Historia Inmediata


Chávez


Por qué el venezolano votó por Chávez?
Parte I

Los sucesos que se ha registrado en los últimas semanas en Venezuela ha servido para prevenir ante el fracaso y peligro que entraña la creencia en los mesías políticos.  Sin embargo, hemos de aclarar que en Venezuela no todos apostaban por un Chávez mesiánico.  Muchos de los venezolanos que votaron por Chávez, no estaban votando en realidad por un mesías que resolvería de forma salvadora los problemas del país.  Pretendían realmente, auque en estos momentos resulte increible, la perfectibilidad de la democracia venezolana.

La mayoría de los venezolanos votaban por un proyecto de país que se proponía erradicar la corrupción y aportar, entre todos, la voluntad y los elementos necesario para el lograr el crecimiento económico y la transformación sociopolítica que Venezuela necesitaba   Chávez liderizaba la decencia.  Había hecho suyo un discurso con el cual la mayoría del país se identificaba, incluso en el ámbito intelectual y académico.  Se entendía que Chávez sólo no iba a resolver los problemas. Todos debíamos trabajar en la construcción de ese proyecto de adecentamiento del país. Entre todos recuperaríamos  nuestro país de manos de que quienes lo habían devorado: los militantes de Acción Democrática (AD) y COPEI, los partidos tradicionales que alternativamente  habían compartido el poder en Venezuela.

Estos partidos, el primero socialdemócrata, y el segundo, socialcristiano, habían representado por décadas los intereses de los sectores mayoritarios de la población.  AD, nacía en 1941, como expresión política de las clase medias, y en la práctica concilió con los sectores altamente burgueses.  Pero siempre tuvo como parte de sus hacer político la defensa de la riqueza del país para el uso de todo el pueblo venezolano.   El fundador de COPEI, Rafael Caldera, después de un fugaz escarceo con prácticas vergonzantes derechistas (como la paliza que en grupo le propinó al humorista de izquierda, Leoncio Martínez del "Fantoches", en 1937) llegó a redactar la ley del trabajo más progresista de América Latina (la misma que recientemente ha sido desarticulada por exigencias de la crisis económica y de los organismos internacionales).

De modo que los partidos que estuvieron desde 1958 en el poder eran: AD de una izquierda moderada, y COPEI, derecha centro, suficientemente moderados  para gobernar sin poner en peligro la acumulación de riqueza por parte de las clases altas y para resdistruibuir en el resto de la población la ingente riqueza petrolera venezolana, en manos del Estado.  Pero la administración de esta poderosa riqueza pervirtió el ejercicio de las funciones públicas, al punto de que la denuncia de la corrupción se convirtió en el titular por excelencia de los medios de comunicación venezolanos.  El venezolano estaba harto de esta situación, sobre todo porque se había llegado al punto de que la renta petrolera no alcanzaba para continuar con estas prácticas y poder distribuir un excendente suficiente a todos los sectores del país.  La corrupción y la mala administración, que habían conducido, además a la adquisión de un abultada deuda externa, le habían restado legitimidad al sistema política venezolano, y en particular, a los dos partidos que habían tradicionalmente compartían la hegemonía en el poder.

En medio de esta situación, el 4 de febrero de 1992 aparece en escena el comandante Chávez e intenta un frustrado golpe militar.  El profundo rechazo que empezaba a sufrir el sistema política venezolano le dio legitimidad popular al fracasado golpe,  y sobre todo a su carismático líder.  Especialmente cuando empezó con un discurso que reivindicaba una serie de conquistas sociales, que, aunque postuladas por los partidos del status, nunca se habían alcanzado o empezaban a perderse con la aplicación de medidas neoliberales que ahora imponían los organismos internacionales.  Existía otro factor.  En las elecciones de 1997, ante la pérdida de legitimidad de los partidos tradicionales, la otra opción con posibilidad de  triunfo,  además de Chávez, se encontraba representaba por un representante de la alta burguesía valenciana, Enrique Salas Romer, en cuya candidatura se refugiaron los partidos tradicionales, situación inconcebible unos pocos años atrás.

