Historia Inmediata


Chávez


Amigos de Had:

En un momento crucial para la resoluciòn pacifica y por medios democráticos de la gran crisis que asola nuestro paìs, les solicito la publicaciòn de este mensaje enviado por academicos , intelectuales y artistias venezolanos a sus colegas del mundo.

Gracias,
Luz C. Varela Manrique
Universidad de Los Andes

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Mensaje de escritores, artistas y académicos venezolanos a sus colegas de todo el mundo

Viernes, 27 de febrero de 2004

Venezuela vive uno de los momentos más dramáticos de su historia. Está por consumarse un gigantesco fraude para desconocer millones de firmas de venezolanos que solicitan un referendo revocatorio del mandato presidencial de Hugo Chávez. La presión, ejercida de una manera descarada y contumaz por el propio Chávez y sus más cercanos seguidores, en especial por el Vicepresidente, los ministros, los diputados y los medios de comunicación del Estado, ha tenido eco en la mayoría de los miembros del Consejo Nacional Electoral, quienes, ante la evidencia de las firmas consignadas, se han valido de argucias y formalismos para invalidar un número de ellas que haga improcedente el referendo, en obediencia a las órdenes del presidente, empeñado en impedirlo, porque sabe que, de producirse, la revocación de su mandato es inevitable. Ante la posibilidad de perder el poder, el gobierno desarrolla ahora una campaña nacional e internacional dirigida a deslegitimar la recolección de firmas para el referendo revocatorio que fue desde el primer día calificada por el propio presidente como un “megafraude”.

Los 3.475.000 ciudadanos que firmaron pidiendo su convocatoria lo hicieron, entre otras razones, por las siguientes: 1) La vocación inequívocamente despótica y totalitaria del presidente, demostrada por la tendencia al control absoluto de todos los poderes públicos, ya logrado en muy alto grado; 2) La militarización de la administración pública en todos sus niveles, incluyendo un alto porcentaje de ministros y de los gobernadores de los estados; 3) La violación descarada de la legislación y de la propia Constitución, tanto por el propio presidente, como por los funcionarios públicos en todas las instancias; 4) La militarización y partidización de la empresa estatal de petróleo (PDVSA) que conduce al deterioro de la más importante fuente de ingresos del país y su progresiva desnacionalización, al entregar la explotación de la misma a compañías extranjeras; 5) El desbarajuste económico, con un ruinoso control de cambios, una elevada inflación, una altísima y creciente tasa de desempleo, un dramático crecimiento de la pobreza y una marcada escasez de productos vitales, como alimentos y medicinas; 6) La división y desmantelamiento de las Fuerzas Armadas, y su sustitución gradual por una fuerza militar paralela al servicio, no del país, sino del gobernante y sus secuaces; 7) Una política internacional errática y desequilibrada, dirigida por el jefe del Estado en función de sus conveniencias y caprichos personales, y con grave lesión de los intereses del país; 8) Un gigantesco saqueo y despilfarro de los recursos financieros; 9) Una brutal represión de muchas manifestaciones populares, con el uso de las Fuerzas Armadas y de grupos de choque, de un falso origen popular, organizados y armados por órganos del gobierno; 10) La intimidación, por diversos procedimientos, de los medios de comunicación adversos al régimen y un total desprecio de la opinión pública; 11) El abandono de los servicios públicos, especialmente los de seguridad social, educación y salud, para sustituirlos por “misiones” de claro corte populista; 12) Una absoluta indiferencia ante el crecimiento desbordado del hampa común; 13) Un exacerbado culto a la personalidad como es típico de los gobernantes dictatoriales.

Para comprender la actual coyuntura venezolana resulta imprescindible resumir brevemente su origen.

En 1958 la insurrección del pueblo de Caracas obligó a las Fuerzas Armadas a derrocar al dictador Marcos Pérez Jiménez. Entonces los militares dieron una lección de civilismo, pues una vez depuesto el dictador propiciaron elecciones libres para escoger un gobierno civil y restablecer la institucionalidad democrática.

Fueron muchos los hechos positivos de los gobiernos que se sucedieron desde entonces, entre los cuales destacan la Constitución democrática de 1961; la nacionalización del petróleo y el hierro; la construcción de importantes obras de infraestructura; el formidable crecimiento cuantitativo de la educación preescolar, básica, media y superior; la creación de numerosas instituciones culturales… Pero en el balance de esos cuarenta años también pesan innumerables fallas y vicios, como la corrupción en el manejo de los fondos públicos; el abandono progresivo de servicios vitales, como los de salud y educación, hasta hacerse irrisorios; la quiebra de la seguridad social; la gravísima inseguridad bajo el imperio del hampa; el deterioro de la economía; el debilitamiento y la corrupción de las instituciones fundamentales… Todo ello produjo una grave crisis política, económica y moral, y originó que, en dos ocasiones, se intentase, con el pretexto de la crisis, derrocar por la fuerza un gobierno que, aun con sus prácticas negativas, conservaba su legitimidad.

