Historia Inmediata


Cuba

 
Estimados colegas;

He seguido, con bastante decepción, el debate sobre Cuba, surgido e impulsado por el reciente proceso judicial culminado con el encarcelamiento de numerosos disidentes y con la condena y posterior ejecución de unas personas que, para huir del país, secuestraron un barco.

Digo decepción porque cuando uno trata de asistir a un debate sobre una cuestión controvertida busca argumentos sólidos que aviven el debate, intercambio de puntos de vista diferentes que permitan obtener una fotografía más coloreada de una situación compleja, e ideas que posibiliten poder transformar las propias ideas sobre una cuestión tan ideológica. Pero en una institución seria como Historia a Debate, conocida por el rigor e ilusión de sus impulsores resulta desagradable asistir a una situación en que la ponderación científica e intelectual es sustituída por propaganda pura y dura, ya sea desde un oficialismo parecido al de Corea del Norte, ya sea desde una oposición irredenta, propia de talibanes evangélicos.

En mi opinión, más que centrar el debate en términos tan burdos como Castro sí / Castro no // El comunismo es bueno /malo // El capitalismo es mejor /peor, trataría de ir a aspectos más significativos.

Creo que nadie duda que la situación de Cuba, desde un punto de vista histórico, político y geoestratégico resulta anómala. Un estado con una sociedad, una economía y una estructura política claramente diferenciada de su entorno próximo, y en cierta medida, tratada como una apestada (con una presión implacable, difícil de entender desde la lógica, y con unos defensores que utilitzan argumentos bastante infantiles, a mi entender)

Yo me pregunto, “el porqué de todo eso” (parafraseando a mi conciudadano Quim Monzó). Me gustaría ir más allá de las personas concretas y nombres con definiciones bastante ambiguas (revolución y comunismo no significan mucho, ha habido más revolución y comunismo en Argentina, en el sentido en que las élites han expropiado los ahorros de todos, rompiendo incluso las normas básicas de Adam Smith)

¿Por qué Cuba es acechada implacablemente por el país más poderoso del mundo? ¿Por qué Estados Unidos no se ha inclinado por lo más lógico y conveniente, es decir negociar soluciones de compromiso (Estados Unidos ha sido capaz de establecer relaciones normales con China, Irán, o incluso su reciente enemigo Vietnam. En el primer i tercer caso se trata de países comunistas que han hecho algunas reformas económicas no muy diferentes a las realizadas por el país caribeño)

¿Por qué Cuba, a pesar de sus fracasos económicos, y en cierta medida sociales, continúa despertando la admiración de millones de personas, especialmente en el continente latinoamericano?. Además, ¿por qué sigue despertando admiración por parte de individuos e instituciones que, abiertamente, no son comunistas?

¿Por qué el régimen “anómalo” cubano no ha caído, como sí lo han hecho aquellos países que se situaron (forzadamente) en la órbita soviética?

A partir de los elementos, tanto desde un punto de vista histórico, como desde el análisis de los discursos contrapuestos dominantes sobre la cuestión cubana (que solamente levantan una cierta niebla de guerra) me gustaría formular algunas hipótesis que sirvieran como premisas de debate.

A mi entender, y a pesar de que la propaganda oficial cubana lo reitera a menudo, la “Revolución” de 1959 no fue más que la culminación de 1898, es decir, una emancipación nacional, una apuesta temeraria por la independencia. Desengañémonos, en 1957 Cuba era “de facto” una especie de Puerto Rico, un protectorado de soberanía limitada, pero con una independencia formal que permitía a las mafias y grupos delictivos escapar a la legislación norteamericana, cuya expulsión jamás podrá ser olvidada. Cuando los barbudos irrumpieron en la Habana, en enero de 1959 se vieron forzados a caer en las garras de la Unión Soviética para poder sobrevivir.

La Revolución no es más que una retórica que esconde la fragilidad de una fortaleza asediada. Los cubanos viven mal, pero están lo suficiente formados que si los liberan al estilo iraquí, o al estilo chileno, a unos les irá bien, pero a la mayoría les irá fatal. Más cuando la pobreza es socializada (a costa de las clases medias) pero permiten algo que la caída de la plaza precipitaría; la conversión de millones de cubanos, o en mercancías, o directamente en basura irreciclable

Cuba, por tanto, es un mal ejemplo para el resto de países latinoamericanos. Nadie debe osar independizarse no del imperio, sino de los que lo dirigen. Por ello es tan aclamado en Brasil, o en Argentina. Las pasarán canutas, pero no tendrán que pasar por la humillación de que la OMC les diga que comen demasiado, o que todavía tienen universidades donde puedan estudiar los pobres, o que incluso todavía puedan ir al médico sin pagar.

Evidentemente Cuba está mal. Es un régimen totalitario. Pero la democracia de mando a distancia de la tele tampoco parece un excelente ejemplo inspirador en Latinoamérica. Y la utopía liberal, (libertad [relativa] sin igualdad) me temo, no es tan diferente de la utopía comunista (igualdad [relativa]sin libertad); mucha propaganda y, en definitiva, poco bienestar.

Atentamente;

Dr. Xavier Diez
Centre de Documentació Històrico-Social de Barcelona