Historia Inmediata


Ataque a EE.UU

 


[Nota editorial: Si bien no solemos (re)publicar artículos en nuestros debates digitales, hacemos una excepción con la traducción al español del artículo de Huntington contra la "amenaza hispana", enviada para su difusión por nuestro colega Elpidio Laguna y que vamos a "colgar" en los apartados Historia Inmediata y Academia Solidaria de la web, para continuar nuestros debates sobre los Estados Unidos. C.B.]

NOTA: La revista internacional Foreign Policy - fundada por Samuel P. Huntington- publicó en Marzo su artículo "The Hispanic Challenge" en su número de Marzo/Abril 2004. Esta es la traducción al espaZol publicada en la versión espaZola de dicha revista, véanse detalles al final del artículo. Carlos Fuentes publicó un artículo en respuesta a éste de Huntington bastante superficial aunque indignado, no sé si porque se dió cuenta que Huntington no había leído su libro o visto los vídeos de su "Espejo Enterrado", que se encuentran en las bibliotecas de Harvard.... He transcrito verbatim el artículo a excepción de una aclaración en inglés que se verá en su lugar entre paréntisis. Quienes quieran ver el artículo en inglés y con estadísticas muy monas pueden teclear en su buscador: Hispanic Challenge Huntington.

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EL RETO HISPANO Foreign Policy

Abril 16, 2004


La llegada constante de inmigrantes hispanos amenaza con dividir Estados Unidos en dos pueblos, dos culturas y dos lenguas. A diferencia de grupos anteriores de inmigrantes, los mexicanos y otros hispanos no se han integrado en la cultura estadounidense dominante, sino que han formado sus propios enclaves políticos y lingüísticos -desde Los Ángeles hasta Miami-y rechazan los valores angloprotestantes que construyeron el sueZo americano. EE UU corre un riesgo si ignora este desafío. Samuel Huntington

Estados Unidos fue creado, en los siglos xvii y xviii, por colonos fundamentalmente blancos, británicos y protestantes. Sus valores, instituciones y cultura proporcionaron los cimientos de la nación e inspiraron su desarrollo en los siglos posteriores. En un principio, definieron el país desde el punto de vista de la raza, el origen étnico, la cultura y la religión. En el siglo xviii tuvieron que aZadir la perspectiva ideológica para justificar la independencia de la metrópoli, que también era blanca, británica y protestante. Thomas Jefferson expuso su "credo" -como lo llamó el economista y premio Nobel Gunnar Myrdal- en la Declaración de Independencia, y, desde entonces, los estadistas han reiterado sus principios, y la población los ha hecho suyos, como componente esencial de su identidad estadounidense.

En los últimos aZos del siglo xix, sin embargo, el componente étnico se amplió con la inclusión de alemanes, irlandeses y escandinavos, y la identidad religiosa de EE UU pasó de protestante a una definición más general de cristiana. Con la Segunda Guerra Mundial y la incorporación de enormes cantidades de inmigrantes del este y el sur de Europa, llegados con sus hijos, la procedencia étnica prácticamente desapareció como componente definitorio de la identidad nacional. Lo mismo ocurrió con la raza, tras las victorias del movimiento de lucha por los derechos civiles y la ley sobre inmigración y nacionalidad de 1965. Ahora los estadounidenses consideran que tienen un país multiétnico y multirracial, y lo aprueban. Como consecuencia, la identidad de Estados Unidos, hoy, se define en función de la cultura y el credo.

La mayoría de los estadounidenses consideran que el credo es el elemento crucial de su identidad nacional. Sin embargo, éste fue producto de una cultura específica, la angloprotestante, que tenían los colonos fundadores. Los elementos clave de dicha cultura son la lengua inglesa, el cristianismo, el compromiso religioso, el concepto inglés del imperio de la ley -que engloba la responsabilidad de los gobernantes y los derechos de los individuos- y los valores protestantes del individualismo, la ética del trabajo y la convicción de que los seres humanos tienen la capacidad y el deber de intentar crear un cielo en la tierra, una "ciudad sobre una colina". A lo largo de la historia, EE UU ha atraído a millones de inmigrantes debido a esa cultura, gracias a las oportunidades económicas y libertades políticas que ella ha hecho posibles.

Las aportaciones de las culturas inmigrantes modificaron y enriquecieron la cultura angloprotestante. Pero su esencia siguió siendo la base de la identidad estadounidense, por lo menos, hasta las últimas décadas del siglo xx. ¿Sería EE UU el país que ha sido, y es aún en gran medida, si lo hubieran colonizado católicos franceses, espaZoles o portugueses, y no protestantes británicos? La respuesta es claramente "no". No sería EE UU; sería Quebec, México o Brasil. Ahora bien, en las últimas décadas del siglo xx, la cultura angloprotestante de EE UU y su credo comenzaron a sufrir agresiones por la popularidad, en círculos intelectuales y políticos, del multiculturalismo y la diversidad, el avance de la identidad de grupo basada en la raza, la procedencia étnica y el sexo, por encima de la nacional; la influencia de las diásporas culturales internacionales; el número cada vez mayor de inmigrantes con doble nacionalidad y doble lealtad, y la importancia creciente que atribuyen las autoridades intelectuales, empresariales y políticas del país a las identidades cosmopolitas y transnacionales. Además, la identidad nacional estadounidense, como la de otros Estados-nación, se enfrenta al reto de la globalización, con la necesidad que ésta crea en la gente de que haya identidades "de sangre y creencias" más reducidas y significativas.

La división cultural entre hispanos y anglos podría reemplazar la división racial entre blancos y negros como la fractura más seria en la sociedad de EE UU

En esta nueva era, el desafío más grave e inmediato al que se enfrenta la identidad tradicional de EE UU es el que suponen la inmensa y constante inmigración de Latinoamérica, sobre todo de México, y los índices de natalidad de estos inmigrantes en comparación con los nativos, tanto blancos como negros. A los estadounidenses les gusta presumir de cómo, en el pasado, han asimilado a millones de inmigrantes en su sociedad, su cultura y su política. Sin embargo, cuando hablan de inmigrantes, suelen generalizar: no diferencian entre ellos y se centran en los costes y beneficios económicos de la inmigración, pero ignoran sus consecuencias sociales y culturales, pasando por alto las características y los problemas peculiares que plantea la inmigración actual de hispanos. La inmigración de hoy tiene una dimensión y una naturaleza muy distinta a las anteriores, y no parece probable que la asimilación lograda en el pasado se repita con los inmigrantes de Latinoamérica. Esto suscita un interrogante clave: ¿seguirá siendo EE UU un país con una sola lengua y una base cultural angloprotestante? Al ignorar esta pregunta, los estadounidenses están aceptando que se convertirán en dos pueblos, con dos culturas (anglo e hispana) y dos lenguas (inglés y espaZol).

El impacto de la inmigración mexicana en EE UU queda patente cuando se piensa en qué ocurriría si el flujo se detuviera de pronto. El número anual de inmigrantes legales descendería en unos 175.000, más cerca del nivel recomendado por la Comisión para la Reforma de la Inmigración que presidió, en los 90, la ex congresista Barbara Jordan. Las entradas ilegales disminuirían drásticamente. Los salarios de los ciudadanos de menos ingresos mejorarían. Los debates sobre el uso del espaZol y sobre si es preciso declarar el inglés lengua oficial, tanto estatal como nacionalmente, se calmarían. La educación bilingüe y las controversias que suscita casi desaparecerían, igual que las polémicas sobre la Seguridad Social y otras prestaciones a inmigrantes. La respuesta a si éstos son una carga económica para los Gobiernos estatales y el federal sería negativa.

