Grupo Manifiesto Historia a Debate


 Opiniones


Se publicará en la revista "Historias de la Ciudad" (Buenos Aires), nº15, mayo 2002.

“HISTORIA   A   DEBATE”
Reportaje a Carlos Barros 

Por Luis O. Cortese

 

Nos encontramos en el ámbito de un  viejo coloegio de los jesuitas en el barrio antiguo de esta maravillosa ciudad gallega de Santiago de Compostela, sede de la Facultade de Xeografía e Historia de la Universidad local, con el profesor Carlos Barros, docente de Historia Medieval y, vaya paradoja, creador, conductor e impulsor de una innovadora red en Internet, destinada a vincular historiadores, profesionales o no, estudiantes y personas interesadas en el tema,  de diferentes países, en gallego, castellano, portugués, inglés y francés: HISTORIA A DEBATE (HaD).

Los temas al alcance de los historiadores de todo el mundo son innumerables, y van siendo propuestos tanto por los organizadores como por los mismos participantes. Día a día se recibe en las casillas de E-Mail los términos con que los integrantes de la red van haciendo llegar sus opiniones.

La historia inmediata; la guerra civil española; los problemas argentinos y latinoamericanos; la enseñanza de la historia; etc., son algunos de los muchos temas donde es posible “engancharse” y hacer llegar una opinión. No importa cuál sea ésta, en la medida en que sea respetuosa de las divergencias.

 

¿Cómo valoriza HaD la Historiografía digital?

Las nuevas tecnologías revolucionan el acceso a las fuentes de la historia, desbordando las limitaciones del papel, lo que a su vez posibilita nuevas comunidades globales de historiadores.

Internet es una poderosa herramienta contra la fragmentación del saber histórico, una forma interactiva de transmitir información instantánea de manera horizontal a una gran parte del mundo.
La historiografía digital debe ser complementada con libros y demás formas convencionales de investigación, difusión e intercambio académicos, y viceversa. No va a reemplazar, en consecuencia, las actividades presenciales y sus instituciones, pero forma parte, de  manera creciente, de la vida académica y social real.

La generalización de Internet en el mundo universitario y en la sociedad, así como la educación informática de los más jóvenes, impondrán esta nueva historiografía como factor relevante de la inacabada transición paradigmática entre los siglos XX y  XXI.

 

¿Qué espacio pretende ocupar HaD en este momento?

Ser parte activa de este proceso transformador: queremos cambiar la historia que se escribe y coadyuvar, de esta forma, a cambiar la historia humana.

Según evolucione el debate historiográfico y la historia más inmediata, nuestras propuestas recibirán más o menos consenso académico, las variaremos o no según interese, si bien hay planteamientos que, aun siendo por el momento minoritarios, nos parecen ineludibles para condicionar críticamente el nuevo paradigma en formación: el conjunto plural de valores y creencias que va a regular nuestra profesión de historiador en el nuevo siglo.


¿Estaríamos frente a un nuevo paradigma para los historiadores del siglo XXI?

La historiografía depende de los historiadores y de la historia inmediata. El cambio de paradigmas que proponemos desde 1993, cabalga sobre los cambios históricos iniciados en 1989. Si bien, entre diciembre de 1999 (Seattle), julio de 2001 (Génova) y febrero de 2002 (Porto Alegre), se observan los inicios de un movimiento sin precedentes contra los estragos de la globalización, que busca ya alternativas al modelo de sociedad para el futuro: el pensamiento único es ahora menos único.

No es fácil entrever que nos depara el mañana pero hay razones para la esperanza. Todos debemos colaborar.

 

¿Qué es el MANIFIESTO de HaD?

      Después de ocho años de contactos, reflexiones y debates, a través de congresos, encuestas y últimamente Internet, hemos sentido la urgencia de explicitar y actualizar nuestra posición en diálogo crítico con otras corrientes historiográficas, asimismo desarrolladas en la última década del siglo XX:

(1)                   el continuismo de los años 60-70

(2)                   el posmodernismo

(3)                   el retorno a la vieja historia, la última "novedad" historiográfica.

