Natera  (expresidente de FEDECÁMARAS), el apoyo de Esteban Pineda (dueño del diario Panorama, en el Zulia) y otros empresarios que legitimaron los gobiernos de la democracia-empresarial adcopeyana?

Esto demuestra que Chávez —como jefe del estado— también tiene su selecto equipo de empresarios parasitándose en torno a él y que, por cierto, no han presentado una propuesta alternativa de gestión empresarial que no ofrezca, entre sus principales resultados, mayor empobrecimiento de los excluidos[7].

De momento, mientras menos se parezca al mantuano elitesco, al Cisneros[8] de la independencia, es perfectamente válido un “viva Chávez”; pero si —tal como lo impone la lógica del mercado y las presiones de otros gobiernos como los de USA, España e incluso Brasil— pacta con el empresariado que hoy quiere derrocarlo, entonces traicionará los ideales, las esperanzas, los sueños de justicia social que ha aglutinado en torno a su carisma y corresponderá gritar ¡fuera Chávez!, ¡Ni un paso atrás!, pero no desde la irracionalidad de esta oposición criminal-fascista que hoy manipula a la clase media y a muchos pobres en contra de Chávez y de sí mismos, y en favor de ese empresariado antinacional y fascista; sino desde la racionalidad de la conciencia del papel económico que cada quien juega en esta sociedad, desde la identificación y el reconocimiento consciente de quiénes son los enemigos históricos de los excluidos sociales.

Chávez tiene que definir si se va a quedar del lado de las mayorías o va a continuar amarrándose a esas nuevas versiones de AD y COPEI que son el MVR y el PPT, quienes se ven amenazados en sus privilegios como “partido de gobierno” por la democracia participativa impulsada por Chávez; y al grupo de “nuevos” empresarios que no proponen nada novedoso en el proceso de construcción de una sociedad más igualitaria.

Porque, así como la independencia fue un proyecto y una empresa económico-política con mucho capital invertido que se esperaba rindiera grandes ganancias, tal como en efecto lo hizo desde 1830 en adelante; hoy la lucha antichávez es la nueva empresa en la que invierten los viejos herederos de los “grandes cacaos”; pero, por otro lado, también es cierto que en la lucha prochávez muchos miembros del MVR, el PPT y otros sectores políticos oportunistas, así como viejos y “nuevos” empresarios, también están invirtiendo tiempo y dinero para ser los sustitutos de aquellos a quienes Chávez ha defenestrado. El caso emblemático es Miquilena, quien se abrazó a Chávez y a los cambios que él representa hasta que ya no pudo beneficiarse y se marchó. Aunque como él hay otros que le tuvieron miedo a la proximidad a una verdadera revolución, más allá de las palabras de Chávez; ahí hay que sumar a los Escarrá, los Peña, y miles de irracionales chavistas de ayer que se cambiaron para convertirse en los irracionales antichavistas de hoy. Un fenómeno semejante, que ha actuado como resorte o reflejo, ha caracterizado a otros miles, cientos de miles de venezolanos que han sucumbido a la irracionalidad del antichavismo debido al trabajo eficaz de los medios y a lo que presumo sea la vergüenza de no soportar ser comparado con el populacho; de no ser “confundido” con los pobres o “descubierto” como tal.

Si Chávez pasa de agosto de 2003, si sale ileso del referendo revocatorio y del revoltijo de mecanismos jurídicos y antijurídicos activados por la oposición para salir de él, va a tener que ingeniárselas, porque no sólo tendrá que  responder a los millones de pobres que aún lo consideran su representante, sino que va a seguir lidiando con la oposición irracional-criminal, tanto dentro como fuera de Venezuela; tanto la nacional como la internacional.

Hoy la confrontación, que a veces se ha transmutado en guerra abierta, es social y económica, es de ricos contra pobres y no únicamente política, como quieren hacerla ver periodistas y entretenedores de oficio autodenominados intelectuales como Manuel Caballero y otros siervos del empresariado, ya sea consciente o inconscientemente; así como muchos partidarios del “oficialismo” y, eventualmente, el mismo Chávez que, o no entienden o quieren entender lo que en realidad sucede en Venezuela y América Latina: la crisis del neoliberalismo globalizado como consecuencia del gigantesco incremento de la pobreza y las injusticias desde finales de los 70 al presente. 

Chávez frente a la democracia participativa como nuevo proyecto histórico del siglo xxi[9]

Chávez destapó la olla de la lucha de clases en Venezuela y ahora él mismo parece no saber cómo cerrarla, porque esta vez no sólo terminó de salir la podredumbre que ya estaba dispersa en la conciencia de millones de venezolanos; también salió la esperanza, la capacidad de soñar las sociedades alternativas que, durante más de 8 mil años, han visualizado casi tantos seres humanos como ha tenido el planeta desde entonces.

Una sociedad en la que no existan excluidos —ni en lo económico ni en lo político— operativizada desde la re-construcción de la democracia participativa como modelo de co-existencia humana; en la que prevalezca la igualdad económica y no sólo jurídica; en la que se colectivicen los adelantos tecnológicos en materia de alimentación, salud y educación, y se democraticen los espacios de re-creación y ocio, así como el acceso a la multiplicidad de saberes de las ciencias sin imposiciones ideologizantes o tergiversadoras de la realidad. Una sociedad que, por encima de todo, no pierda la capacidad de soñar el presente y el futuro, en la que el debate permanente impida el secuestro del poder y la toma de decisiones de interés colectivo. 

