Historia Inmediata


Ataque a EE.UU


Los historiadores y la historia que vivimos.

La gravedad de los hechos producidos en EE.UU. el martes 11 de setiembre obligan a los pueblos del mundo, incluido al pueblo norteamericano, a reflexionar sobre el presente y sobre la necesidad de encarar solidariamente la tarea de cambiar la dirección de la historia. Esta es la hora de los pueblos y no de los dueños del poder transnacional. La magnitud del golpe sobre los centros del poder financiero, político y militar del mundo  y lo horrendo de los hechos por la pérdida de vidas humanas,  no pueden hacernos perder de vista que el mundo está en manos de poderosos intereses financieros transnacionales. Desde ahora, justamente ante la brutalidad de este hecho que pone aún más en evidencia que la sociedad humana debe adoptar otra dirección, deben ser los pueblos los que deben protagonizar la historia y dirigir la superación hacia soluciones de fondo para garantizar en efecto
la paz y condiciones solidarias de vida. Son los pueblos, precisamente, los que necesitan y están en condiciones de erradicar definitivamente las causas de la violencia y la guerra y no los poderes interesados en políticas bélicas. Preocupa porque por ese camino parece dirigirse el presidente de los EE.UU. y el coro de secuaces que le siguen (entre ellos el gobierno de mi país, la Argentina), torciendo y deformando el sentimiento de dolor del pueblo norteamericano y de todos los pueblos del mundo agredidos, para "lavar la humillación recibida", conseguir consenso y credibilidad y para
retomar la  "tranquilidad de los mercados".

Cuando ya parecía que se habían vivido los niveles más altos del horror como el holocausto, la guerra de Viet Nam, la bomba atómica sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki; el terrorismo de estado a que hemos estado sometidos pueblos de América Latina con centenares de miles de desaparecidos; las invasiones de marines en Centro América y el Caribe, la guerra del Golfo, la intromisión y agresión contra la revolución nicaragüense, contra Granada, por citar sólo algunos ejemplos, este hecho con que hoy la humanidad ha vuelto a estremecerse,  no puede llegar a ocultar las otras formas de barbaries cotidianas cuyos mecanismos no televisados producen miles de muertes por hambre y miseria cada día, aberración que despoja del carácter humano a miles de millones de seres sobre el planeta. El horror - sin embargo- no puede hacernos negar los avances que la humanidad viene haciendo en distintos órdenes: en cuanto a definición de derechos humanos; en cuestionar las formas de democracias ficticias desarrollando formas más activas de expresión y participación; en el desarrollo de las ciencias en general y de las ciencias sociales y la historia en particular;  y en la creación de principios jurídicos y culturales para una convivencia civilizada. No podemos permitir que los hechos del horror nos tapen el horizonte.

Uno de los más grandes avances de la humanidad ha sido haber desarrollado ciencia de la historia que nos permite pensar los hechos y echar luz sobre los procesos pasados y presentes. Aunque hoy muy pocos son los colegas que están dispuestos a afirmarlo explícitamente, quiero recalcar una vez más, -como lo expresé en nuestro II Congreso de Historia a Debate (Santiago de Compostela, 1999), que hay ciencia de la historia y que debemos usarla para desentrañar la verdadera naturaleza de los procesos del presente. Por todo esto, y porque sé que nos une no sólo la vocación elegida sino la sensibilidad humana, quiero plantear a esta comunidad de historiadores de H a D que reflexionemos acerca del papel que nos cabe para HACER HISTORIA y no sólo para estudiarla.

No podemos quedarnos como espectadores ante la furia desatada que se prepara para contestar con irracionalidad y aberración, a la irracionalidad y la aberración sufrida, para después, estudiar cómo fue la guerra y contar los muertos. Podemos incidir en desarrollar conciencia, si desde ya nos convocamos para poner en evidencia los verdaderos factores de poder que están en juego y a explicar cuáles son las fuerzas en pugna hoy y las posibilidades de lograr un cambio de esta historia, para que la vida en este planeta pueda continuar sin dejar hacer a los guereristas su propio juego de terror, corriendo el riesgo de que desaparezca todo lo fantástico que la humanidad ha logrado construir- que a veces se pierde de vista cuando tapan el horizonte montañas de escombros y "noticias" falaces.

Como historiadores podemos hacer escuchar una voz que con la sensatez de la ciencia y la pasión por el conocimiento,  desde la óptica de los pueblos en busca del progreso y la paz, pueda llegar a los estudiantes  a nuestros lectores, a los medios de comunicación, por las redes virtuales y materiales que existen en el mundo de hoy. Incidir con una voz sólida, fuerte y fundamentada para evitar que este hecho desencadene más guerra, más muerte, más barbarie para los pueblos del mundo. Llegarles sobre todo al pueblo norteamericano presa del dolor y del estupor, porque ellos jamás habían experimentado en carne propia, en su propio territorio, lo que todos los otros pueblos del mundo hemos y estamos sufriendo.

Propongo entonces que nos coloquemos en nuestro papel de profesionales del estudio de la historia, -aunque no nos han consultado desde el poder financiero que Bush representa y del cual se asume gendarme mundial-  para analizar si es conveniente para la humanidad declarar una (otra) guerra hoy. Pongámonos en el lugar de peritos historiadores para actuar en el complejo escenario de esta historia. Busquemos que nuestros respectivos gobiernos, cuerpos parlamentarios, y demás organismos nacionales e internacionales se expidan contra la guerra y a favor de una lucha mancomunada por la organización de los pueblos en la defensa de la humanidad, pero de ninguna manera dar rienda suelta a irresponsables declaraciones de guerra que aunque logren el acuerdo de los gobiernos de muchos países, van en contra de los intereses de la humanidad toda.