El nivel de educación y preparación de los inmigrantes que siguieran llegando sería el más alto en la historia del país. El flujo de recién llegados volvería a ser muy variado, lo que motivaría más a todos los recién llegados a aprender inglés y absorber la cultura estadounidense.

Pero, sobre todo, desaparecería la posibilidad de una escisión de facto entre un país de habla predominante hispana y otro de habla inglesa, y, con ello, una enorme amenaza potencial para la integridad cultural y política del país.

UN MUNDO DE DIFERENCIAS

La inmigración que llega ahora de México y, en general, de Latinoamérica, no tiene precedentes en la historia de EE UU. Las lecciones extraídas de inmigraciones pasadas no sirven para comprender su dinámica y consecuencias. La inmigración mexicana se distingue de otras anteriores y de casi todas las actuales por una serie de factores: contigüidad, escala, ilegalidad, concentración regional, persistencia y presencia histórica.

Contigüidad |

La idea que tiene EE UU de la inmigración suele estar simbolizada por la estatua de la Libertad, la isla de Ellis y, en tiempos más recientes, el aeropuerto JFK, de Nueva York. En otras palabras: los inmigrantes que llegan al país después de atravesar miles de kilómetros de océano. Tales imágenes influyen en la actitud hacia los inmigrantes y la política de inmigración oficial. Pero esas imágenes tienen poco o nada que ver con la inmigración mexicana. Ahora, EE UU está viviendo la llegada masiva de personas desde un país pobre y contiguo, cuya población es más de un tercio de la suya. Entran a través de una frontera de 3.500 kilómetros, históricamente delimitada por una línea en el suelo y un río poco profundo, nada más. Es una situación única, desde el punto de vista estadounidense y mundial. Ningún otro país del Primer Mundo comparte una frontera terrestre tan extensa con otro del Tercer Mundo. Y la trascendencia de esta larga frontera queda aún más patente por las diferencias económicas entre ambos. "La diferencia de ingresos entre EE UU y México", destaca el historiador de
la Universidad de Stanford David Kennedy, "es la mayor que existe entre dos países contiguos en el mundo".

La contigüidad permite a los inmigrantes mexicanos permanecer en íntimo contacto con sus familias, sus amigos y sus lugares de origen, en mucha mayor medida que los procedentes de otros países.

Escala |

Las causas de la inmigración mexicana, como de otras, están en la dinámica demográfica, económica y política del país de origen y los atractivos económicos, políticos y sociales de EE UU. Pero es evidente que la contigüidad fomenta la migración. Desde 1965, la inmigración mexicanaha aumentado sin cesar. En los 60 entraron legalmente en EE UU unos 640.000 mexicanos; en los 80, 1.656.000, y en los 90, 2.249.000. Es esas tres décadas, los mexicanos representaron, respectivamente, el 14%, el 23% y el 25% de la inmigración legal total. Estos porcentajes no pueden equipararse con los inmigrantes de Irlanda entre 1820 y 1860 o de Alemania en las décadas de 1850 y 1860. Pero son índices elevados en comparación con la enorme variedad de países de origen de los inmigrantes antes de la Primera Guerra Mundial y otros inmigrantes contemporáneos. A ellos hay que aZadir, además, el gran número de mexicanos que entran ilegalmente cada aZo. Desde los 60, el número de extranjeros en EE UU ha aumentado enormemente; asiáticos y latinoamericanos han sustituido a europeos y canadienses, y la
diversidad de países de origen ha dado paso al predominio de uno de ellos: México (ver cuadro en página 23). En 2000, los inmigrantes mexicanos representaban el 27,6% de la población de Estados Unidos nacida en el extranjero. Los dos contingentes sucesivos, chinos y filipinos, no eran más que el 4,9% y el 4,3% de dicho grupo.

En los 90, los mexicanos representaron más de la mitad de los nuevos inmigrantes latinoamericanos, y en 2000, los hispanos fueron, aproximadamente, la mitad de todos los inmigrantes en el EE UU continental. Ese mismo aZo, los hispanos eran el 12% de la población total del país. Entre 2000 y 2003, el grupo creció casi en un 10%, y ahora ha superado a los negros. Se calcula que para 2050 los hispanos pueden constituir un 25% de la población. Estos cambios no se deben sólo a la inmigración, sino también a la natalidad. En 2002, los índices de natalidad en EE UU se calculaban en un 1,8% para los blancos no hispanos, un 2,1% para los negros y un 3% para los hispanos. "Es característico de los países en desarrollo", observaba The Economist en 2002. "A medida que la gran masa de hispanos llegue a la edad fértil, en una o dos décadas, la proporción hispana de la población estadounidense se disparará".

A mediados del siglo xix, la inmigración que entraba en el país estaba dominada por anglohablantes procedentes de las islas Británicas. Las oleadas anteriores a la Primera Guerra Mundial fueron muy variadas desde el punto de vista lingüístico, con numerosos hablantes de italiano, polaco, ruso, yídish, inglés, alemán, sueco y otros idiomas. Pero ahora, por primera vez en la historia de Estados Unidos, la mitad de los que llegan hablan una misma lengua que no es el inglés.

Ilegalidad |

La entrada ilegal en EE UU es, sobre todo, un fenómeno posterior a 1965, y fundamentalmente mexicano. Durante casi un siglo, tras la aprobación de la Constitución, no hubo leyes nacionales que restringieran ni prohibieran la inmigración, y sólo algunos Estados impusieron unos límites modestos. Durante 90 aZos, la inmigración ilegal fue mínima y sencilla de controlar. La ley de inmigración de 1965, la mayor facilidad de transporte y la intensificación de las fuerzas que promovían la inmigración mexicana alteraron la situación por completo. Las detenciones realizadas por la guardia estadounidense de fronteras pasaron de 1,6 millones en los 60 a 8,3 millones en los 70, 11,9 millones en los 80 y 14,7 millones en los 90. Los cálculos sobre el número de mexicanos que entran ilegalmente cada aZo van de 105.000 (según una comisión mixta méxico-estadounidense) a 350.000 durante los 90 (según el Servicio de Inmigración y Nacionalización estadounidense).

La ley para la reforma y el control de la inmigración (1986) contenía disposiciones para legalizar a los inmigrantes ilegales ya existentes y reducir la futura inmigración ilegal con sanciones a los empresarios y otros métodos. El primer objetivo se cumplió: alrededor de 3,1 millones de ilegales, de los que, aproximadamente, el 90% procedía de México, obtuvieron la carta verde, la residencia legal. Ahora bien, el segundo objetivo se resiste. Los cálculos sobre el total de inmigrantes ilegales en EE UU pasaron de cuatro millones en 1995 a seis millones en 1998, siete millones en 2000 y entre ocho y diez en 2003. En 1990, los mexicanos representaban el 58% de la población ilegal total; en 2000, se calcula que había 4,8 millones de mexicanos ilegales (el 69%). Ese mismo aZo, los mexicanos ilegales en EE UU eran 25 veces más numerosos que el siguiente grupo, los salvadoreZos.

