Historia Inmediata


Ataque a EE.UU

 

Adolf Bush dictador mundial

Johnny Alarcón Puentes
Universidad del Zulia. Facultad Experimental de Ciencias.
Departamento de Ciencias Humanas. Unidad de Antropología.
alarconpuentes@hotmail.com

La mayoría de los países latinoamericanos son monoproductores ya sea de rubros mineros o agrícolas. En este sentido, el ingreso fiscal proviene de la exportación de un producto específico. Un ejemplo es Venezuela cuyo ingreso en un 80 % proviene de la venta del petróleo, por tanto, el alza del precio con el conflicto in situ que, evidentemente es coyuntural, a la larga sería desventajoso pues al finalizar el conflicto los precios podrían tender a caer por la presión de los Estados Unidos. Los países no productores de petróleo de América del sur verían afectado su presupuesto anual ya que tendrían que dedicar más dinero para la compra de petróleo y sus derivados conduciendo a profundizar la crisis económica que viven muchos de ellos. Por otro lado, los costos de la guerra como de costumbre serán pagados por los más débiles, pues se incrementaran los precios de los productos provenientes de los grandes centros de industrialización hegemónica y que para América del sur representan un porcentaje mayoritario de las importaciones; además, de las presiones que el FMI ejercerá para el pago de la deuda.

Usualmente cuando se dan conflictos en el Medio Oriente los precios del petróleo tienden a subir siendo beneficioso para los países productores de petróleo como México, Venezuela y Ecuador, ya que serían los abastecedores seguros en un mercado de mucha demanda, insólitamente, en este caso en particular, con el solo anuncio de liberación de las cuotas petroleras se desplomaron los precios. Pero el escenario para los países latinoamericanos después de la guerra no es muy halagüeño. Los países del bloque hegemónico tienen por política agregar el costo de cualquier guerra a los países de la periferia. En este sentido, posiblemente aumentaría el costo de los productos importados, habría presión para el pago de la deuda externa, se impulsaría por cualquier camino el proyecto neoliberal de EE.UU. con la desnacionalización de las empresas mineras, eléctricas, hidrológicas, entre otras.

Por otro lado, podría venir una escalada intervencionista en América Latina para frenar los movimientos populares que amenazan con tomar el poder en Bolivia, Uruguay y Argentina, entre otros, y aumentar la presión sobre los gobiernos de Venezuela, Brasil y Ecuador. Un triunfo contundente de EE.UU. sobre Iraq sería un antecedente muy negativo, pues al menor intento de autonomía y autodeterminación, con la excusa de la lucha antiterrorista, Washington podría intervenir militarmente para restablecer el "orden democrático" en los países de América Latina. Pues, Bush se juega el reordenamiento del mundo donde EE.UU. sea el centro tutelar exclusivo de las políticas, así allá que contravenir a países europeos que en otrora participaron como sus socios en la repartición del planeta. Cuando las voces de la disidencia no pueden ser acalladas con los discursos manipuladores sobre la libertad, justicia, democracia o guerra justa contra el terrorismo el centro hegemónico recurre a las armas, salida contundente que permite cercenar la diferencia y frenar las posiciones que osen contrariar la gran potencia. El 90% de la población mundial, la ONU o cualquier otro organismo puede declararse en contra de las políticas belicistas de EE.UU., pero Bush impone su criterio como dictador del mundo. Bush saco las cuantas mal y no pensó que existe una gran mayoría de personas que no quiere más guerras y que hoy protesta en distintas partes del planeta. En este sentido, los pueblos del mundo que desean paz y alternativas humanizadoras de desarrollo económico deben mantenerse unidos en la búsqueda de una salida que permita aniquilar un imperio que entró en su fase decadente.

El control de la producción petrolera por Estados Unidos conlleva a profundizar su dominio mundial, ya que el objetivo de la guerra es apoderarse del petróleo y en consecuencia de los precios en el mercado mundial. El gobierno norteamericano busca una fuente segura de crudo que pueda manejar para imponer los precios a su antojo e intereses. Para nadie es un secreto. Lo que está en juego en el conflicto del Medio Oriente, es el dominio y administración de una fuente energética estratégica para la hegemonía mundial de los EE.UU. Hay un negocio muy lucrativo y ventajoso detrás de la guerra como lo son las reservas petrolíferas más grandes del planeta. Para Washington bien vale la pena una guerra sin importar las vidas humanas.

Es evidente que la derrota de Sadam Hussein y el control por parte de los EE.UU. de la producción petrolera iraquí sería un fuerte golpe para la OPEP e indirectamente afectaría los gobiernos participes de ella. Además, significa un retroceso en los acuerdos de la OPEP, ya que EE.UU. impondría el incremento de las cuotas de exportación y produciría una liberalización de los precios en el mercado perjudicando a los países miembros de la OPEP que tendrían que producir más para ganar menos.

Con el resquebrajamiento de la OPEP el mercado mundial de petróleo quedaría a merced de la política de bajos precios norteamericana, pues la OPEP es el único consorcio de productores petroleros que en los últimos cuatro años ha defendido precios justos y ha ejecutado medidas concretas por conseguirlo (no aumentar la producción) por lo que se ha opuesto abiertamente a Washington.

Además, EEUU se sentiría, aún más, el dueño del mundo e incentivaría con mayor fuerza e impunidad el derrocamiento de gobiernos como el de Chávez que ha mantenido una postura antineoliberal y a favor de exigir precios justos en el mercado petrolero, contrariando los designios del gendarme del mundo. Precisamente la aplicación del neoliberalismo a escala planetaria por la vía de las presiones políticas y económicas ha fracasado, por tanto, el gobierno norteamericano no le ha quedado otra salida que aplicarlo por la vía de la violencia y de manera unilateral, inclusive, enfrentando a antiguaos aliados.