Grupo Manifiesto Historia a Debate


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[Nota: trabajo elaborado por Romina Daudé, para el asignatura "Metodología histórica e historiografía" en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Santiago de Compostela, curso 2009-2010. C.B.]

Reflexiones en torno al Manifiesto Historiográfico

El Manifiesto Historiográfico de Historia a Debate surge tras varios años de trabajo y reflexión que quedan plasmadas en dicho documento firmado, de manera simbólica aunque en tiempo cercano, el 11 de septiembre de 2001. Su intención principal pasa por asegurar un futuro mejor a la disciplina historiográfica, a la historia y, por extensión, a la historia como historia humana vivida. Por ello, se preocupará por la metodología y estudios que puedan contribuir a vislumbrar un nuevo paradigma historiográfico, habida cuenta de los cambios que están teniendo lugar en el campo histórico e historiográfico. Llamarle manifiesto no es algo inocente, pues se trata de una propuesta colectiva que quiere llamar a una nueva escritura de la historia atendiendo a los problemas actuales del siglo XXI, y pretende hacerlo de una manera original que tome en cuenta el consenso historiográfico gracias a la atención a los diálogos y debates sobre el nuevo pensamiento que quiere desarrollarse. El manifiesto nace así con la pretensión de explicitar sus intenciones como colectivo, y se concreta en 18 puntos breves, que nosotros intentaremos analizar.

Uno de los puntos que nos parecen más relevantes, y del que luego hablaremos más ampliamente, es que dicha propuesta se abre en diálogo con todo tipo de discursos, incluso aquellos que van en su contra, puesto que si debe concebirse como ciencia, dicha ciencia ha de ser no sólo crítica, sino auto-crítica. Este mismo punto resulta sugerente porque implica también un acercamiento hacia la interdisciplinariedad, tan necesaria para una época global. Éste global tomado como punto de partida no será entendido como
horizonte utópico, sino como posibilidad para hacer la historia.

Veamos, pues, los puntos con más detalle. Desde ya avisamos que no cabe esperar un análisis exhaustivo de todos los puntos, si bien todos ellos están recogidos, haremos especial mención de aquellos que nos parezcan más sugestivos o, al contrario, de aquellos con los que no estemos totalmente de acuerdo, ya sea por vía negativa o por una vía afirmativa de ampliación y mejora, si se diera el caso.

El punto I reza: “Ni la historia objetivista de Ranke, ni la historia subjetivista de la posmodernidad: una ciencia con sujeto humano que descubre el pasado conforme lo construye”. Veamos, si se pretende una historiografía nueva se debe actualizar los conceptos de ciencia e historia de la ciencia. Ranke entendía la historia bajo un cientifismo objetivo, que dejaba de lado al sujeto. Por otra parte, la posmodernidad abogaba por un subjetivismo total, en el cual “todo vale”. Esta dicotomía objeto/sujeto resulta crucial para entender la propuesta de HAD, quienes propugnan por un entendimiento de la ciencia pospositivista que permita una nueva teoría de la historia como “ciencia con sujeto”, aunando ambos polos, el humanístico y el científico. Así se nos dice que no sólo es conveniente, sino necesario, que ambas confluyan y actúen conjuntamente para así afianzar esta ciencia con sujeto. Hay que destacar de este punto que se refiere también a un ámbito colectivo del sujeto-historiador.

En el segundo punto se busca una nueva erudición en un sentido ligado al primer punto: una nueva erudición que sobrepase aquellos límites historiográficos del siglo XIX y que hemos visto fracasar. Esto puede traducirse en una innovación (otro de los puntos importantes del manifiesto) en cuanto a fuentes y documentos, una adaptación a los tiempos (como con internet), y sobre todo, un tener en cuenta la pluralidad de fuentes, lo que siempre es señal de una mayor objetividad. Queremos tratar aquí una cuestión que se recogió en “Defensa e ilustración del Manifiesto historiográfico de Historia a Debate”, y es que en dicho punto se conjugan la palabra “nueva” con “erudición” (de evidentes tintes tradicionales, positivistas y acumulativos), lo cual no concuerda plenamente con el espíritu del resto del manifiesto. La relación entre historiadores y fuentes resulta contradictoria tras la lectura de los dos primeros puntos, y es por el motivo que acabamos de señalar. Las líneas de investigación deben ser revisadas, y están aún por construirse. Lo harán en la medida en la que el nuevo paradigma que se pretende vaya desarrollándose. Se reclama, por lo de pronto, un papel más activo por parte del historiador para con las fuentes. De esta forma, la vinculación con el sujeto-historiador sería más directa, y concordaría mejor con el punto I del manifiesto.