Concentración regional |

Los padres fundadores de EE UU pensaron que la dispersión de los inmigrantes era esencial para su asimilación. Ésa ha sido, y sigue siendo, la costumbre para la mayoría de los inmigrantes no hispanos. Estos últimos, en cambio, tienden a concentrarse por regiones: mexicanos en el sur de California, cubanos en Miami, dominicanos y puertorriqueZos (éstos, técnicamente, no son inmigrantes) en Nueva York. Cuanto más se concentran los inmigrantes, más lenta e incompleta es su asimilación.

En los 90, las proporciones de hispanos siguieron aumentando en las regiones de mayor concentración. Y, al mismo tiempo, tanto los mexicanos como otros hispanos empezaron a establecerse en lugares distintos. Aunque el número absoluto sigue siendo pequeZo, los Estados con mayor incremento proporcional de la población hispana entre 1990 y 2000 fueron, en orden decreciente: Carolina del Norte (un aumento del 449%), Arkansas, Georgia, Tennessee, Carolina del Sur, Nevada y Alabama (222%). Asimismo, los hispanos se han asentado en determinadas ciudades de todo el país. Por ejemplo, en 2003, más del 40% de la población de Hartford (Connecticut) era hispana (sobre todo, puertorriqueZa), por encima del 38% de negros. "Hartford -proclamó el primer alcalde hispano de la ciudad- se ha convertido en una ciudad latina, prácticamente. Es una seZal de lo que está por venir", con un uso creciente del espaZol como lengua comercial y de gobierno.

No obstante, las mayores concentraciones de hispanos se encuentran en el suroeste, sobre todo en California. En el aZo 2000, casi dos tercios de los mexicanos vivían en el Oeste, y casi la mitad en dicho Estado. Por supuesto, el área de Los Ángeles cuenta con inmigrantes de muchos países, incluidos Corea y Vietnam. Pero los países de origen de la población inmigrante en California son muy distintos a los del resto de EE UU, y un solo país, México, supera a todos los inmigrantes procedentes de Europa y Asia. En Los Ángeles, los hispanos -mayoritariamente mexicanos- son mucho más numerosos que los demás grupos. En 2000, el 64% de los hispanos de esa ciudad eran de origen mexicano, y el 45,6% de sus habitantes eran hispanos, y sólo un 29,7%, blancos no hispanos. Se calcula que en 2010 los hispanos constituirán en esa ciudad más de la mitad de la población.

La mayoría de los grupos inmigrantes tienen tasas de natalidad superiores a la población nativa y, por eso, sus efectos se perciben con fuerza en las escuelas. En Nueva York, por ejemplo, la enorme variedad de su inmigración hace que los profesores tengan clases cuyos estudiantes hablan 20 idiomas distintos en sus casas. Por el contrario, en muchas ciudades del sur-oeste, los hispanos son una gran mayoría en las aulas. "Ningún sistema escolar en una gran ciudad de Estados Unidos ha experimentado jamás una afluencia tan grande de alumnos procedentes de un solo país extranjero", decían los politólogos Katrina Burgess y Abraham Lowenthal sobre Los Ángeles en su estudio de las relaciones entre México y California. "Las escuelas de Los Ángeles se están volviendo mexicanas". En 2002, más del 70% de los estudiantes de la ciudad eran hispanos, predominantemente mexicanos, y la proporción seguía aumentando. Los blancos no hispanos formaban el 10% del alumnado. En 2003, por primera vez desde la década de 1850, la mayoría de los recién nacidos en California fueron hispanos.

Persistencia |

En el pasado, las oleadas de inmigrantes acabaron por disminuir, las proporciones procedentes de cada país sufrieron enormes fluctuaciones y, a partir de 1924, la inmigración se redujo a un goteo. En cambio, la oleada actual no da seZales de decaer, y da la impresión de que las condiciones que generan el gran componente mexicano van a continuar, de no producirse una gran guerra o una recesión. A largo plazo, la inmigración mexicana quizá pueda disminuir cuando el bienestar económico de México se acerque al de EE UU, Sin embargo, en 2002, el PIB per cápita de Estados Unidos era, aproximadamente, el cuádruple del de México (en términos de poder adquisitivo). Si esa diferencia se redujera a la mitad, los incentivos económicos para la inmigración también podrían reducirse de forma drástica. Ahora bien, para alcanzar ese nivel en un futuro próximo, México tendría que experimentar un crecimiento económico rapidísimo, mucho más rápido que el de Estados Unidos. Pero ni siquiera un acontecimiento económico de tal calibre tendría por qué disminuir el impulso de emigrar.

Durante el siglo xix, cuando Europa estaba industrializándose a toda velocidad y las rentas per cápita estaban en aumento, 50 millones de europeos emigraron a las Américas, Asia y África.

Presencia histórica |

Ningún otro grupo inmigrante en la historia de Estados Unidos ha reivindicado o podría reivindicar derechos históricos sobre su territorio. Los mexicanos y los estadounidenses de origen mexicano, sí. Casi todo Texas, Nuevo México, Arizona, California, Nevada y Utah formaban parte de México hasta que este país los perdió como consecuencia de la guerra de independencia de Texas, en 1835-1836, y la guerra entre México y Estados Unidos, en 1846-1848. México es el único país que Estados Unidos ha invadido para ocupar su capital -sus marines llegaron hasta los "salones de Moctezuma"- y anexionarse la mitad de su territorio. Los mexicanos no lo olvidan. Como es comprensible, sienten que tienen derechos especiales sobre esos lugares. "A diferencia de otros inmigrantes", dice el politólogo de Boston College Peter Skerry, "los mexicanos llegan procedentes de una nación vecina que sufrió una derrota militar a manos de Estados Unidos y se establecen, sobre todo, en una región que, en otro tiempo, fue parte de su país (...) Los habitantes de origen mexicano tienen una sensación de estar en casa que no comparten otros inmigrantes".

En alguna ocasión, los especialistas han sugerido que el suroeste podría convertirse en el Quebec de EE UU. Ambas regiones están habitadas por católicos y fueron conquistadas por angloprotestantes, pero, por lo demás, tienen poco en común. Quebec está a 4.500 kilómetros de Francia, y no hay cientos de miles de franceses que intenten entrar cada aZo en la región, ni legal ni ilegalmente. La historia demuestra que, cuando la gente de un país empieza a referirse al territorio de un país vecino en términos posesivos y a reivindicar derechos especiales sobre él, hay serias posibilidades de conflicto.

EL 'SPANGLISH', SEGUNDA LENGUA

En el pasado, los inmigrantes salían del otro lado del océano y solían superar terribles obstáculos y penalidades para poder llegar a Estados Unidos. Venían de muchos países diferentes, hablaban distintas lenguas y llegaban de forma legal. Su flujo varió con el tiempo: hubo importantes reducciones como consecuencia de la Guerra de Secesión, la Primera Guerra Mundial y la legislación restrictiva de 1924. Solían repartirse por numerosos enclaves en zonas rurales y grandes ciudades del noreste y el medio oeste del país. Y no reivindicaban ningún derecho histórico a partes del territorio estadounidense.

