Grupo Manifiesto Historia a Debate


 Opiniomes

 
Una familia de tantas: los hilos de la historia

 
Boris Berenzon Gorn

 
A Elvira Báez, con amor
Preámbulo
 
Perdónenme por acudir al lugar común, “¡Que familia la nuestra!” Y perdonen el narcisismo yaque a mi edad, se puede confundir con otras cosas…de creer que soy único y no me doy cuentade que así son todas las familias, pero la verdad es que no sé si me gusta la familia en laque me toco nacer, y permítanme el abuso de hablarles de ella.
 
Clío es una musa escurridiza, que funde la pasión por el saber con la razón de entender el conocimiento del pasado, de la que nace la historia y la historiografía occidental, y amor con amor se paga. Heródoto está considerado como el padre de la Historia, su trascendencia vamás allá de la simple narración de hechos. Su obra estaba escrita en dialecto jónico, y mástarde fue dividida por los gramáticos de Alejandría en nueve libros que tomaron el nombre delas nueve musas de la mitología griega: Calíope, Clío, Talía, Euterpe, Terpsícore, Melpómene,Erato, Urania y Polimnia. Todas ellas, hijas de Zeus y Mnemosine. Estas musas eranconsideradas como las protectoras de las artes, la memoria y la astronomía. Luego Cicerón,convierte a  la historia en “la maestra de la vida”; la marca como si la historia tuviera lacapacidad de juzgar por si sola, de dar lecciones vitales, cuando ésta es la interpretaciónde los historiadores, que evidencia que la historia es histórica, y así la familia pugna porsiglos entre las herencias de lo objetivo y lo subjetivo: el positivismo, el materialismohistórico, el historicismo, la Escuela de los Annales, la historia cultural, la microhistoriaitaliana, el giro lingüístico y el giro hermenéutico. En todo este proceso, el bienestar deleclecticismo se ajusta a la crisis paradigmática de la cultura, cómodo por pragmático yfuncional, pero intrascendente para la cultura y para la reflexión sobre el pasadohasta llegar a la pugna actual entre la posmodernidad contra el neopositivismo en la que nosencontramos, digamos pues la disyuntiva familiar hace eco, no la creatividad homérica, lapugna entre la metonimia y la metáfora para pensar el pasado, cuando en realidad se trata deencontrar una nueva ciencia con sujeto y por ello con un método sólido, así Historia a Debate como el grito romántico, enérgico del adolescente, del joven aquel del mayo francés de 1968, que tomaron la palabra, nos convoca en todas sus aportaciones a trascender que no a olvidar a la familia, y resignficarnos como historiadores.
 
Historia a Debate, es un grupo internacional de historiadores que se organiza utilizando el
concepto contemporáneo de organización en red. Su coordinador es Carlos Barros, de la
Universidad de Santiago de Compostela, figurando en su Consejo Consultivo, entre otros,
Bartolomé Clavero, Hubert Watelet, Sergio Guerra, Norma de los Ríos, Norman Simms y el que esto escribe. Desde 1993 se han realizado tres Congresos Internacionales y un Manifiesto (2001), donde se presenta como una renovación metodológica del materialismo histórico, la escuela de Annales y otras propuestas del siglo pasado, además de incluir proposiciones nuevas sobre retos nuevos que la revolución historiográfica del siglo XX” no pudo prever en el tiempo en que estuvo activa.
 
Intentamos practicar una historiografía de paradigmas, superando la historiografía positivista, reintroduciendo el estudio de las corrientes colectivas en la evolución del conjunto de la disciplina, condicionada -y condicionante- a su vez por los diferentes contextos históricos.
 
Consideramos que tanto en historia como en historiografía, la descripción es necesaria pero no suficiente, pretendiendo profundizar en la explicación de la hegemonía y los cambios de las formas de escribir la historia, incluyendo las tendencias más recientes y la recuperación de la memoria histórica.
 