“Recuperar la innovación” es el título que encabeza el punto III, y que refiere a la necesidad, ya antes mencionada, de nuevos métodos, líneas de investigación, que se adapten a los nuevos tiempos. Ésta es la forma de no quedar como disciplina obsoleta. La nueva historiografía debe atender a la realidad y responder a ella. Hay que recuperar la innovación como un valor académico deseable, frente a las viejas posturas academicistas que miran sólo las fuentes, se reivindica la originalidad, la creación, como propios de una ciencia nueva en crecimiento. Esto aunaría mejor la práctica historiográfica con la teoría que se está proponiendo. Para ello, como se trata también en otros puntos, es necesaria la interdisciplinariedad, la atención global y comunitaria, enriqueciendo, de esta forma, el saber humano conjuntamente. Podemos traducir esto en una mayor participación en la creación del paradigma, a través de la red, por ejemplo, insertándonos de lleno en el campo global, en lo comunitario. Como también se tratará después, la fragmentación, heredada de la posmodernidad y el positivismo, es un asunto a evitar.

Entramos así en el punto IV, que versa sobre la interdisciplinariedad. Pero ésta en un doble sentido: el común, yendo a otras disciplinas para buscar allí también fuentes, inspiraciones, datos, y uno específico, que se refiere a la propia disciplina, y que pretende el refuerzo de ésta. Mención especial, habida cuenta de su actualidad, tienen las nuevas tecnologías. No se trata, desde luego, de una dependencia de una disciplina con respecto a la otra, es decir, dependencia de la historiografía a las ciencias de la naturaleza, sólo supone una mpliación.

“Nuestra alternativa es avanzar, en la práctica historiográfica, nuevas formas de globalidad que hagan converger la investigación histórica atravesando espacios, géneros y niveles de análisis”. El punto V manifiesta su rechazo hacia la fragmentación, habida cuenta del mundo global en el que vivimos, y pese a las tradiciones de tendencia fragmentaria, resulta conveniente un punto de partido de visión global, no como “horizonte utópico” sino como posible realidad. Se trata de uno de los grandes objetivos de HAD que imbrica a las demás propuestas: el poder realizar una historia global, objetiva-subjetiva, una historia mixta de géneros historiográficos. La convergencia, a fin de cuentas, de diferentes métodos y aplicaciones. Ésta relación va también a nivel historiador-sujeto en forma de colectivos, es una llamada a su integración para dicha realización, sin prejuicios ni élites, para poder así avanzar y no retroceder. Se debe discutir, debatir, repensar las cuestiones relacionadas a la historia, viendo los métodos más eficaces, y asumiendo así un compromiso. Un compromiso que, como se dice en Defensa e ilustración del “Manifiesto historiográfico de Historia a Debate”, es un “Compromiso supremo que determinaba la función del historiador o del científico social que quería ir con su tiempo”, y nuestro tiempo está sufriendo transformaciones por la globalización.

