Historia Inmediata


Ataque a EE.UU

 
La guerra por otros medios


De la guerra y sus asuntos

Se sabe y se repite, casi como una verdad absoluta, que la guerra es la política por otros medios. Lo que no se sabe o no se dice con tanta fuerza es que los discursos sufren cambios, los idiomas y lenguajes cambian con el accionar humano y lo que ayer era una cosa o tenía una significación determinada, aceptada por la mayoría de los hablantes, hoy es algo distinto, tiene otra significación o desaparece del habla.

Se acepta casi como una verdad monolítica, que la corrupción se expresa en lo económico, olvidando la corrupción política y moral. No puede haber un lenguaje al margen de las personas que hablan, si se corrompe la acción o las relaciones entre los seres humanos, necesariamente el lenguaje lo refleja y por ende se corrompe el discurso.

Si antes se dijo que la guerra era la continuación de la política por otros medios, al corromperse la sociedad, al corromperse el discurso, debemos aceptar que la política es la continuación de la guerra por otros medios.

En una guerra regular participan ejércitos debidamente entrenados y debidamente apertrechados, se diseñan estrategias, se ponen en práctica planes operativos, se avanza o retrocede, se lucha encarnizadamente, hay actos de valor y heroísmo como actos de vileza y cobardía, se gana o se pierde y en los campos de batalla quedan los muertos como cifras lamentables. Algo cambió en el escenario y el que gana escribe la historia y fija las reglas del juego. ¿En esencia ocurre algo distinto en tiempos de paz?

La guerra global y total

La verdad profunda es que no, sin embargo muchos sólo ven lo superficial y en esta superficie no se ven los muertos, no se ven nítidamente las estrategias pues se lucha en un terreno no geográfico, que algunos gustan llamar geopolítico, tampoco se ven las devastaciones.

Si antes las guerras eran entre uno o varios países, hoy la guerra es mundial y es total. Nos afecta a todos y, en mayor o menor medida, todos participamos en ella, entonces debe ser claro, sino para todos, por lo menos para los estrategas, que en esta guerra los ejércitos convencionales han perdido su razón de ser. En las escaramuzas menores pueden jugar un papel, en las escaramuzas mayores los frentes son completamente distintos y los ejércitos que se mueven no son los convencionales.

Esta guerra es en verdad la primera realmente mundial porque en ella participamos todos, es una guerra por el control total de los recursos, de las políticas económicas, crediticias y arancelarias, es una guerra por la supervivencia. Con la globalización, los dueños del poder buscan fijar las condiciones del juego sin oposición alguna y, naturalmente, esas condiciones serán ventajosas sólo para ellos. El efecto inmediato de la globalización es que el mundo queda reducido al tamaño de una aldea y en esta aldea las autoridades absolutas son los dueños del capital, en guerra contra el resto de la humanidad por asegurar definitivamente su control indiscutido.

En esta guerra global se manifiestan todos los descontentos posibles, se abogan todas las causas, se recurren a todas las maquinaciones. Sin embargo si antes eran claros los bandos en lucha y los escenarios y en el campo de batalla quedaban la sangre derramada, los heridos y los muertos, ahora todo ocurre como en la bruma, sin bandos claramente definidos, sin escenarios previsibles, con miles de muertos pero sin que sean visibles.

La guerra actual es de unos pocos contra todo el resto y es del resto en diversos bandos luchando parcialmente y a veces unos contra otros. Los primeros tienen un mando único, los pertrechos necesarios, un centro de estrategia y estudio de escenarios posibles, una red de información, los medios para la desinformación del enemigo y la desactivación psicológica de quienes se sitúan al margen. En cambio el resto, disperso, sin estrategia común, sin intereses comunes ni una clara perspectiva de lo que se ha de construir después de la guerra. En una guerra convencional estos últimos estarían condenados a ser vencidos.

Por primera vez en la historia mundial estamos ante una guerra verdaderamente mundial, pero para otros es la cuarta y no faltará quien diga que es la quinta guerra mundial. Cada cual refleja en su discurso los aciertos y falencias de la cultura que lo ha formado y los intereses que lo animan. Lo que si está claro para mi es que esta guerra es total: los recursos del planeta no son inagotables, quienes la ganen impondrán a escala mundial sus condiciones sin posibilidad de vuelta al viejo orden.

Tres frentes del imperio

En su artículo, El otro Eje del Mal*, Ignacio Ramonet nos dice:
“Necesitamos entender a cabalidad que el neoliberalismo está atacando el orden social existente en tres frentes.”


Estos serían: el frente económico, el ideológico y el militar.

Sobre el primero nos dice:

“El frente económico, que es el más importante debido a las consecuencias que tiene para toda la humanidad, está dirigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC): estas tres organizaciones forman el verdadero eje del mal. Este abominable triunvirato ha inducido un descalabro masivo y busca imponer una agenda económica basada sobre la preeminencia del sector privado y los mercados, y sobre la ganancia. Basta considerar hechos tales como el fraude que rodea la quiebra de Enron, la crisis monetaria de Turquía, el colapso de Argentina y la devastación ambiental.”


