Historia Inmediata


Chávez


De Chávez y el siglo XIX
La historia en Venezuela: ¿un proceso circular?
 
Luz Coromoto Varela Manrique
Universidad de Los Andes
lvarela@cantv.net

Este artículo fue publicado en la revista electrónica "Venezuela Analítica" (www.analitica.com)
Viernes, 28 de diciembre de 2001

El siglo XIX fue época de fuertes conflictos y luchas en nuestro país. Entramos a la Revolución de Independencia en 1810, y desde entonces, hasta el último año de ese siglo XIX, hubo guerras y violencia en Venezuela.

Nuestro proceso de independencia culminó en 1821, con la Batalla de Carabobo. Sin embargo, la paz no se alcanzó de inmediato. Venezuela nacía a la libertad formando parte de la Gran Colombia, sueño unitario del Libertador; pero esta unidad duraría poco. Imperaron los intereses regionales por sobre la visión bolivariana de grandeza y unidad. Para el año de la muerte de Bolívar , 1830, Venezuela se separó de Colombia y Ecuador. Ahora se convertía en la República de Venezuela. Pero esta separación tampoco traerían la paz ni la estabilidad. Venezuela nacía arruinada y altamente endeudada por compromisos contraídos para sostener la causa de la guerra independentista. Además, los intereses sectoriales, regionales y locales siguieron privando por sobre la unidad nacional. Continuaban vigentes las discriminaciones derivadas del color de la piel y de la ubicación socioeconómica. Y las posibilidades para ascender socialmente eran muy limitadas: una de las pocas oportunidades para superarse estaba determinada por la carrera de las armas, por el camino de la guerra. Se conjugaban entonces, por parte de unos, afán de superación, odio racial, desesperación socioeconómica; y por parte de otros, deseos de conservar o de adquirir nuevos privilegios políticos, económicos y militares.

Los años del siglo XIX se sucedieron en una seguidilla de "revoluciones". Fue el período de las luchas civiles. No había paz en Venezuela. La sociedad entera se encontraba atrapada por múltiples obstáculos ocasionados por la violencia. La población crecía muy poco, o se estancaban sus niveles de crecimiento. Las familias no podían permanecer mucho tiempo unidas, pues los hombres eran arrastrados a las luchas civiles por los caudillos de turno; tampoco las economías lograban consolidarse. Costó mucho alcanzar la paz. La más traumática, después de la Guerra de Independencia, fue la Revolución Federal, entre 1859 y 1863. Con ella se elevaron en el espectro socioeconómico y político, apellidos de piel oscura. Por eso se la ha denominado "crisol de la igualdad social". La discriminación racial empezó a desvanecerse paulatinamente a partir de esta contienda, aunque no desapareció. Pervivieron sobre todo las malas condiciones sociales y económicas que afectaban a la mayoría.

Vino luego la Revolución Azul , y, posteriormente, la Revolución de Abril que consiguió un frágil equilibrio político, resultado de un acuerdo entre caudillos y entre regiones. Pero luego de unos pocos años de tranquilidad estallaron las revoluciones de Coro, después la Legalista y finalmente la Revolución Restauradora, que en 1899 llevó a los andinos al poder; primero a Cipriano Castro, y posteriormente en 1908, a su compadre Juan Vicente Gómez , quien se proclamó conductor de la Rehabilitación. Se instauró entonces el gobierno más largo y doloroso que ha tenido Venezuela. Se dice que estabilizó al país y consolidó el Estado. De hecho, la última batalla de este siglo fue la de Ciudad Bolívar, en 1903. Pero la paz tuvo un precio muy alto. Los viejos caudillos fueron encarcelados o expulsados del territorio nacional. Toda la oposición política fue duramente reprimida. Y el país se acostumbró a adular o a callar. Las más importantes haciendas pasaron a formar parte del patrimonio personal del Presidente. Y el país entero fue de Gómez hasta el momento de su muerte, en 1935; sólo a partir de entonces, al decir de Mariano Picón Salas , entró Venezuela a la modernidad.

Los venezolanos, en su mayoría, desconocen los males que ocasiona la guerra, puesto que no la han vivido, ni han recibido las necesarias lecciones de historia nacional. Pero hay que conocer y estudiar un poco la guerra para valorar la paz. Los venezolanos hemos crecido sin cruentas luchas durante el siglo XX; hemos conformado una de las naciones más tolerantes y menos racistas del continente americano. Y a pesar de la pérdida de memoria histórica, en la psiquis del venezolano se ha internalizado el rechazo por aquella violencia que nos hundió durante el siglo XIX. Contrariamente a la imagen que proyectamos con nuestro bullicio diario, los venezolanos seguimos siendo amantes de la paz. Pero en los últimos años, desde el gobierno ha empezado a llegar un mensaje de odio intrasocial y de intolerancia ante a la disidencia. Desde el poder central, se está estimulando una política de enfrentamiento colectivo que nos puede volver a las violentas luchas socioeconómicas del siglo XIX.!

Es cierto que en los últimos años se han agudizado dolorosamente las diferencias e injusticias socioeconómicas. Pero no es con odio como estas se combaten, sino con políticas públicas acertadas. Justamente estos odios y diferencias hacían imposible durante el siglo XIX la aplicación de políticas efectivas. El Estado era sumamente débil y no lograba imponer su proyecto hegemónico.

Ahora, la Revolución bolivariana tiene todo el poder en sus manos y no logra imponer su proyecto. No por carecer de hegemonía sino por falta de coherencia. El Presidente desperdicia el 90% de su poder en estimular el odio y remarcar las diferencias socioeconómicas (que según el caso pueden ser reales, ficticias o exageradas) en lugar de luchar contra ellas estimulando la economía, la educación y la formación de valores. Por el contrario, desacelera la economía, fomenta los pésimos modales, violenta el lenguaje, pervierte aún más nuestros valores ("ya le daré lo suyo a Marisabel", etc., etc.) y se burla de la democracia.

Pareciera que los procesos históricos fueran circulares: siglo XIX: odio, violencia y guerra; siglo XX: dictadura, represión y... paz; siglo XXI: odio, violencia... ¿y guerra?; ¿seguida de dictadura, represión y paz?. ¿A esto apuesta nuestro Presidente?.

Ya lo decía Manuel Caballero y no le creí: Chávez nos puede volcar hacia la disolución y anarquía propias de la historia decimonónica venezolana.