Los síntomas
 
Una vez más las bestias de la reyerta hicieron cabriolas el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, mostrando el tan anhelado “choque de las civilizaciones” y los cargados vientos de un capitalismo agotado, ansioso del deseo. e impulsores de lo que Slavoj Žižek cuando nos convoca al desierto de lo real, y hace un elogio de tolerancia como un concepto desgastado, teórica y prácticamente, es un señuelo del capitalismo. Es un hecho bien conocido nos dice Žižek, que el botón de “Cerrar la puerta”, en muchos ascensores, es un placebo sin utilidad; dispuesto en el lugar sólo para darle a los individuos, que no a los sujetos, la impresión de que significan de algún modo, contribuyendo a la urgencia de la expedición del ascensor cuando apretamos ese botón, la puerta se cierra exactamente al mismo tiempo que cuando apretamos el botón que indica el piso sin “concluir” el proceso por el hecho de apretar también el botón de “cierre la puerta”. Este caso extremo de falsa participación, es una apropiada metáfora de la participación de los individuos en nuestro proceso político “postmoderno”… por supuesto, la respuesta postmoderna a esto sería que el antagonismo radical emerge sólo a medida que la sociedad es aún percibida como totalidad ¿no fue acaso  Adorno quien dijera que contradicción es diferencia bajo el aspecto de identidad?
 
El abanico del tiempo, se movió para recordarnos una vez más que siempre habrá un día “cero”, un día “D”, un antes y un después; para hacer patente la decepción e impotencia de nuestras viejas sociedades e hicieron patente las heladas aguas del terror que siempre han deambulado en las luchas del poder desde que el tiempo es tiempo.
 
Estos monstruos abrieron sus fauces y desde hace algunos años, se pasean intimidatoriamente por las calles; atacan desde la violencia, de modo activo, pero también y sobre todo por omisión que produce un panorama siniestro: aquello que debiera ser acobijado se transforma en persecutorio o tal como lo mostró el grito desfigurado de Mr President: “Si no están con nosotros, están con el terrorismo”, No es así, no oigamos el alarido perverso. Yo, nosotros, si sabemos de matices, ni con ustedes ni con el terrorismo; con el anhelo de la equidad, de la igualdad y los derechos humanos; del equilibrio del mundo. Diciendo no a la espiral de la violencia pero aceptando que no todo es tolerable. Que en palabras de Adolfo Sánchez Vázquez, hasta la tolerancia tiene límites.

 
Esto coexiste con los síntomas inmediatos de una globalización mal entendida: desocupación, expulsión del sistema económico, pauperización, lo cual conduce a la imposibilidad de toda idea de futuro, en un nivel individual y colectivo.
 
Entonces ¿cómo se presenta la comunidad de historiadores ante este movimiento que oscila entre la catástrofe y la creación?, ¿cómo afecta al trabajo de percepción e interpretación del pasado, del presente y del futuro?
 
El reto consiste en psicopatologizar y sociologizar los fenómenos históricos que se hacen presentes. Lo hemos vivido a lo largo del tiempo, sin que vayamos a un pasado remoto pensemos en las guerras mundiales, el holocausto, los movimientos de 1968 o 1989.
 
Diversas intermediaciones anudan el lazo entre psique y sociedad ­registro identificatorio, ideales e imaginarios-. Estos son siempre un destino socialmente impuesto para la sublimación de las pulsiones, objetos obligados de la sublimación, de fin del conocimiento en abyección del saber.
 
La cultura, transmitida a través de las instituciones educativas, tiene lugares de control para estructurar ideológicamente las formas del conocimiento: esto hace que la cuota de malestar, producida por el control del saber,  haga aparentemente “tolerable” el pensamiento que no crítica y tiende a ser poco certero; de esta forma, la cultura cumple una función de amparo, a partir de las figuras de lo semejante.
 
La cultura cambia dramáticamente si consideramos la existencia de una sociedad en la cual ha caducado su función de cobijo y protección, como la nuestra instalada en un más allá del malestar en la cultura. Ahora, una vez más se pone en duda el deseo y quedamos sorprendidos ante el incremento del goce en la misma, llevándola al extremo insoportable y al sinsentido de lo social.
 
Cuando esto ocurre, se puede producir una fragilización importante del ser. Pueden tener lugar dos problemas que son solidarios: al permeabilizarse las fronteras, puede alterarse la diferenciación yo/no yo, adentro/afuera y entre instancias del pensamiento además, el depósito de lo mortífero que se realizaba en las instituciones se ve impedida, de modo que la pulsión de muerte queda libre y reaparece el malestar de la cultura en tanto que no se ofrece un lugar para el sujeto y exige su afánasis, el malestar en la cultura forma parte también del imposible de gobernar.
 
Por eso podemos pensar que, en el estado actual de nuestra cultura, todos somos potencialmente sociedades limítrofes: se produce una suerte de estado de acotamiento artificial; los bordes del pensamiento  ­entre instancias y entre la imaginación y la realidad­ se alteran, se fragilizan, produciendo fallas en la tramitación del mundo pulsional/deseante e identificatorio.Las derivaciones de esta situación son múltiples.
 
