Historia Inmediata


Ataque a EE.UU

 
Cuando han pasado tres fatídicos meses desde el pasado ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 contra los Estados Unidos y la consecuente represalia militar contra el gobierno de Afganistán, nos cuestionamos acerca de la función y el papel activo que desempeña la historia en la más reciente actualidad. Experiencias "similares" fueron el ataque estadounidense contra Irak tras la invasión de Kuwait de hace unos diez años o la pasada guerra entre Israel y Palestina, ejemplos ilustrativos de como Occidente sigue manteniendo hoy una clara hegemonía sobre el Islam, basada en su éxito económico, los logros diplomáticos y su poder militar destructivo. Pero el listado de conflictos no se agota aquí, podríamos hablar de las dificultades de los inmigrantes ilegales en España procedentes del norte de África y la peculiar ley de extranjería, y otros tantos asuntos añadidos que, día a día, convergen en agravar más, si cabe, esta vorágine de intolerancia y violencia.

Ante esas circunstancias tan impactantes, asume especial significado la realización de un comentario acerca de los antecedentes históricos del "fundamentalismo histórico" puesto que toca de lleno el tema de las relaciones entre Islam y Occidente, vistas en esta ocasión a través de un viaje retrospectivo hacia el pasado. Desde los comienzos del Islam han existido movimientos fundamentalistas que han justificado una conquista del poder o su lucha contra lo establecido en una renovación religiosa: los jariyíes en el siglo VII, los almohades en el XII, los wahhabíes en el XVIII, los salafíes en el XIX, los hermanos musulmanes en el XX, o más concretamente los integristas talibanes en el XXI. Pero no es privativo del mundo islámico esta utilización política de la religión, que podemos asimilar a movimientos como el husita, los cátaros, calvinistas e incluso la actual teología de la liberación.

A su vez, lo que Occidente denomina temerosa o cínicamente, no se sabe muy bien, fundamentalismo, únicamente lo referencia a la cultura islámica. Movimientos y corrientes europeas que propician la misma violencia terrorista no son fundamentalistas, a pesar de que utilizan los mismos instrumentos y pretenden los mismos objetivos, si bien con ideología distinta. Así, se ha impuesto nuevamente otro más de los innumerables criterios de discriminación que el poder económico va "soltando" aquí y allá según su libre y arbitrario albedrío.

Esta determinación terminológica hace que habitualmente estemos acostumbrados a englobar en una misma definición conceptual términos como fundamentalismo, integrismo e incluso islamismo, conceptos que tienen significados distintos. Según Olivier Roy , el islamismo se presenta como movimiento sociopolítico fundado sobre el Islam, definido en tanto que ideología política y religiosa, mientras que el fundamentalismo engloba actitudes de retorno a las fuentes religiosas, supone una radicalización y, en general, el afán por volver a ceñirse a los textos fundadores de la religión, como si nada hubiera pasado en el lapso de tiempo transcurrido. A su vez, el integrismo se refiere a los grupos intransigentes que propugnan la inalterabilidad de las doctrinas.

Para el mundo occidental, en este momento y siempre, el enemigo es el musulmán. Osama Bin Laden en Afganistán, como lo fue el FIS en Argelia, Sadam Hussein en Irak, el régimen iraní, Gadafi en Libia... En realidad no tiene nada que ver si son o no fundamentalistas, lo que prioriza es el hecho de la necesidad de demonizar el mundo musulmán para poder mantener el dominio occidental sobre él. Tres meses después de los atentados, la represión del ejército estadounidense no ha servido más que para darle más fuerza y cohesión y para radicalizar sus posturas haciendo que se afiancen todavía más si es posible los grupos terroristas, pese a que, por otro lado, sea vea lícita esta actuación puesto que EE.UU y sus aliados tuvieron que iniciar la represalia militar por proteger en su territorio al instigador máximo de la catástrofe. Ante este panorama nos encontramos también con la aquiescencia de la prensa interna y externa. De hecho, hubo algunos periodistas que hablaron del enfrentamiento entre las dos civilizaciones como génesis inevitable de una Tercera Guerra Mundial. Al poco tiempo, políticos occidentales y musulmanes comenzaban a subrayar que el ideario asesino no debía identificarse con la religión islámica, parte importante de cuyos fieles vivían perfectamente integrados en la vida occidental y la respetaban...

Se aprecia claramente que en los países donde existe una apertura política, los grandes movimientos islamistas se han moderado e integrado en el juego democrático a lo largo del último siglo de nuestra historia (Turquía, Jordania, Marruecos, Kuwait). Y el juego democrático no es único y con unos valores únicos, básicamente se trata de mantener unas instituciones que permitan un juego político abierto. En definitiva, a Europa, en general, le costó grandes sufrimientos llegar a un sistema democrático, y los musulmanes tienen ese camino por delante, pero también es cierto que el Islam ha sabido adaptarse a contextos culturales muy distintos, y eso es algo que tienen ganado.

Concepción Villanueva Morte
Universidad de Zaragoza.
cvillanueva@posta.unizar.es