Estamos viviendo una transición histórica e historiográfica de resultados todavía inciertos. HaD como tendencia historiográfica quiere contribuir a la configuración de un paradigma común y plural de los historiadores del siglo XXI que asegure para la historia y su escritura una nueva primavera.

A tal fin elaboramos 18 propuestas metodológicas, historiográficas y epistemológicas, que presentamos a los historiadores del mundo para su debate y, en su caso, adhesión crítica y posterior desarrollo.

 

¿Quiénes han participado de la confección del Manifiesto historiográfico?

Un conjunto de historiadores de nivel internacional, que forman parte de diversas instituciones: Jérôme Baschet, École des Hautes Études en Sciences Sociales de París y Universidad de Chiapas, San Cristóbal de las Casas, México; Boris Berenzon, UNAM, México D. F.; Micheline Cariño, Universidad de Baja California Sur La Paz, México; Francisca Colomer, Instituto de Enseñanza Secundaria de Murcia; Amelia Galetti, Instituto de Enseñanza Superior, Paraná, Argentina; Sergio Guerra, Universidad de La Habana, Cuba; Elpidio Laguna, University of Rutgers, Newark, New Jersey, USA; Germán Navarro y Gonzalo Pasamar, de la Universidad de Zaragoza; Juan Paz y Miño, Pontificia Universidad Católica, Quito, Ecuador; Eugenio Piñero, University of Wisconsin, Eau Claire, USA.; Norma de los Ríos, UNAM, México (D. F.); Reinaldo Rojas, Universidad Pedagógica Libertador, Barquisimento, Venezuela; José Javier Ruiz Ibáñez, Universidad de Murcia; Israel Sanmartín, Instituto Padre Sarmiento, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Santiago de Compostela; Juan Manuel Santana, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria; Cristina Segura, Universidad Complutense, Madrid; Miguel Somoza, Universidad Nacional de Educación a Distancia, Madrid; Guillermo Turner, Dirección de Estudios Históricos, Ins. Nac. de Antropología e Historia, México (D. F.); Luz Varela, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela; Francisco Vázquez, Universidad de Cádiz y José Giraldo Vinci de Moraes, Universidade Estadual Paulista, Sâo Paulo.  Hoy, seis meses después de su redacción en setiembre de 2001, contituímos el Grupo Manifiesto 104 historiadores de 17 países.


¿Qué rol otorga el Manifiesto a las fuentes en la investigación histórica?

Somos partidarios de ampliar el concepto de fuente a la documentación no estatal, a los restos no escritos de tipo material, oral o iconográfico, a las “no-fuentes”: silencios, errores y lagunas que se han de valorar procurando la objetividad en la pluralidad de las fuentes.

La historia se hace con ideas, hipótesis, explicaciones e interpretaciones, que nos ayudan además a construir/descubrir las fuentes, incorporando las aportadas por la historia de las mujeres, la historia oral, la historia ecológica, la historia mundial/global y otras novedades, así como la nueva historiografía que está naciendo en Internet.

Una nueva erudición que, reconociendo que el necesario trabajo empírico no decide la verdad histórica más que a través de las comunidades de historiadores, que nos permita vencer el "giro positivista" y conservador a que nos ha conducido la crisis de las grandes escuelas historiográficas del pasado siglo, y que amenaza devolver nuestra disciplina al siglo XIX.


¿Es necesario recuperar el concepto de la innovación?

Urge un nuevo paradigma que recobre el prestigio académico y social de la innovación en  métodos y temas, en preguntas y en respuestas, en la originalidad de las investigaciones. Una historiografía que mire hacia adelante y que devuelva al oficio el entusiasmo por la renovación y por los compromisos historiográficos.

Brotarán nuevas líneas de investigación si pensamos con nuestra propia cabeza: considerando que nada histórico nos es ajeno; avanzando mediante el mestizaje y la convergencia de métodos y géneros; llenando los odres viejos con vino nuevo, desde la biografía hasta microhistoria; prestando atención a las necesidades científicas y culturales, sociales y políticas de una sociedad en profunda transformación. La historiografía del siglo XXI precisa de enfoques innovadores si no quiere convertirse, como la mujer de Lot, en estatua de sal.