La inmigración mexicana es totalmente distinta en todos estos aspectos . Y esas diferencias hacen que la integración de los mexicanos en la cultura y la sociedad estadounidenses sea mucho más difícil que en el caso de otros inmigrantes anteriores. Una diferencia que llama especialmente la atención es lo lejos que están todavía los inmigrantes mexicanos de tercera y cuarta generación de la media de Estados Unidos en educación, situación económica y número de matrimonios mixtos.

En 1998, "José" sustituyó a "Michael" como nombre más popular para los recién nacidos, tanto en California como en Texas.La dimensión, la persistencia y la concentración de la inmigración hispana ayuda a perpetuar el uso del espaZol generación tras generación. Los datos sobre el aprendizaje del inglés y el mantenimiento del espaZol entre los inmigrantes son limitados y ambiguos. No obstante, en 2000, más de 28 millones de personas en Estados Unidos hablaban espaZol en el hogar (el 10,5% de la población mayor de cinco aZos) y, de ellos, casi 13,8 millones hablaban inglés "no muy bien", un aumento del 66% respecto a 1990. Según un informe de la Oficina del Censo, en 1990,  proximadamente, el 95% de los inmigrantes mexicanos hablaba espaZol en casa; el 73,6% no hablaba inglés muy bien, y el 43% de los inmigrantes nacidos en México estaba "aislado lingüísticamente". Un estudio anterior en Los Ángeles había dado resultados diferentes en la segunda generación, nacida ya en Estados Unidos. Sólo el 11,6% hablaba sólo espaZol o más espaZol que inglés, el 25,6% hablaba las dos lenguas por igual, el 32,7% más inglés que espaZol y el 30,1% sólo inglés. En ese mismo estudio, más del 90% de los mexicanos nacidos en EE UU hablaban inglés con fluidez. Sin embargo, en 1999, había alrededor de 753.505 alumnos en las escuelas del sur de California, presumiblemente inmigrantes de segunda generación, que hablaban espaZol en casa y tenían dificultades con el
inglés.

Es decir, el uso fluido del inglés entre los mexicanos de primera y segunda generación parece seguir las mismas pautas que entre otros inmigrantes del pasado. Pero sigue habiendo dos interrogantes. Primero, ¿han variado, a lo largo del tiempo, la adquisición del inglés y el mantenimiento del espaZol entre los inmigrantes mexicanos de segunda generación? Podría suponerse que, con la rápida expansión de la comunidad inmigrante procedente de México, la gente de origen mexicano debería tener menos incentivos para hablar bien inglés en 2000 que en 1970. Segundo, ¿seguirá la tercera generación el modelo clásico de hablar bien inglés y saber poco o mal espaZol, o mantendrá el mismo dominio de los dos idiomas que la segunda generación? Los inmigrantes de segunda generación, a menudo, desprecian y rechazan su lengua materna, y se sienten avergonzados ante la incapacidad de sus padres de comunicarse en inglés. Es de suponer que el hecho de que los mexicanos de segunda generación tengan o no esta actitud influirá en que la tercera generación pueda conservar o no su espaZol. Si la segunda generación no rechaza el espaZol de plano, lo más normal es que sus hijos también sean bilingües, y es probable que el dominio de las dos lenguas se institucionalice en la comunidad estadounidense de origen mexicano.

La conservación del espaZol también se ve reforzada por la abrumadora mayoría (entre el 66% y el 85%) de inmigrantes mexicanos, e hispanos en general, que hacen hincapié en la necesidad de que sus hijos hablen bien espaZol. Su actitud contrasta con las de otros grupos inmigrantes. El Centro de Pruebas Educativas, con sede en Nueva Jersey, afirma que existe "una diferencia cultural entre los padres asiáticos y los hispanos a la hora de hacer que sus hijos mantengan la lengua materna". En parte, desde luego, dicha diferencia se debe al tamaZo de las comunidades hispanas, que ofrecen incentivos para hablar la lengua materna con fluidez. Aunque los inmigrantes mexicanos e hispanos de segunda y tercera generación dominan el inglés, se apartan del modelo normal porque mantienen también su dominio del espaZol. Los mexicanos de segunda o tercera generación que se educan sólo en inglés aprenden espaZol ya de adultos, y animan a sus hijos a que lo hablen correctamente. El dominio del espaZol, dice el catedrático de la Universidad de Nuevo México F. Chris García, es "lo que le enorgullece a cualquier hispano, lo que quiere proteger y fomentar".

Se puede alegar que, en un mundo cada vez más reducido, todos los estadounidenses deberían hablar, al menos, una lengua extranjera importante -chino, japonés, hindi, ruso, árabe, urdu, francés, alemán o espaZol- para poder comprender otra cultura y comunicarse con su gente.

Pero otra cosa distinta es afirmar que tienen que aprender una lengua distinta del inglés para poder comunicarse con otros compatriotas. Y, sin embargo, eso es lo que pretenden los defensores del espaZol. Fortalecidos por el aumento de su población y su influencia, los dirigentes hispanos pretenden transformar Estados Unidos en una sociedad bilingüe. "El inglés no basta"-dice Osvaldo Soto, presidente de la Liga Hispano-americana contra la discriminación-; no queremos una sociedad monolingüe". Del mismo modo, el catedrático de Literatura de Duke University (e inmigrante chileno) Ariel Dorfman pregunta: "¿Este país va a hablar dos idiomas o sólo uno?". Y su respuesta, desde luego, es que tiene que hablar dos.

Las organizaciones de hispanos trabajan activamente para convencer al Congreso de Estados Unidos de que autorice programas de protección cultural dentro de la educación bilingüe; como consecuencia, los niZos tardan en incorporarse a las clases normales. El gran número de inmigrantes que llegan sin cesar hace que a los hispanohablantes de Nueva York, Miami o Los Ángeles les sea cada vez más fácil vivir a diario sin necesidad de hablar inglés. El 65% de los niZos que reciben educación bilingüe en Nueva York son hispanohablantes y, por tanto, tienen poco o ningún motivo para usar el inglés en la escuela.

Los programas en dos idiomas, que van un poco más allá de la educación bilingüe, son cada vez más populares. En dichos programas, los alumnos reciben clases tanto en inglés como en espaZol, en alternancia, con el fin de hacer que los angloparlantes dominen el espaZol y los hispanohablantes dominen el inglés. Es decir, se equipara al espaZol con el inglés y se convierte a Estados Unidos en un país con dos lenguas. En su discurso de marzo de 2000, el entonces secretario de Educación estadounidense, Richard Riley, dio su apoyo explícito a estos programas: "Excelencia para todos-Excellence for all". Las organizaciones de derechos civiles, las autoridades religiosas (especialmente católicas) y numerosos políticos (tanto republicanos como demócratas) respaldan este movimiento hacia el bilingüismo. También lo apoyan -y es quizá tan importante como lo anterior- los grupos comerciales que pretenden quedarse con el mercado hispano. Es más, la orientación de las empresas estadounidenses hacia los clientes hispanos hace que necesiten cada vez más empleados bilingües, por lo que el bilingüismo influye en los salarios. En ciudades del suroeste como Phoenix y Las Vegas, los policías y bomberos bilingües cobran más que los que sólo hablan inglés. En Miami, según las conclusiones de un estudio realizado, las familias que sólo hablan espaZol tienen unos ingresos medios de 18.000 dólares; las que sólo hablan inglés tienen ingresos medios de 32.000 dólares, y las familias bilingües ganan más de 50.000 dólares. Por primera vez en la historia de Estados Unidos, cada vez hay más ciudadanos (sobre todo negros) que no pueden conseguir el trabajo o sueldo que sería de esperar porque sólo pueden comunicarse en inglés.

