Historia Inmediata


Pena de muerte


 
NIÑAS QUE LLORAN Y MUEREN, HOMBRES QUE TORTURAN Y MATAN, SOCIEDADES QUE CONSIENTEN Y ENCUBREN: UN VOTO POR LA PENA DE MUERTE.
 
La historia de la violencia contra la mujer y su problemática es más compleja de lo que imaginamos pues atañe no solo a la mujer adulta que es maltratada sexual, física o psicológicamente sino también a la niña que observa el maltrato hacia su madre, o bien a aquella mujer o niña que fue violada, ultrajada y muchas de ellas cercenadas por una criatura vil sin alma ni conciencia que nacieron de una mujer.
 
Si bien se han elaborado medidas para superar la violencia sexista tanto en los planos internacional, regional y nacional, es evidente que en el caso peruano no ha disminuido. (Véase el Informe de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Consejo Económico y Social, 6 de enero del 2003.
 
Los noticieros están plagados de informes sobre violaciones de niñas menores de 10 años en muchos casos y ¿qué hace el Estado?. El poder ejecutivo ha tenido a bien expresarse a favor de la pena de muerte pero lo increíble de esta medida es que hay determinado grupo que se dice religioso y respeta la vida, empeñado en ir en contra de esta medida, lo cual demuestra que la sociedad latinoamericana es una sociedad machista, donde el hombre es quien pone las reglas del juego o tal vez alguno de los que en contra están temen porque alguna vez ellos o algún ser cercano violó, tal vez ¿será que el culpable no desea ser castigado?.
 
El argumento para ir en contra de la pena de muerte es tan antiguo como aquel oficio llamado “meretricio” mas se aduce el respeto a la vida: “Nadie tiene derecho a quitarla”. Y de manera ingenua me preguntaba: ¿los violadores, hombres ellos tienen derecho a hacer llorar niñas cuando las hacen entrar a un cuarto, las encierran, las maltratan, ensucian un cuerpo indefenso que Dios considera el santuario del alma, manchándolo, agachándolas y obligándolas a soportar el dolor intenso y la sangre inocente del cordero inmaculado que es sacrificado?. Pero, no satisfecho, el asesino continúa su labor acallando para siempre esa voz que se torna en un grito del silencio que exige y clama justicia que determinado grupo no desea escuchar.
 
Y, ¿cuál es la posición de la sociedad civil?. Como portavoz de un grupo de mujeres, manifiesto un voto y otros más a favor de la pena de muerte, por ello mis respetos al señor Presidente Dr. Alan García Pérez, pues nuestro país debe comenzar a caminar con bases sólidas, los niños y niñas deben reír y no llorar, vivir y no morir asesinados.
 
El hombre que tortura y mata trasgredió ese contrato social en el cual debe aprender a vivir, respetando la vida humana como desea que se respete la suya. Una pregunta que cruzaba mi mente era ¿el violador asesino merece acaso una oportunidad?, tristemente me respondía quien mató una vez lo volverá a hacer, no tendrá miedo al castigo pues sabe que cumplida su condena, saldrá libre y podrá matar nuevamente, así se continuará alimentando un círculo donde las más perjudicadas serán “aquellas niñas que llorarán y morirán”, ¿acaso su vida es menos valiosa que la del violador?. La pregunta que resuena entonces es ¿por qué celebramos un día del niño si no sabemos protegerlos con leyes?. Valorar a un niño no es solamente recaudar fondos para donarlos, no es solamente vestirlos ni alimentarlos sino brindarles seguridad ciudadana, pues ellos son los indefensos.
 
Quienes creyentes en el respeto a la vida no desean votar por la pena de muerte, deberían reflexionar: “solo el que es capaz de ver como un niño entrará al reino de los cielos”, y repetir la afirmación que sostienen: “nadie tiene derecho a quitarle la vida a su prójimo”, y, entonces preguntarse seriamente: ¿los violadores si tienen ese derecho y quién se los dio?
 
Es imposible permanecer inmutable frente a un asunto tan grave, las leyes deben proteger a la sociedad civil y no exponerla pues estaríamos viviendo un terrorismo con otros matices donde nuestra sociedad estaría consintiendo tal crimen y encubriéndolo con leyes que no reprimen esos actos brutales. El poder legislativo debería apoyar al ejecutivo evitando así el aumento de violaciones frente a la falta de respeto de los violadores por la ley. El Estado no debe ser cómplice de este flagelo de la humanidad sino demostrar respeto por la vida. (Véase: http: www.iansa..org/women/documents/mujer.pdf, p. 2).
 
Una medida represiva de tal índole, conduciría a pensar y repensar a quien desee convertirse en un asesino de almas de niñas inocentes e incluso de mujeres, en el castigo por el crimen que desea cometer y el miedo lo haría arrepentirse y no ejecutar tal acto depravado.
 
La labor de la sociedad civil debe ser apoyar una medida que acabe con este desorden social y el pánico que ya tienen muchas personas de dejar solas a sus niñas.
 
Esta es la historia de ayer que se agrava hoy y pasa a ser de historia remota y poco conocida a historia inmediata que no solo de be ser analizada por sociólogos sino vista por el historiador que podría responderse por qué ha aumentado la violencia contra los más débiles ¿acaso es producto del sistema?.
 
Yeni Castro Peña es Magíster en Estudios Latinoamericanos graduada en la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Quito. Estudió historia en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha realizado una especialización en Educación Superior y enfoque Ciencia, Tecnología y Sociedad, y otra en Gestión y desarrollo de proyectos de investigación. Es miembro e investigadora nombrada por el Instituto Panamericano de Geografía e Historia.




 

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