Al respecto, quiero resaltar una de las consecuencias de la desestructuración social, Es notable cómo puede fecharse el origen de ciertos daños sociales a partir de los eventos de fines del 2001.
 
Il.-La “afánisis”en la historiografía
 
La afánisis ha merecido dos consideraciones que resaltan: la de Ernest Jones y la de Jacques Lacan. El término proviene del griego aphanisis, y quiere decir invisibilidad, desaparición.

 
Para Jones se encontraría en la base de todas las neurosis, por provenir de una prohibición
paterna: “Ninguna satisfacción sexual es permitida”, resulta curioso ver simbólicamente como hace casi una década,  los aviones trataron de hacer una afánasis de esas torres del capitalismo.
 
Esta amenaza de una extinción de la sexualidad llevaría a tener que renunciar al objeto deseado, o bien al propio sexo.
 
Para Lacan, se trata más bien de la desaparición del sujeto mismo: el sujeto puede temer la
desaparición futura de su propio deseo. De tal suerte de que la estructura lleva necesariamente a que el objeto, y el sujeto, sean lo mismo, se confundan, siempre en caída, la afánasis es estructural del sujeto.
 
Esa es la modernidad desde Sade y ése es el malestar, ni la cultura puede dar auxilio al “ello”, a la desaparición del deseo, o a su evaporación lisa y llana, un desvanecimiento/desaparición del sujeto. Se trata de la presencia del pánico al deseo del Otro, no existe un miedo mayor o que puede llevar a desear que exista un Amo del Deseo.
 
Lo anterior se encuentra potenciado por el actual estado de nuestra cultura, y la fragilización a la cual arroja al pensamiento veamos el sutil ­y seguramente incompleto­ entramado que lleva a esta consideración.
 
Hoy sabemos que las catástrofes sociales potencian el accionar del amo del goce y del deseo, y que éste actúa prohibiendo el deseo. A mayor desgracia, mayor sentimiento de culpabilidad, por mayor tensión; digamos, de paso, que este sentimiento de culpabilidad es señalado como uno de los mayores obstáculos para la vida en sociedad porque la culpa nos muestra que se ha realizado un deseo y por lo tanto uno esta dispuesto a ir a otra cosa.
 
Esta dialéctica llevaría a lo señalado anteriormente: dejar de desear o miedo a dejar de desear, por la imposición de una prohibición al deseo. En el primer caso se superpone con un desvanecimiento del sujeto, ya que en el humano su condición de deseante es esencial: somos deseo en tanto nos hemos originado a partir del deseo del Otro.
 
La afánisis del sujeto, se manifiesta actualmente como temor a la pérdida o directamente como abandono de lazos amorosos, estudios, vida social, produciendo en muchos casos aislamiento: la base es el mencionado, miedo a desear.
 
Las bestias están sueltas en la realidad social y, como pulsión de muerte liberada. Lo que se produce es un miedo al deseo, a amar, miedo a Eros, por amenaza superyoica: hace que el sujeto desaparezca, se desvanezca, se vaya.
 
Lo que, en círculo, lleva a un miedo a dejar de desear o sin más, a extinguir el deseo, lo que implica un eclipse del sujeto. Un efecto que suele acompañar este estado es la resignación, que es resignación del deseo amoroso, de lazos, proyectos; también la indiferencia, el aburrimiento. Podemos avanzar un poco más. Si falla la función de acobijamiento, esto significa que nos hemos quedado sin Otro, sin lugar en su deseo. Sufrimos, por así decirlo, las consecuencias de la afánisis del Otro, es decir, que el subrogado de los objetos, da las espaldas a la mayor parte de la población. Esto produce catástrofes no sólo sociales sino individuales.
 
Un significado de Historia a Debate
 
Desde los bordes sociales y psíquicos a los cuales han sido arrojados los sujetos, también es posible la creación de nuevas formas. Para los historiadores implica el reto de llevar adelante su práctica en medio de la más absoluta incertidumbre sobre su presente y futuro (al igual que el común de la población) obligados a crear nuevas formas para esa práctica y también para la teoría social.
 
Se sabe que los individuos nos ubicamos socialmente de acuerdo con el Tiempo-Espacio de Wallerstein, en que nos toca vivir. Desde el análisis retrospectivo se ha llegado a esbozar la idea de que el sujeto actual no es el mismo que el de siglos pasados, ya que su posición está determinada, en parte, por la historia.
 