Para 1as elecciones de 1997, se presentaba el Tn Cn. Hugo Chávez Frías, ahora en situación de retiro y en libertad, debido al sobreseimiento de su causa.  Se proponía transformar el sistema político eliminando a los partidos tradicionales y, con ellos, las repudiadas prácticas corruptas que estaban arruinando a Venezuela.  Los venezolanos se encontraban ante dos opciones radicalmente opuestas: una candidatura de la alta burguesía que aspiraba a poner orden en la caótica administración del país, a la vez que estaba dispuesta a colocar en manos de capitales privados la riqueza de uno de los estados más ricos de América Latina, o bien, la candidatura de Chávez quien postulaba un proyecto de país con un eje primordial:  el adecentamiento de la administración pública,  sin perder todas las conquistas sociales conseguidas en los últimos 40 años. Al contrario, profundizándolas.  Por supuesto, la mayorías se volcó irrestrictamente a esta segunda posibilidad.   Intelectuales notables, medios de comunicación, la iglesia (sobre todo en sus ámbitos más socialmente comprometidos), se volcaron a apoyar irrestrictamente al que creían ya, “excomandante” Chávez.
 
No contaban con la organización izquierdista que se había formado en torno a Chávez y a los otros comandante que lo habían acompañado el 4 de febrero de 1992: Movimiento Quinta República (MVR).  Este movimiento logró reunir a militantes de izquierda que, pese a la caída del muro de Berlín y al fracaso del llamado “socialismo real”, se negaban a abjurar de la conquista de la revolución socialista.  Estos grupos  eran herederos políticos de la fracasada lucha armada en Venezuela durante los años 60.  Muchos de ellos, eran o habían sido militantes del Partido Comunista de Venezuela (PCV), o de otros partidos surgidos de divisiones del PCV o del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), partidos que, desde los años 60 y hasta entonces, habían tenido una participación política mínima, casi nula, en los destinos políticos del país.
 
Cuando el 23 de enero de 1958 cayó el gobierno del General Marcos Pérez Jiménez , emergieron poderosos los partidos que le habían adversado en la clandestinidad: AD y el PCV.  Como producto de la necesidad de unir fuerzas para evitar posturas políticas radicales que pusieran en peligro la estabilidad del naciente régimen democrático, los principales partidos firmaron el Pacto de Punto Fijo, sobre cuyas bases se consolidó el sistema político venezolano.  Pero, por disposición del dirigente Rómulo Betancourt, de AD, quien poco después sería elegido presidente de la República, el PCV fue apartado de ese pacto.  El régimen democrático excluía en sus comienzos a un partido que había dado un importante aporte en la lucha contra la dictadura.  Poco después el PCV y el MIR comenzarían un proceso de lucha armada contra el gobierno de Betancourt, proceso de lucha que no gozó del apoyo de la población venezolana, que se sentía muy a gusto con el régimen democrático.  En 1969, el PCV y el MIR acordaron  la “pacificación” con el gobierno del Presidente socialcristiano Rafael Caldera.   Pero durante los años 70, sobre todo en las universidades públicas continuaron operando varios grupos izquierdistas, que aspiraban a alcanzar la revolución socialista por la vía de las armas.    En los años 80 perdieron fuerza y número.  Para los años noventa, muy pocos sabían de su existencia.

Cuando la mayoría de los venezolanos apoyó al Presidente Chávez, no sabía que estaban, además,  apoyando a los sobrevivientes del fracasado proceso armado de los años 60.  Esto era algo que no se esperaban o se negaban a ver los venezolanos.  Pese a que Chávez siempre se refería a su “Revolución Pacífica” y que fue patente el apoyo de estos grupos a la “revolución chavista”.  La mayoría de los venezolanos sólo aspiraban a sacar a AD y COPEI, para entonces sinónimo de corrupción y mala administración.  Pero atrás de Chávez se estaba organizando un movimiento que aspiraba,  no solo la ansiada revolución,  sino a reivindicarse por haber sido excluidos del Pacto de Punto Fijo.  Este revanchismo político, mezclado en muchos casos con gestos de resentimiento social han sido fatales para el éxito del gobierno del Presidente Chávez.  Sobre todo, porque su discurso es expresión de ese resentimiento.

(Continuará).

Luz Coromoton Varela
Universidad de Los Andes
lvarela@cantv.net