Los problemas sociales y culturales específicos que plantea la inmigración mexicana en EE UU no han llamado mucho la atención ni han sido objeto de grandes discusiones, pero muchos especialistas llevan aZos advirtiendo sobre ellos. En 1983, el destacado sociólogo Morris Janowitz seZalaba la "fuerte resistencia de los residentes de habla hispana a la aculturación", y afirmaba que "lo que distingue a los mexicanos de otros grupos inmigrantes es la constante resistencia de sus lazos comunitarios".

Como consecuencia, "los mexicanos, junto con otras poblaciones de habla hispana, están creando una bifurcación en la estructura sociopolítica de EE UU que coincide, aproximadamente, con las divisiones por nacionalidades". Otros especialistas han destacado que la dimensión, persistencia y concentración regional de la inmigración mexicana son obstáculos para la asimilación. En 1997, los sociólogos Richard Alba y Víctor Nee seZalaron que la interrupción de las grandes oleadas de inmigración durante cuatro décadas, desde 1924, "garantizó casi por completo el debilitamiento de las culturas y las comunidades étnicas a lo largo del tiempo".

Ahora, si prosiguen los niveles actuales de inmigración latinoamericana" se creará un contexto étnico fundamentalmente distinto del
que encontraron los descendientes de los inmigrantes europeos, pues las nuevas comunidades tienen más probabilidades de seguir siendo numerosas, llenas de vida cultural y ricas en instituciones". En la situación actual, coincide el sociólogo Douglas Massey, "el carácter étnico estará, en proporción, más determinado por los inmigrantes y menos por las generaciones posteriores, con lo que el equilibrio de la identidad étnica reposará más en la lengua, la cultura y las formas de vida de la sociedad de origen".

"Un flujo constante de recién llegados", sostienen los demógrafos Barry Edmonston y Jeffrey Passel, "especialmente en barrios mayoritariamente de inmigrantes, mantiene la lengua viva para ellos y sus hijos". Por último, el especialista del Instituto Americano de Empresa Mark alcoff observa que, como "la población de habla hispana se repone sin cesar con recién llegados, más rápido de lo que se asimila", el uso generalizado del espaZol en EE UU "es una realidad que no puede cambiarse, ni siquiera a largo plazo".

En los debates de política lingüística, el difunto senador republicano de California S. I. Hayakawa destacó, en una ocasión, que los hispanos eran los únicos que se oponían al inglés. "¿Por qué los filipinos o los coreanos no se oponen a que el inglés sea la lengua oficial? Ni los japoneses. Ni los vietnamitas, desde luego, que están encantados de estar aquí. Se apresuran a aprender inglés y se dedican a ganar concursos de deletreo en todo el país. Los hispanos son los únicos que afirman que existe un problema. Ha habido un movimiento importante para conseguir que el espaZol sea la segunda lengua oficial".

Si la expansión del espaZol como segunda lengua de EE UU sigue adelante, con el tiempo podría tener serias consecuencias para la política y el gobierno. En muchos Estados, quizá, los aspirantes a cargos públicos tendrían que hablar ambos idiomas. Los candidatos bilingües a la presidencia y otros cargos federales electos tendrían ventaja sobre los que sólo hablasen inglés. Si la educación en dos idiomas se extiende en las escuelas primarias y secundarias, cada vez se exigirá más a los profesores que sean bilingües. Los documentos y formularios oficiales quizá tengan que publicarse siempre en los dos idiomas. Tal vez se aceptaría el uso de ambas lenguas en los comités y plenos del Congreso, y, en general, en las actividades de la Administración. Como la mayoría de las personas cuya lengua materna es el espaZol, seguramente, sabrán algo de inglés, los angloparlantes que no sepan espaZol estarán en desventaja a la hora de conseguir trabajo, ascensos y contratos.

En 1917, el ex presidente estadounidense Theodore Roosevelt dijo: "Debemos tener una sola bandera. Y debemos tener una sola lengua. Que debe ser la lengua de la Declaración de Independencia, el discurso de despedida de Washington, la proclamación de Lincoln en Gettysburg y su segunda toma de posesión". En cambio, en junio de 2000, el presidente Bill Clinton aseguró: "Confío en ser el último presidente de Estados Unidos que no sepa hablar espaZol". Y en mayo de 2001, el presidente Bush celebró la fiesta nacional del 5 de mayo pronunciando su alocución semanal en la radio, por primera vez, en inglés y espaZol. En septiembre de 2003, uno de los primeros debates entre los candidatos presidenciales del Partido Demócrata también se celebró en inglés y espaZol. A pesar de la oposición de muchos estadounidenses, el espaZol se está aproximando a la lengua de Washington, Jefferson, Lincoln, los Roosevelt y los Kennedy como idioma de Estados Unidos. Si la tendencia continúa, la división cultural entre hispanos y anglos puede llegar a sustituir a la división racial entre negros y blancos y convertise en la escisión más grave de la sociedad estadounidense.

 ¿La amenaza del nacionalismo blanco?

En el filme de 1993 Un día de furia, Michael Douglas encarna a un antiguo empleado de una empresa del sector de la defensa que reacciona ante las humillaciones que, en su opinión, le impone una sociedad multicultural. "Desde la primera escena, escribió David Gates en Newsweek, la película enfrenta a Douglas -la imagen de una rectitud obsoleta: camisa blanca, corbata, gafas y corte de pelo a cepillo- contra una coalición multicolor de habitantes de Los Ángeles". "Es una visión estereotipada del hombre blanco acosado en un EE UU multicultural".

Una reacción posible ante los cambios demográficos que están produciéndose en EE UU podría ser un movimiento contra los hispanos, los negros y los inmigrantes, compuesto, sobre todo, por varones blancos de clase media y baja, en protesta por la pérdida de empleos que van a parar a los inmigrantes y a otros países, la perversión de su cultura y el desplazamiento de su lengua. Podríamos denominarlo "nacionalismo blanco".

 "Estos defensores de la raza blanca, de nuevo cuZo, no tienen nada que ver con los políticos populistas y los encapuchados del Klan en el viejo sur", escribe Carol Swain en The New White Nationalism in America, de 2002. Los nuevos nacionalistas blancos no defienden la supremacía de la raza blanca, sino que creen en la supervivencia racial y afirman que la cultura es producto de la raza. Sostienen que estos cambios anuncian la sustitución de la cultura blanca por otra negra o mestiza, intelectual y moralmente inferior.

Dichas inquietudes se basan en los cambios en el equilibrio racial. Los blancos no hispanos han pasado de ser el 76,5% de la población en 1990 al 69,1% en 2000. En California -como en Hawai, Nuevo México y el distrito de Columbia-, hoy, los blancos no hispanos son minoría. Los demógrafos predicen que en 2040 los blancos no hispanos quizá sean minoría en todo EE UU. Además, desde hace varias décadas, los grupos de intereses y las autoridades han promovido preferencias raciales y acciones de discriminación positiva que favorecen a los negros y a los inmigrantes no blancos. Mientras, las políticas de globalización se han llevado puestos de trabajo fuera del país, han incrementado la desigualdad de rentas y han facilitado el descenso del salario real para los estadounidenses de clase trabajadora.

