Historia Inmediata


Ataque a EE.UU

 
En primer lugar, se cae en la falacia de seguir defendiendo los atentados del 11-S como ejemplos de "resistencia." ¿Resistencia de quién y contra qué? ¿Resistencia de Usama Bin Ladin, millonario resentido, a quien no le sentó nada bien que su antaño estimado y corrupto rey Fahd permitiera a las tropas estadounidenses ocupar Arabia Saudí y convertirse en las protectoras de hecho de los Santos Lugares? Suponiendo que el responsable de los atentados haya sido el susodicho, no tiene valor alguno la afirmación de que "ninguna ofensiva terrorista (quizá la absurda ETA sea la excepción mundial) aparece por sí misma, sino contra una larga situación de opresión o represión anterior." Para quien se siente agraviado, las causas de su agravio son "reales," por mucho que objetivamente no lo sean para el resto (y no exagere, señor Blanco: en el País Vasco SÍ hubo represión; otra cosa es que quienes matan hoy no hayan sido los reprimidos de ayer). Si Bin Ladin dice que le cabrea la ocupación de los Santos Lugares y que por esa razón va a matar a todos los "cruzados" que pueda, ¡¡¡a ver quién le dice al niño que no tiene razón!!! Pero como historiadores, conviene no quedar atrapados en un discurso de "resistencia" que, como todos, convierte en mito las desgracias ajenas (que no propias), y busca culpables en el exterior. ETA, Bin Ladin, y cualquiera que se pase la historia por montera (como por ejemplo los colonos israelíes en Gaza o Cisjordania, el gabinete israelí, y el 60% de israelíes), operan dentro de un mismo esquema mental, sean cuales sean las causas que les han llevado hasta donde están son siempre de facturación ajena: siempre hay un Otro generador de males propios. Sus acciones vienen caracterizadas por la más absoluta y repugnante de las falsificaciones históricas. Si desde la izquierda apuntamos con frecuencia hacia la hipocresía que supone escuchar Jorgito Arbusto Hijo hablar de "democracia y libertad," no comprendo por qué nos resulta tan difícil desbrozar el lenguaje de Bin Ladin y del islamismo radical y violento. Para empezar, la clave del apoyo que Bin Ladin tiene en Arabia Saudí, por ejemplo, es muy distinta de la que tiene en lugares como Indonesia. Un simple análisis del discurso puede aclarar la cuestión. En Arabi Saudí, Bin Ladin es menos popular de lo que cabría pensar. Por un lado, socialmente los Bin Ladin son un poco advenedizos, ya que dentro del sistema de patronazgo y alianzas de la familia real hay familias mucho más importantes (los Bin Ladin son unos segundones, y ya sabemos el resentimiento que aquello provoca, hasta cuando perdemos finales de baloncesto: seguro que el árbitro estaba "comprao"). En el plano intelectual, Usama Bin Ladin se presenta ante la audiencia saudí como un ejemplo de dignidad árabe, todo ello revestido de un puritanismo islámico que supera al de un régimen que él considera corrupto. No es casualidad que el apoyo a Bin Ladin se concentre en zonas marginales del país (sobre todo en el sur, cercano al Yemen, y en la costa Este, gravemente afectada por la crisis económica de la última década y en general una zona subdesarrollada del país que ha dado lugar a la aparición de otros movimientos de resistencia como el chií liderado por Hasan al-Saffar). Pero es que además Bin Ladin sabe manipular a la perfección los símbolos culturales árabes por excelencia: en sus charlas, habla de sueños proféticos; su vestimenta era, hasta hace muy poco, puramente beduina, etc. etc. etc. El discurso de Bin Ladin se globalizó hace menos tiempo del que pensamos: no fue hasta que fue expulsado del Sudán que cambió su vestimenta (ahora viste a la afgana), y su discurso comenzó a referirse a una cruzada global de estadounidenses y judíos contra la totalidad del mundo islámico. Y ahí radica la clave de su éxito en otros lugares. Bin Ladin es representante de sí mismo y poco más: su discurso se integra en una cadena intelectual cuyos orígenes se remontan al tiempo no de los cruzados, sino de los mongoles: no hay más que leer al clásico Ibn Taimiyya. En el contexto saudí, su discurso se remonta a los propios orígenes del primer estado saudí allá por el siglo XVIII (ha habido tres estados saudíes, ni más ni menos), y su pelea ha de verse como una pugna de poder interna.

