Historia Inmediata


Chávez


El profesor  J. M.  Monzant  publicó en el debate, el artículo: “El beneficio es lo que cuenta. Neoliberalismo y orden global".  Esto fue el 15/12/02.

Yo le respondí muy molesta el 21 /12 /02..  Cuestioné lo que consideré una postura simplista y dogmática con relación a su análisis sobre la oposición a Chávez en las clases medias venezolanas.

Ese mismo 21 de diciembre Johnny Alarcón publicó una respuesta a una intervención mía del 14 /12 /02.  Eran los días del paro y todos andábamos peligrosamente alterados.  Considero que fue bastante fuerte conmigo pero luego se disculpo el día  07 /01/2003 aunque la disculpa iba dirigida al publico lector, más que a mi.  Yo decidí no responder, sino la pequeña mención, que hago de su intervención en esta respuesta.

El mismo 07/01/03,  Monzant publicó:  "El debate se hace con argumentos: Respuesta a Luz Varela" 

Esta es mi respuesta.  Me tardé en responder pues esperé a que se aliviaran un poco las heridas que había dejado el paro de 2 meses en Venezuela:

El debate se hace con argumentos, profesor Monzant, no con falacias.

 

Por razones analíticas y de espacio he dividido mi respuesta en dos partes.  Esta primera parte, estará dedicada a las falacias o falsos argumentos.  La otra parte la dedicaré a refutar o a validar argumentos lógicamente construidos en su segundo artículo, su respuesta hacia mi.  En este segundo artículo, del día 07/02/2003 hay un resumen o reafirmación de las ideas básicas del primer artículo, aquel que causó mi molesto aburrimiento.

 

He visto como algunos profesores debaten las ideas en discusión, intercalando alternativamente, párrafos de diferente colores.  Todo eso es muy moderno pero yo no se hacerlo, así es que me limitaré a la vieja técnica de intercalar citas precedidas de comillas.  Cuando haga falta. 

 

Profesor Monzant, supone que me aburrí pues, aparentemente, usted elaboró su escrito para que cualquier ser humano pudiera entenderlo.  Afortunadamente, solo supuso y no aseveró como un hecho , tal supuesto.  No me aburro con lecturas sencillas, al contrario, considero que la claridad en el lenguaje es el mejor método  para  cualquiera que intente comunicar sus ideas.   Detesto las lecturas con un lenguaje complicado que intentan impresionar a fuerza de no decir nada.   No me siento menos por no entender algo,  todavía pregunto cual niña de 7 años.  Así que el mío no es un problema de vanidad (ni de modestia).

 

También supone, profesor, incluso “quiere suponer” que leí complacida “El perfecto idiota ...”   Lamento decir que sólo me divirtió, y bastante, la primera pagina (no se cual) que leí en la librería antes de comprarlo.  En mi casa leí cinco o seis paginas más y lo tire.  Hasta el sol de hoy no he vuelto a saber de ese libro  ... y si en Venezuela los comerciantes aceptaran que los consumidores devolviéramos los productos, habría salido corriendo a cambiarlo por otro menos aburrido.

 