¿Debe el historiador del siglo XXI valorar el enfoque interdisciplinario?

La nueva historiografía debe acrecentar una interdisciplinariedad equilibrada: hacia adentro de la comunidad de historiadores, reforzando la unidad disciplinar y científica de la historia profesional; y hacia afuera, extendiendo las alianzas más acá y más allá de las ciencias sociales clásicas.

Es menester tender puentes que comuniquen el vasto archipiélago en que se ha convertido nuestra disciplina en las últimas décadas. La historia ha de intercambiar métodos, técnicas y enfoques con la literatura y con la filosofía (de la historia y de la ciencia, sobre todo), por el lado de las humanidades, y con las ciencias de la naturaleza, por el lado de las ciencias. Sin olvidar las disciplinas que tratan de las nuevas tecnologías y de su impacto transformador en la sociedad, la cultura, la política y la comunicación.

Aprendiendo de experiencias pasadas, tres son los caminos que hay que eludir, para que la interdisciplinariedad enriquezca a la historia:

1)      perseguir una imposible "ciencia social unificada" alrededor de cualquiera otra disciplina, sin menoscabo del máximo desarrollo interdisciplinar tanto individual como colectivo;

2)      hacer del diálogo historia-ciencias sociales la receta mágica de la "crisis de la historia", que nosotros entendemos como cambio de paradigmas;

3)      diluir la historia en tal o cual disciplina exitosa, como nos proponen hoy en día los narrativistas extremos, en relación con la literatura.

 

¿Cuáles serían las iniciativas recomendables para el tiempo que viene?

El fracaso de la "historia total" de los años 60 y 70 abrió la vía a una fulgurante fragmentación de temas, métodos y escuelas, acompañada de crecimiento y caos epistemológico, que pareció detenerse en los años 90 y resulta cada vez más anacrónica en el mundo que viene, basado en la interrelación y la comunicación global.

Nuestra alternativa es avanzar hacia nuevas formas de globalidad que hagan converger la investigación histórica atravesando espacios, géneros y niveles de análisis.

Para hacer posible una historia a secas, integral, hay que experimentar iniciativas de investigación que adopten lo global como punto de partida, y no como "horizonte utópico":

·        líneas mixtas de estudio en cuanto a fuentes y temas, métodos y especialidades;

·        incorporación a la historia general, de los paradigmas especializados más innovadores;

·        combinar enfoques cualitativos y cuantitativos;

·        articular temporalidades (que engloben presente y futuro) y escalas diversas; escrutar la globalidad a través de conceptos y métodos como mentalidad y civilización, sociedad, red y cambio social, narración y comparación, y crear otros nuevos;

·        indagar la historia mundial como un nuevo frente de la historia global;

·        servirse de las nuevas tecnologías para trabajar a la vez con escritos, voces e imágenes, juntando investigación y divulgación;

·        impulsar la reflexión y el debate, la metodología y la historiografía, como terreno común a todas las especialidades históricas y punto de contacto con otras disciplinas.

 

¿Cuál debe ser la actitud del historiador  frente a la herencia recibida?

Nos oponemos a quienes quieren hacer tabla rasa de la historia y de la historiografía del siglo XX.  El reciente retorno del modo de hacer la historia  en el siglo XIX hace útil y conveniente rememorar la crítica de que fue objeto por parte de Annales, el marxismo y el neopositivismo, reconociendo que dicho "gran retorno" evidencia el fracaso parcial de la revolución historiográfica del siglo XX que dichas tendencias protagonizaron.

El imprescindible balance, -crítico y autocrítico-, de las vanguardias historiográficas, no anula su actualidad como tradiciones necesarias para la construcción del nuevo paradigma, porque simbolizan el "espíritu de escuela" y la militancia historiográfica, así como el ejemplo de una historia profesional abierta a lo nuevo y al compromiso social, rasgos primordiales que habremos de recuperar ahora en otro contexto académico, social y político, con unos medios de comunicación muy superiores a los existentes en los años 60 y 70 del pasado siglo.