Es a partir de esta enseñanza que es posible pensar acerca de los significantes que marcan a un sujeto y que conforman lo que podríamos llamar: la subjetividad de una época. Cada época tiene un discurso que le es propio y cada generación produce significantes que la representa. La propuesta de Historia a Debate es y será sin duda alguna unos de los signos de nuestros tiempos. Así, ante la crisis de 1989, tuvo vigencia el nihilismo del fin de la historia. Fue hasta el año 2001 en el que un grupo de historiadores, iniciamos el siglo contestando desde una honesta esperanza que apuesta al valor de la palabra del sujeto. Por ello propusimos lo que bien podrían llamarse acuerdos mínimos.
 
Acuerdos mínimos:
 
De esta manera llegamos hoy al tan golpeado”sistema mundo”, síntoma y símbolo de nuestro tiempo, presentando por tercera ocasión las actas de Historia a Debate, arropados por la sombra de Carlos Barros, y la suficiencia de la Universidad Nacional Autónoma de México. Días de emoción, por razones estrictamente familiares, que me hacen recordar mi tan añorado Buenos Aires, y la primera presentación en la que participé, y como diría el tango:
 
¿cómo habrá cambiado tu calle Corrientes su facha Esmeralda, tu mismo arrabal
 
El viaje, en todas sus acepciones, fue entrañable, platiqué horas y horas con Carlos Barros
quién ya lucía después de un rato de estar en Argentina, un melodioso aire porteño, que
competía con su tozudez gallega y discutimos y soñamos varias veces sobre el Manifiesto; el sentido de éste, lo mismo en Buenos Aires, que en toda Hispanoamérica, resultó en la propuesta primogénita del mundo hispanoamericano.
 
Redescubrí a un Carlos apasionado por construir el nuevo paradigma de la historia desde la conciliación, la crítica y una madura inclusión; así llegamos a la hermosa provincia de Entre Ríos, yo le insistí en hablar de acuerdos mínimos de adhesión, frase que se antojaba abierta pero incierta, inacabada como lo es el manifiesto mismo, con ello, se cumplía el deseo de muchos de nosotros, seguir adelante aceptando que algo habíamos logrado; pagando la imposibilidad de desear. Allí se adhirió al diálogo la dulce y profunda crítica de Amelia Galetti y de otros muchos colegas argentinos. ¡Y sí! Vaya que han hecho una maravillosa aportación a la discusión a ritmo milonga.
 
Hoy, Historia a Debate, es la red más solida de las discusiones teóricas y metodológicas de la historia, ha sido ampliamente firmada por cientos de historiadores y presentado por lo menos 15 veces, lo mismo en España, que Estados Unidos,  Alemani, Guatemala, México, Ecuador, Perú, Colombia, Argentina, Noruega por mencionar solo algunos, probablemente el Manifiesto se ha presentado con buen éxito en promedio más de una vez al mes en un año.
 
¿Acuerdos mínimos? Sí, 18 tesis ontológicas, éticas epistemologías y metodológicas
 
A continuación presento cinco bloques que muestran las preguntas de fondo que pueden surgir de las tesis del Manifiesto que han girado por todo el mundo dando más consenso en torno a la historia y que siguen siendo el pretexto inicial que construirá, a mi juicio, los cimientos del nuevo paradigma histórico de este siglo:

 
•    Tesis epistemológicas
El Manifiesto aborda las alternativas de los mecanismos históricos. ¿Cuáles son los mecanismos de la historia (leyes, factores, motores, tendencias, fuerzas en movimiento)? se
pregunta si ¿Existe la esencia interior del fenómeno histórico? ¿Cuáles son las razones del devenir histórico (evolución, progreso, regresión, cambio o ninguno)?

 
•    Tesis metodológicas
Entramos en los enigmas de la estructura de la historia,. ¿Cuál es la conexión entre los mecanismos históricos y la estructura de la historia? (temporal y atemporal) ¿Cuál es la estructura temporal de la historia humana? ¿Cómo se estructura temporalmente el devenir humano? (épocas, estadios, formaciones, niveles; axis, centros y bifurcaciones)  ¿Qué puede ser “el fin de la historia”, la posmodernidad y sus fuentes y cuáles son su significado? ¿En qué consiste la estructura atemporal de la historia humana? (geográfica, nacional, cultural, religiosa, política, social, económica, tecnológica) ¿Cuáles son los principales elementos de la estructura atemporal de la historia? (continentes, civilizaciones o sociedades, naciones o Estado-naciones, cultura, mundos, tipos socioculturales)

