Historia Inmediata


Ataque a EE.UU

 
Apreciado historiador Carlos Barros: Todo indica que el orden mundial construido tan diligentemente para evitar las guerra, ha sido desbordado por la guerra misma. Solamente nos queda la esperanza de que finalmente la ética y la oposición de la opinión pública mundial pueda algún día frenar la alevosía del imperio. ¿Cuántos siglos ha que la modernidad pugna por la civilidad? Le envío para que lo difunda un fragmento de "Querella por la Paz" del holandés Erasmo de Rotterdam, tan significativo para el pensamiento español del siglo XVI. El texto fue escrito en 1517, pero su actualidad, no requiere discusión:
 
¿Y qué decir sino que, en estos tratos, aventajan en fiereza a las mismas fieras? No todas las bestias son pugnaces ni existe lucha sino entre alimañas de diversa especie. Esto ya lo dijimos más arriba, pero lo hemos de repetir para grabarlo con trazos más vivaces en la conciencias. La víbora no muerde a la víbora ni el lince despedaza al lince. Hay más: cuando las bestias luchan, hacénlo con las propias armas con que las armó las naturaleza; y a los hombres que nacieron inermes, ¡gran Dios!, ¿qué armas no les proporciona el enojo? Con máquinas infernales acometen los cristianos a los cristianos. ¡Quién va a creer que las bombardas son invención de los hombres? Tampoco las fieras se lanzan las unas contra las otras en manadas tan densas, para la mutua destrucción. ¿Quién habrá visto jamás a diez leones combatir con diez toros? ¡Y cuántas y cuántas veces veinte mil cristianos luchan a hierro contra otros cristianos! ¡Tanto cuesta dañar, tanto cuesta beber sangre de hermanos! Por lo común, las bestias monteses no acometen sino cuando el hambre o el celosos amor de sus crías les provoca la rabia. Y para los cristianos ¿qué injuria hay, por chica y venial que fuere, que no les ofrezca oportunidad para un zafarrancho? Si fuera la chusma quien hiciera tal, la ignorancia podría excusarla hasta cierto punto. Si fueran mozos, podrían disculparlos los naturales horrores de la sangre y la impericia de los años. Si fueren personas legas, atenuaría algún tanto la atrocidad del hecho la calidad de las personas. Pero, el caso es que, ahora vemos que las semillas de guerra proceden, en su parte más principal, de aquellas encopetadas personalidades cuyo consejo y templanza deberían acallar y sosegar los airados movimientos populares. El pueblo, objeto de desdén, el pueblo humilde es quien funda las ciudades brillantes, y luego de fundadas, las administra con acierto y moderación y, administrándolas, las acrecienta y enriquece. En estas ciudades gobernadas tan ejemplarmente, con pies atentados y cautos, se deslizan los sátrapas, quienes, a guisa de zánganos, devoran a hurto las adquisiciones de la industria ajena, y lo que la mayoría acumuló a copia de sacrificios y patriotismo desperdícianlo miserablemente unos pocos, y lo que con rectitud se estableció, con crueldad es echado al suelo.(Erasmo Querella por la paz, 1517)

Gustavo Quesada, Vicerrector Académico Universidad
Incca de Colombia