Historia Inmediata


Chávez


No es cierto que las firmas entregadas por la oposición, para solicitar el revocatorio de su mandato al Presidente de Venezuela, sean falsas o chimbas, como ha sido difundido por el oficialismo  --aun antes  que el CNE las examinara.  Ni es cierto que la mitad de ellas presenten “irregularidades diversas”.

Cuando Chávez gritó “Megafraude”, en pleno proceso de recolección de firmas,  jugó a la distracción propia del tramposo que grita “Al ladrón” para escaparse y seguir cometiendo sus fechorías.   Quienes han repetido el grito, o sea, sus partidarios más fanáticos y sus “creyentes” en el país y en el exterior, parten  además, de la presunción arrogante de que el gobierno de Hugo Chávez ha sido tan maravilloso y eficaz,  que todo aquel que desee un cambio de gobierno después de sus 5 años de mandato, sólo puede ser un desquiciado, ignorante, fascista, vende patria, golpista, u “oligarca”.   

Por cierto, no puedo dejar de insistir, al margen, que la palabra “oligarquía” se inscribe en una categoría de análisis cuyo uso para designar a las elites políticas o económicas o sociales de mi país,  no sólo denota el anacronismo histórico y político de nuestras actuales elites gobernantes.  Es, también, indicio de la mala fe del gobierno y su mandante,  al que le encanta  jugar con el endeble conocimiento en asuntos históricos que caracteriza a  muchos venezolanos. (El fracaso en la enseñanza de la historia de Venezuela ha sido establecida en las investigaciones realizadas en los últimos 15 años, tanto por los miembros de  mi grupo de investigación en la ULA, como por otros Centros de investigación de otras universidades; también ha sido determinado por los estudios de  FUNDACREDESA en 1996 y por la Fundación Polar en  1997).

El gobierno venezolano, al difundir un discurso manipulador y mentiroso, también se burla de algunas elites intelectuales extranjeras, las cuales, por lo visto, saben mucho de la historia social de sus respectivos países, pero muy poco del igualitarismo del pueblo venezolano y menos aún de la destrucción de nuestras oligarquías durante las guerras sociales del  siglo XIX.  

(Los intelectuales, los científicos sociales deben pensar profundamente, no sólo reproducir conocimiento ideologizado.  Nuestra reflexión ha de hacerse en base a la realidad y a los datos que obtenemos en nuestras  investigaciones.  Si nos limitamos a reproducir versiones esquemáticas,  más propias de un manual de propaganda política, seguiremos descubriendo el agua tibia.  No estoy negando  la existencia de la subjetividad que todo lo impregna, ni menos propongo que hagamos trabajos asépticos.  Pero creo que la primera fuente de estudio de un historiador ha de ser, precisamente, esta realidad en estudio.  Y no los discursos de un Presidente en permanente campaña electoral, ni menos la historia de otros países.  En todo caso, estos datos han de emplearse, especialmente, como referencias complementarias).

(La realidad venezolana es diferente a la del resto del continente, pese a nuestra  comunión histórica y cultural.  No soy yo ahora quien va a aclarar lo que ha sido establecido por historiadores venezolanos, verdaderamente respetables, ni deseo distraerme de mi interés en aclarar el punto que me motivó a escribir este texto: el tema de las firmas para solicitar el referéndum presidencial.    Posiblemente, si surgen dudas puntuales sobre la historia de Venezuela, yo pueda aclararlas, e incluso recomendar algunas lecturas especializadas.  Por  ahora me limito a recordar un texto mío  sobre la oligarquía venezolana que fue publicado en este  debate con fecha de 19 de febrero de 2003.  Aunque advierto que lo escribí con fines de difusión y  no forma parte de algún trabajo de investigación).

El actual gobierno venezolano es sumamente torpe e ineficaz en casi todo lo que se propone,   de allí el fracaso de su gestión que ha empobrecido enormemente a  Venezuela, aumentando desproporcionadamente  los problemas que ya existían, y creando o agudizando otros que estaban latentes cuando Chávez llegó al poder en 1998.   Y de allí la enorme pérdida de su popularidad. 

