Historia Inmediata


Ataque a EE.UU

 
El siguiente artículo fue publicado en el diario Panorama de Maracaibo, el 16 de noviembre de 2001.

Bombas y espejitos
Roberto López Sánchez

 La guerra en Afganistán tiene matices surrealistas, aunque ya prácticamente nada puede sorprendernos en este nuevo vuelto al revés. Los Estados Unidos están recurriendo al viejo truco de los conquistadores españoles, que en una mano les enseñaban los espejitos a los habitantes originarios de América, mientras escondían con la otra el arcabuz para dominarlos. Solo que en pleno siglo XXI la clásica trampa ha quedado algo obsoleta, muy difícil de ser considerada como válida por cualquier ser humano pensante. Te lanzamos algunas sobras de comida, y nos permites a cambio bombardear e invadir tu país; además, como somos muy buenos y tenemos una profunda sensibilidad social, vamos a adelantar un programa especial para atender a los niños que van a quedar huérfanos, que calculamos en miles, luego de que terminemos nuestra acción justiciera en el país de los infieles.

No es necesaria la atención para los huérfanos, de acuerdo con las agencias noticiosas, pues los bombardeos gringos en Afganistán están acabando con las familias completas, con hospitales, escuelas, oficinas de la ONU, y cualquier otro sitio que pueda albergar terroristas. No es una guerra entre civilizaciones, dicen ellos, pero es indudable que los muertos de Nueva York y Washington valen su peso en oro, mientras que los civiles afganos muertos, tan inocentes como los de Estados Unidos, no valen ni una locha para los razonamientos de la dirigencia norteamericana. Aquellos seres extraños, barbudos, con turbantes y velos en el rostro, que no hablan nuestro idioma ni profesan nuestra religión, que habitan territorios lejanos e inhóspitos, no importa que mueran.

Toda guerra genera muertes colaterales de civiles, afirman los líderes estadounidenses. Esos mismos argumentos les sirven a quienes organizaron los atentados del 11 de septiembre. Ellos podrían decir que la muerte de civiles inoentes "son efectos colaterales" en su enfrentamiento al imperio que domina el mundo globalizado. Con razonamientos así de parte y parte, estamos muy cerca de que alguien apriete el botón de las armas atómicas y la humanidad comience a autodestruirse.

Para rematar tanto desquiciamiento, le han dado a la ONU y a Kofi Annan el Premio Nóbel de la Paz. En medio de una guerra, ante la cual la ONU no ha adelantado gestiones contundentes para evitarla, y por el contrario le ha dado el visto bueno a los gringos e ingleses en su ataque contra Afganistán. Primera vez que se otorga el premio nóbel de la paz a los propiciadores o alcahuetas de la guerra. Alfred Nóbel debe estarse revolviendo en su tumba.

Los odios que están creando con este ataque indiscriminado contra el pueblo de Afganistán no se van a calmar en décadas, y servirán como aliciente de nuevas acciones terroristas. Combatir el terrorismo con terrorismo de Estado, genera más terrorismo. La única salida a todo esto es el cuestionamiento decidido a los guerristas, a los Bush y Blair, a los Aznar y Jospin, y sus lacayos latinoamericanos como Fox, De la Rúa, Pastrana y Toledo. Las sociedades de Europa y América deben levantarse contra los gobiernos que están desatando la guerra. Al mismo tiempo, hay que fortalecer vínculos con los sectores árabes y musulmanes que tampoco desean la guerra y rechazan al terrorismo, única forma de aislar a los fundamentalistas y fanáticos como el Talibán o Bin Laden. Pero esto no tendrá ninguna efectividad mientras sigan cayendo bombas en Afganistán y los judíos continúen negándole a los palestinos su derecho a poseer un Estado independiente. La humanidad está hoy en un cruce de camin
os, del que tomemos dependerá que nuestros hijos tengan futuro.