Otros referentes históricos

¡Que Chávez deje a Bolívar tranquilo, que lo deje quieto ya! Que aprenda a vivir su espacio-tiempo y asuma, definitivamente, que dirigir parte de la actual lucha contra el capitalismo globalizado y ser el representante genuino de los excluidos en contra de las minorías ricas, le otorga una estatura histórica muy superior a la de Simón Bolívar. Para ser coherente con su práctica histórica y sus ideales, Chávez debe re-interpretar a Bolívar desde la perspectiva crítica de las ciencias sociales; debe deslastrase definitivamente del pensamiento elitesco de Bolívar, pues en éste está intrínseca esa visión y esa práctica de menosprecio hacia los excluidos. Por lo tanto, el mito y el culto a Bolívar, Chávez y los excluidos deben dejárselo a la élite empresarial venezolana[10] y latinoamericana que, en cierto sentido, se ve representada en su pensamiento y en sus hechos.

Por el contrario, si Chávez va a continuar la pelea en favor de las mayorías, entonces sus referentes históricos deberán provenir de una variedad de personajes tan complejos y disímiles[11] en el tiempo y el espacio, en sus circunstancias y sus acciones, como Augusto César Sandino, José Carlos Mariátegui, Ernesto Guevara de la Serna, José Leonardo Chirinos, Manuel Carlos


[1] En una carta dirigida a Santander en 1820, Bolívar evidencia su conciencia de clase (o de casta) y su racismo, al aclararle al neogranadino por qué los esclavos sí debían participar en las guerras por la  independencia: “¿Qué medio más adecuado ni más legítimo para obtener la libertad que pelear por ella? ¿Será justo que mueran solamente los hombres libres por emancipar a los esclavos? ¿No será útil que éstos adquieran sus derechos en el campo de batalla y que se disminuya su peligroso número por un medio poderoso y legítimo?” (Carrera Damas, G. 1986. Venezuela: Proyecto Nacional y Poder social. Barcelona, Editorial Crítica-Grijalbo, pp. 132-133). Bolívar fue enfático: para que no les regalaran su libertad y se redujera “su peligroso número” muriendo en la guerra. Recuérdese que los esclavos eran los primeros en recibir las balas del enemigo.

[2] Ello es así a pesar de que Boves desarrolló una guerra genocida contra los blancos que se le oponían. Además, no puede ignorarse el costo económico de la guerra financiada por los blancos y ricos, y que dejó arruinados a la mayor parte de ellos.

[3] Es imprescindible incluir a los “sargentos” civiles de la clase empresarial antinacional, es decir, los Carlos Ortega, los Manuel Cova, los Manuel Rosales y Enrique Mendoza, entre otros muchos; pero todos prescindibles, sacrificables en aras de la victoria, como buenos sargentos, pues son los futuros chivos expiatorios en beneficio del “funcionamiento” del sistema, tal como ya se evidenció con Carlos Ortega en la rueda de prensa durante la cual fue atacado con motivo del despido indiscriminado de más de 500 periodistas. Ni que hablar, entonces, de los actuales “cabos” y soldados del empresariado golpista. Los cabos embrutecidos-embrutecedores, son demasiados,  pero destacan Marta Colomina, “Mingo”, Orlando Urdaneta, Pedro Penzini; César Miguel Rondón, una serie de “reinas de belleza” mutadas en comunicadoras y, por supuesto, merece mención especial ese servidor de rango confuso que es Orlando Urdaneta, único “cabo” presente durante toda la carmonada. Pero no se puede dejar por fuera a la soldadesca, esa clase media—tizada, mediocrizada, irracionalizada y, por supuesto, los “negros”—carne de cañón, los no pocos marginales que aún tocan olletas o levantan-exhiben banderas antichávez, a favor de Cisneros y su combo.

[4] Tal como no se cansa de llamarlos doña Marta Colomina, la papisa de la mentira y la irracionalidad, y como fue publicado en los editoriales de El Nacional y El Universal y otros de los mil medios de manipulación masiva en poder y/o bajo control de la oposición.

[5] Calculados sobre el valor del dólar en 1976, tal como lo recordó Tomás Polanco Alcántara (1997) en su obra Simón Bolívar. Ensayo de una interpretación biográfica a través de sus documentos. Caracas, Ediciones Ge, pág. 11.

[6] Que Bolívar tenía un proyecto de sociedad latinoamericana más inteligente y ambicioso que el de los Páez, los Flores y los Santander, y que pretendía defenderse de Estados Unidos como potencia naciente y luego enfrentarse a ella, es muy cierto, pero es motivo de reflexiones ajenas a este artículo.

[7] Contadas excepciones resultan de casos como el de Fedecámaras Bolívar y Apure que se declararon en rebeldía contra la decisión del sabotaje a la economía nacional. Puede pensarse que sí hay posibilidades de conformar un equipo empresarial con una visión y ejercicio de los negocios que no perjudique a los venezolanos. Además, no se trata de pretender que la iniciativa y el negocio privado van a desaparecer o por lo menos no es algo que se puede prever, dada la realidad actual.

[8] Con 9 mil millones de dólares, según Edith Franco. Rebelión: http://www.rebelion.org/venezuela/edith070103.htm

[9] Heinz Dieterich S. “El Socialismo del Siglo XXI”. http://www.rebelion.org/dieterich/dieterich070802.pdf

[10] Esa clase empresarial que pregona la democracia, la libertad y la justicia mientras no afecte sus intereses; de resto, se acomoda, se ha acomodado decenas de veces en la historia de Venezuela, a cualquier régimen por autoritario que en realidad sea.

[11] Esa variedad de aprendizajes, aciertos y desaciertos, las respuestas que dieron durante sus enfrentamientos a las clases dominantes que enfrentaron, es aprovechable por Chávez en la actualidad.