Repudiar y rechazar todas las políticas dirigidas por el afán de venganza y de represalia por su carácter de imprevisibilidad de sus consecuencias y alcances. Declaró el Secretario de Estado de E.E.U.U. Colin Powell.. que....la guerra no estará dirigida sólo contra Ben Laden, sino que "una vez que terminemos con esa red, continuaremos con un asalto global contra el terrorismo en general". ¿Podemos dejar así esa frase que abre el camino a cualquier atropello contra los pueblos del mundo? ¿Podemos desconocer qué intereses representan los sectores de poder de EE.UU.? ¿Podemos desconocer que hay también una guerra dentro de los sectores financieros del mundo? Ni "poner la otra mejilla", ni "ojo por ojo" ya que esas dos frases representan maneras de encarar los conflictos sociales elaboradas por sociedades de hace miles de años. Tampoco sirve la falacia que encuadra la lucha "entre el mal y el bien". De una caracterización equivocada saldrán políticas aberrantes.

¿A quién beneficia y a quién perjudica este hecho del martes 11? Las consecuencias son todavía imprevisibles. ¿Cómo se moverán los distintos grupos de poder? Algunos salieron más perjudicados que otros, seguramente. Perjudica a los pueblos que sufren las muertes y el dolor, la agresión directa e indirecta a toda la humanidad como fueron otras guerras y otras atrocidades conocidas. Una víctima, un ciudadano norteamericano que salió vivo de los escombros dijo  "Yo estuve en Viet Nam y ahora entiendo lo que sufría esa gente cuando nosotros los atacábamos. El odio y la violencia no son la solución, pero nos llevará mucho tiempo darnos cuenta" (diario la Nación, Buenos Aires, pág. 7 13/09/01)  ¿A quién beneficia? Es terrible pensar que puede "beneficiar". Sin embargo es seguro que hay sectores que pretenden obtener "beneficios" Hay experiencia histórica de que los productores de armamentos, por ejemplo pueden obtener réditos; algunos lo usarán para abroquelar sectores y voluntades en una dirección que antes del hecho no existía. (Sirva de ejemplo que cuando el Gral. Leopoldo Galtieri en Argentina durante la última dictadura militar lanzó la invasión a Malvinas hubo quienes se confundieron y de repente lo caracterizaron de "patriota" y de ese modo pretendió conseguir momentáneamente consenso interno que ya había perdido la Junta Militar). Puede haber intereses en conquistar posiciones territoriales estratégicas geopolíticamente valiosas; podría ser usado para tapar la agudización de la crisis en el corazón del capitalismo, etc. Hasta esperan algunos sectores que la declaración de guerra podría permitir una mejoría de las posiciones de las bolsas de valores. Podrá haber negocios inmobiliarios y de servicios y comunicaciones a la vista. La definición de "guerra", podría favorecer a las empresas aseguradoras que temen por las erogaciones multimillonarias que deberán afrontar, y se respaldarían en esa caracterización que las libraría de todo compromiso. En momentos en que todos los pueblos del mundo se están manifestando por la justicia, por la democracia efectiva; contra los prejuicios, contra la discriminación, contra la pobreza, contra el hambre, contra la injusticia; en que empiezan a generarse formas de organización globalizada desde la óptica de lo nuevo, intentando superar este esquema de organización social que ya ha demostrado estar perimido, - para ser precisa, me refiero al capitalismo en esta etapa imperialista- no podemos hacerle el juego a una falsa contradicción de "buenos y malos" o a la inversa mirado desde el otro lado, de "malos y buenos".

Este hecho que debe investigarse hasta las últimas consecuencias, no puede servir de pretexto para que ningún estado del mundo, ni siquiera los Estados Unidos que han sufrido la agresión directa, lo use para declarar como lo ha hecho el presidente Bush "la primera guerra del siglo XXI", para pretender reforzar, con una supuesta legitimidad, políticas de terror, de agresión, de guerra, ni para justificar, con el pretexto de la agresión sufrida que se continúe con la políticas de expoliación de los pueblos del mundo que están haciendo los grandes poderes transnacionales. Es tarea nuestra con otros científicos de la sociedad dedicarnos a investigar, a desentrañar la maraña de contradicciones, el choque de políticas, el choque de culturas, los mecanismos que posibilitan que existan seres humanos formados para realizar actos de horror indescriptible; o actos de insensibilidad absoluta ante la miseria y el hambre que provocan sus decisiones políticas; actos por los que se manipule el sentimiento de dolor sembrando banderas de odio, de venganza y de represalias. Como historiadores tenemos un papel que jugar, convocando a toda la comunidad académica e intelectual mundial para impedir que se instale la política que ya empezó a pergeñarse, de formar un bloque de gobiernos que se autodefinen "aliados y amigos de los EE.UU.". - no del pueblo estadounidense sino del poder político financiero- y tratar de evitar de que conduzcan a nuestros pueblos en una aventura guerrrista con una cadena de venganza y represalias que distan mucho del concepto de investigación y de justicia que ya la humanidad ha ido pergeñando.

Este mundo que hemos construido hasta acá, está sostenido hoy por columnas muchos más endebles que las de las torres gemelas. Pero este andamiaje carcomido del capitalismo en su más extrema fase imperialista, no lo tiran abajo toneladas de combustibles, ni kamikases. Este mundo necesita de otra
historia que está por construirse, con la inteligencia y el protagonismo de los pueblos.

Irma Antognazzi
Directora del Grupo de Trabajo "Hacer la Historia". Fac. de Humanidades y
Artes de la Universidad Nacional de Rosario
Argentina  iantogna@sinectis.com.ar