Como tarea historiográfica se presenta, pues, la necesidad de indagar en el propio historiador, teniendo en cuenta que él influye en los resultados de las investigaciones. Se plantea este estudio de manera teórica y práctica, es decir, en cuanto a lo que dicen y, también, hacen. Por otra parte está la mención a los conceptos kuhnianos de “paradigma”, “revolución científica” y “comunidad de especialistas”. Conceptos éstos que serán aplicados, aunque con matiz diferente, como enseguida veremos. Kuhn entendía la revolución científica como periodos en los que se producía una ruptura total con el paradigma científico anterior, y se organizaba una nueva comunidad de especialistas en torno a presupuestos y creencias totalmente distintas. Had toma este concepto de nuestro autor entendiéndolo como ruptura con el paradigma anterior pero incluyendo parte de dicho paradigma que se deja atrás. Es decir, concibe dicha revolución como novedad, pero en parte como deudora de la anterior, habida cuenta que de ella recibirá influencias, bien vengan éstas por su vía negativa, o dicho de otro modo, indicándoles como no dirigirse. Pero ésta asimilación de lo viejo exige un reacondicionamiento al nuevo paradigma, nunca es tomado tal cual fue, sino no sería un nuevo paradigma. Dicho nuevo paradigma que pretenden desde Had deberá ser capaz de innovar y a la vez asimilar de forma reacondicionadora aquello proveniente de las tradiciones a la nueva epistemología de la disciplina según el nuevo paradigma.

La historia, como decíamos, está cambiando. Por ello, la historiografía debe adaptarse a los nuevos cambios que ésta sufre. Y como lo que ocurre es que se está viviendo una globalización, lo oportuno sería que a historia se allegase hacia una historia de envergadura global. Es decir, se propone un desfocalizacion historiográfica que responda a la globalización. Un medio para ello, que ya tanto hemos mencionado, es internet, por sus grandes cualidades democráticas y de fácil acceso. Esto mismo se nos expone en el punto VII del manifiesto, siguiendo la línea del mismo.

Coherentemente con dicha democratización de algunos medios, conviene que el historiador, entonces, pueda actuar más autónomamente (punto VIII), es decir, que no dependa exclusivamente de las tendencias de editoriales, poderes específicos, modas en cuanto a corrientes, etc. Y que pueda, entonces, expresarse autónoma y críticamente, en un ámbito de historia inmediata no necesariamente dictado por las influencias. Que el historiador alcance dicho estatus es condición sine qua non para el desarrollo del paradigma, y para que éste obtenga su lugar en el siglo XXI. Sin ello, se ponen en juego la existencia de la propia disciplina y su posible continuación. Formas de evitar esto podrían ser el reunirse en comunidades (como Had) de intercambio de opiniones, asumiendo compromisos éticos y sociales, y utilizando medios alternativos de difusión e información, como el que constituye internet, por ventajas que ya hemos comentado.En el punto IX del manifiesto se aboga por potenciar nuevas corrientes historiográficas, de forma que se eviten casos en lo que no se da la autocrítica. Reconocer tendencias es, de esta forma, una manera de ser autocríticos, dejando espacio a la existencia de otras corrientes, pues en ningún momento la intención del manifiesto es ser dogmática, así como ya explicamos que tampoco se interesa por un conocimiento fragmentado ni único, y es por ello por lo que propone el debate y el diálogo libre. Así mismo, si la disciplina no goza de dicha crítica y autocrítica, pueda entonces verse sometida por otras disciplinas u ámbitos académicos, anulando de esta forma el crecimiento de la historiografía según el nuevo paradigma.

A colación de este último apartado introducimos el punto X del manifiesto. Puesto que la disciplina debe intentar mantenerse autónoma como tal, debe traer consigo un carácter innovador y creador. Pero esto no significa, como ya dijimos anteriormente, que se quiera hacer tabula rasa. Es decir, la tradición está ahí, y mientras lo que se reciba de ella pase por el filtro del nuevo paradigma, ajustándose a sus premisas, no tiene porque ser obviada. Por ejemplo, el marxismo y el neopositivismo son tradiciones necesarias para poder construir el nuevo paradigma. Somos lo que somos en gran parte por la revolución historiográfica del siglo XX.

El punto XI representa el de las nuevas tecnologías. Como hemos hablado de ello en todo el trabajo, y así lo seguiremos haciendo, por ahora sólo queremos destacar que en el manifiesto se señala que son una vía idónea para el proyecto, pero que eso no significa que deban sustituir a los viejos medios y fuentes. Ambos son necesarios.