 
•    Tesis ontológicas:
Los problemas en el significado de la historia. ¿Cuál es la dirección general de la realización de los mecanismos históricos? ¿Cuál es el principio para la estructura temporal de la historia? (secuencia, círculo, espiral, evolución, progreso, regresión, crecimiento, desarrollo)  ¿Cuál es el principio para la estructura atemporal de la historia?  ¿Existe el sentido de la historia?, ¿cómo deberían de ser las relaciones de un individuo, sujeto o comunidad respecto de los hechos históricos, cambios y procesos?; ¿Existe un sentido de la historia o hay muchos sentidos de la historia? ¿Cómo pueden ser revelados, creados o formulados el ó los sentidos de la historia? ¿Pueden éstos cambiar? ¿Cuál es la dirección general de estos cambios?

 
•    Tesis ontológicas y metodológicas
Los rompecabezas de la autodeterminación en la historia. ¿Cómo puede cualquier sujeto (individuo o comunidad) revelar su lugar, papel, estatus, o posición en el contexto de la historia humana? En otras palabras ¿cómo puede cualquier sujeto determinar o identificar su pasado, su presente y su futuro? ¿Existen faltas históricas, méritos históricos o misiones históricas?, ¿podría ser alguien moralmente responsable de las faltas o los méritos de sus ancestros, o debería seguir realizando la misiones de éstos?
 
•    Tesis éticas
Los dilemas pragmáticos. ¿Es posible para cualquier sujeto determinar, revelar, o establecer sus valores (ideales, necesidades, preferencias, actitudes, principios, normas) sobre la base del conocimiento científico y la comprensión filosófica de la historia? o bien, ¿cómo puede ser usado el conocimiento científico a partir de la aceptación de una ciencia con sujeto y la comprensión filosófica de la historia en el devenir humano?; para abordar entonces, ¿cuáles son los principales temas éticos para la solución de los problemas antes señalados?
 
Firmemente sigo creyendo, a una década de la aparición del Manifiesto, que solamente la discusión académica de fondo, frente a la apatía, las inercias del discurso del amo, y las críticas simplistas, baste con citar aquellos que dicen que los historiadores dedicados a la historiografía o a la teoría, somos como esos seres que se pasan mirando el ombligo, para no ver el resto de su cuerpo. En contra de estas visiones, la discusión académica puede y debe permitir la aprehensión de los valores éticos de los historiadores del siglo XXI.
 
Pero no gocemos, como aquéllos que convocan al amor y ya que lo tienen se asustan y huyen de la pasión, porque es generosa y compromete, seamos consecuentes, asumamos el reto:
 
Propongo que Historia a Debate se convierta en una escuela, porque no es una asociación simple de individuos sino una escuela, no participa de los fines solo institucionales porque no es una empresa más de adoctrinamiento superyoica ni un pretexto político, sin perjuicio de que cada uno de sus miembros se comprometa en la empresa política que le parezca más digna de ello, a conciencia, como sujeto advertido, sin atribuirse la representación de los demás y sin descargar sobre una dimensión institucional la responsabilidad de su acto. Una escuela, que pretende, como tal, caracterizarse por una forma en la transferencia y producción del saber propio de la historia, un saber no sabido en la experiencia singular y una exploración del marco teórico en el que deviene el Manifiesto a partir de los límites en que nos deja la enseñanza de las anteriores tendencias historiográficas, retomada y reformulada y reinventada por nosotros desde una perspectiva latina. Un estilo en el que hay una preocupación por los textos heredados para a partir de ello, producir un suplemento de discípulos que al retomar la estafeta generacional no se reduzcan a ninguna imitación. Quién desee poner a prueba si se es ó no consecuente con ese objetivo, dispone de las producciones de las página Web de Historia a Debate y de los tomos de de los congresos de sus miembros e, incluso, del tono de esta intervención. Seguramente podrán descubrir que muchos de los miembros no están, o no estamos, a la altura de esos objetivos. En efecto, ser miembro de Historia a Debate, no garantiza para nada una posición consecuente con el estilo que se pretende producir y transmitir. Actualmente con alrededor de tres mil  miembros, cantidad suficiente para que la escuela no esté amenazada como siempre de caer en una heterogeneidad exagerada o en un elitismo pedante. En la práctica, se podrá comprobar hasta qué punto cada miembro incurre en esas desviaciones o persevera en la dirección que esos objetivos le proponen.
 
Saludos cordiales,
Boris Berenzon Gorn
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad Nacional Autónoma de México

 


 

 

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