Ahora bien, pese a su ineficacia para gobernar, nuestro Presidente se ha destacado por una gran capacidad para maniobrar,  para mentir, y para torcer las leyes con el propósito de mantenerse en el poder.  Esta gran capacidad de maniobra le ha permitido, durante cinco años,  aferrarse al Palacio de Miraflores y a la riqueza de nuestro poderoso estado pertrolero, en medio del rechazo de la mayoría de la población, desencantada por el fracaso de sus principales promesas electorales: una lucha eficaz contra la pobreza y contra la corrupción administrativa.   

Su extrema manipulación del ámbito legal y la conversión y dominio sectario de casi todas las instituciones nacionales  lo puede mantener en el  poder, incluso, por varios años más ­- según su propia pública y reiterada confesión, “hasta el año 2021”. 

Chávez se ganó la confianza de buena parte del electorado nacional, en 1998 y en 2000, triunfando así en dos procesos electorales presidenciales muy cercanos en el tiempo.  Primero en las elecciones de 1998, realizadas  según la Constitución de 1961, por lo que fue elegido por un período de cinco años sin posibilidad de reelección (por cuya Constitución, según su 2da enmienda, habría ya entregado el poder durante el pasado mes de  febrero de 2004).   Luego, volvió a ser elegido en las elecciones del año 2000, según la nueva Constitución de 1999, hecha a su medida, con períodos de gobierno de 6 años y con posibilidad de reelección inmediata.   Esta nueva elección alargó su gobierno por 6 años más, sumado al año y medio que ya tenía en la Presidencia.  Había un añadido que hacía menos pesada la existencia de un gobierno tan largo: el artículo 72 de Constitución que permitiría a la ciudadanía, el solicitar un referéndum revocatorio al cumplirse la mitad del período presidencial!

Recuérdese que una de las características más importantes por el que se nos presentó esta Constitución era por su carácter “participativo” y de estimulo a la ciudadanía y al desarrollo de la sociedad civil.

De modo que cuando los venezolanos votaron por la aprobación de esta Constitución, se le dio a nuestro Presidente la oportunidad de alargarse en su mandato con la condición de que pudiera ser sometido a un referéndum revocatorio.  Veamos el texto del artículo 72:

 “Todos los cargos y magistrados de elección popular son revocables.  Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o la funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referéndo para revocar su mandato”

En agosto de 2003 se cumplieron los 3 años del nuevo mandato presidencial.  Ahora era posible solicitarle la revocatoria de su mandato con una solicitud respaldada por un mínimo de 2.436.000 de ciudadanos (según creo recordar, pues el número de electores registrados es de casi 12 millones).   Sin embargo, había unos cuantos condicionantes. Aunque el  carácter participativo de nuestra Constitución hacía muy fácil la solicitud de algún referéndum por parte de las autoridades; de hecho, bastaba con su voluntad para convocarlo, los referenda solicitados por la ciudadanía habrían de estar muy condicionados. 

Una de estas condiciones  es la de que el referéndum presidencial ha de convocarse antes del cuarto año de mandato, pues si se pasa de este lapso, no habrá nuevas elecciones, sino simplemente el Presidente, en caso de ser revocado,  será sustituido por el vicepresidente sin que haya cambio efectivo de gobierno.   El cuarto año del segundo mandato se cumple en agosto de este año de 2004, y supongo que, entre otras,  el chavismo  está jugando a esta posibilidad de mantenerse en el poder.   De allí tantas largas que se le ha dado a este proceso y tantos obstáculos que han minado el camino al referendum revocatorio

Chávez fue elegido en 1998 por el voto de 3.673.685 personas.  Esto es el 56, 20 % de los electores que votaron (no de todos los electores registrados, cerca de unos 11 millones de personas).  Salas  Romer, su más importante contrincante en el proceso electoral, obtuvo 2.613.161 votos.  O sea,  un excedente de 200 mil electorales frente a la cifra requerida actualmente para convocar el referéndum revocatorio presidencial.  (Base de datos: Políticos de las Américas: www.georgetown.edu/pdba/Elecdata/Venezuela/pre98.html).

