Historia Inmediata


Chávez


La política exterior de Chávez
 
1. Bolivia, el gas y Petrobrás… y Chávez
Brasil es ya, de hecho, una de las potencias económicas y militares del planeta y no se ha comportado ni se comportará de manera distinta a cómo lo ha hecho el resto de las potencias. Desde la década de los 90, la élite empresarial-financiera y política de Brasil compite con la de España por consolidarse como la segunda potencia con influencia económico-política en América Latina, después de Estados Unidos. La élite brasileña habla el mismo lenguaje que toda élite económica: "GANANCIA", fácil, preferiblemente. PETROBRÁS y las otras transnacionales brasileñas en Bolivia no se diferencian de EXXON MOBIL, SHELL o HALLIBURTON. El resto de los países latinoamericanos debe tomar conciencia de que para que Brasil continúe su proceso de crecimiento tiene que —como lo han hecho históricamente todas las potencias económicas y militares— saquear los recursos naturales e incluso humanos de los pueblos sometidos, sean vecinos o no. Observen cómo evolucionaron Roma, España, Inglaterra, Estados Unidos; observen cómo están creciendo Brasil, China e India. Algunos aspectos destacan en ese proceso de crecimiento: un Estado centralizado y proteccionista (antiliberal, que cuida, vigila y subsidia la producción de las empresas de las élites económicas) que ejerce su acción sobre un extenso territorio (con excepciones como la de Inglaterra) a expensas del estancamiento de otros pueblos o países. Cuando uno de estos pueblos intenta modificar, alterar aunque sea un poco la relación de beneficio-perjuicio, la potencia reacciona del mismo modo que ha reaccionado Brasil, con un Celso Amorín lanzando golpes a todos lados. Uno de esos lados es, justamente, el gobierno de Venezuela; es decir, Chávez. Los pueblos de América Latina también deben tomar conciencia de que en un plazo no muy lejano, tendrán que orientar su política exterior de manera semejante a como se ha hecho y se está haciendo con Estados Unidos cuando se trata de asumir reivindicaciones: por la fuerza, aunque sea solo por la fuerza del derecho, como es el caso de las nacionalizaciones de recursos naturales.
 
2. ¿Lula vs Chávez?
Desde los días del Referéndum Revocatorio (agosto 2004), deslució la posición de Lula como “amigo” geoestratégico del gobierno de Chávez, ya que no se diferenció del resto de los gobiernos latinoamericanos que lo adversan, en solidaridad —espontánea o forzada— con Bush y con las transnacionales que él representa; sino que, por el contrario, más de una vez vi en aquel grupo de “Amigos de Venezuela” encabezado por Lula a representantes directos de Bush, y, en consecuencia, visto desde la óptica personal de Chávez, Lula se convertía en traidor silencioso del mismo modo que ha sido un amigo discreto, distante que difícilmente da su visto bueno a las posiciones asumidas por Chávez en materia internacional. En el caso específico del conflicto por el gas boliviano, no tengo ninguna duda de que Chávez incitó a Evo a nacionalizar sin indemnizar (incluso a Petrobrás), y a aumentar el precio del gas boliviano “desde los actuales 3 u$s/millon de BTU (1 MBTU = 27 m3) a 5 u$s/MBTU”. Chávez avanza hacia aquello en lo que cree (la justicia social de los pueblos), mientras se consolidad, claro está, como líder latinoamericano, como uno de los grandes líderes de los pueblos del sur; Lula cumple con su papel de representante de las élites empresariales y políticas brasileñas e internacionales. Chávez tiene mayores posibilidades de ser más o menos coherente entre lo que piensa, lo que dice y lo que hace, ya que en Venezuela sí ha habido cambios (aunque inconclusos y no necesariamente perdurables en caso de que la oposición lograra sacar a Chávez), en lo político y en lo económico y, sobre todo, en lo social. Lula no ha quebrado ni platos porque la élite brasileña —una élite oligárquico-aristocrática heredera de la élite colonial portuguesa— tiene amplia conciencia de su papel como subpotencia americana, lo que obliga al presidente a ajustarse a la política y la economía neoliberal si quiere optar por la reelección, o a retirarse del ejercicio del poder; más aún cuando, a diferencia de Chávez, Lula carece de apoyo y/o de control directo de las fuerzas armadas.
 
