Historia Inmediata


Extrema derecha

 
De la nota remitida por Javier Fernández en relación a las recientes elecciones en Sajonia y Brandemburgo, parece desprenderse que el auge del neonazismo en Alemania se debe básicamente a las elevadas tasas de paro, en parte derivadas del proceso de unificación. Además diferenciaba ese hecho del caso francés. Es evidente que el paro puede generar actitudes políticas diferentes, incluso divergentes y que conduce a una parte de la población, bien aleccionada y trabajada ideologicamente, hacia posiciones de extrema derecha; ya Hitler ganó unas elecciones a caballo de seis millones de parados. Pero el crecimiento electoral de partidos considerados neonazis no se explica sólo por la realidad del paro.

Es hoy una evidencia que los alemanes de la antigua RDA se encontraron con la cruda realidad que se escondía tras el esplendoroso escaparate ofrecido, durante los años de la bipolaridad, por todos los poderes políticos, mediáticos e ideológicos de occidente. Los "paisajes floridos" que prometía Helmut Kohl se convirtieron en una realidad de factorías cerradas y las antiguas granjas colectivas y sus explotaciones agrarias en estado de abandono. Este verano he viajado por esos dos länder alemanes y he podido comprobar esa evidencia. El modelo económico destruido, no ha sido de momento y ya han pasado quince años, sustituido por un tejido productivo industrial o tecnólogico. El único cambio que se puede ver en gran parte de la antigua RDA es la renovación de las vías de comunicación más importantes ( carreteras, estaciones de ferrocarril y de metro) y el unico dinamismo económico que se percibe en sus ciudades es el auge de la construcción (sector clave de carácter especulativo) de enormes centros comerciales, tomados por las multinacionales de turno y que no parecen muy frecuentados, lo que no es de extrañar dado el nivel de paro (el 20%). Un nivel de paro excesivamente elevado a pesar de que desde 1989 han abandonado lo que era la RDA casi 4 millones de personas. Hay que tener en cuenta, además, que hoy sólo existen 6 millones de puestos de trabajo frente a los 9,7 millones que había en 1989, lo que no se explica sólo por las dificultades de la unificación.

Otros datos confirman la existencia de serias deficiencias en materia de educación y sanidad; el desmantelamiento de los jardines de infancia, sin ser sustituidos por nada parecido; lo que conduce a que ya sólo trabaje el 56% de las mujeres frente al 86% que lo hacían en 1989. Y si el paisaje es desolador cuando se viaja`por las carreteras secundarias y los pequeños pueblos y ciudades, no es mucho mejor cuando se recorre Postdam, Leizig, Dresdem, Wittenberge o los barrios del Berlin Este. En esta zona del mismo Berlin la sensación de abandono es impactante, porque estamos hablando de la capital del gigante alemán, Sus calles están descuidadas, sucias incluso, y las zonas ajardinadas y parques bastante abandonados y a las que claramente les falta mantenimiento. Esa es la realidad de los "paisajes floridos" y es también lo que parecen pensar bastantes alemanes, lo que quizas explique el crecimiento del PDS (24, y 29% de los votos en esos länder), el descontento social y las manifestaciones.

Sin embago el voto neonazi no puede explicarse sólo por el paro, que para algunos es la unica causa de las inercias hacia los "dos extremismos". Hay otros factores que influyen, y no sólo en Alemania. El porcentaje de votos recibidos en los dos länder no es excesivo (ya fue así en el psasado) y el resurgir del nazismo (es mayor en el oeste) tiene que ver también con lo que subyace en el conjunto de Alemania y que emana de su propia historia, es decir del proceso de unificación del siglo XIX y los rasgos ideológicos que lo alimentaron. Tiene que ver con la formación de una determinada conciencia nacional, con las bases sobre las que se cimentó y en como se configuró ese estado nacional. Todo ello impregnó, en su momento, a sus ciudadanos, de tal forma que en la actualidad parece estar más presente de lo que pudieramos pensar o desear. El Volksgeist, y como se manifiesta aún hoy en la sociedad alemana, explica la pervivencia de una tendencia política nostálgica de los grandes tiempos del nazismo. Conviene no olvidar que esa orientación electoral se mantuvo en el 6% durante la posguerra hasta su ilegalización. La tendencia y el voto, permaneció oculta en la abstención o en las bolsas electorales de la CDU, según los casos, y hoy aflora de nuevo y abandona la CDU; de igual forma que lo hace el Austria o en Francia (tampoco es sólo la inmigración lo que lo explica aquí, ni una casualidad histórica el colaboracionismo, en su momento, con los nazis de una parte de la población de esos paises). El paro o el rechazo a la inmigración son una pantalla que viene a tratar de ocultar la existencia de una cimentación social oculta que se identifica con los valores y las ideas sobre las que se conformó el estado alemán y en su momento, la Alemania nazi, que no olvidemos fue abrazada entusiasticamente y conscientemente por multitud de alemanes. La realidad es que ese voto siempre estuvo ahí, en mayor o menor medida y se alimenta gracias a un determinado modelo de transmisión de la memoria histórica. Visitar con atención y tiempo exposiciones permanentes como la del Museo de la Resistencia en Leipzig, nos puede ayudar a entender el modelo que se sigue para construir actualmente, y así se hizo también en el pasado, la memoria histórica y sobre todo para comprender como se gestiona mediáticamente esa memoria, que después impregnará toda la actividad humana y quedará en el subconsciente de los ciudadanos conformando su visión del mundo, de su país, de la política y de su manifestación electoral.

José Gómez Alén
Fundación 10 de Marzo
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