Y con las nuevas tecnologías, nuevos usuarios. Éstos estén quizás más familiarizados con ellas, lo que resulta de gran ventaja a la hora del relevo generacional que se trata en el punto XII. Lo que no puede saberse es si dicho relevo supondrá el afianzamiento del paradigma o un retroceso. En numerosas conferencias el profesor Carlos Barros ha comentado que se sorprende en sus clases al ver alumnos jóvenes con tendencias conservadores en cuanto a la historia. Este riesgo existe, y es por ello por lo que la historia que se enseña hoy en día, la que se debate, de la que se da ejemplo, pondrá su grano de arena en cuanto a la futura historia que se realice. La educación, sea universitaria o preescolar, se vuelve de vital importancia para la consecución de una historiografía merecida, y la responsabilidad de los educadores es la llave.

“Es esencial para el historiador pensar el tema, las fuentes y los métodos, las preguntas y las respuestas, el interés social y las implicaciones teóricas, las conclusiones y las consecuencias, de una investigación.” Es necesaria, como se señala en el punto XIII, una mayor coherencia de los historiadores entre lo que hacen y lo que dicen, puesto que los dobles discursos son algo poco recomendable para el proyecto. Esta coherencia entre teoría y práctica resulta difícil de llevar, habida cuenta la herencia metodológica que nos ha llegado, pero puede ser posible, teorizando el investigador empírico, probando y experimentando el teórico. Éstas medidas harían más coherente a la disciplina. Por otra parte, medida fundamental para poder escribir la historia nueva, garantizando que los hombres del mañana puedan construir una existencia libre y mejorada. Una especie de “nueva ilustración” como declara el manifiesto, nueva ilustración que aúne los diferentes campos teórico-prácticos, y que haya aprendido de los errores del pasado. Todo esto a colación del punto XIV en el que se habla de fines de la historia, y de lo que rescatamos lo que ya decíamos: que el futuro está abierto.

Como punto XV se nos alienta a que se reivindique la historia, dirigido sobre todo a historiadores, pero también a un público general, que puede reconocer el valor ético de la historia para la vida y la humanidad. La historia forma las conciencias de los individuos, y en manos de los historiadores está que éstos sean más conocedores de la relevancia que tiene la historia para su futuro. Por ello los educadores de historia deben comprometerse también con sus estudiantes, preocupándose no sólo de publicar artículos de prestigio, sino de concienciar a sus alumnos, así como de entender la situación laboral que les toca, y que es síntoma de un deterioro en la concepción de la historia que debe ser superado, sobrepasando las barreras que limitan lo técnico de lo teórico, la cultura, etc.

Este compromiso puede extenderse como un compromiso académico respecto a la sociedad y a la política. Así mismo debe gozar de características críticas que nos lleven a pensar positivamente en el futuro. Recogemos un fragmento del punto XVI del Manifiesto historiográfico que merece ser reproducido íntegro por su claridad y contundencia:

“El nuevo compromiso que preconizamos es diverso, crítico y con anhelos de futuro. El historiador y la historiadora han de combatir, desde la verdad que conocemos, aquellos mitos que manipulan la historia y fomentan el racismo, la intolerancia y la explotación de clase, género, etnia. Resistiendo, desde el conocimiento del pasado, los futuros indeseables. Cooperando, y rivalizando, con otros científicos sociales y humanistas, en la construcción de mundos históricamente mejores, como profesionales de la historia, pero también como ciudadanos.”

En la misma línea de universalidad está el siguiente punto, en el cuál se hace hincapié en la doble relación pasado-futuro y presente-futuro. Es decir, el historiador debe tener en cuenta, aunque escriba sobre el pasado, el presente; y sí escribe sobre el presente, sobre una historia más inmediata, debe igualmente tener en cuenta el pasado. Hasta aquí nada raro entre dichas relaciones pasado-presente. Pero ahora, creemos, debe hacerse hincapié en la relación también beneficiosa pasado-futuro. Es decir, pasada la moda del fin de la historia, ésta se presenta más libre que nunca, y por ello el historiador debe mirar su construcción presente en aras de un futuro mejor, puesto que “edificar el futuro sin contar con la historia nos condenaría a repetir sus errores, a resignarnos con el mal menor o a edificar castillos en el aire.”