En aquel momento, el  porcentaje de abstención fue altísimo debido a la crisis de legitimidad que afectaba a los partidos políticos tradiciones, y al desencanto general de los ciudadanos ante la política.     En las elecciones de 2.000 Chávez obtuvo cerca de 4 millones de firmas y la oposición una cifra mucho menor.   La abstención crecía,  a la para que  la popularidad del Presidente aumentaba.  Las esperanzas de cambio se depositaban en las transformaciones políticas inauguradas con la nueva Constitución.   Para entonces, aunque muchas personas  no participaban ni votaban, tenían esperanzas.  Según las encuestas de esos años, el 80% de los venezolanos consideraba que el país mejoraría y que había que darle un chance al Presidente y “al proceso de cambios”.  

He de aclarar que, antes de las elecciones de 2.000,  nunca se habló de “revolución”,  nunca se nos ofreció un proceso revolucionario, o algo parecido, aunque ciertamente Chávez se refería a Cuba, como “el mar de la felicidad”).   

(Su devoción desbordada por Cuba fue algo que no nos preocupó en su momento ­si acaso a algunos pocos--  pues los venezolanos habíamos visto con simpatía, el proceso revolucionario cubano.  Me refiero, claro está, a la simpatía romántica de aquellos a quienes les gustan las revoluciones en otras naciones, pero no en las propias.   Además, el ex Presidente Carlos Andrés Pérez había tenido excelentes relaciones con Castro, vendiéndole  el petróleo a precios preferenciales, situación que se repetía con otros países de Centroamérica y del Caribe.   Y desde el período especial en Cuba, habían entrado a trabajar en Venezuela,   artistas, músicos, profesores universitarios, y una buena cantidad de entrenadores deportivos). 

(Las  relaciones entre Cuba y los gobiernos venezolanos habían sido tan cordiales en los últimos 25 años, que Fidel Castro había sido uno de los primeros  mandatarios extranjeros en pronunciarse en contra del golpe de estado intentado por  el Tne. Cruel. Hugo Chávez en 1992, contra Carlos Andrés.   En todo caso,  muchos nos reíamos cuando alguien advertía que Chávez, no solo imitaba las prácticas mediáticas de Castro  --como las fastidiosísimas cadenas  en TV y en radio con que nos tortura continuamente--  sino que pretendía perpetuarse en el poder a semejanza del modelo autoritario del Caribe). 

Tras la alta aceptación popular de los años 1999 y 2000, el deterioro de la popularidad del gobierno  pudo pulsarse a partir de diciembre de 2001, cuando se generó una crisis tan grande que significó la pérdida de la mayoría absoluta  del oficialismo en la Asamblea Nacional.  Para entonces el señor Presidente empezó a burlarse de los primeros gérmenes de oposición: los insultaba, y entre otras cosas, les llamaba “escuálidos”.  Ciertamente, entonces la expresión de calle de la oposición era muy reducida.  

En estos momentos los escuálidos constituyen cerca del 40%  de la población nacional.  La popularidad de Presidente se ha mantenido en torno a un 30% y en el medio, están los llamados NI NI.  Esto datos pueden tomarse de  las mismas encuestadoras que en el año 1998 le daban el triunfo a Chávez, las mismas que durante los primeros años establecían estadísticamente un apoyo de un 80 % en su popularidad y las mismas que ahora son despreciadas por el gobierno, pretendiendo devaluar su credibilidad ante sus propios partidarios.    Vemos que Chávez es de los que piensa: “si no me gusta el mensaje, mato al mensajero”.  Pueden verse las diversas encuestas en la web, en páginas tales como:   www.globovision.com

