Historia Inmediata


Chávez




"El mapa se viste de rojo": Chávez y los mecanismos de control


Hay 3 afirmaciones recientes de Chávez que llaman la atención: "Venezuela cambió para siempre" (16 agosto 2004, después de ser ratificado vía Referéndum), "El mapa se viste de rojo" y "La revolución llegó para quedarse" (primero de noviembre 2004, luego de la victoria en 20 gobernaciones, de 22). Al lado de cada una, el presidente ha repetido, de manera incesante, que el momento político del proceso de cambios —que él inspira-motoriza-dirige— exige la eliminación de "viejos" males como la corrupción, la burocracia y la ineficacia; tan viejos como los gobiernos y tan corrosivos como para que (grandes) hombres y sistemas políticos centenarios hayan desaparecido ahogados en ellos.

Salvo las excepciones conocidas, la naturaleza humana nos hace dudar de que se logre la erradicación de esos “3 males”, pues no faltará un nuevo-funcionario con prioridades individuales en perjuicio de las colectivas. Milenios de historia después de la formación de las clases sociales —y, con ellas, la supresión progresiva de prácticas de convivencia colectiva y la imposición, por medios represivos o sutiles, del individualismo— no pueden ser ignorados. No obstante, veo en Chávez, casi 6 años después de ejercicio del poder, al hombre bienintencionado del 4 de febrero de 1992 que ganó las elecciones en 1998.

Destaca hoy el hecho de que sea el mismo Chávez quien no solo llama a la eficacia y a la transparencia administrativa, sino que procura establecer los mecanismos de control necesarios para lograrlo. No comparto el criterio según el cual, por ejemplo, decían que Caldera en su último gobierno (1994-1999), era el intelectual emprendedor-capaz-honesto que "siempre" ha sido, pero que quienes le rodeaban, ya viejo, no lo eran y, en consecuencia, por ello fracasó. Criterio que, por varias causas, no se aplica, tampoco, a Chávez. Pero tengo la certeza de que no todos aquellos que lo acompañan en su equipo de gobierno tienen la misma visión-intencionalidad que lo ha caracterizado. Cuando veo a Chávez en algún evento rodeado de sus más cercanos, observo con atención a cada uno de ellos. No todos están dispuestos a supeditarse a los intereses de las mayorías, no sueñan con una Venezuela con menos pobres debido a la redistribución de la riqueza. Ni siquiera son críticos del neoliberalismo, por ejemplo, para observar sólo la forma y, sobre todo, no pretenden ser más eficaces, ni menos corruptos, como tampoco reducir la burocracia. En muchos sentidos, se ha evidenciado que asambleístas, ministros, gobernadores, alcaldes y/o concejales no han significado más que un cambio de actores políticos con respecto a los gobiernos anteriores: ahí están los Miquilena y los Peña, y otros furibundos chavistas-antichavistas, quienes ya no representan ningún problema, por lo menos de momento. El problema lo representan aquellos que no conocemos. Y Chávez lo sabe, no solo lo intuye sino que tiene esa certeza; de ahí su llamado a pasar a la fase de “la revolución dentro de la revolución”.

Son muchos los venezolanos —seguidores y opositores— que quieren ver al presidente cumpliendo con su propia iniciativa. Ahora que “el mapa se viste rojo” —y, sobre todo, cuando hace escasos minutos, a las 8:15 pm, se anuncia que es posible que Gutiérrez, el candidato de Chávez en el Zulia, pueda resultar el gobernador electo, a diferencia de lo que decía el primer Boletín Oficial— urge que se evidencie que tanto poder junto sea capaz de autorregularse. El reto es múltiple, diverso y complejo: habría que refutar la observación de Lord Acton, según la cual “el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe completamente".


jl Monzant-Gavidia
UNICA-UNERMB