Grupo Manifiesto Historia a Debate


 Opiniomes

 
En relación a la nota de los coordinadores Carlos Barros e Israel Sanmartín del 20/10/03, Chile 21. Como voy a referirme al papel del historiador en la historia del presente, les sugiero a los Coordinadores que esta nota vaya a la lista Chile - para no discontinuar con quienes venimos participando; y si lo estiman conveniente al tema XVII “¿Es posible una historia inmediata?” o  XVIII “Historia y objetividad”.

Comparto la preocupación en cuanto a no sólo incluir temáticas del presente (HI) sino mejorar su tratamiento, abordándolo desde el oficio de historiadores, con la misma seriedad y búsqueda de formación específica que para el estudio de otros momentos de los procesos históricos. A raíz de la problemática planteada en la lista CHILE, quisiera retomar un debate que a mi juicio está postergado, aunque fue planteado en el 2ª Congreso de H a D (1999) del cual participé atraída justamente por la inclusión de estos temas: la historia del presente y el compromiso de los historiadores y la relación entre historiadores y el poder. Por eso presenté la ponencia “Enfoque historiográfico para explicar el presente” (publicada en el Tomo I de Actas) y participé en uno de los paneles donde se dio tratamiento a estas problemáticas. Va mi autocrítica por no haberme preocupado lo suficiente para volcar al foro virtual  mis puntos de vista aunque mi compromiso con este proyecto estuvo en  la presentación que hice en Buenos Aires y sendas Jornadas en la U.Nacional de Rosario (octubre de 2002) cuyos contenidos  sigo sosteniendo en la actualidad.

Acerca del “consenso”. Un foro de historiadores comprometidos con la historia del presente puede llegar a ser una herramienta que ayude a la humanidad a encontrar soluciones a los graves dilemas actuales. Pero no podemos desconocer que hay historiadores y demás científicos comprometidos en mantener el orden existente. En el mundo actual, van quedando cada vez más claramente delineados un campo que lidera el poder político de los Estados Unidos que busca aliados y los encuentra entre cabezas de grupos financieros, ciertas organizaciones políticas y demás aparatos de poder; y por otro lado miles de millones de humanos que estamos perjudicados y avasallados nuestras vidas, libertades, derechos conquistados. ¿Ejemplos?: la brutal invasión a Afganistán e Irak , el bloqueo a Cuba, la participación comprobada en la trama siniestra de los golpes militares en América Latina, el chantaje en la formación de la llamada “deuda externa”, las imposiciones sobre pueblos y gobiernos para ceder soberanías, etc.etc.etc. Hay conceptos que forman parte de la teoría científica de la historia que permiten descubrir cómo operan ciertos mecanismos históricamente creados. Capitalismo, como producto histórico que llegó a hacerse global hacia comienzos del siglo XX al adoptar la forma de imperialismo, con  grandes monopolios de capital financiero transnacional y sus necesarias políticas agresivas como punta de lanza para conquistar mercados, territorios físicos, comerciales, culturales y financieros, etc. La teoría permite explicar la raíz profunda de las luchas sociales, que aún con diversas formas y contenidos, y con distintos actores según el caso, van mostrando los esfuerzos de los pueblos por obstaculizar, frenar los atropellos, defender posiciones y por encontrar soluciones políticas.

Buscando explicaciones pude dar con la teoría científica y con esa herramienta trato, no sin dificultades, de ir escudriñando la complejidad y diversidad de los procesos históricos del presente. Mi desvelo ­que es compartido por muchos colegas de ésta y otras especialidades-  es contribuir a  explicar cómo los humanos llegamos a esto que es el planeta hoy  y cómo podemos superarlo. Estimulada por las nuevas generaciones de jóvenes estudiantes que preguntan más y más y que muestran sus ansias de futuro mejor, sigo teniendo imaginación y no han logrado hacer que me conforme con un status quo ni menos con el fin de la historia. Decir que hay dos campos no es simplificar y reducir la complejidad del problema. Las divisiones dent ro del poder financiero transnacional son grandes. Pero me preocupan las divisiones (económicas, étnicas, religiosas, culturales, etarias, de género, etc que aparecen a veces todavía irreconciliables y que en muchos casos son fomentadas artificialmente),  entre los humanos que en distinta medida sentimos cómo nos afectan la falta de derechos o la reducción de los mismos. Por esto, en mis investigaciones sobre la Historia del Presente ocupan un lugar central no sólo las políticas de los grupos de poder sino los discursos que utilizan para encubrirlas. En este sentido creo que si bien podemos dialogar con quien queramos incluyendo a los intelectuales del poder, es necesario conocer sus fundamentos, -no sólo las diatribas que nada aportan- sino sus intereses, aunque habrá que descubrirlos porque raramente se encuentran explicitados o expuestos en documentos. El intelectual orgánico a los grupos de poder financiero de la globalización imperialista tiene un doble compromiso: conocer la realidad como es, pero buscar las maneras de esconderla con discursos falaces. No pueden hacer público efectivamente cuál es el fundamento de sus análisis y de sus políticas. Eso es parte de las investigaciones que deben realizar los intelectuales del campo popular, en muchos casos arriesgando su vida. Y a falta de ellos, las experiencias de millones de personas va logrando conocimiento por el método de ensayo y error y se va construyendo una memoria colectiva del despojo y los atropellos y la identificación de quienes o cuáles son responsables. En el Manifiesto de H a D, hay varios puntos que orientan el trabajo historiográfico para la H.I.….”Tomar en consideración las dos subjetividades que influyen en nuestro proceso de conocimiento, agentes históricos e historiadores, es la mejor garantía de objetividad de sus resultados, necesariamente relativos y plurales, por lo tanto rigurosos". Los historiadores, docentes  o investigadores, somos "agentes históricos", seamos o no concientes de ello. Sin embargo para  aclararnos el papel histórico de nuestra producción, nos debemos la pregunta ¿agentes de qué?¿qué efectos producimos con nuestra obra? ¿a quién beneficia y a quién perjudica lo que hacemos o dejamos de hacer como historiadores? ¿se busca un provecho propio? ¿cuál? ¿económico, prestigio académico individual o de la institución a la que pertenece o la que paga? ¿ganar una discusión? ¿se dispone de libertad para elegir el tema de investigación o es según los condicionamientos de tal o cual beca, plan de investigación, requisitos de organismos internacionales, etc. etc?.  Formulo estas preguntas acerca del Sujeto (ver el Manifiesto) como guía metodológica y acepto, además, que implican una postura filosófica acerca del conocimiento, que sostiene la relación dentro de una unidad dialéctica Sujeto- Objeto. Las "subjetividades" del historiador, son históricas, (no genéticas, no abstractas, no invariables). Se constituyen en un proceso donde actúan una multiplicidad de factores inscriptos en un marco histórico, que hasta resulta imposible llegar a conocer en su totalidad; pero es más difícil aún si uno no los busca como requisito metodológico.