En 1998 la crisis había alcanzado cotas muy altas, y producido un gran malestar que amenazaba con generar brotes de violencia de gran magnitud, como ya había ocurrido en el pasado reciente, pero que ahora podrían tener consecuencias mucho más graves y hacerse incontrolables. Era notorio el repudio a los dos partidos que se alternaron en el poder desde 1958, y fracasaron al no construir una democracia estable, vigorosa y eficaz en el manejo honesto de la administración pública, el diseño de una economía próspera e independiente y la eficiencia de los servicios públicos básicos.

Fue en esas condiciones que, en las elecciones de 1998, insurgió la figura nueva, joven y carismática del Teniente Coronel Hugo Chávez, que venía con la aureola del héroe que encabezara el golpe militar del 4 de febrero de 1992. En esa ocasión densos sectores vieron con simpatía la insurgencia militar, pero el pueblo, siempre desconfiado de la incursión de los militares en la política, no salió a la calle a respaldar el movimiento, que fracasó en pocas horas y llevó a sus cabecillas a la cárcel.

En esta nueva ocasión, Chávez, revestido de la majestad del candidato presidencial, despertó un intenso y multitudinario entusiasmo, y logró en las urnas una votación ampliamente mayoritaria. Decisivo en ello fue, junto al carisma y la novedad del candidato, su compromiso de acabar con la corrupción, impulsar la economía, reducir el desempleo, garantizar la seguridad social y personal, y, en general, conducir al país hacia metas de desarrollo y prosperidad, para lo cual contábamos con amplios recursos, que el candidato ofrecía administrar con pulcritud y eficacia. En tales condiciones era natural que grandes sectores, incluyendo grupos e individualidades de alto nivel de preparación política e intelectual, fuesen atraídos por el señuelo de aquella candidatura, y fueron muy pocas las voces que advirtieron sobre el riesgo de una nueva frustración, a las que desventuradamente no se escuchó.

Y la frustración, en efecto, no tardó en llegar. Chávez no entendió que su plan de gobierno, ese conjunto de ideas elementales y de promesas que entusiasmó a millones de venezolanos, requería para su aplicación de un amplio consenso, mediante una paciente labor de persuasión y convencimiento, aun cuando se supiese que siempre habría poderosos sectores refractarios a los cambios que el país reclama. En lugar de procurar la suma de voluntades, Chávez utilizó una arenga venenosa, orientada a fomentar la violencia, el odio de clases y la exclusión de inmensos sectores de clases media y alta, tildados por él de oligarcas. El lenguaje agresivo, procaz e injurioso, impropio de un verdadero jefe de estado, dirigido a descalificar los valores de las clases medias, le fueron enajenando su respaldo, y constituyen, junto a amplios sectores populares, una oposición cercana al 70%, que busca desalojarlo del poder mediante la revocación del mandato, derecho consagrado en la Constitución que el propio Chávez se dio a través de una Asamblea Constituyente que le era favorable casi en un ciento por ciento.

Denunciamos ante los colegas de todo el mundo la situación aquí apenas esbozada, en especial porque el gobierno de Chávez ha venido desarrollando una insidiosa y costosísima propaganda en el exterior, pagada con dineros del pueblo venezolano, la cual ha producido no poca confusión entre agrupaciones y personas fácilmente engañables por la distancia y el desconocimiento de lo que realmente ocurre en Venezuela. Esa propaganda pretende hacer creer que Hugo Chávez lideriza una revolución, que no va más allá de su desbordada fantasía, pues sus prácticas sólo han conducido a una verdadera catástrofe, a cuya sombra el gobernante y sus secuaces de todos los niveles han practicado el enriquecimiento ilícito más escandaloso de la historia venezolana, y han ido dando los pasos para la instauración en un futuro cercano de una brutal dictadura militar, bajo la engañosa imagen de un gobierno supuestamente socialista o de izquierda, capaz de despertar los sentimientos utopistas que el pueblo venezolano, igual que todos los pueblos del mundo, abriga como solución a la pobreza y demás males de que padece, pero que en realidad sólo ha sido un gobierno personalista, autoritario y moralmente depredador. No obstante lo cual, el presidente Chávez ha sido tendenciosamente contumaz en negar el carácter democrático de la gran mayoría de quienes nos oponemos a sus prácticas autoritarias.