Más adelante agrega algo que es de una inocencia mortal:

“Lo que se necesita es la condonación total de la deuda de los países del Tercer Mundo, crear un sistema justo que controle la amortización de las deudas de estas naciones, garantizar que las condiciones de financiación sean adecuadas y que se utilice para el desarrollo, garantizar que las naciones ricas destinen por lo menos el 0,7% de sus presupuestos a financiar este desarrollo, restaurar el equilibrio comercial entre el Norte y el Sur, implementar políticas que aseguren que cada país tenga soberanía sobre su seguridad alimentaria, regular la irracionalidad del flujo mundial de capitales, ilegalizar el secreto bancario, abolir los paraísos fiscales, y crear un sistema de impuestos a las transacciones financieras internacionales.”

Ramonet podrá tener claro los frentes en que el imperio y sus lacayos realizan su guerra contra el resto del mundo, pero si realmente cree que en una guerra la parte que la impone se guía por razones de justicia, sería triste y lamentable, pues si a una persona informada, se le ocurre pensar que el imperio puede hacer concesiones simplemente porque personas bien intencionadas se lo piden, que podemos esperar de la gente que no sabe como los dueños del poder manejan sus asuntos. Peor aun, aboga por un sistema de impuestos a las transnacionales. Esto es la simple inocencia o es la corrupción del discurso, y con palabras de amigo nos transmite el mensaje del enemigo. No se trata de mejorar el sistema, se trata de cambiarlo por otro sin transnacionales, sin capital financiero, sin decisiones que no tengan en cuenta al ser humano. En suma lo que la humanidad necesita nada tiene que ver con lo que a ellos les interesa.

Sobre el segundo frente, el ideológico, nos dice:

“... es silencioso e invisible. Hay todo un montaje cuyo objetivo es convencer a la humanidad de que la globalización traerá la felicidad universal. Para la consecución de este objetivo se cuenta con la activa colaboración de las universidades, los centros de investigación (tales como la Heritage Foundation, el American Enterprise Institute y el Cato Institute) y la cooperación de los principales medios de comunicación (tales como CNN, el Financial Times, el Wall Street Journal y The Economist), los cuales son imitados por periodistas de todo el mundo. Armados con el monopolio de la información, los guerreros ideológicos de la globalización han constituido una dictadura que depende de la complicidad pasiva de aquellos a quienes subordina.”


Hasta aquí, casi puedo estar de acuerdo, con la salvedad de que el sistema no funciona por simple imitación, cosa que huele a gusto, o complicidad, cosa que huele a saber las reglas del juego y quedarse callado. Creo que la inmensa mayoría simplemente no sabe como funciona el poder y unos cuantos se conducen por la inercia del miedo a perder lo poco que tienen. En otro párrafo Ramonet agrega:
“La manipulación de los medios de comunicación se inició oficialmente cuando el Pentágono abrió la Oficina de Influencia Estratégica, inmediatamente después de los ataques del 11 de septiembre. La función explícitamente orwelliana de esta oficina es la de diseminar información engañosa con el fin de hacerle un lavado de cerebro a la prensa internacional e "influenciar la opinión pública y los dirigentes políticos, tanto en los países amigos como en los poco amistosos"

Sorpresa, nos da una conclusión falsa, sacada de un hecho verídico. Nos presenta todo como si antes no hubiera existido manipulación. Desengañémonos, el sistema de dominación es como las cucarachas, se reproduce a si mismo. Los mecanismos de penetración y dominación ideológica son muchos y van más allá de los medios de comunicación, incluyen los valores dominantes, la religión, el sistema educativo, la cultura del estrellato, etc.

Acerca del frente militar, destacamos algunos párrafos:
“La ofensiva que se inició después del 11 de septiembre busca suministrar al movimiento de la globalización un aparato de seguridad que sea muy efectivo.”

“Washington decidió no consultar a sus aliados antes de declarar que su ataque contra Irak era inminente, demostrando su desdén por ellos. El alto nivel inicial de las protestas europeas ha venido perdiendo volumen, y no han sido tenidas en cuenta por la administración Bush. Se supone que los vasallos se arrodillen para suplicar ya que USA aspira a ejercer un poder político absoluto.”

“El imperio norteamericano quiere imponer la globalización neoliberal como una realidad. Todos los que se opongan deben tener conciencia plena de que Estados Unidos los combatirá. La era del respeto a los derechos humanos se terminó...”

Estrategas de nuevo tipo

Lo que casi todos los lideres del pensamiento alternativo actual hacen es mostrar ciertos mecanismos del sistema o dar datos de los daños causados. Todo muy loable, sólo que no se trata simplemente de conocer los mecanismos del sistema ni constatar los daños que causa a la humanidad y al medio ambiente, hay que atreverse a cambiarlo y para ello no basta decir que otro mundo es posible, debemos enfrentar la titánica tarea de proponer soluciones. Ya no son tan necesarios los meros cronistas de la época podrida que nos toca vivir, como los estrategas de las soluciones que debemos y podemos implementar. Es hora de darse cuenta que el mundo globalizado requiere de estrategias globales para enfrentar al imperio y sus ramificaciones, estrategias globales, pero de aplicación local, Triunfos locales pero de repercusión mundial, como el logrado por el pueblo de Venezuela en estos días.