Quisiera que viéramos colectivamente el uso de ciertos términos que no es la primera vez que aparecen en nuestra lista: se habla de "actitud inquisitorial" o de "policía secreta". o cosas por el estilo. Nadie duda que todos los que estamos en esta lista y muchos millones que no están, figuran en las listas de los servicios de inteligencia de nuestros países y de los Estados Unidos particularmente. Porque ellos están tratando de identificar a sus "enemigos", los que, según  Bush " se oponen a los intereses de los Estados Unidos"; y quien más quien menos, la mayoría somos "terroristas" en su original definición del término. Ellos utilizan muy eficazmente hasta ahora un concepto que tratan de que nosotros rechacemos: lucha de clases. Los mismos que hoy realizan un riguroso control de vida y milagros de cada uno de sus ciudadanos y de quienes quieren viajar a Estados Unidos son quienes nos hacen adoptar posturas “democratistas", “pluralistas" en abstracto, ingénuas, acerca de que cada uno tiene opiniones valederas aunque no explicite los fundamentos ni la metodología para elaborarlas; porque de lo que se trata es de encontrar "consensos".

Con los posturas teóricas metodológicas que estoy expresando es que me interesó saber de dónde podían provenir las "opiniones" que se iban volcando en cada tema del foro de H a D. Porque la cuestión no empezó con Chile sino que la lista sobre Cuba se anuló por cosas parecidas, que no permitieron avanzar en el conocimiento de esa experiencia histórica. A pesar del interés que muchos tenemos por conocer, nos quedó trunco ese debate. Se abrió el de Chile, con una larga presentación de un colega venezolano (el 12/09/03) el que fue rápidamente llevado a la discusión blanco/ negro, a favor o en contra (no voy a explayarme porque todos tuvimos los correos con el curso que siguió la cuestión). Saber que este Sr. Carvajal escribía desde una Universidad de la Marina de Chile, -tal como lo exponía un portal de Web más explícito que el actualizado el 25 de octubre-, me aclaró el panorama. Porque es muy distinto intercambiar conocimientos con alguien que participa en H a D para avanzar en el conocimiento colectivo, que con alguien comprometido con uno de los aparatos de poder del estado cuya participación en el proceso chileno acerca de su papel en el derrocamiento del presidente constitucional Salvador Allende se conoce bastante bien.

En el Tema XXIII “acerca de H a D y los anónimos” se empezó a pedir que las notas se firmen y se indique la institución de pertenencia. Se supone que es precisamente para saber quién escribe. Creo que mi búsqueda que resultó novedad para muchos,-primero a mí misma-  no es más que una actitud propia de quien asume la cuestión de la sociología del conocimiento. Lamento que no esté más difundida esta disciplina científica porque nos ahorraría tiempo y nos permitiría encarar mejor nuestros debates, aún sin excluir de la lista a nadie. Con la Marina de Chile o la de mi país, me interesaría por ejemplo que explicaran por qué impulsaron las políticas que les señaló el poder financiero transnacional, qué dificultades tuvieron, que contradicciones encontraron, qué balance hacen acerca de su distanciamiento con los intereses nacionales y populares; si siguen manteniendo las mismas políticas u otras en defensa de los mismos o distintos intereses, etc. etc. Es claro que abrir este debate sería difícil, si no imposible; pero si no, nada nos aportan calificativos tirados a diestra y siniestra.