Aun existe la posibilidad de que el Presidente vuelva a ganar unas nuevas elecciones, como advierte la encuestadora Datanálisis, pues quienes le apoyan conforman un grupo homogéneo, y no sólo en los sectores sociales más desfavorecidos.  También mantiene una relativa fuerza en algunos sectores de las clases medias.  Preocupa que la oposición sólo esta unida por el deseo de salir de Chávez, ya que no hay una oposición, sino  amplios sectores de oposición cruzados - encontrados en los diferentes estratos socioeconómicos  y en los diversos partidos políticos (de izquierda, de centro, o de derecha); partidos  que, o bien están recuperando su fuerza pérdida en los últimos años, como Acción Democrática,  Bandera Roja, Causa R o el MAS (Movimiento al Socialismo), o bien han surgido más recientemente, como Primero Justicia.  Existe la Coordinadora Democrática, que pretende coordinar el trabajo de la oposición, incluidos unos 11  partidos políticos y más de 60 ONG que empezaron a hacer oposición al verse marginadas en sus expectativas de participación ciudadana.

También pertenecen a la Coordinadora Democrática la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV) y Fedecámaras.  Fedecámaras, no obstante,  ha disminuido sustancialmente su participación en la conducción de las actividades de oposición tras los errores cometido en el pasado reciente: El liderazgo ha sido asumido por los dirigentes políticos, gracias a la recuperación  de su actividad y de su operatividad, que ha empezada a ser exitosa en los últimos tiempos, y al aumento de su  credibilidad.

Es muy tentador especular en base a las cifras citadas hasta ahora.  Si sólo me limitara a citar las cifras aportadas por las encuestadoras, o la cantidad de votos que recibió Salas Romer en 1998  (2.613.161), en momentos en que la mayoría de  los venezolanos éramos  indiferentes ante la política (cosa que ya no ocurre en estos momentos)  es obvio que la oposición ha tenido la posibiidad de recaudar las firmas.  Esto lo sabe el gobierno, y ha luchado contra ello, aunque grite "Fraude".

Además, más de 2 millones de ciudadanos votaron  por Salas Romer cuando el MAS le daba todo su apoyo a Chávez, cuando el gobierno no había perdido la mayoría absoluta en la Asamblea  y cuando no se había producido el incesante goteo de deserciones que día a día y año tras año ha afectado a las fuerzas oficialistas.  

El deterioro de la figura presidencial no ha sido absoluto, y su popularidad se ha mantenido en torno a un 30 % que aumenta en unos 6 u 8 puntos cada vez que la oposición comete errores terribles como la convocatoria del paro en diciembre de 2003.   

Según estas cuentas, la oposición no sólo podría alcanzar la cantidad de 2 millones 400 mil que necesita para convocar el revocatorio, sino puede superar esa cifra  con creces.  Estamos concientes de que esto es especulativo.  De modo que abadonaremos la especulación y analizaremos los hechos. 

El primer hecho efectivo es el evidente interés del gobierno en impedir la realización del revocatorio.  De este modo, con la mayoría mínima que ahora tiene el oficialismo en la Asamblea Nacional (83 a 82)  el oficialismo intentó infructuosamente, durante meses,  imponer un directorio mayoritario prochavista para el Consejo Nacional Electoral (CNE).    El Poder Electoral, según, el Art. 294 de la Constitución Bolivariana, supuestamente habría de constituir un poder estatal autónomo.  Pero en Venezuela, actualmente, no hay grados de autonomía significativa en las instituciones estatales, --con excepción de las más importantes universidades públicas.

Dada que el gobierno estaba imposibilitado de imponer en la Asamblea, la conformación de un CNE que le favoreciera, el Tribunal Supremo, en base a la omisión del Legislativo, asumió ese compromiso y nombró a los 5 rectores del CNE.   El resultado fue de 3 a 2 a favor de Chávez...  Ante el juego trancado, la oposición aceptó a este directorio.  Sin CNE no habría referendum.  Además muchos analistas de oposición opinaban a su favor, pues los rectores designados no eran seguidores ciegos del Presidente.  Formaban sí, parte del llamado “chavismo light”,  y estaban precedidos por un impecable pasado académico y profesional.  Esto haría menos inmune a las autoridades del CNE ante las presiones del gobierno. 