Ahora, cuando Bin Ladin nos sale con la mandanga de que para alcanzar cierto nivel de justicia social (a su modo, claro está) es necesario cargarse a un montón de "cruzados," a mí me saltan chispas de las orejas. Veamos: Hitler construyó su discurso político haciendo referencia a la justicia social. Lo mismo hizo un señor que todos conocemos muy bien (El Hidráulico). Y lo mismo hacen los señores (y señoras) de ETA. Por lo que veo, el mundo está lleno de bienhechores preocupados por la justicia social. ¡Caray! Conclusión: ¿cómo se puede caer en un análisis tan superficial, que no distinga discurso de práctica, y que dentro del propio discurso no distinga retórica de ideología? (Por cierto, el término "atentado" es perfectamente aceptable, ya que en su cuarta entrada el DRAE lo define como "Agresión contra la vida o la integridad física o moral de alguien." Que yo sepa, eso es lo que pasó en los atentados del 11-S).

Por último, vayamos al otro 11-S. Curiosamente, ese mismo día tuve que dar clase a mis alumnos de Historia de América Latina y les pregunté qué sabían del otro 11-S. Toda la clase (norteamericanos todos) levantó la mano y al unísono dijeron: ¡¡Chile!! ¿Quién niega la responsabilidad del gobierno de EEUU en el golpe chileno y la subsiguiente tragedia, miles de muertos, desaparecidos, etc. etc.? Lo que me parece preocupante en términos históricos es la ceguera de quienes no quieren ver que para que el golpe triunfase, no hacían falta yanquis, sino chilenos: y millones de chilenos guardaron silencio, muchos se beneficiaron económicamente de la barbarie, y hoy casi todos pretenden que nos olvidemos de lo ocurrido. Y yo me pregunto, ¿qué tienen que ver los gringos con esto último? (utilizo gringo porque al menos en el Estado en el que vivo, llamar a alguien "yanqui" es un insulto de primera categoría: los virginianos fueron todos muy buenos sureños, con esclavos, algodón, y tartas de manzana incluidas. ¡Faltaría más!)

EEUU, ese gran desconocido. Basta ya, por una vez, de meter churras y merinas en el mismo saco. Dado que la enseñanza de la historia de EEUU prácticamente no ocupa espacio en nuestros programas de estudio, no me sorprende la ignorancia que sobre este país existe allende los mares (claro que pensándolo bien, diréis, como ellos tampoco se preocupan del resto.... ¿para qué, verdad? la ignorancia es mutua). Yo propongo hacer una lista titulada "Cosas que nos fastidian de los gringos," y después contrastarla con el panorama ibérico. Ejemplo: "A mí me fastidia el patrioterismo gringo." Respuesta: nosotros tenemos el Peregil. ¡Olé! Y así un largo etcétera. Lo que quiero decir, y ya resumiendo, es que es necesario distinguir las partes del todo, y aún así no sé hasta qué punto este país es comprensible. Aquí, cualquier discurso - incluidos los anti-bélicos y de resistencia - se articulan sobre las bases de un patriotismo fundacional que desde fuera es difícilmente comprensible (ejemplo: el movimiento antibélico tanto ahora como durante Vietnam tenía como eslógan "Bring the troops home!"; el movimiento LGBT utiliza su propia versión de la bandera estadounidense: barras, estrellas, y arco-iris). El norteamericano medio se toma muy en serio aquello de "We the people...." (después podemos hablar de exclusión social, minorías, etc.etc., pero ese es otro asunto). Igualmente, se toma mucho más en serio de lo que podríamos pensar cuestiones como la democracia o la justicia social, con la Constitución como garante de sus derechos. La clave no está en que los gringos sean pérfidos de alma como pensamos desde fuera, sino en que les falta INFORMACIÓN. La contaminación mediática a la que está sometido el ciudadano o ciudadana de a pie es impresionante; y en ese contexto, resulta muy difícil construir discursos progresistas. En la actualidad, por ejemplo, nos vemos inmersos en el debate sobre la Patriot Act II y el principal problema al que nos enfrentamos es el atomismo (tanto social como geográfico) contra el que hay que luchar para que las ideas lleguen a algún sitio.

Recibid tod@s un cordial saludo y perdón por el larguísimo correo,

Vanesa Casanova Fernández
Georgetown University
Departamento de Historia - Historia de Oriente Medio y Norte de África