De modo que mis ideas críticas ante la izquierda no son producto de lecturas de manuales, ni copiadas, ni heredadas, y además han sido muy poco discutidas con colegas en mi país, pues los izquierdistas en Venezuela suelen ser muy poco críticos.  Cuando critican a la izquierda, suelen ya estar bien paraditos en la centro derecha, si no más allá, como fue el caso de Emeterio Gómez.   Con sus excepciones, claro está.  En su momento, Maneiro fue bastante crítico. Entre los vivos, respeto mucho y cada día más a Teodoro Petkoff, (quien ha estado bien plantado en centro izquierda desde que abandonó el PCV y fundó el MAS; en estos momentos de fanatismos y posturas extremas hace en su vespertino Tal cual,  una oposición crítica que molesta a chavistas y a escuálidos).  Respeto a Domingo Alberto Rangel (de quien critico su actuación inicial, casi demencial durante los años primero de la lucha armada en Venezuela, pero valoro su consecuente militancia en la izquierda, sin máculas de corrupción, cosa que no se puede decir de muchos izquierdistas en Venezuela).    Ciertamente leí “Proceso a la izquierda” a mis 20 años,  pero no lo entendí (quizás ni lo terminé), así que mal pude tomar en aquel momento las ideas contestatarias de Teodoro.   En esa época prefería “La izquierda y su proceso” de Moisés Moleiro, pero sobre todo, la surtidísima literatura marxista que devoré en los 10 semestres cursados en la Escuela de Historia donde me gradué.  Ahora que lo pienso,  haciendo a un lado  7 u 8 materias (de cuarenta y tantas que cursé), yo no estudié historia, yo estudié historia marxista de la humanidad, Historia marxista de América Latina (I, II, II y IV), de Europa, de Asia, de África, de Estado Unidos I y II.  Mi titulo debería decir Licenciada en Historia Económica Marxista, con ligeros apuntes en Historia de los Anales, mentalidades y un toque de estructuralismo, marxista también. 

 

A estas alturas habrá comprendido que me molesta que dude de mi capacidad de generar crítica.  Crítica de mi misma, de mis años de militancia en la JC, de mi  ciego entusiasmo por  lecturas obtusas y sobre todo, por el dogmatismo y simplismo con el cual pretendíamos piratear toda explicación “científica” en la búsqueda y ¿descubrimiento? de la leyes históricas de la humanidad.   También me molesta su invención (dado que no he dado más indicio que el de definirme como antichavista) de que desprecio cualquier pensamiento crítico.  Desprecio si, y mucho, la manipulación y el uso permanente de argumentos falaces en discursos que habrían de ser históricos y no son más que  perfiles adecentados de las limitadas ideas de nuestro presidente.

 

 Usted se preguntará el porqué me he tomado de forma pasional y personal este asunto.  ¿Tan pedante soy que necesito reconocimiento intelectual y banales referencias a mis méritos?.  No, mi molestia no parte de allí.   Le diré el motivo.  Porque he captado tanto en su ¿defensa?   como  en ¿la agresión?   del  profesor Alarcón, un ataque a mi persona, por formar parte de un conglomerado  que piensa diferente a ustedes con relación gobierno de Venezuela.       Esta es la primera falacia que quiero denunciar, presente de forma incisiva en todo discurso chavista.   En lógica es conocido como argumentum ad hominen (ofensivo),  el preferido del Presidente y, argumento ad hominen (circunstacial), el preferido de ustedes dos.  Aunque el profesor Alarcón fue particularmente ofensivo cuando me preguntó irónico: “El Problema no es creerse el cuento de la revolución, sino contribuir con propuestas e iniciativas para construir una sociedad alternativa. Pregunto ¿Qué ha aportado usted, además, de la retórica?” Esto es, cuestionó mi vida, me retó a que le explicara que había hecho yo para tener la moral necesaria para cuestionar a Chávez y a su proceso. 

 

Esto, señores profesores, es una falsa argumentación  que Irving Copi  denomina como les dije arriba:   argumentum ad hominen (ofensivo).  Por lo demás es una falacia tan obvia y tan grosera que no pienso responder, pero si quería dejarla al descubierto.  Sobre todo por ser la primer forma de manipulación que Chávez emplea para ofender y desacreditar a todo opositor.

 

Esta falsa argumentación fue usada desde un principio por el Presidente, y ahora es usada casi indiscriminadamente desde hace unos dos años por buena parte del sector oficialista.  No niego que se está desarrollando la misma práctica en los sectores opuestos, sobre todo en los sectores más radicalizados, que, peligrosamente, son, cada vez, más.  El objetivo es ganar la contienda al otro, no como una lucha de ideas, o lucha de prácticas políticas.  Según la jerga del Presidente, se trata de ganar la guerra, y en este caso, la oposición es el enemigo a vencer.  Se han de atacar entonces sus valores, su honestidad, sus creencias, su origen de clase (por lo general, un supuesto origen oligarca que sólo está en la enfermiza cabeza del Presidente). También se han de atacar sus motivaciones políticas o su formación intelectual. 