Quienes nos preocupamos por conocer lo que pasa para transformarlo en el sentido que los pueblos lo están intentado de mil maneras, entendemos que es necesario saber qué intereses defienden concientemente o no ciertos intelectuales, más allá de todo sus títulos, etc. No me lamento de haber buscado qué era esta Universidad Marítima de Chile ni de haberlo hecho conocer a los co- listeros. El problema que se suscitó nos muestra en qué medida estamos imbuidos de un discurso “oficial" que nos dice que debemos ser plurales, que todo vale, si somos "educados" y no nos insultamos en aras de lograr “consenso”.

Caracterizo que las luchas del mundo actual no son sólo batallas físicas, militares sino que son batallas por las ideas. Si no, veamos por ejemplo el discurso de Bush en cuanto al papel de los dioses y los demonios en la historia. Es obvio que Bush no puede poner en claro, explicitar, qué intereses defiende. Quienes tratamos de descubrir los mecanismos del capitalismo en sus formas actuales, por los cuales pequeños grupos financieros se apoderan de las riquezas que  los pueblos generan, no tenemos por qué tapar nuestro compromiso con la verdad, nuestro estímulo a que sigamos buscando caracterizaciones cada vez más ajustadas a la realidad en movimiento. No comparto posturas que sustentan que basta con una yuxtaposición de "opiniones" en aras de lograr "consenso". Porque esa visión abstracta oculta que la sociedad humana está escindida entre los poderosos que defienden sus intereses por la guerra y los genocidios más aberrantes y los millones de víctimas que todavía no aciertan a encarrilar el proceso en otra dirección.

En el Manifiesto dice "tratar de no caer en el radical subjetivismo". Para esto debemos evitar convertirnos en opinadores, abandonando nuestra calidad de historiadores,  pues le estaríamos haciendo el juego a los poderosos intereses del sistema. Debatir  precisamente este tema del “consenso”, quizás nos ayude a encarar y resolver situaciones como las que se dan ahora en la lista Chile. En el Punto II… "la verdad histórica" (está) en manos de "la comunidad  de historiadores". Este es el sustento del tan mentado "consenso". No creo que el criterio de verdad esté "en el consenso de los intelectuales". A eso nos condujeron los Popper y los Kuhn y muchos seguidores algunos de los cuales no se han puesto a pensar en el conocimiento como "agente histórico" como decíamos al comienzo. Creo que el criterio de verdad sigue siendo la práctica, los cambios en la materia social que evalúan, que experimentan y que logran en la práctica millones que no son historiadores. Se apela "a la comunidad de especialistas por su poder decisorio" ¿Qué es la comunidad de especialistas si no llevamos a fondo la discusión acerca de qué intereses estamos de endiendo y representando? En Cap. VIII leemos "recuperar la autonomía crítica de los historiadores y de las historiadoras respecto de los poderes establecidos para decidir el cómo, el qué y el por qué de la investigación histórica nos exige reconstruir tendencias, asociaciones y comunidades que giren sobre proyectos historiográficos, más allá de las convencionales áreas  académicas”…   Creo que aquí se esboza la necesidad de ser profundos en nuestros debates con respecto a los poderes establecidos. Interesa ver cómo sus ideas de pluralismo, democratismo, subjetivismo, igualitarismo han prendido en vastos sectores de la intelectualidad privados de herramientas para pensar reflexivamente.

No comparto que se deba buscar "consenso” acerca del conocimiento. Sí, en ca mbio, se pueden ir acercando análisis, ver el objeto de conocimiento desde distintos lugares, ir afinando el conocimiento que se tiene, porque el conocer es un proceso. “Consenso” en todo caso sería posible sobre posturas políticas de quienes tuviésemos intereses comunes, seguramente amplia gama posible de coincidencias coyunturales o estratégicas, que también ameritan ser analizadas y construidas.

En la medida que vayamos aproximando aportes al conocimiento de lo real, y vayamos encontrando las mejores herramientas de análisis que nos permitan encontrar las formas de destrabar las tramas que generan las guerras, las hambrunas, las barbaries de esta civilización, se hará posible ir encontrando consensos políticos, pero no ya sólo entre los historiadores sino entre los pueblos de cada país, de cada región, del mundo. Es una tarea histórica, no es producto de un deseo individual. Comparto la búsqueda de …."actitudes solidarias indispensables para contrarrestar otros compromisos académicos con los grandes poderes económicos y políticos, mediáticos y editoriales. Contrapeso vital para conjurar una virtual escisión de la escritura académica de la historia respecto de las mayorías sociales que financian con sus impuestos nuestra actividad docente e investigadora".,. "El historiador y la historiadora han de combatir, desde la verdad que conocemos, aquellos mitos que manipulan la historia y fomentan el racismo, la intolerancia y la explotación de clase, de género, etnía, . Resistiendo desde el conocimiento del pasado, los futuros indeseables”  (del Manifiesto de H a D)

Saludos fraternales

Irma Antognazzi.  Docente titular de Problemática Histórica. Facultad de
Humanidades y Artes Universidad Nacional de Rosario. Argentina.