Cuando un grupo social, étnico, racial o económico sufre o cree sufrir pérdidas de poder y categoría, casi siempre, se esfuerza para dar la vuelta a la situación. En 1961, la población de Bosnia-Herzegovina era un 43% serbia y un 26% musulmana. En 1991, era un 31% serbia y un 44% musulmana. Los serbios respondieron con la limpieza étnica. En 1990, la población de California estaba formada por un 57% de blancos no hispanos y un 26% de hispanos. Se prevé que para 2040 sea un 31% de blancos no hispanos y un 48% de hispanos. La posibilidad de que los blancos californianos reaccionen como los serbobosnios es nula. Pero la posibilidad de que no reaccionen también es nula ya que han reaccionado, al aprobar iniciativas contra las prestaciones para los inmigrantes ilegales, la discriminación positiva y la educación bilingüe, además de los blancos que abandonan el Estado.

La industrialización de finales del siglo xix provocó pérdidas para los agricultores estadounidenses y empujó a crear grupos agrarios de protesta, como el Movimiento Populista, la Grange (la organización agrícola nacional más antigua del país), la Liga Nopartisana y la Federación Estadounidense del Campo. Hoy, los nacionalistas blancos podrían preguntarse: si los negros y los hispanos se organizan y hacen presión para obtener privilegios especiales, ¿por qué no los blancos? Si la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color y el Consejo Nacional de la Raza son organizaciones legítimas, ¿por qué no va a serlo una organización nacional en defensa de los intereses blancos? El nacionalismo blanco es "la próxima etapa lógica de la política de la identidad en EE UU", afirma Swain, y eso coloca al país "en grave peligro de sufrir un conflicto racial a gran escala, sin precedentes en la historia de nuestra nación".

 LA SANGRE ANTES QUE LAS FRONTERAS

Hay grandes zonas del país cuya lengua y cuya cultura se están volviendo mayoritariamente hispanas, y el país, en general, está pasando a ser bilingüe y bicultural. La principal zona en la que está avanzando rápidamente la hispanización, por supuesto, es el suroeste. Como afirma el historiador Kennedy, los estadounidenses de origen mexicano en el suroestendrán pronto "la suficiente coherencia y masa crítica, en una región delimitada, para poder conservar su cultura particular, si lo desean, indefinidamente. También podrían intentar lo que no habría soZado ningún grupo anterior de inmigrantes: desafiar a los actuales sistemas cultural, político, legal, comercial y educativo, para cambiar (...) no sólo la lengua, sino las instituciones en las que trabajan".

Abundan las anécdotas que indican esa tendencia. En 1994, los estadounidenses de origen mexicano se manifestaron enérgicamente contra la Proposición 187 de California -que limitaba las prestaciones de Seguridad Social a los hijos de inmigrantes ilegales- recorriendo las calles de Los Ángeles mientras ondeaban decenas de banderas mexicanas y volvían boca abajo las de EE UU. En 1998, en un partido de fútbol entre México y EE UU en esa misma ciudad, los mexicanos abuchearon el himno nacional estadounidense y atacaron a los jugadores de la selección. Y esas acciones de rechazo tan espectaculares no son exclusivamente obra de una minoría extremista dentro de la comunidad de inmigrantes mexicanos. Muchos no parecen identificarse, ni ellos ni sus hijos, con Estados Unidos.

Hay pruebas empíricas que confirman esa impresión. En 1992, un estudio realizado entre hijos de inmigrantes en el sur de California y el sur de Florida planteaba la siguiente pregunta: "¿Con qué te identificas; es decir, qué te consideras?" Ningún hijo nacido en México contestó "estadounidense", frente al porcentaje de entre un 1,9% y un 9,3% de los procedentes de otros lugares de Latinoamérica y el Caribe. Entre los hijos nacidos en México, el mayor porcentaje (41,2%) era el de los que se identificaban como "hispanos" y el segundo grupo (36,2%) el de los que escogían "mexicanos". Entre los hijos de mexicanos nacidos en EE UU, menos del 4% respondió "estadounidense", frente al 28,5%-50% de los nacidos de padres procedentes de otros lugares de Latinoamérica. En la inmensa mayoría de los casos, los niZos mexicanos no escogieron "estadounidense" como identificación fundamental (ni los nacidos en México ni los nacidos en Estados Unidos).

Desde el punto de vista demográfico, social y cultural, la reconquista del suroeste del país por los inmigrantes mexicanos está en marcha. No parece probable que se tomen medidas serias para unificar esos territorios con México, pero Charles Truxillo, de la Universidad de Nuevo México, predice que en 2080 los Estados del suroeste de EE UU y los Estados del norte de México habrán constituido la República del Norte. Algunos autores denominan a esa zona "Mexamérica", "Amexica" o "Mexifornia". "En este valle, somos todos mexicanos", declaró un antiguo comisionado del condado de El Paso (Texas) en 2001.

Esta tendencia podría consolidar las áreas de Estados Unidos con predominio mexicano en un bloque autónomo, cultural y lingüísticamente diferenciado y económicamente autosuficiente. "Tal vez estemos construyendo algo que obstruya el crisol", advierte el ex vicepresidente del Consejo Nacional de Información Graham Fuller, "una región y una agrupación étnica tan concentrada que no desee ni necesite asimilarse a la vida cotidiana (...), multiétnica y de habla inglesa". Existe ya un prototipo de esa región: Miami.

BIENVENIDO A MIAMI

Miami es la más hispana de las grandes ciudades en los 50 Estados de la Unión. Durante 30 aZos, los hispanohablantes (fundamentalmente cubanos) han ido estableciendo su dominio prácticamente en todos los aspectos de la vida de la ciudad y han transformado por completo su composición étnica, su cultura, su política y su lengua. La hispanización de Miami no tiene precedentes en la historia de las ciudades estadounidenses.

El crecimiento económico de Miami, impulsado por los primeros inmigrantes cubanos, convirtió a la ciudad en un polo de atracción para inmigrantes procedentes de otros países de Latinoamérica y el Caribe. En 2000, dos tercios de los habitantes de Miami eran hispanos, y más de la mitad, cubanos o de ascendencia cubana. Ese aZo, el 75,2% de los habitantes adultos hablaban una lengua distinta del inglés en su casa, frente al 55,7% de Los Ángeles y el 47,6% de Nueva York. En Miami, de los que no hablaban inglés en casa, el 87,2% hablaba espaZol. En 2000, el 59,5% de los residentes en Miami había nacido en el extranjero, frente al 40,9% de Los Ángeles, el 36,8% de San Francisco y el 35,9% de Nueva York. Ese mismo aZo, sólo el 31,1% de los residentes adultos decían hablar muy bien inglés, frente al 39% en Los Ángeles, el 42,5% en San Francisco y el 46,5% en Nueva York.

