Historia Inmediata


España Plural


Estimados colegas de HaD:
 
Las discusiones sobre el Estatut catalán me han impulsado a escribir estas reflexiones que tienen mucho que ver con el "Estatut Catalán"
 
EL ÚLTIMO TREN ESPAÑOL
 
Aunque cueste creerlo, la visceral reacción de políticos y poderes fácticos españoles contra el nuevo Estatut catalán, es una excelente noticia. Más allá de la teatralidad propia de la política, la histeria desatada desde los diversos estamentos obedece a una profunda preocupación, un final de etapa, el descubrimiento que el pacto de la Transición, o lo que es lo mismo, la prórroga democrática del espíritu franquista, ha caducado. No van desencaminados algunos analistas del Partido Popular cuando afirman que lo que en realidad el Parlament catalán impulsa es un cambio de régimen. Y ciertamente, formas, contenidos e incluso denominaciones como “nación” suponen una ofensiva en toda regla contra todo lo que representa una exclusiva forma de concebir España muy próxima a lo que sería el franquismo sociológico, económico, cultural e ideológico, todavía adherido a buena parte del inconsciente colectivo.
 
Revisar las biografías de quienes más gritan constituye todo un ejercicio que nos permite obtener indicios significativos sobre la verdadera naturaleza de lo que se está de lo que se está discutiendo. Más allá del demagógico uso partidista del Estatut, el PP representa los intereses de las élites nacionales y locales, demasiado ligadas, primero a la dictadura (y más allá, al antiguo régimen señorial, de mentalidad postfeudal, desde el alcalde de Ponferrada hasta la aristócrata presidenta de la Comunidad de Madrid) y también del entramado financiero-altofuncionarial de la capital. Por la parte socialista, personajes como Rodríguez Ibarra o Guerra serían excelentes representantes de este «caciquismo de izquierdas» construído a partir de la sustitución de la vieja aristocracia terrateniente y aquellos que basan sus redes clientelares en la asignación de abundantes recursos procedentes de la asimetría y opacidad fiscal española. En resumen, esta estructura es la responsable del gran atraso económico, industrial, tecnológico y social español. Un cambio en las reglas del juego, hacia una orientación federal, basado en la transparencia económica, en la igualdad territorial entre las diversas naciones,sometería a una crisis irreversible a esta estructura de dominación tan adicta a la nostalgia imperial que permanece aún adherida en el subconsciente colectivo. Sin embargo, romper con esta dinámica a partir de un financiamiento económico federal representaría un gran estímulo para romper con el treinta por ciento de la economía sumergida o para acabar con la impune circulación de dinero negro que hacen de España un paraíso del fraude. De todo esto nadie dice nada. Una financiación justa sería una gran oportunidad para hacer más eficiente la economía española disolviendo las antiguas relaciones de poder y buscando precisamente la igualdad entre ciudadanos, sobre todo a la hora de pagar impuestos (incorporando como contribuyentes a las clases sociales eximidas hasta ahora por su poder e influencia) y repartiendo recursos (eliminando subvenciones a “grandes de España”). Contrariamente a lo que aúllan los propagandistas, el nuevo Estatut no pretende nuevos privilegios, sino que ataca a los viejos.
 
Este texto jurídico, en cambio, ha sido recibido hasta ahora, con una hostilidad previsible, como una ofensiva intolerable. Y ciertamente, tampoco no van desencaminados a la hora de valorar la trascendencia del acontecimiento. El acto solemne del 30 de septiembre podría considerarse como una segunda ofensiva del Ebro, desde la cual la republicana Cataluña pretende liberar a España de la hegemonía “Nacional” para convertirla en una República (con o sin rey) donde desapareza este modelo social, económico y cultural que, históricamente (y a castellanos y andaluces los primeros) tan mal nos ha ido. Como diría Aznar, Pi i Margall ataca de nuevo. O, parafraseando a Marx, un fantasma recorre España, el fantasma del  federalismo. Y ello preocupa lógicamente a aquellos que ven en elpoder un patrimonio exclusivo por derecho de sangre o de Transición.
 
No obstante, no debemos menospreciar  a aquellos que rebuznan desde los cuarteles mediáticos. Los grupos sociales que ven amenazadas sus posiciones de privilegio pueden resultar muy peligrosos, y a la vez, como explica Carlo Maria Cipolla, engrosar el amplio pelotón de los estúpidos a la hora de perjudicar a otros y a sí mismos (exceptuando el de la Alemania nazi contra los judíos, asistimos al primer caso en el que se hacen llamamientos a los ciudadanos para boicotear los propios productos).  La historia nos ilustra sobre estos hechos con multitud de efectos. La negativa de las clases dominantes británicas a conceder el «Home Rule» a Irlanda degeneró en un conflicto que al final no pudo evitar la independencia de una isla todavía dividida. El desesperado intento de las élites comunistas serbias para mantenerse en el poder mediante una reconversión al nacionalismo acabó con Yugoslavia, y con centenares de miles de vidas. Aquellos que hoy se llenan la boca con conceptos como la «indisoluble unidad» de la patria, deberían saber que en política, como en la vida, no hay nada sagrado ni inamovible, y que la democracia, aunque moleste, comporta implícitamente el derecho de autodeterminación, al igual que el matrimonio, ya sea civil o eclesiástico, por muchos blindajes jurídicos o excomuniones que se impongan, comporta el riesgo de divorcio. El rechazo, o un recorte significativo del Estatut sería un fracaso para Cataluña de consecuencias imprevisibles, pero sobre todo para España, que no puede permitir perderse este último tren de la normalidad.
 
Xavier Diez
Centre de Documentació Històrico-Social de Barcelona

 
Nota, quien desee profundizar más en el tema, envío el link de un artículo que he publicado en la revista Polémica:

 

 

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