 ¿Supondrá la próxima transición demográfica la consolidación de un cambio avanzado de paradigmas?
En la segunda década de este siglo XXI tendrá lugar un considerable relevo generacional en el cuadro de profesores e investigadores a causa de la jubilación de los nacidos después de la II Guerra Mundial.

Podemos encontrarnos con historiadores e historiadoras mayores que siguen siendo renovadores, y jóvenes con conceptos decimonónicos del oficio y de su relación con la sociedad. Nuestra responsabilidad es, a este respecto, capital.

Nunca fue tan crucial explicar la historia con enfoques avanzados -también por su autocrítica- desde la enseñanza primaria y secundaria hasta los cursos de posgrado. La historia futura estará condicionada por la educación que reciben aquí y ahora nuestros alumnos.

                                                              
Se refiere el Manifiesto a la “Historia pensada”, ¿qué nos puede decir al respecto?

Es esencial pensar el tema, las fuentes y los métodos, las preguntas y las respuestas, el interés social y las implicaciones teóricas, las conclusiones y las consecuencias de una investigación histórica.

Somos contrarios a una "división del trabajo" según la cual la historia provee los datos y otras disciplinas reflexionan sobre ellos. Los historiadores tienen que asumir su responsabilidad intelectual tratando de completar el ciclo de los estudios históricos, desde el trabajo de archivo hasta la valoración y reivindicación de su impacto en las ciencias sociales y humanas, en la sociedad y en la política.

Es necesario elevar la creatividad de las investigaciones, subrayar el lugar de la historia en el sistema científico y cultural, fomentar nuevas y buenas vocaciones historiográficas.

Nuestra meta es que el historiador que reflexione intelectualmente, haga trabajo empírico, y que el que investiga con datos concretos piense con profundidad sobre lo que hace, obviando así la disyuntiva de una práctica (positivista) sin teoría o de una teoría (especulativa) sin práctica. Una mayor unidad de teoría y práctica hará factible una mayor coherencia de los historiadores, individual y colectivamente, entre lo se dice, historiográficamente, y lo que se hace, empíricamente.


En ese marco, ¿cuáles son los fines de la historia?

La aceleración histórica de la última década ha reemplazado el debate sobre el "fin de la historia" por el debate sobre los "fines de la historia".

Asumiendo que la historia no tiene metas pre-establecidas y que en 1989 dio comienzo un profundo viraje histórico, cabe preguntarse también desde la historia académica:

·        adónde nos lleva éste

·        quién lo conduce

·        en favor de qué intereses 

·        cuáles son las alternativas

El futuro está abierto. Es responsabilidad de los historiadores ayudar a que los sujetos de la historia construyan mundos futuros que garanticen una vida libre y pacífica, plena y creativa, para los hombres y mujeres de todas las razas y naciones.

Las comunidades de historiadores han de contribuir a construir una "nueva Ilustración" que, aprendiendo de los errores de la historia y de la filosofía, piense teóricamente sobre el sentido del progreso que demanda la sociedad.

 

¿En qué marco reivindican Uds. el papel de la historia y los historiadores?

El primer compromiso de los historiadores debería ser reivindicar la función ética de la historia, de las humanidades y de las ciencias sociales en la educación de los ciudadanos y en la formación de las conciencias. Han de combatir las concepciones provincianas y neoliberales que pretenden confrontar técnica con cultura, economía con sociedad, presente con pasado, pasado con futuro.

Los efectos más notorios de las políticas de desvaloración social de la historia son la falta de salidas profesionales, el descenso de las vocaciones y los obstáculos a la continuidad generacional. Los historiadores debemos aceptar como propios los problemas laborales de los jóvenes que quieren ser serlo, cooperando en la búsqueda de soluciones que pasan por la revalorización del oficio y sus condiciones de trabajo y vida, en el marco de la defensa y desarrollo de la función pública de la educación, la universidad y la investigación.