La revolución cubana tuvo enormes repercusiones en Miami. La clase dirigente y empresarial que huía del régimen de Castro en los 60 inició el espectacular desarrollo económico del sur de Florida. Como no podían enviar dinero a los suyos, invertían en Miami. El crecimiento de las rentas en esta ciudad fue, en promedio, de un 11,5% anual en los 70 y un 7,7% en los 80. En el condado de Miami-Dade, las nóminas se triplicaron entre 1970 y 1995. El impulso económico cubano convirtió a Miami en un motor económico internacional y provocó la expansión del comercio y las inversiones internacionales. Los cubanos promovieron el turismo internacional, que, en los 90, llegó a sobrepasar al turismo interior e hizo de Miami un centro fundamental en la industria de los cruceros. Grandes empresas estadounidenses de los sectores de la fabricación, las comunicaciones y los productos de consumo cerraron sus sedes para Latinoamérica en otras ciudades estadounidenses y latinoamericanas y las trasladaron a Miami. Surgió una pujante comunidad de habla hispana en las artes y el espectáculo. Hoy, los cubanos pueden afirmar con legitimidad lo que dice el profesor Damián Fernández, de la Universidad Internacional de Florida -"Nosotros construimos la Miami moderna"-, e hicieron que su economía haya sobrepasado a la de muchos países latinoamericanos.

Un factor clave en esta evolución fue la expansión de los vínculos de Miami con Latinoamérica. A la ciudad llegaron brasileZos, argentinos, chilenos, colombianos y venezolanos, y con ellos, su dinero. En 1993 se movieron en la ciudad unos 25.600 millones de dólares en comercio internacional, sobre todo relacionado con Latinoamérica. En todo el hemisferio, los latinoamericanos interesados por las inversiones, el comercio, la cultura, el espectáculo, las vacaciones y el narcotráfico empezaron a acudir, cada vez más, a Miami.

Esa posición tan destacada convirtió Miami en una ciudad hispana y dirigida por cubanos. Éstos, en contra de la tradición, no crearon ningún enclave inmigrante en un barrio concreto. Crearon una ciudad entera, con su propia cultura y su propia economía, donde la asimilación a la cultura estadounidense era innecesaria y, hasta cierto punto, indeseada. En 2000, el espaZol no sólo era la lengua hablada en la mayoría de los hogares, sino que además era la lengua fundamental en el comercio, los negocios y la política. Los medios de comunicación cada vez eran más hispanos. En 1998, una televisión en lengua espaZola alcanzó el primer puesto entre las más vistas por los habitantes de la ciudad, la primera vez que una cadena en lengua extranjera llegaba a ese puesto en una gran ciudad estadounidense. "Están al margen", decía un hispano triunfador a propósito de los no hispanos. "Aquí somos miembros de nuestra propia estructura de poder", presumía otro.

"En Miami no hay presiones para hacerse estadounidense", observa un sociólogo nacido en Cuba. "La gente puede vivir a la perfección en un enclave que habla espaZol". En 1999, los principales directivos del mayor banco de Miami, la mayor empresa inmobiliaria y el mayor bufete de abogados eran cubanos o de ascendencia cubana. Y también establecieron su dominio en la política. En 1999, el alcalde de Miami, el jefe de policía y el fiscal del condado de Miami-Dade, además de dos tercios de la delegación de Miami en el Congreso de EE UU y casi la mitad de su cámara estatal, eran de origen cubano. Tras el caso de Elián González, en el aZo 2000, el administrador y el jefe de policía de Miami, que no eran hispanos, fueron sustituidos por cubanos.

El predominio cubano e hispano en Miami convirtió a los anglos (y a los negros) en minorías marginadas y a las que, con frecuencia, se podía ignorar. Sin poder comunicarse con los funcionarios de la Administración y ante la discriminación que ejercían los dependientes en las tiendas, los anglos empezaron a darse cuenta de lo que uno de ellos expresa así: "Dios mío, esto es ser una minoría". A los anglos les quedaban tres opciones. Podían aceptar su posición subordinada y su marginación o intentar adoptar los modos, las costumbres y la lengua de los hispanos e integrarse en su comunidad; la "aculturación a la inversa", lo llamaron los estudiosos Alejandro Portes y Alex Stepick. O podían irse de Miami; y, entre 1983 y 1993, lo hicieron 140.000 personas, un éxodo que fue reflejado en una pegatina de coche: "El último estadounidense que salga de Miami, por favor, que traiga la bandera".

DESPRECIO POR LA CULTURA

¿Representa Miami el futuro de Los Ángeles y el sur-oeste de EE UU? Al final, puede que los resultados sean parecidos: la creación de una gran comunidad diferenciada, hispanohablante, con los suficientes recursos económicos y políticos para mantener su identidad hispana apartada de la identidad nacional de otros estadounidenses y, al mismo tiempo, capaz de influir en la política, el Gobierno y la sociedad del país. Ahora bien, es posible que los procesos que desemboquen en esos resultados sean diferentes. La hispanización de Miami fue rápida y explícita, y estuvo impulsada por motivos económicos. La hispanización del suroeste es más lenta e implacable, y está impulsada por motivos políticos. La afluencia de cubanos a Florida era intermitente y dependía de la política del Gobierno cubano. La inmigración mexicana, por el contrario, es continua, incluye un gran componente ilegal y no parece disminuir. La población hispana (es decir, sobre todo mexicana) del sur de California es mucho más numerosa que la de Miami en cifras absolutas, pero todavía no ha alcanzado su proporción, si bien aumenta a toda velocidad. Los primeros inmigrantes cubanos en el sur de Florida eran, en su mayor parte, de clase media y alta. Luego llegaron otras oleadas de clase baja. En el suroeste, la inmensa mayoría de los inmigrantes mexicanos son pobres, sin cualificar y con escasa educación, y sus hijos se enfrentan a condiciones similares.

Por consiguiente, las presiones para hispanizar el suroeste vienen de abajo, mientras que las del sur de Florida vienen de arriba. Aún así, a largo plazo, lo que importa son los números, sobre todo en una sociedad multicultural, una democracia política y una economía de mercado.

Otra gran diferencia radica en las relaciones de los cubanos y los mexicanos con sus países de origen. La comunidad cubana ha estado siempre unida por su hostilidad hacia el régimen de Castro; la comunidad mexicana ha tenido una actitud más ambivalente respecto al Gobierno de su país. No obstante, desde los 80, el objetivo del Gobierno mexicano es desarrollar la dimensión, la riqueza y el poder político de la comunidad mexicana en el suroeste de EE UU, e incorporar dicha población a la de México. "La nación mexicana se extiende más allá del territorio que delimitan sus fronteras", dijo en los 90 el entonces presidente mexicano Ernesto Zedillo. Su sucesor, Vicente Fox, llamó "héroes" a los emigrantes mexicanos, y se define a sí mismo como el presidente de 123 millones de mexicanos: 100 millones en México y 23 en EE UU.

A medida que aumentan en número, los estadounidenses de origen mexicano se sienten cada vez más cómodos dentro de sus valores y, a menudo, desprecian los de Estados Unidos. Exigen que se reconozcan su cultura y la identidad mexicana histórica del suroeste del país. Destacan y celebran su pasado hispano y mexicano, como ocurrió en 1998, en las ceremonias y festividades -a las que asistió el vicepresidente espaZol Rodrigo Rato- organizadas en Madrid (Nuevo México) para conmemorar la creación, 400 aZos antes, de la primera colonia europea en el suroeste, casi diez aZos antes de Jamestown.

