Grupo Manifiesto Historia a Debate


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Hace casi exactamente cinco años (y nueve meses después de la celebración del III Congreso de HaD) nuestro coordinador, Carlos Barros, difundió en este debate un intercambio de ideas conmigo acerca del problema del método hipotético (que yo había defendido en aquel congreso) para la construcción del nuevo paradigma historiográfico. Aunque Carlos difundió aquellos textos a modo de "envite", lo cierto es que no merecieron un solo comentario o respuesta. Desconozco las razones.

Pero sí sé que no podré asistir al próximo IV Congreso de HaD. Allí me habría gustado continuar reflexionando acerca de algunos de los problemas abordados en el citado intercambio y de otros, "nuevos", que a mi juicio se nos aparecen en el horizonte de la reelaboración del nuevo paradigma de la historia y también en la actual reescritura de nuestro Manifiesto. Así que no me resisto a exponer alguna reflexión, aunque sea de un modo informal, en esta discusión.

Uno de ellos es el asunto de la objetividad/subjetividad. La crisis de los paradigmas científicos, a la que tanto contribuyó Thomas Kuhn, y el amplio debate epistemológico suscitado desde los años 60 hasta hoy, ya señalaron el papel de la subjetividad en la producción del saber, y la imposibilidad de adoptar puntos de vista "objetivos". A esto deberíamos añadir las propuestas de Edgar Morin sobre el impacto de los errores del pensamiento, del intelecto y de la razón en la construcción del conocimiento científico.

A pesar de todo, sigue siendo muy común leer insistentes llamamientos a la objetividad de los historiadores en algunos de nuestros debates, y a su empleo en la escritura de la historia. Pero, cuando parece que aún no hemos digerido los retos de la crisis epistemológica de hace casi medio siglo, algunos nuevos postulados procedentes de la neurobiología o de la psicología vienen a destruir definitivamente esa ficción.

Así, el dominio de la subjetividad es tal, que la realidad, el mundo, y desde luego la historia no existen sin la memoria personal que, junto a otros elementos de la naturaleza humana (como las emociones), construyen particularmente el mundo, "su mundo", en cada sujeto. Un mundo, una experiencia, capaces de profundizar todavía más en la particularización (¿subjetivización?) de los individuos, hasta el punto de dar forma a las redes neuronales y al cerebro de cada persona. A la diversidad de historias investigadas, debemos añadir una inmensa variedad de historias percibidas.

En segundo lugar, este imperio de lo subjetivo viene a "resolver", curiosamente, uno de los debates estrella de nuestra comunidad el de los vínculos y límites entre el pasado y el presente. Pero no tanto en el objeto, en la historia, como en los sujetos, para quienes el presente no existe (y, por tanto, tampoco para la historia). Según la neurobiología realmente vivimos en y desde el pasado, lo que también vale para los historiadores. Hasta ahora admitíamos que nos aproximamos al pasado desde nuestras inquietudes y compromisos con el presente. Pero, ¿cuánto de nuestro "pasado subjetivo" está pesando en nuestras lecturas del presente? También lo sabíamos, pero ahora es bastante menos discutible.

Finalmente, y a mitad de camino entre la ciencia ficción y la filosofía de la historia, se hallan las implicaciones de la teoría de las cuerdas en la dinámica universal la hipótesis de los universos paralelos. Aunque no ha sido encontrada una sola evidencia sobre su viabilidad real, goza, sin embargo, de un gran predicamento entre la comunidad científica más avanzada. Esta especie de "macrosubjetividad", nos enfrentaría a un reto historiográfico esencial si existen multitud de "universos paralelos", ¿hay multitud de "historias paralelas"?

Abrazos a todos,

 

Domingo Marrero Urbín
Profesor de Secundaria
IES Lila, Gran Canaria



 

 

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