Queremos alentar la solidaridad de numerosos historiadores, en diversos lugares del mundo, con causas como la defensa de los valores universales de educación y salud, justicia e igualdad, paz y democracia, actitudes indispensables para contrarrestar otros compromisos académicos con los grandes poderes económicos y políticos, mediáticos y editoriales. Es un contrapeso vital para evitar una virtual escisión de la escritura académica de la historia respecto de las mayorías sociales que financian con sus impuestos nuestra actividad docente e investigadora. Una disciplina sin tendencias, discusión y autoreflexión, está sujeta a presiones extra-académicas, con frecuencia negativas para su desarrollo.


¿Cuál sería hoy el compromiso del historiador?

El compromiso que promovemos es diverso, crítico y con anhelos de futuro.

El historiador ha de combatir los mitos que manipulan la historia y fomentan el racismo, la intolerancia y la explotación de clase, género, etnia. Es necesario resistir, desde el conocimiento del pasado, los futuros indeseables. Cooperando y rivalizando con otros científicos sociales y humanistas en la construcción de mundos históricamente mejores, como profesionales de la historia, pero también como ciudadanos.


¿Cuál es para Uds. el presente y futuro de la profesión del historiador?

El objeto de estudio (hombres, mujeres y medio natural humanizado) está evidentemente en el pasado, pero estamos en el presente, y estos presentes están preñados de futuros.

El historiador no puede escribir con rigor la historia al margen del tiempo vivido y de su fluir permanente.

Contemplamos varios niveles en la relación del historiador con la inmediatez histórica: compromiso social y político, tema de investigación, historiografía de intervención o criterio metodológico general para la investigación. Hace medio siglo que los fundadores de la escuela de Annales formularon eso de "comprender el pasado por el presente, comprender el presente por el pasado".

Hoy es preciso, además, poner el mismo énfasis en la interrelación pasado/futuro. La caída de las filosofías finalistas de la historia (sean socialistas, sean capitalistas) ha puesto de relieve un futuro más abierto que nunca. El historiador ha de asumir un papel en su definición con sus experiencias y argumentos históricos, con hipótesis y apuestas desde la historia. Edificar el futuro sin contar con la historia nos condena a repetir sus errores, a resignarnos con el mal menor o a edificar castillos en el aire.

 ¿Cómo podemos integrarnos a la red de HISTORIA A DEBATE, o al menos enterarnos más profundamente de los debates que en ella se llevan a cabo?

Quien desee vincularse con nosotros, puede hacerlo por correo al apartado de correos nº 26, 15702 – Santiago de Compostela, España; a los teléfonos 981-55-21-52 o fax 981-81-48-97, a través del E-Mail h-debate@cesga.es, o de la página web www.h-debate.com.

El que quiera leer detenidamente el Manifiesto, opinar sobre el mismo, criticar, sugerir cuestiones relativas a su contenido, difusión y desarrollo, o bien suscribirse al mismo, puede hacerlo en las direcciones digitales arriba indicadas. Solo pedimos una correcta identificación de los historiadores que se vinculen a la red: nombre y apellido, localidad y país, profesión y/o institución. 

Nuestras listas de correo electrónico relacionan diariamente a 1500 colegas de más de cincuenta países. Los historiadores de la República Argentina constituyen el segundo grupo nacional de los académicos que participan en nuestras actividades, después de los historiadores españoles. Pese a lo difícil de la vida en vuestro país, en ningún momento han faltado a la cita cotidiana de HaD los historiadores argentinos.

Desde las universidades de Europa, América del Norte y de otros países latinoamericanos, apoyamos la causa de las universidades y del pueblo argentino como podemos: la última vez desarrollando una campaña académica mundial a favor de Raúl Dargoltz de Santiago del Estero enjuiciado –y absuelto- por escribir un libro  de historia sobre el “Santiagueñazo” de 1993.

Por imperativos de la historia inmediata, HaD se ha convertido últimamente en una especie de ONG de solidaridad académica. Con la ayuda de todos, porque HaD somos todos, evolucionamos al ritmo del nuevo siglo nacido, como nuestro Manifiesto historiográfico, el 11 de setiembre de 2001.