 

Esta última forma de agresión, más sutil que las bastas formas presidenciales fue la que

me indigno cuando, en su artículo del 15/12/02, titulado: “El beneficio es lo que cuenta. Neoliberalismo y orden global”, usted afirmó lo siguiente: “... si la clase media no se dio por enterada del beneficio real que el proteccionismo implica? Esto seguramente se debe a que, según afirmara algún periodista argentino, todavía hoy Venezuela posee la clase media con mayor poder adquisitivo de América Latina, pero con menor nivel cultural. ¿De qué embrujo es víctima esta pobre-gente que no notó en su bolsillo las consecuencias favorables del «populismo» chavista? ¿Por qué no se toman unas horas para leer libros y revistas de autores críticos acerca de la historia económica de Estados Unidos y Europa en los que se les remite a fuentes directas del Congreso o Parlamento en las que descansan todas las medidas antiliberales, antineoliberales que han tomado .....” 

  

Resumo, con su permiso, su argumentación.  Ya me dirá si estoy tergiversando: las clases medias venezolanas son tan pobres gentes que no se dieron cuenta del beneficio real que se sintió durante los primeros años de gobierno chavista.   Hay dos proposiciones en esta afirmación: 1) las clases medias son pobres gentes, ricas pero ignorantes, y 2) hubo un beneficio en los primero años del gobierno chavista.  No voy a refutar esta última proposición:  me referiré a ella en otra oportunidad.

 

Pero si quiero referirme a la primera.  Ya usted debe saber hacia donde voy.  A la oposición en Venezuela se le ataca desde todos los flancos de la descalificación: son oligarcas, proimperialistas, corruptos, subversivos, golpistas, fascistas, terroristas, puntofijistas, miembros de las cúpulas podridas que se niegan a dejar sus privilegios, clases medias.   Además, algo terrible ... son blancos.  ¡Qué mayor manipulación!  De la cual por cierto usted se hace eco. 

 

Los venezolanos somos mestizos, es tan cínico trasladar un análisis que corresponde a otra realidad, como a la de Estados Unidos donde podría ser posible determinar quien es negro y quien es blanco, o a los países andinos, donde están más marcadas las diferencias étnicas. Pero en Venezuela, esto no es una falacia. Es una burda mentira:   yo misma tengo tres sobrinos, hijos de mi hermana: Miguel, es rubio, con ojos muy claros y sus hermanos gemelos son negros.  Y solo por hablar de un caso de los muchos que hay en mi familia.  Según esta lógica, Miguel sería escuálido y los gemelos, chavistas  ....

 

El suyo, profesor Monzant, y me refiero específicamente al que ocasionó mi molestia, es un artículo con una argumentación que, en principio, reconozco como bien sustentada.    No lo puedo acusar, en este primer artículo del 15 / 12 /02, ni en el siguiente, del 07 /01 /03, con el cual me respondió, de que se haya valido de las más groseras argumentaciones (obviando lo del racismo) de las que si se vale el Presidente y muchos de sus ministros, diputados  y otros seguidores.  Digamos que usted fue decente en sus ofensas, (esto que he escrito me parece una falacia, pero vamos a pasarla por ahora, ya que me interesa el sentido que supongo usted ha captado). En este caso usted no se merecía mi completa indignación, sino sólo una parte.  Usted se limitó a decir que las clases medias venezolanas tienen un bajo nivel cultural, y por eso no entienden a Chávez.  Para mi fue la gota que reboso el vaso.  Le pido disculpas por mi reacción.  Estaba verdaderamente indignada, cansada y fastidiada por la multitud de veces que había sido ofendida por el señor Presidente, sobre todo en esos días.  Andaba con la misma indignación que sienten la mayoría de los venezolanos cada vez que ese señor abre la boca.   Pero esto no justificaba mi reacción.   Debemos cuidarnos, por supuesto, pues a la larga vamos a terminar todos convertidos en seres tan intolerantes como el susodicho. 