Si no interpreto mal, Ramonet pone en un orden de prioridad los tres frentes en que el imperio ataca. Me parece que para que los frentes económico y militar tengan fuerza y el imperio logre imponer sus reglas es imprescindible la desinformación, la dispersión ideológica, los seudo valores transmitidos por su aparato de influencia cultural y además requiere desactivar todo foco de resistencia mediante trastocar ciertas fatalidades del discurso religioso: siempre han existido pobres, el mundo es así y no puede cambiar, que puedo hacer yo solo, etc. Del mismo modo la esencia del discurso neoliberal se reproduce en las actuaciones de ciertos y cientos de autodenominados revolucionarios, renovados, socialistas, etc. Hablo de la proliferación de partidos y movimientos como empresas, la actitud de negar de partida los aportes del otro, pues el discurso dominante nos dice que triunfan los individuos, no las ideas.

Sobreponerse a toda esa influencia, convierte el frente ideológico en el de mayor importancia. Será a partir de ganar la batalla de las ideas y la conciencia que podremos avanzar en los otros frentes, cuyo orden de prioridad es, a mi juicio, el económico y luego el militar. A esos frentes del imperio, las fuerzas que liderean la lucha debieran oponerle sus respectivos frentes. Como la lucha es global y total los frentes de la mayoría del mundo no tienen que ser necesariamente los mismos en la forma en que la minoría los implementa.

Los tres frentes opuestos

Al frente ideológico de ellos, debemos oponerle un frente ético-moral. Al respecto la experiencia reciente de Venezuela es ilustrativa. Los medios de ellos montaron toda una operación de desinformación, con asesinatos incluidos, para justificar un golpe de estado. La gente salió a las calles para informarse y actuar en defensa de un gobierno que representa a las mayorías, es decir actuó lo ético-moral. El pueblo en su sentir y movilización fue superior a la manipulación mediática del imperio y sus lacayos.

El imperio es el enemigo global, cuyo fin último es convertirnos en esclavos modernos, en entes no pensantes ni actuantes, para que ellos, como dueños del capital sigan haciendo un buen negocio: concentrando capitales, deteriorando el medio ambiente, fabricando miseria, esta constatación debiera ser el detonante para que las fuerzas que se le oponen adquieran conciencia de lo que realmente está en juego y tener otra óptica de combate, otra actitud de vida. Sobre todo debemos tener una ética y una moral superior, resumida en que para cambiar el mundo hay que llevar en nosotros el mundo que queremos.

Al frente económico de ellos, oponerle el frente solidario. Las condiciones que el capital financiero impone son posibles por la conducta servil de los burgomaestres locales y a la vez genera el círculo vicioso de la dependencia ampliada. En lo individual produce el efecto de la deshumanización, la total alineación del ser humano. Cada cual queda a su suerte y ve en los otros no a sus iguales sino a enemigos potenciales. Desaparecen la organización, el trabajo colectivo, la confianza en la fuerza propia. El primer objetivo de este frente solidario sería lograr que nadie se sienta solo. Humanizar la convivencia humana, Resocializar al hombre. Las formas pueden ser múltiples, pero invariablemente han de surgir de las necesidades locales.

A lo militar de ellos debemos responder con lo político de nosotros, pero con un cambio radical, ya no estrategas del momento sino estrategas del cambio total, no simplemente estrategas de la hora justa sino estrategas de los escenarios posibles. Hay quienes pretenden imponer una camisa de fuerza a la gente en su accionar, y quieran o no, pasan de liberadores de palabra a neoliberales de hecho. Miremos el mundo y veamos las consecuencias del accionar del imperio, esta mirada nos indicará que todas las formas de lucha son necesarias, al que ya no tiene nada que perder no le pidamos paciencia, que eso sería prolongar la agonía; a quienes necesitan con urgencia un cambio ahora mismo, no le pidamos acoplarse a la posibilidad tal o cual por supuestas razones de conveniencia táctica. Los que así hablan generalmente no forman parte de los dos mil millones que sobreviven sin otra ocupación que sobrevivir. Nuestra actitud de políticos en esta guerra mundial es la de copar los espacios posibles y lograr que todos los descontentos, todos los que pierden, todos los conscientes, todos los que luchan podamos entender la necesidad del otro que también tiene como enemigo a los gerentes del sistema y al sistema mismo.

* Le Monde Diplomatique; El otro Eje del Mal, Ignacio Ramonet, marzo de 2002. En su Mensaje sobre el Estado de la Nación del 29 de enero de 2001, el Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush se refirió a un "eje del Mal" - Irak, Irán y Corea del Norte.


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Tito Alvarado
Presidente Internacional
Proyecto Cultural SUR
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