Amigos de Historia a debate: Envio a la lista el texto, en castellano, de un articulo escrito por un grupo de colegas, profesores de la facultad de Filologia y Geografia e Historia de la UPV/EHU, y que ha aparecido publicado en algun periodico del Pais Vasco. Creo que puede tener interes.Gracias. Salud


La selva de la Historia

En un tiempo tuvimos como objetivo la felicidad de Euskadi. Euskadi podía ser feliz, podía estar mejor, pero nuestros problemas no están como estaban, sino mucho peor (...). El odio necesita entrenamiento y aquí tenemos buena escuela para ello desde ambos lados. Y todos actúan según dicen en nombre de la democracia. Parecen palabras escritas ayer, pero es algo que lanzamos nostros mismos hace tres años, en un artículo que se parecía demasiado a éste (Euskaldunon Egunkaria, 29.VII.1997), al poco tiempo de que ETA matara a M. A. Blanco. Aquel artículo se titulaba "Galderak" (Preguntas); no encontramos respuestas. No creemos que ahora tengamos ni más, ni mejores respuestas.

La Historia produce curiosas espirales. Aunque parecía imposible, casi un año después de aquella publicación, llegó la tregua y, a lo largo de catorce meses que parecen muy lejanos, llegamos a creer que vivíamos en otro mundo. O quisimos creerlo. Pero de la noche a la mañana, nos despertamos en 1997. Miramos en el calendario y nos dimos cuenta de que ponía 1999. Pasando las hojas, llegó el año 2000. Pero no nos parece posible. Nuestros músculos anquilosados nos recuerdan que todavía estamos en 1997.

Sin embargo, no estamos como antes. No hemos vuelto a la situación anterior. Estamos peor, porque durante aquellos catorce meses percibimos el perfume de lo que pudo haber sido la paz; después de aquello es difícil volver a acostumbrarse al hedor de los toma y daca, de las cobardías, del militarismo, de los muertos. Las pretensiones de hegemonía tiránicas de unos, la comodidad inmovilista de otros y la impotencia de todos nosotros han invertido el movimiento de las agujas. De cualquier manera, traduciendo lo que hace poco decía Joserra Garzia en un artículo en torno a los conceptos de izquierda y derecha, lo único que está claro es quiénes son los representantes de la ultraderecha: Mayor Oreja y ETA, quienes, por alejarse entre sí, se han encontrado en el mismo sitio (Euskaldunon Egunkaria, 3.V.2000).

Hoy queremos hablar de ETA y de la izquierda abertzale. O nos queremos dirigir a ETA y a la izquierda abertzale, a saber. No porque creamos que el conflicto vasco empieza y termina con ETA. No porque pensemos que ETA sea el único agente que provoca sufrimiento en nuestra sociedad (es suficiente recordar la cruel política oficial de dispersión de presos para rechazar esa idea; política de dispersión que, además, no tiene en cuenta la opinión y reivindicación de la mayoría de la sociedad vasca). Queremos hablar de ETA, porque es ETA quien ha matado a José Luis López de Lacalle. Porque es ETA la única que en estos últimos tiempos está dejando asesinados en el camino. Y queremos hablar de la izquierda abertzale, porque es ella, asida a la denominación de izquierda, quien no condena esas acciones de ETA y quien sigue dando cierta cobertura moral a fenómenos como la "kale borroka". Eso es lo que más nos interesa como izquierdistas.

No se podía esperar gran cosa a priori del gobierno de derechas del PP ni de la tradición centralista española. De hecho, tras el último atentado, Aznar ha anunciado que el asunto va para largo y nos ha prometido sangre, sudor y lágrimas. Contra eso queremos agarrarnos al camino del diálogo y la razón. Pero todo eso ya lo sabíamos y, por otra parte, no podemos olvidar que el estado español tampoco es ya el mismo de los tiempos del franquismo. No podemos actuar como hace veinticinco años. Queremos hablar, porque ETA y la izquierda abertzale se sitúan a sí mismos en la tradición de esa izquierda y porque siguen utilizando palabras hermosas y gastadas como socialismo y democracia. En los documentos de la izquierda abertzale se citan una y otra vez conceptos como el "antimilitarismo" o frases redondas y razonables como que "hay que darle la palabra al Pueblo". Pero ¿quién puede creer esas encendidas reivindicaciones antimilitaristas en un texto en el que no se alude a (y, por lo tanto, no se critican en absoluto) las acciones de una organización militar? y ¿Quién va a tragar lo de que "hay que darle la palabra al Pueblo", tras haberle quitado la vida a una persona que tenía una de las palabras de este Pueblo, si no se le hace ni la menor crítica a quien ha llevado a cabo dicha acción? López de Lacalle era columnista de El Mundo del País Vasco, no lo olvidemos. Representaba algunas de las palabras y de las voces de este Pueblo. Nos gustarían o no nos gustarían las cosas que decía, pero las teníamos que respetar y las respetamos, porque eran las palabras de un ciudadano. ¿Es que no podemos pensar de diferentes maneras en esta sociedad supuestamente plural? No queremos decir que haya que engrosar las listas de vacuas condenas. Pero de la misma manera que la izquierda abertzale critica (lógicamente) la política carcelaria y el juicio del caso Lasa-Zabala, tendría también que hacer una dura crítica de las barbaridades de ETA y también de los ataques que la "kale borroka" hace contra la libertad de algunas personas que forman parte de nuestro pueblo. Lo que hace ETA y la "kale borroka" tienen poco que ver con la conducta de cualquier tipo de izquierda.

De cualquier forma, las vías que han elegido no concuerdan con el brillante porvenir prometido. Y, si el camino es tan cruel, ¿cómo creer que la meta puede realmente ser tan brillante? Para nosotras, para nosotros es, desde ya, imposible. ¿Y a ETA? ¿Qué le diríamos, qué le pediríamos a ETA? Si valiera para algo, le diríamos que nos despierte en septiembre de 1998. Que ponga el despertador a cualquier hora del amanecer del 17 de septiembre de 1998 y que, antes de que suene el timbre, vuelva a la selva de la Historia y que se quede allí, para que los Pueblos Vascos decidan en libertad y en paz. Estará bien allí: para ahora ya se ha hecho su hueco. Hace ya mucho que no nos hace ninguna falta aquí, entre nosotros.

Iban Zaldua, Lourdes Oñederra, Antonio Dupla, Begoña Agiriano, Rafael Aguila Universidad del País Vasco

Antonio Dupla
ecpduana@vh.ehu.es