Historia Inmediata


Ataque a EE.UU


Tres imágenes emocionales sucesivas se agolparon en mí mente los días que siguieron al 11 de setiembre: el horror de la "masacre de los inocentes", el odio vociferante de Bush clamando venganza y ... un reducidísimo grupo de norteamericanos delante del Capitolio con pancartas hechas en casa que decían "¡No REVENGUE, NO WAR", representados en el Congreso por Barbara Lee, afroamericana y demócrata, que votó en solitario contra el partido de la guerra, sin que nadie  reconociera su heroísmo.

Hoy, lunes 17, Día 6 del ataque, comprobamos dentro y fuera de la lista, que crecen rápidamente las voces críticas contra el "ojo por ojo" que buscan las soluciones contra el terrorismo y por la paz mundial en la resolución de sus profundas causas sociales y políticas, en la consecución de un nuevo orden internancional basado en la negociación  y no en el uso de la fuerza a la manera histórica de los USA.

Un ataque a Afghanistán u otros países como el que perpetró la OTAN contra Serbia desataría hoy una resistencia global sin precedentes, y no sólo en el mundo árabe, contra el militarismo norteamericano y en favor de la ONU, de un verdadero Tribunal Penal Internacional, no esa caricatura de La Haya, etc.

El incipiente movimiento social global que nació hace un año y medio en Estados Unidos, tiene delante de sí una gran tareas histórica: unir "desde abajo" el Norte y el Sur, el Este y el Oeste, en la reivindicación de un verdadero gobierno mundial, por encima de las multinacionales de la industria militar y otras, una nueva ONU que asegure el futuro libre y pacífico de la humanidad, o tal vez su propia supervivencia. Después del 11 de setiembre de 2001 ya no es es que "otro mundo es posible"
es que "otro mundo es necesario".

Pero nada se hará sin que una parte creciente del pueblo norteamericano vea claro que el papel de los EE UU en el mundo debe cambiar porque el mundo ha cambiado, porque si no vamos hacia una catástrofe histórica. Pocas veces se dice que el Imperio soviético feneció entre 1989 y 1991 sin producir una conflagración mundial gracias a sus denostados grupos dirigentes: está por ver si el Imperio norteamericano está en condiciones de afrontar su declive, su acondicionamento a la posguerra fría y al auge de la concienda por una globalización democrática sin arrastrar al mundo a un desastre.

Luchemos por ello, porque es menester un nuevo paradigma en las relaciones internacionales, porque el nuevo paradigma historiográfico global que proponemos depende también de ello.

Carlos Barros
Coordinador de Historia a Debate
cbarros@eresmas.net