El 12 de septiembre de 2003, el CNE dictó su primera resolución con respecto a la solicitud de revocatorio entregada por la oposición  el 19 ó 20 de agosto de 1993, justamente cuando se cumplía la mitad del período.  El argumento del CNE fue que las firmas eran extemporáneas, por haber sido recogidas antes del 19 de agosto de 2003.  (Véase: http://www.cne.gov.ve/documentos/resol%5Frr01.asp).

El CNE no examinó estas firmas.  De modo que no las eliminó porque fueran chimbas como ha insistido el gobierno una y otra vez...   Yo participé en ese firmazo de 2 de febrero de 2003 y les aseguro que mi firma no es chimba. 

El segundo paso del CNE fue elaborar el reglamento para recoger las firmas.  Se le conoce como “Normas para Regular los Procesos de Referendos Revocatorios de Mandatos de Cargos de Elección Popular” y fue publicado el 25 de septiembre del mismo año.  El artículo 7 dice lo siguiente:
 “Son atribuciones exclusivas del Consejo Nacional Electoral las siguientes:
1.        Registrar las organizaciones políticas y agrupaciones de ciudadanos o ciudadanas que participen en los referendos revocatorios de mandatos.
2.        Elaborar los instrumentos de recolección de firmas para la solicitud de los referendos revocatorios de cargos de elección popular.
3.        Comprobar el cumplimiento de los requisitos de las solicitudes de referendo y, en su caso, convocar la consulta popular correspondiente.
4.        Extender las credenciales de los testigos que participen en los referendos revocatorios de mandato de cargos de elección popular.
5.        Acreditar a los observadores nacionales e internacionales en los procesos de referendos revocatorios de mandatos de cargos de elección popular.
6.        Totalizar los votos que correspondan a los referendos de revocatoria de mandatos de cargos de elección popular, de la circunscripción nacional.”

El CNE cumplió y exigió cumplir uno a uno  los apartados del artículo.   La jornada de recolección de firmas,  si bien ha sido producto de una iniciativa ciudadana, fue completamente regulada, supervisada y ejecutada bajo la muy atenta mirada del Poder Electoral   De modo que si ha habido fraude, este ha sido ejecutado con la complicidad del CNE, quien no solo supervisó la jornada sino dirigió, normatizó e implantó una serie de condiciones tan limitantes y difíciles de cumplir, que muchos entendimos su proceder como un medio para entorpecer la actividad de la ciudadanía  que aspiraba a convocar el referéndum. 

Veamos entre otros las normas-obstáculos que impuso: 
-Negó el derecho de los residentes en el exterior a participar en el proceso.

- Si al escribir los datos o las firmas, se rayaba el renglón anterior o posterior, se anulaban las firmas de los dos renglones,

-Hizo obligatorio el estampado de  la huella digital, la cual debía colocarse de una manera tan engorrosamente específica que las organizaciones de la sociedad civil debieron dictar cursos a la ciudadanía sobre la forma como debían estamparse la firma y la huella, para no invalidar el proceso.

-El papel para elaborar las planillas debían ser elaboradas  en papel moneda (lo que retrasó aún más el proceso mientras la Casa de la Moneda se ocupaba de su elaboración),

- Limitó el número de las planillas que debían elaborarse, al porcentaje menos significativo que estuvo dispuesto a aceptar la oposición. Si la mitad de los electores inscritos en el CNE (unos 12 millones), hubiesen querido participar, habría sido imposible, por falta de planillas…. Y por falta de tiempo, dado que también: 

- Limitó el proceso de recolección de firmas a 4 días así como el número de centros de recolección.

-         Aceptó la presión del gobierno que exigía la publicación de los datos completos de todos los firmantes en la presa nacional. 