3. El petróleo como arma política
En los últimos meses, Chávez ha sido acusado de usar el petróleo como arma política. La certificación/descertificación en materia de tráfico de drogas, la violación o no de los derechos humanos, el respeto o no a la libertad de expresión, la denominación de “peligroso” o no en caso de desarrollar y de poseer tecnología nuclear, el reconocimiento o no de la ONU y/o de otros organismos multilaterales como ‘solvente’ en procesos económicos, políticos y educativos, por ejemplo; el derecho de los pueblos a comprar medicamentos y otros productos de exclusiva fabricación en los países “desarrollados”; el otorgamiento de préstamos; la aceptación o no dentro de la “Comunidad Internacional”, e incluso, la denominación de bueno-aliado o de miembro del “eje del mal” son algunas de las armas políticas que, permanentemente, forman parte de la política exterior estadunidense en su relación con países de los cinco continentes. Si Estados Unidos recurre a todos estos arbitrios, y a muchos más, ¿por qué Chávez no debería recurrir a la única ventaja relativa con que cuenta al momento de negociar su política exterior e incluso de ejercer influencia geopolítica en América Latina, o frente a Estados Unidos y Europa, y hasta dentro de esos países? Esto lleva a otro asunto bastante “debatido” en los últimos días por la oposición antichavista y por opositores extranjeros a Chávez, quienes se preguntan en voz alta y se autorresponden a propósito de “¿por qué Chávez no deja de vender más de un millón de barriles de petróleo por día a USA? Por dos causas diferentes de igual importancia: primero porque la renta petrolera subsidia —hoy más que nunca— la economía venezolana, y no hay que dejar de venderle al principal comprador de petróleo, lo contrario sólo podría hacerse a mediano y largo plazo; y segundo, porque esa es una de las principales excusas que Bush espera para invadir Venezuela. Bush acusaría a Chávez de desajustar el mercado petrolero mundial (lo cual, sin duda, sería cierto) y de poner en riesgo real los intereses de USA, y sólo eso bastaría para justificar frente a propios y extraños otra invasión de Estados Unidos a otro país en desventaja militar frente a la gran potencia.
 
4. Las elecciones de 2006 en América Latina giran en torno a Chávez
Esto es así del mismo que lo fue durante décadas con Fidel Castro. Más hacia la derecha o a la izquierda queda definido por vincularse o desvincularse con Fidel/Chávez y esto se traduce en más o menos votos, según el país de que se trate y, sobre todo, dependiendo de los niveles de tolerancia de los pueblos de esos países. En Brasil, Lula (octubre 2002); en Ecuador, Lucio Gutiérrez (noviembre 2002); en la Argentina de postcrisis (diciembre 2001), Kirchner (abril-mayo 2003); en Uruguay, Tabaré Vázquez (octubre 2004); en Bolivia, Evo Morales (diciembre 2005) y en Chile, Michelle Bachelet (enero 2006), la balanza electoral fue altamente sensible a la manera cómo el candidato respectivo se relacionaba o no con “la revolución bolivariana” de Hugo Chávez. La tendencia se mantiene en los procesos electorales que se llevarán a cabo en el subcontinente latinoamericano a lo largo del 2006: Colombia (mayo), Perú (a segunda vuelta, junio 2006), México (julio), Brasil (octubre), Ecuador (octubre) y Nicaragua (noviembre), y, finalmente, también habrá elecciones en Venezuela (3 de diciembre). Hasta el momento, los casos más atendidos por la prensa antiChávez —nacional e internacional— son los de Ollanta Humala (Perú) y de Daniel Ortega (Nicaragua), candidatos que han visitado Venezuela con frecuencia en los últimos meses, y a quienes Chávez da su apoyo más explícito. Polémica semejante despertó López Obrador (México) cuando comenzó a alinearse con la figura de Chávez.
 
5. ¿Los gobiernos izquierdistas de América Latina?
El hecho de que los candidatos se declaren izquierdistas, reformistas o nacionalistas, no significa que beneficien a las mayorías de sus naciones o que enfrenten la política exterior de Estados Unidos de la manera frontal y sostenida como lo hace Chávez (el caso más explícito es el de Lucio Gutiérrez, en Ecuador, ampliamente antinacionalista, antiecuatoriano, y pro-estadunidense). No significa, tampoco, que tomen decisiones integracionistas favorables a los mercados locales y, menos aún, que se cree y funcione una deseable Comunidad Suramericana de Naciones, a imagen y semejanza, siquiera, de la neoliberal Unión Europea.
 
Jose Luis Monzant Gavidia
UNICA, Venezuela