Historia Inmediata


Chávez


Bien, Juan.  Hace tiempo que estoy de acuerdo contigo:

La solidaridad cerrada con la “revolución”, no puede ser sino fruto del enceguecimiento dogmático al que nos ha querido empujar nuestro comandante.

Yo me asumo más izquierdista y bolivariana que cualquiera que participe del canto de la revolución bonita, que no es más que eso. Una canción, una suma de frases vacuas con la que nos quieren hacer creer en una revolución, a fuerza de repetir que hacen una revolución.

Pero la revolución debería ser mucho más que discurso y el adoctrinamiento de los sectores más desamparados de la población.  La revolución supone hechos innegables como una equilibrada distribución de la riqueza, la disminución de la pobreza, la repotenciación de los sectores culturales, la elevación del nivel educativo de la población, la resolución de los problemas asistenciales (no con paños de agua caliente como pueden serlo la importación de médicos cubanos).  Significa, en los comienzos del nuevo siglo, la conformación de un proyecto de país en el cual participen y se entiendan todos los venezolanos; no que los grupos y movimientos sociales en germen sean excluidos e insultados porque difieran en determinadas líneas de acción trazadas por el comandante.  Sobre todo, supone eliminar de una vez el nepotismo y las prácticas clientelares, que siguen obligando a las vergonzosas y tradicionales solidaridades automáticas ante los hechos de corrupción, que durantes años le ha!
n hecho tanto daño al país.

Por ahora solos tenemos un discurso agresivo que empuja a imponer por medio de la fuerza, o de la manipulación hipnótica la idea absurda de que estamos viviendo un revolución.   Es cierto, no hay presos políticos, pero si hay maltratados, golpeados, acosados, perseguidos entre los sectores de oposición.  No por las fuerzas represivas del Estado, sino por los grupos "privados" oficialistas, posiblemente financiados por el gobierno  ...con dinero de todos los venezolanos. 

Hasta ahora, la revolución pacifica y bonita no ha pasado de estas líneas de “acción”:

1.        Un encendido discurso antiimperialista, que por cierto, pocas veces coincide con la práctica política y económica del gobierno. Si hay duda, revisemos el paquétic que nos han preparado los nuevos ministros de la economía.  O el inicial discurso presidencial contra el Plan Colombia que, a las pocas semanas, cambió sin mayores explicaciones. 

2.        Un discurso que remarca la diferencias socioeconómico existente en el país, que se limita a señalar “culpables”  sin hacer viable la resolución de la pobreza.    Estas divisiones socioeconómicas existen en todo el mundo (aún en los países socialistas) y, cuando los gobiernos cobran conciencia de estos problemas, procuran estimular políticas que disminuyan las brechas y las injusticias existentes entre los distintos sectores sociales.   Pero no es común que los gobiernos estimulen el odio entre sus conciudadanos en función de estas diferencias, a menos que exista un claro proyecto de lanzarlos a una guerra civil.   

3.        La conformación de sectores armados, de milicias paramilitares, entre los grupos más dogmatizados que están dispuestos a dar su vida, y quitar la de muchos que no crean en la “revolución”.  Lo más lamentable, es que, en reacción, empieza a producirse un proceso similar en sectores desesperados de la oposición.   

A nuestra izquierda bolivariana no se le puede acusar de seguir fielmente los manuales marxistas.   Ciertamente es original.  Contraviniendo las indicaciones más elementales del marxismo, nuestros revolucionarios han empezado por poner el postre en la mesa antes del segundo plato.  Hasta ahora no se avisora ningún cambio estructural en la sociedad venezolana.  El cambio ha sido constitucional.  Ahora el acento se coloca en la ideologización y en la conformación de fuerzas milicianas.  Supongo que previniendo lo sucedido a Allende, han decidido prepararse para los peor: un golpe contrarevolucionario.  El absurdo de todo está en que no han empezado aún con la transformación que habría de suponerse en una "revolución pacifica".  Saben que,  por un lado, en las actuales condiciones históricas no pueden enfrentar un proceso de expropiaciones y nacionalizaciones como las realizadas por la Revolución Cubana; y por el otro, la industria más poderosa del país,  ya es del Estado.  Lo irónico es que fue nacionalizada durante los denostados años del puntojismo.   Por eso, bastaría con algunas  realizaciones básicas: la transformación estructural del sistema de salud, del sistema educativo, el saneamiento de la administración pública.    Pero estas transformaciones no se han concretado en cuatro años.  Al contrario, se han profundizado todos los problemas en salud, educación, economía, y administración de la hacienda pública.

Nuestros revolucionarios están muy ocupados peleando contra todo el mundo.  ¿En que momento se pueden ocupar de hacer una verdadera revolución?.  Por ahora, con Chávez a la cabeza han sido maestros en generar, día a día, más odio y exclusión, armando a sus acólitos, destrozando a las FAN, incentivando el cierre atroz de miles de empresas y comercios con el subsiguiente problema de desempleo que empieza a afectar a todos.   Y de paso,  negando ciegamente los bochornosos hechos de corrupción  ... para luego  culpar de todos los males del país a los 40 años del puntofijismo.  En todo caso, creo que no pueden evitar reaccionar con tanta violencia frente a la oposición: al fin y al cabo ellos tienen la verdad.  Allí está el quid del asunto.  Por eso deben excluir al que no comparte todas sus ideas. Por eso no ha funcionado la comisión para dialogo ...ni funcionará.

Probablemente, Juan, no estés de acuerdo con muchos de mis planteamientos.   Pero yo si estoy de acuerdo de contigo.  Sigo siendo de izquierda, sólo que obviamente, no hay una izquierda.

Por eso me encantó tu frase final:  "No podemos en nombre de la izquierda y de la solidaridad ideológica justificar un accionar errado".   

Me despido con un fuerte abrazo,

Luz Varela
Universidad de Los Andes
lvarela@cantv.net