La nueva historiografía que propugna HAD dependerá sobre todo de los avances que se produzcan en la globalización, así como en internet y en la sociedad en general. El nuevo paradigma que proponen quiere garantizar, desde un conocimiento tanto del pasado como del presente, una globalización alternativa que posibilite una mejor vida humana en todos los mundos, puesto que por suerte la preponderancia paradigmática ya no tiene por qué estar en manos de los poderes de comunicación usuales, se presenta el manifiesto como una propuesta de democratización, liberación, inclusión de los distintos países, sin importan que éstos sean ricos o pobres. Es importante, como señala el texto a continuación citado, la pluralidad de valores que esto supone, y que de alguna manera constituye una nueva forma de hacer historia global, una historia que, además, debe mirar hacia el futuro.

“Historia a Debate es parte activa de este proceso transformador: queremos cambiar la historia que se escribe y coadyuvar a cambiar la historia humana (…) si bien hay planteamientos que (…) nos parecen ineludibles para condicionar críticamente el nuevo paradigma en formación: el conjunto plural de valores y creencias que va a regular nuestra profesión de historiador en el nuevo siglo.”

Por último, unas consideraciones finales en cuanto a las novedades o virtudes que aporta el manifiesto y la comunidad Historia a Debate con respecto a la historiografía:

Se aboga por una visión multilateral y multidisciplinar de la realidad. Es decir, se echan abajo los viejos dogmatismos simplistas que interpretan la realidad bajo un solo foco epistemológico. Los fundamentos son múltiples, y en pleno siglo XXI es conveniente no perder de vista este hecho.Así mismo, es una comunidad que realmente puede ser llamada comunidad, en el sentido de que no se cierra a un grupo de especialistas que comparten las mismas ideas y preceptos, sino que se abre al diálogo libre con cualquier tendencia u opinión sobre la cuestión. Esto, además de indicar una postura abierta y con metas de mejorar y crecer, muestra también que se da una perfecta integración entre los distintos países, comunidades y que, entre todos, puede crearse un producto fructífero, bien sea apoyando dicha comunidad, bien entrando en debate con ella. En ambos casos, sin duda, todos salen ganando. Y lo que es más importante, gana la humanidad en cuanto los especialistas se esfuerzan en adaptarse a la nueva historia para entenderla, la del pasado, la del presente, la que puede venir y así, a fin de cuentas, entender al hombre, no sólo al historiador, sino al hombre en general. O por lo menos acercarnos. Desde luego, la vía no sería, como decíamos, una visión dogmática y simplista de la realidad.

Por otra parte, los temas abordados, comparando con las tradiciones historiográficas, empeñadas en fragmentar su estudio en específicos ámbitos, resultan numerosos y abundantes: la difusión, el encuentro, el choque son, creemos, elementos inevitables para generar cualquier disciplina que esté a la altura de nuestro siglo. Además, Historia a Debate “combate” el espíritu pesimista y permisivo de la posmodernidad, y no con una razón fuerte y todo poderosa, sino por medio de un diálogo que ayude a establecer unos preceptos básicos.

Así, a modo de resumen, vemos que aportan líneas de investigación mixtas, nuevas, que deben integrarse en las ya conocidas, ya sea en cuanto a temas, metodologías, articulando siempre pasado-presente y futuro, innovando en las fuentes y los medios al incluir las nuevas tecnologías pero, sobre todo, merece un especial reconocimiento el hecho de que mediante la red estén impulsando a la reflexión y el debate, tan necesarios en nuestra época, y que, además, es el punto de contacto con otras disciplinas, de manera que, si el proyecto es impulsado con fuerza, las perspectivas de futuro parecen llevarnos hacia un nuevo paradigma no sólo adaptado a las necesidades del siglo XXI, sino que además beneficioso para éste.



 

 

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