 

Me fastidie con su argumentación y me cansé del debate.  Me parecía que todo giraba alrededor de una suma insufrible de falaces argumentos que pretendían convencer más por incidencia psicológica que por buscar explicaciones racionales y / o sistemáticamente elaboradas en base a estudios  históricos serios, nunca panfletarios.  

 

Ahora bien, esa ofensa, no tan ofensiva que usted nos propinó a los oligarcas de Venezuela,  es una argumentum ad hominen, o más bien, no es un argumento, es una falacia.   Quizás la enunció de buena fe pues le resulta incomprensible que esta pobre gente no pueda entender los beneficios que usted si observa en  el gobierno de Chávez.  Pero es una falacia que no solo ofende, sino que al igual que las otras, más ofensivas aún,  sirve para ocultar las consideraciones por las cuales las clases medias (y las clases medias bajas, y buena parte de los sectores populares) rechazan ahora el gobierno de Chávez.  Para eso, para entender estas consideraciones, hay que colocarse en el lugar del otro.  Se que incurriría en una falacia de generalización si dijera: esto es imposible, el chavismo no está en condiciones ni quiere ponerse en el lugar del otro. Sería grosera si lo afirmara, pero no niego que lo he pensado. 

 

Veo que mi predilección por escribir me hará morir frente al teclado (en su honor, profesor Alarcón), así es que para no hacerlo más largo, me referiré  brevemente, sólo a una falacia mas. 

 

Por ignoratio elenchi (conclusión inatinente).  Cito a Copi (1992):  “La falacia de la ignoratio elenchi se comete cuando un razonamiento que se supone dirigido a establecer una  conclusión particular es usada para probar una conclusión diferente” (p. 97).  El neoliberalismo es malo, Chávez “lo combate”.  Resultado:  Chávez es bueno, y quienes lo combaten  a él son malos y con seguridad,  neoliberales.  Estoy simplificando burdamente, pero deseo subrayar la idea que capté en su argumentación.  De hecho, usted me dice en su respuesta:  “¿Qué dirán usted y otras personas que piensan de manera semejante a la suya, cuando afirmo que, a diferencia de lo que es común escuchar-leer-repetir, el caos económico de América Latina y el resto de la periferia capitalista no se debe a un error de cálculo por parte de las transnacionales ni de los distintos grupos empresariales de las respectivas naciones, como tampoco lo fue en tiempos de la colonia, por ejemplo? No existe fracaso económico en tanto no se debe a que la estrategia del FMI o del Banco Mundial fue mal aplicada, tal como pretende Stiglitz en “El malestar en la globalización”. Se debe a que esa es la naturaleza del neoliberalismo ...”

 

¿Pero de dónde saca que soy neoliberal? Usted me pone en la coyuntura de defender el neoliberalismo, usted afirma saber como pienso en torno a ese asunto.    Dado que me opongo a Chávez, quien supuestamente es la personificación del antineoliberalismo,  yo tengo que ser neoliberal (creo que aquí esta presente la falacia de división, Copi de nuevo). 

 

Por lo demás, buena parte de su defensa del gobierno de Chávez consiste en demostrar los males del neoliberalismo.  ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?  Esa es una conclusión inatinente  En este aspecto el suyo es un discurso manipulador, que convence por razones emocionales, de afecto o simpatía.  Si soy de izquierda, tengo que ser chavista, en caso contrario soy una terrible golpista, y todas esas cosas horribles que no quiero ahora repetir. 

 

Capté otras falacias más pero sería necio continuar con esto.  Algunas se refieren  a supuestos suyos sobre mi pensamiento o a mi forma de encarar la búsqueda de conocimiento.  En todo caso, se que no todo su discurso es manipulador.   Por eso decidí dejar para otro momento la discusión de los que si considero verdaderos argumentos. 