El pretexto del gobierno para este chantaje  es de la presunción oficial del carácter tramposo de la oposición, por lo cual debía defender al pueblo soberano de los “fascistas” que usurparían sus datos, sus firmas y sus huellas.  Al publicarse el nombre de todos los firmantes,  los ciudadanos que sospechaban haber sido usurpados, podrían verificarlo y denunciarlo.  De nada sirvió la sugerencia de la oposición de que bastaría con que los posibles afectados acudieran al CNE para verificar si su nombre habría sido incluido fraudulentamente.  Fraude, por cierto, muy difícil de concretar,  dado que el proceso fue conducido  por los funcionarios del CNE y supervisado por los observadores de la oposición, del oficialismo, por los observadores extranjeros y por las Fuerzas Armadas, a través del llamado Plan República.

Todo esto puede verificarse en las diferentes resoluciones que han sido publicadas por el CNE en su página web, ya citada.

Estamos convencidos de que el interés del gobierno en que se publicaran todas las firmas (cosa que aún no se ha hecho) y en que se  les entregara la base de datos con todas las firmas,  cosa que ya se hizo, era el de impedir que firmaran los empleados públicos, los contratistas del Estado, los beneficiarios ­becarios de las “misiones” populistas desarrolladas por el gobierno en los últimos meses, (misiones que ciertamente han aumentado su popularidad hasta en 6 y 8 puntos en las encuestas). 

Aún recuerdo las palabras de Chávez cuando afirmó que quienes firmaran contra él, quedarían marcados para siempre en la historia de Venezuela, pues el tendría en sus manos el nombre, apellido, número de identidad y huella digital de cada uno de los traidores a la patria.

Aún así, pese a todos estos obstáculos y amenazas, se recaudaron más de 3 millones 400 mil firmas.   La jornada realizada el 28 de noviembre de 2003, tuvo una recepción masiva, como pudo   seguirse a través de los medios de comunicación, y como le consta al gobierno quien mandó a sus seguidores más devotos a filmar y a fotografiar a los convencidos firmantes.   He sabido que hasta algunos profesores universitarios chavistas se prestaron a esta táctica que pretendía ser represiva, firmando y fotografiando a los ciudadanos de oposición.   Pero los ciudadanos no se amilanaron;  sucedió incluso que cuando algunas jóvenes eran filmadas,  saltaban,  saludaban y hacían gestos burlones antes las cámaras del oficialismo.

La Coordinadora Democrática, bajó las supervisión del CNE, se encargó del proceso, y como parte de  esta coordinación, Súmate, organización civil venezolana, --que funciona como casi todas las ong del mundo, con fondos aportados por empresas e instituciones privadas, nacionales y extranjeras--  verificó todas las firmas antes de que la Coordinadora las entregara al  CNE.   Súmate descartó 90 mil firmas de personas que no aparecieron inscritas en el CNE, 30 mil firmas de personas que firmaron dos veces,  y, según creo recordar, las firmas de unos 6 mil muertos.   Pero debían entregarse todas juntas, incluidas estas que si eran chimbas,  pues estaban en las mismas planillas donde había firmas que si eran válidas. 

Las cifras dadas por el CNE, el día 2 de marzo,  aparecen en la última resolución de este organismo y pueden consultarse en la red: http://www.cne.gov.ve

Fueron leídas a través de los medios de comunicación por los rectores oficialistas del CNE:
Fueron validadas 1.832.493 firmas;  rechazadas 377.503; y,  pasaron a reparo  más de 876.017.  Esto suma la cantidad de 3.083.013 firmas.   Lo cual indica, por otra parte, que “desaparecieron”más de 200.000 mil firmas de las que no hace mención el CNE, y de cuya existencia  tiene pruebas la Coordinadora Democrática, dado que forman parte de la bases de datos que incluso maneja el oficialismo, constituida por algo más de 3 millones 400 mil firmas.   En la sede de Súmate, además, reposan las fotocopias de todas las planilla entregadas, con el acuse de recibo firmado por los funcionarios del CNE.