(*): Caracas, 25 de febrero de 2004
 
Annabella Aguilar
Marisol Aguilera
Francisco Alarcón
Harry Almela
Cristian Álvarez
Moira Angulo
Rosario Anzola
Leonardo Aranguibel
Edda Armas
Dolly Armitano
Carolina Arnal
Mariela Arvelo
Rafael Arráiz Lucca
Belkis Arredondo
Michael Ascensio
Leonardo Azparren
Samuel Baroni
Guillermo Barrios
Alberto Barrera Tyszka
Alberto Baumeister Toledo
Margarita Belandria
Waleska Belisario
Josefina Benedetti
Manuel Bermúdez
Marcelino Bisbal
Rodrigo Blanco
Demetrio Boersner
Soledad Bravo
Víctor Bravo
Luis Brito
Elizabeth Burgos
Manuel Caballero
Colette Capriles
Antonio L. Cárdenas Colménter
Adícea Castillo
Carlos Castillo
Lisette Castillo
Laura Castillo de Gurfínkel
Carmelo Cazalis
Israel Centeno
Isaac Chocrón
Sonia Chocrón
Mara Comerlati
Simón Alberto Consalvi
Diómedes Cordero
Gloria Cuenca de Herrera
Haydee Deutsch
Rafael Di Prisco
Jkorge Dfíaz Polanco
Roberto Echeto
Maitena de Elguezábal
Enrique Enríquez
Thaís Erminy
Pedro Espinoza Troconiz
Héctor Faúndez
Iván Feo
Carlos Armando Figueredo
Emilio Figueredo
Alicia Freilich
Miriam Freilich
Marisol Fuentes Niño
Hernán Gamboa
Raquel Gamus
Paulina Gamus
Humberto García Larralde
Evangelina García Prince
Diana García Sucre
María Antonia García Sucrev Paula Giraud
Jacquelin Goldberg
Miguel Gomes
Emeterio Gómez
Luis Gómez Calcaño
María Elena González Deluca
Adriano González León
Víctor Guédez
Arturo Gutiérrez Plaza
Sonia Hecker
Alberto Hernández
Tosca Hernández
Adolfo Herrera
Sofía Imber
Víctor Hugo Irazábal
Juan Iribarren
Rodolfo Izaguirre
Fausto Izcaray
Angelina Jaffé
Verónica Jaffé
Ariel Jiménez
Mrianne Kohn Bécker
Gisela Kozak
Karl Krispin
Enrique Larrañaga
María Luisa Lázaro
Carole Leal Curiel
Elsie León
Diana Lichy
Luis Lizardo
Belén Lobo
Hercilia López
Pedro López
Oscar Lucien
Héctor Malavé Mata
Manuel Malaver
Josefina Manrique
Luis Manzo
Oscar Marcano
Esperanza Márquez
Gloria Márquez
Yolanda Márquez
Gustavo Alexis Márquez Villa
Alexis Márquez Rodríguez
Joaquín Marta Sosa
Ibsen Martínez
Milagros Mata Gil
Iván R. Méndez
Juan Carlos Méndez Guédez
Ricardo Mitre
Acianela Montes de Oca
Alfonso Montes
Alfredo Morles Hernández
Carlos Alberto Moros Ghersi
Ismael Mundarain
Eleazar Narváez
Marco Negrón
Pedro Nikken
Humberto Njaim
María Celina Núñez
Iván Olaizola
Silvio Orta Cabrera
Carlos Ortiz
Mariahe Pabón
Martha Pabón
Carlos Pacheco
Leonardo Padrón
Juan Páez Ávila
María Fernanda Palacios
Juan Carlos Palenzuela
Yolanda Pantin
José Antonio Parra
Antonio Pasquali
Edilio Peña
Rolando Peña
Francisco Javier Pérez
Omar Pérez
Luis Pérez Orama
José Orellana Torrealba
Marta Orellana
Delia Picón-Salas de Morles
Sandra Pinardi
Alicia Pinedo de Márquez
Elías Pino Iturrieta
Ramón Piñango
Gustavo Planchart Pocaterra
Eduardo Pozo
María Pilar Puig
Flor A. Pujol
José Pulido
Inés Quintero
Pablo Quintero
Tulio Ramírez
María Elena Ramos
Gabriela Rangel
Lidia Rebrij
Eleonora Requena
Julie Restifo
Nelson Rivera
Fernando Rodríguez
Miguel Rodríguez
José Rodríguez Iturbe
Violeta Rojo
María Teresa Romero
Malena Roncajolo
Marcela Rossiter
Valentina Saa Carbonell
Elizabeth Safar
Magally Salazar
Adolfo Salgueiro
Oscar Sambrano Urdaneta
Gioconda San Blas
Juan Carlos Santaella
Chelique Sarabia
Antolín Sánchez
Antonio Sánchez García
Rafael Santana
Luis José Silva Luongo
Héctor Silva Michelena
Petruvska Simme
Milagros Socorro
Graciela Soriano
Blanca Strepponi
Guillermo Sucre
Iraida Tapias
María Soledad Tapia
Maruja Tarre
Ana Teresa Torres
Fina Torres
Ildemaro Torres
Thaelman Urguelles
Clementina Vaamonde
Alberto Valero
Horacio Vanegas F.
Patricia Van Dalen
María Teresa van der Ree
Alejandro Varderi
Vilma Vargas
Emilda Velazco
Mikel de Viana
Javier Vidal
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Jóvito Alcides Villalba Vera
Carmen Vincenti
Perla Vonasek
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