 

Antes de finalizar le voy a señalar dos referencias de sendos artículos míos que me gustaría leyera, si tiene tiempo.  No le voy a enseñar nada que usted no sepa, pero le servirán para entender que no soy liberal:

 

“Vigencia de la historia y de su enseñanza.  Desmontando el discurso de la globalización desde una perspectiva histórica” (2000)  En Tierra Firme, Caracas,  Nº 70

“En torno a la enseñanza de la historia en el contexto de la globalización” (1999).  En Presente y pasado, Mérida, Nº 8, 

En las Actas del V Congreso Nacional de Historia Regional y Local celebrado en Valencia en 1998, hay una ponencia mía sobre Mario Briceño Iragorry, allí opongo sus ideas nacionalistas a la homogeneización del proyecto globalizador.  No recuerdo el título.

 

Bueno, profesor Monzant, lamento haberme excedido, sigo en deuda con usted y con sus argumentos.

 

Hasta otro día.

 

Luz Varela,

Universidad de Los Andes

Mérida Venezuela.    

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Chávez y su lucha contra la oligarquía venezolana

El gobierno “revolucionario” de Hugo Chávez Frías afirma que en Venezuela hay una lucha por la igualdad social.  Insisten en que sus oponentes son oligarcas que se niegan a perder sus privilegios.  He leído a ciertos internacionalistas extranjeros quienes toman como premisas de sus análisis, la supuesta existencia en Venezuela de una rígida estructura social.  Esto explicaría la oposición tan fuerte contra “el proceso de cambios”, o como le han dado en llamar en los dos últimos años:  la revolución ... pacífica y
bonita.
 
 ¡Los descendientes de “buena cuna” se niegan a perder sus privilegios!  Si estos “especialistas” conocieran algo de la historia pasada y presente de Venezuela sentirían vergüenza de utilizar tales categorías y emplearían otros elementos analíticos para el desarrollo de su discurso.

En Venezuela hubo una rígida estructura social durante el período colonial, estructura que se fracturó a lo largo del siglo XIX.  La nuestra fue la primera provincia americana del imperio español que se lanzó a la lucha por la independencia.  Quienes dirigieron este proceso fueron los “oligarcas”, que sí existían en esa época.  Bolívar no era solamente uno de los más ricos, de hecho era miembro de la familia más rica de Venezuela y murió arruinado a consecuencia de la  guerra.
 
Para alcanzar la independencia, la oligarquía venezolana se vio obligada a permitir que los pardos con méritos y talento  intervinieran en la guerra, no sólo como carne de cañón, sino como oficiales de tropa.  De allí que el proceso de independencia se convirtiera, desde un principio, en un medio para ascender socialmente.  Así, los fundamentos de la Constitución de 1811 (la república, la libertad y la igualdad entre todos) se pusieron en práctica a lo largo de la guerra de independencia y de las demás luchas civiles que se dieron durante el siglo XIX.  Estas luchas estuvieron determinadas justamente por la necesidad de alcanzar la tan ansiada igualdad étnica y social.   Las familias blancas y oligarcas fueron exterminadas y las pocas que sobrevivieron, quedaron arruinadas o huyeron hacia Cuba, Puerto Rico o Santo Domingo.
 
Uno de nuestros historiadores más reconocidos de principios del siglo XX, José Gil Fortoul, dice que, sobre todo en sus primeros años, la de la independencia fue más una guerra civil que una lucha entre la colonia  y el imperio español.  El conflicto se encarnizó en un principio entre blancos por una parte,  y  pardos y negros por la otra; todos venezolanos.  La guerra no era entre españoles y venezolanos, sino entre venezolanos: castas contra blancos.  Por “castas” eran conocidos los grupos socioétnicos que no eran blancos:  sobre todo los pardos (mulatos), pero también es posible incluir en estos términos a los negros, mestizos y zambos, e incluso a los indios.
 
Como un medio para incorporar a las castas en la causa republicana, Bolívar proclamó, primero el Decreto de Guerra a Muerte, en 1813  y luego, la libertad de los esclavos que se sumaran a la guerra de independencia.  El Decreto de 1813 decía:  “Españoles y canarios: contad con la muerte aún siendo indiferentes, si no lucháis por la causa de la libertad.  Americanos, contad con la vida, aunque seáis culpables” .  La radicalidad de este decreto se debía a la necesidad de acabar con la guerra social y de darle un carácter político e internacional al proceso de independencia.  Bolívar también entendió que para zanjar esa lucha civil, determinada más que todo por la rígida e injusta estructura social que se había construido durante el período colonial, era preciso liberar a los esclavos y repartir tierras. Así lo hizo.
 