Por cierto, sabemos que estan firmas podrían no ser son validas para convocar al revocatorio, pero si para despedir a los empleados públicos que se atrevieron a firmar. 

En todo caso, sabemos, y los sabe el gobierno, que allí están las firmas necesarias para solicitar el revocatorio presidencial.  Si sumamos las firmas ya validadas, más las que van a reparo, obtenemos una cantidad superior a 2 millones 700 mil.   Ahora bien, ¿por qué se mandan a reparo estas cifras si no se ha detectado irregularidad en ellas?.  Bueno, Diosdado Cabello lo dijo muy claramente, “si hay que eliminar 2 millones de firmas, se hará”.     Por más que se esforzó el CNE,  no pudo anular los dos millones exigida por el Ministro de Infraestructura, pero si algo mas de un millón, las necesarias para impedir, por los momentos, la realización del referedum revocatorio.

Estas firmas mandadas a reparos no presentan irregularidades, sino mucha regularidad.  Esto es, son firmas planas aunque si bien la firma y la huella es diferente.  Pero se habla de firmas planas porque la caligrafía con que se llenaron los datos del firmante se repite  en varios renglones, o en todos los de la planilla.  Así he firmado yo cada vez que he participado en algún proceso electoral en la universidad.  Lo hacemos todos lo electores universitarios por razones prácticas.  Al comienzo uno de los miembros de la mesa, cédula en mano,  verifica que el profesor elector aparezca registrado, luego otro miembro de la mesa vierte los datos del elector mientras el profesor escoge y  deposita su voto.  Finalmente, el profesor firma.  

El apoyo directo al firmante no había sido previsto ni por el CNE ni por la oposición, por lo cual sobre esto no se reglamentó.  No hubo ninguna prohibición expresa que impidiera a los miembros de la mesa colaborar en el vertido de los datos del firmante.  Sólo se hizo mucha insistencia en que ni los datos ni las firmas ni las huellas podían salir del renglón correspondiente.  Justamente por eso muchas personas preferían que otras les llenaran sus datos.  Así lo prefirió mi mamá, quien tiene 75 años y firmó con mucho cuidado para que no le invalidaran su firma.  Ahora mi anciana madre debe asistir a reparos para reiterar que ella si es esa persona que aparece allí firmando.  

La opinión del Centro Carter y de la OEA es la de que no haberse mandando estas firmas a reparos, ya el CNE debería estar convocando al revocatorio.  El representante de la OEA ha explicado que el CNE procede invirtiendo la carga de la prueba, ya que la oposición firmante debe demostrar que no es culpable.  O sea, de entrada, no se presume su inocencia sino su voraz vocación fraudulenta.   

La propuesta de los observadores internacionales y de la Coordinadora Democrática era la de que sólo debían ir a reparos quienes vieran sus firmas en tales planillas sin haber firmado, partiendo así de la buena fe de la mayoría de los ciudadanos.  Pero obviamente, un gobierno tan intolerante no puede aceptar que las personas de buena fe piensen siquiera en sacarlos del poder.

La oposición es culpable, luego, debe demostrar su inocencia.

Cómo sea, repito, en el CNE están las firmas.  Hasta el momento, la ciudadanía de a pie,  niega a ir a reparos.  Piensa que después le pedirán el ADN y más tarde tendrá que volver a reparar los reparos.   Además de que es técnicamente imposible cumplir con las meticulosamente limitantes condiciones  impuestas por el CNE.   ¿Cómo puede un millón de personas reparar su firma en sólo dos días hábiles y en 2.700 centros de recolección, cuando la anterior jornada de noviembre duró cuatro días y contó con muchísimos más centros de recolección? 