Como informaba The New York Times en septiembre de 1999, la expansión hispana ha contribuido "a latinizar a muchos hispanos, a los que cada vez les cuesta menos reivindicar su pasado (...)". Hay un dato que anuncia el futuro: En 1998, "José" sustituyó a "Michael" como nombre más popular para los recién nacidos en California y Texas.

DIFERENCIAS IRRECONCILIABLES

Los estadounidenses de origen mexicano se identifican cada vez más con su cultura y su identidad. La constante expansión numérica fomenta la consolidación cultural y hace que los inmigrantes mexicanos ensalcen -en vez de reducirlas al mínimo- las diferencias entre su cultura y la estadounidense. Como dijo en 1995 el presidente del Consejo Nacional de La Raza: "Nuestro mayor problema es un choque cultural, un choque entre nuestros valores y los de la sociedad estadounidense". Después explicó la superioridad de los valores hispanos sobre los anglos. Igual que Lionel Sosa, un próspero empresario estadounidense de origen mexicano, que en 1998, en Texas, elogió a la nueva clase de profesionales hispanos que tienen aspecto de anglos pero cuyos "valores siguen siendo muy distintos de los de un anglo".

Desde luego, como ha seZalado el politólogo Jorge I. Domínguez, los estadounidenses de origen mexicano tienen una actitud más favorable hacia la democracia que los demás mexicanos. No obstante, existen "feroces diferencias" entre los valores culturales de EE UU y México, como observaba en 1995 Jorge CastaZeda (posteriormente ministro mexicano de Exteriores). CastaZeda citaba las diferencias en el ámbito social y económico, el carácter imprevisible, la concepción del tiempo simbolizada en el síndrome de maZana, la capacidad de obtener resultados rápidamente y la actitud respecto a la historia, expresada en "el tópico de que los mexicanos están obsesionados con la historia y los estadounidenses con el futuro". Sosa enumera varias características hispanas (muy distintas a las angloprotestantes) que "impiden el avance de los latinos": la desconfianza en la gente ajena a la familia; la falta de iniciativa, seguridad y ambición; la poca importancia que se da a la educación, y la aceptación de la pobreza como una virtud necesaria para entrar en el cielo. El autor Robert Kaplan cita a Alex Villa, un mexicano de tercera generación que vive en Tucson (Arizona) y dice que no conoce a casi nadie, en la comunidad mexicana del sur de Tucson, que crea que "la educación y el trabajo" son la vía hacia la prosperidad material y que, por tanto, esté dispuesto a "participar en EE UU".

Si continúa esta inmigración sin que mejore el proceso de asimilación, EE UU podría acabar siendo un país dividido en dos lenguas y dos culturas. Es el modelo que siguen algunas democracias estables y prósperas, como Canadá y Bélgica. Pero las diferencias culturales en esos países no son equiparables a las que hay entre EE UU y México, e incluso en esos lugares persisten las diferencias lingüísticas. No hay muchos canadienses angloparlantes que tengan el mismo dominio del inglés y el francés, y el Gobierno canadiense ha impuesto multas para conseguir que sus altos funcionarios hablaran los dos idiomas. Lo mismo ocurre en Bélgica. La transformación de Estados Unidos en un país como éstos no tendría por qué ser el fin del mundo, pero sí sería el fin del país que conocemos desde hace tres siglos. Los estadounidenses no deben dejar que ocurra, a no ser que estén convencidos de que esa nueva nación sería mejor.

Una transformación así no sólo revolucionaría el país, sino que tendría serias consecuencias para los hispanos, que estarían en Estados Unidos pero no serían de EE UU. Sosa termina su libro, El sueZo americano (Plume, 1998), con unas palabras de aliento para empresarios hispanos ambiciosos.

"¿El sueZo americano(en el artículo en inglés: "The Americano  dream?")?", pregunta. "Existe, es realista y está al alcance de todos".

Sosa se equivoca. No existe el sueZo americano. Sólo existe el American dream creado por una sociedad angloprotestante. Si los estadounidenses de origen mexicano quieren participar en ese sueZo y esa sociedad, tendrán que soZar en inglés.

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El artículo de Samuel Huntington en Foreign Affairs (1993) que dio origen a su obra El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial (Paidós, Barcelona, 1997), ha sido desde entonces, y sobre todo desde el 11-S, fuente de debate y controversia sobre un supuesto enfrentamiento entre la civilización occidental y el islam. Pero Huntington también hablaba de una civilización latinoamericana. Mexifornia: A State of Becoming (Encounter Books, San Francisco, 2003), de Victor Davis Hanson, de la California State University, predice también un dominio hispano a la Quebec que puede llevar a separatismos. Para consultar datos originales sobre la población hispana de Estados Unidos es imprescindible acceder a los últimos informes sobre la comunidad hispana de EE UU en la web de su Oficina del Censo (www.census.gov/pubinfo/www/multimedia/LULAC.html).Roger Daniels ofrece una historia reciente de la política de inmigración de EE UU en Guarding the Golden Door: American Immigrants and Immigration Policy since 1882 (Hill and Wang, Nueva York, 2003). El Centro de Estudios de Inmigración Comparativa de la Universidad de California-San Diego harealizado un estudio sobre las consecuencias de esta política, disponible en www.ccis-ucsd.org. Sobre la asimilación de los inmigrantes, ver Milton M. Gordon, Assimilation in American Life: The Role of Race, Religion, and National Origins (Oxford University Press, Nueva York, 1964). Richard Alba y Víctor Nee analizan los aZos 60 en Remaking the American Mainstream: Assimilation and Contemporary Immigration (Harvard University Press, Cambridge, 2003). El antropólogo
espaZol y experto en migraciones Tomás Calvo Buezas bucea en los problemas de la comunidad hispana de EE UU en 'PuertorriqueZos y otros hispanos: integración y desigualdad en una ciudad neoyorquina', en Muchas Américas: cultura, sociedad y política en América Latina (Editorial Computense/ICI-V Centenario, Madrid, 1990).

Sobre los problemas de la inmigración mexicana, consúltense los estudios incluidos en Crossings: Mexican Immigration in Interdisciplinary Perspectives (Centro David Rockefeller de Estudios Latinoamericanos, Harvard University, Cambridge, 1998), editado por Marcelo M. Suárez-Orozco. Sobre la negociaciones entre Estados Unidos y México en torno al problema de la inmigración, véase el informe del Pew Hispanic Center How many undocumented: The numbers behind the U.S. Migration Talks en www.pewhispanic.org. Otros aspectos de las relaciones entre EE UU y México se abordan en The California-Mexico Connection (eds. Abraham F. Lowenthal y Katrina Burgess, Stanford University Press, Stanford, 1993) y en The United States and Mexico, de Jorge I. Domínguez y R. Fernández de Castro (Routledge, Nueva York, 2001).

Samuel Huntington es presidente de la Harvard Academy for International and Area Studies y autor de El orden político en las sociedades en cambio, La tercera ola, El choque de civilizaciones y, en colaboración con Peter L. Berger, Globalizaciones múltiples, publicados en EspaZa por Ediciones Paidós. Extracto de ¿Quién somos?, cap. 9, Paidós, Barcelona (de próxima aparición). Copyright © 2004 Samuel Huntington.

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