Pero con el proceso de independencia no se alcanzó completamente esta igualdad.  La esclavitud se mantuvo una vida y hasta dos más a través de la figura de la manumisión.  Pero ya para 1854 se decretó irrevocablemente la abolición de la esclavitud (compárese con fechas tan  conflictivas o tardías como las de Estados Unidos, o Cuba y Brasil, donde no fue posible acabar con la institución de la esclavitud hasta bien avanzado el  siglo XIX).
 
Después de la independencia  se suprimieron legalmente los privilegios que se expresaban en derechos que sólo los blancos tenían durante el período colonial.  Eran derechos de los que carecían las castas; por ejemplo, entre otras cosas,  les estaba vedado a los pardos la entrada a la universidad (con excepción de la Escuela de Medicina, a la cual se permitió la entrada de pardos en 1797 debido a la escasez de médicos en la época).  Tampoco podían acceder a los altos cargos en el ejército y en la burocracia imperial.   En la práctica, pasaron varias décadas después de la independencia para que se superaran los prejuicios sociales y se instaurara “mentalmente” la igualdad social y étnica.  Esta se consiguió sobre todo a partir de la Guerra Federal, durante la segunda mitad del siglo XIX.   No estamos hablando de igualdad económica, nos referimos a que se eliminaron los prejuicios étnicos y sociales: Venezuela, ya para finales del siglo XIX se reconocía y se asumía (de buena o de mala gana) como una nación mestiza.
 
A lo largo del siglo XX, la riqueza generada por el petróleo, permitió el surgimiento de un amplio sector de clases medias.  Las actuales clases medias venezolanas no provienen de una “oligarquía arruinada”, sino todo lo contrario.  Vienen de abajo.  Son descendientes de los sectores populares venezolanos (campesinos o urbanos) o de los inmigrantes que reforzaron las estadísticas demográficas  durante el siglo XX (recuérdese que las guerras del siglo XIX  acabaron con buena parte de la población venezolana).  Pero sobre todo provienen de las mezclas étnicas y culturales de estos muy diversos grupos.
 
Nuestras clases medias  nacieron en el seno  de familias trabajadoras  que vieron recompensados sus esfuerzos en un país con una maravillosa y flexible movilidad social y étnica.  Muchos  aprovecharon la oportunidad que la democracia venezolana ofreció a partir de 1958 con la masificación de la edu cación.  La universidad creció multitudinariamente y de forma gratuita.  O sea, CUALQUIERA, independientemente de su color de piel, de su origen social o económico, de su religión o de su nacionalidad (aparte de los venezolanos, es posible hablar de miles y hasta cientos de miles de hijos de inmigrantes españoles, italianos, portugueses, colombianos, libaneses, sirios, chinos, alemanes, argentinos, chilenos) cualquiera, repito, pudo entrar a la universidad en Venezuela.  El título universitario, obtenido sin mayores costos económicos,  sólo con disciplina y esfuerzo intelectual, permitió a cientos de miles de personas, y quizás a millones,  ascender rápidamente en la escala social.   Pero no fue éste el único modo: la carrera política, los negocios, el comercio,  las fuerzas armadas,  el arte, el teatro, la televisión,  los servicios,  y muchos otras vías permitieron y mantuvieron por mucho tiempo la posibilidad de ascenso en la escala socio económica. Estos son los “oligarcas” que nuestro paranoico presidente combate, los corruptos oligarcas, golpistas, terroristas y cuanto ofensivo calificativo se le ocurre en sus desvaríos.
 