Por eso hay tanta violencia en estos momentos en Venezuela.  Es como si, ante el fin del futuro, se perdiera la esperanza.  Ya las manifestaciones no son puramente caminatas con pitos, banderas y consignas, repletas de ancianos y señoras acompañadas por sus niños y sus cacerolas.   Ahora, sobre todo los jóvenes universitarios y desempleados han reaccionado con mucha indignación y molestia, trancando vías, quemando cauchos, y destrozando carteles de las instituciones del gobierno en casi todas las ciudades del país y hasta en apartadas regiones rurales.  Las protestas se repiten día y noche en todo el país.  Yo he pasado tres días, encerrada en mi casa, oyendo los gritos de los jóvenes en la calle, ahogandome en  gas lacrimogena, durmiendo con el humo de los cauchos quemados y el ruido lamentable de las armas de fuego. Y en medio de la refriega, cuando se pierde el gas de las bombas, me asomó a la ventana  y contribuyó junto a otras señoras, al escandalo de las cacerolas. 

No se si estas protestas hayan sido generadas de forma espontánea.  Si no es así, Bandera Roja y el MOv 13 tienen una magnifico poder de convocatorio entre los jovenes, a nivel nacional.  Como sea, observamos a la Coordinadora un tanto confundida, como si no mantuviera un efectivo control sobre las trancas y los grupos enardecidos.  Desde el martes ha intentado recuperar el control en la calle.  Así, convocó para hoy diversas Asambleas de ciudadanos, con el fin de     canalizar la violencia de los vecinos.  Ayer llamó a marchar de manera pacífica en casi todo el país.

(En Mérida, siendo una ciudad tan pequeña, se hicieron tres largas marchas, las cuales confluyeron todas en el centro de la ciudad.  A las mismas asistió una multitud de la comunidad universitaria en sintonía con la población merideña.  Soy de esta ciudad,  y nunca había participado en una marcha tan hermosa y tan grande como la convocada ayer por la Coordinadora Democrática).

Ante las protestas de la ciudadanía, la Guardia Nacional y la policía política, ha respondido con altísimos y desusados niveles de violencia, golpeando, disparando a mansalva hacia  las manifestaciones y trancas viales, e incluso hacía los edificios desde donde se les gritan consignas contra el gobierno…   Han muerto más de 10 manifestantes, y han sido detenidos sin formula de juicio, más de 500 jóvenes en todo el país, desde el viernes 27 de febrero hasta el presente.  Y el dirigente de Bandera Roja, Carlos Melo ha sido detenido de forma sorpresiva,  supuestamente por andar armado con dos fal, acusación  que niegan él y su familia. 

(La detención de Melo es un gran triunfo operativo para el gobierno, pues su experiencia política en la lucha clandestina, cuando formaba parte de la extrema izquierda venezolana, ha sido de gran ayuda en la Coordinadora Democrática.  Melo fue responsable de la entrega estratégica de las firmas en el CNE, sorteando toda una serie de obstáculos puestos por el gobierno, entre otros, la presencia de los círculos bolivarianos que debían impedir -- en nombre del pueblo soberano--  la entrega de las firmas de los “opositores fascistas”.  La entrega silenciosa y sorpresiva de estas firmas, representó en su momento, un triunfo moral para la oposición).  

La Coordinadora Democrática insiste en el dialogo y la negociación con las autoridades del CNE, pues  saben que si se cierra el camino electoral tendremos muy poca posibilidad de sacar al Presidente del poder.  Por eso presiona para que se amplíe el plazo de dos días para los reparos, que haya mas de un computador y mas de un funcionario del CNE atendiendo a los ciudadanos y que aumente el numero de los centros de 2.700 a 5 mil.   

De modo que si alguien lo duda, que consulte las páginas del CNE y verá que las firmas son maaaás que suficientes, y que además, en ningún caso había sido reglamentado con anterioridad el tema de las firmas planas.  Esas firmas pasadas a reparos por su extrema regularidad en el llenado de los datos,  no solo no son firmas chimbas o fraudulentas, sino que son la esperanza que nos queda para que Venezuela no se hunda en la vorágine de la violencia sin retorno. 

Luz C. Varela M
ULA- Mérida
Venezuela