Venezuela no es el país que el gobierno de Chávez describe.  Chávez es el rey de los populistas manipuladores que miente y tergiversa todo a su conveniencia.  En Venezuela hay ahora mucha pobreza, resultado de malas políticas económicas aplicadas en los últimos 20 años, y sobre todo a causa de la corrupción, la mala administración y el clientelismo que caracterizó la gestión de los partidos AD y COPEI en los últimos años.  La ascendente movilidad social se detuvo, produciéndose inversamente un proceso sistemático de empobrecimiento de la población.  Consideramos que son males que se corrigen con políticas públicas acertadas.  Adecos y copeyanos empezaron la construcción de la democracia venezolana, desde hace más de 60 años y la estabilizaron 20 años después, a partir de 1958.  Pero en los últimos años su actuación fue decepcionante.  Se pervirtieron, se corrompieron y se hicieron ineficaces.  En 1998, el pueblo venezolano dio la espalda a estos partidos y eligió a un líder nuevo que en su discurso arremetía contra la corrupción, la pobreza y el clientelismo
 
Pero con este líder, con  Chávez, la cura ha sido peor que la enfermedad. La pobreza se ha agudizado en estos 4 años de su gobierno a pesar de su falso discurso a favor de los pobres (a eso se le dice “demagogia”).  La gente que le rodea, su familia y sus adulantes burócratas, son absolutamente incapaces y sumamente corruptos.  Hacen parecer como angelitos a los dirigentes de los partidos tradicionales.   La burocracia chavista ha ascendido en la escala económica de forma avasallante, pero no en base al esfuerzo, al estudio o al trabajo eficaz, sino apoyándose en el robo de los dineros públicos.  Es falso que nos oponemos al  gobierno de Chávez porque esté eliminando los privilegios de ancestrales familias oligarcas.  Quien crea esto o delira o ignora por completo la historia de Venezuela.  No niego que habrá adecos (quienes por cierto, no vienen de “buena cuna”) que estén ansiosos y nostálgicos por volver a ocupar aquellos cargos públicos en los que robaron y se enriquecieron.  Pero estos nostálgicos no son mayoría; son un grupo infinitamente pequeño al lado de los millones de venezolanos que votamos por Chávez (o no votamos) y hoy pagamos tan caro el precio de nuestra ingenuidad (o de nuestra pasividad).
 
Los venezolanos ya hemos entendido: No hay Mesías que pueda salvarnos.  Sólo nuestro trabajo, nuestra lucha como ciudadanos concientes y responsables nos permitirá superar la crisis.  Pero Chávez no lo entiende.  Tiene trastornos de personalidad que lo guían ciegamente hacia la supuesta salvación de Venezuela.  En su narcisismo y megalomanía se niega a ver la realidad: los millones de venezolanos que lo apoyaron ya no lo quieren.
 
 ¿Quiénes son los “oligarcas”, los corruptos, los golpistas que se aferran a sus privilegios y se niegan a dejar el poder? ¿Quénes? ¿ los millones de venezolanos que repudiamos su gobierno a diario?  ¿ O Chávez, su familia y sus secuaces, quienes se levantaron en armas en 1992 y durante todos estos años han declarado día de júbilo el 4 de febrero, fecha de su frustrado golpe de Estado?
 
Chávez es golpista, es  oligarca y es corrupto.  Hace con el dinero y las riquezas de Venezuela lo que le viene en gana.  ¿Quién tiene los privilegios, esto es,  los derechos que otros no poseen? ¿quién tiene el dinero del Estado, el que había sido hasta hace poco el Estado más rico de América Latina? ¿quién maneja de forma absoluta todos los poderes: el ejecutivo, el judicial, el legislativo? ¿quién es sordo al reclamo del pueblo? ¿quién tiene las armas?   En eso estamos de acuerdo, hay una respuesta: la “oligarquía”.  Pero en este comienzo del siglo XXI, la oligarquía en Venezuela está representada por Chávez y los tres gatos que aún lo acompañan.   Los otros oligarcas, los de “buena cuna”, los de la “rígida estructura social”  murieron durante las guerras sociales del siglo XIX.

Luz Coromoto Varela M.
Universidad de Los Andes