Grupo Manifiesto Historia a Debate


 Opiniomes

 

(Presentación de las Actas y Manifiesto Historia a Debate, celebrada en la UNAM el 5 de julio de 2002)

Boris Berenzón
Hacía una erótica de la historia


El historiador surge cuando intenta trascender la mirada del Otro, de lo otro, de los otros; cuando interpreta y no sólo explica el pasado; cuando se enamora del Logos, y del Mythos; es seducido por Clío, acariciado por las visiones de Morfeo, estremecido por Thánathos y trastocado por Narciso. Historia a Debate es una comunidad virtual, pero muy vital de más de 2000 historiadores de los cinco continentes. Su coordinador científico es el historiador español Carlos Barros quien, a través de este proyecto, se ha dado a la tarea de entrelazar a la comunidad académica con el propósito auspiciar una labor que permita la conformación de un paradigma común y plural para los historiadores del siglo XXI, inmersos en el mundo de la globalidad.

Las 18 tesis del Manifiesto que hoy presentamos abrazan planteamientos ontológicos, éticos, epistemológicos y metodológicos de la historia como:
- La superación del objetivismo positivista y del subjetivismo posmoderno, considerando que es el historiador quien construye su objeto de estudio, acorde con las influencias que recibe del entorno en que actúa y del momento en que vive.

- El rigor en la investigación histórica, que no se contrapone con sus resultados relativos y plurales, inherentes a la diversidad propia de las sociedades humanas.

El manifiesto se pronuncia en favor de que la imaginación creadora conduzca al “descubrimiento” de nuevas fuentes históricas y potencie el uso de las que en los últimos tiempos han adquirido esa calidad, pues antes se habían quedado en voz, en palabra y en letra muerta, como la oralidad, la iconografía y los restos materiales. Y aboga por la innovación en los métodos y los temas, para salvaguardar la interdisciplina como una respuesta vigorosa ante la complejidad del actual mundo globalizado. De igual manera, propone una reflexión responsable acerca de la fragmentación de los estudios históricos, que desvincula y pulveriza el quehacer del historiador y a la historia misma, invitando a la construcción de una realidad basada en la interrelación y la comunicación global. Promueve el debate y la confrontación intelectual a través, tanto de las modalidades tradicionales, como mediante las que ofrece la informática, cuyo desarrollo corre paralelo al mundo globalizado.

Nuestro manifiesto reivindica la autonomía intelectual de los historiadores ante los poderes establecidos y los que día a día se conforman y articulan, sin ignorar su existencia, pero reclamando el pleno derecho que nos asiste para la definición de los objetivos propios de la investigación sobre los que coyunturalmente plantean las instituciones y empresas, tanto públicas como privadas que aportan recursos para la misma

También, convoca a discernir las tendencias historiográficas actuales bajo la premisa de que la investigación y reflexión históricas son, en esencia, tareas comunitarias. Y busca esclarecer posiciones, no para negar o destruir al otro, sino para “reinventar” la comunicación multidireccional y fecunda, para redescubrir las intersecciones verdaderas y, en fin, para dotar de una nueva inteligibilidad al crucigrama de la historia

- hace honor a la historicidad del conocimiento, al aquilatar la herencia recibida de las principales tendencias historiográficas del siglo XX, particularmente de la Escuela francesa de los Annales, del historicismo, del marxismo y del neopositivismo.

-Historia a Debate surge en el momento preciso; cuando resulta inaplazable volver a preguntarnos por el ejercicio del historiador, y de la historia misma, con una mirada actual, amplia, plural y sobre todo crítica. Es decir, mientras hace una década se preconizó el fin de la historia, hoy es un deber social preguntarnos acerca de su sentido y razón de ser , desde un horizonte crítico que es el único espacio idóneo para responder preguntas tan trascendentes.

Hace poco menos de un año, el 11 de septiembre del 2001 apareció el manifiesto, cuya publicación hoy celebramos y, desde entonces, ha recorrido diversas latitudes, no solo de la geografía interoceánica sino también del pensamiento

Inscrito en la tradición de los manifiestos, sean éstos, artísticos o políticos, el de Historia a Debate significa un primer recuento crítico que pone en la balanza las distorsiones y aciertos del quehacer histórico en el pasado, así como sus potencialidades al inicio del milenio. Así identifica claramente la fragilidad del trabajo académico, cuando éste vive ligado a una sensualidad mórbida con el poder que evita la creación autentica, al atraparlo en la repetición tediosa, detrás de la cual se agazapa la condena a la seducción que siempre acompaña a la genuina creación intelectual y al supremo gozo de la dimensión erótica de la historia.  De igual manera, reclama un sitio preeminente para el historiador, como individuo que crea, construye y deconstruye formas de haber y de saber, en busca de una heterología de la historia, en el impulso y en la frecuencia, en el instinto y en la razón.

También, comprende claramente las tensiones no resueltas entre las condiciones, los móviles, los delirios, las tácticas y las estrategias de la lógica espacio-temporal en la posmodernidad y su angustiada analogía con otra lógica, la de la exhibición de los hechos aislados y los resabios del positivismo. Y las concibe como retos para caminar en busca de una ciencia histórica con sujeto ­sueño eterno de todos los que creemos en la dialéctica de la subjetividad y la objetividad, el rejuego de ser y estar, de existir o asistir a la historia; decirlo vuelve a ser fácil, he allí el nuevo dilema. ¿cómo ser consecuentes con lo anhelado, con el ansia, con la necesidad? Asumir esta premisa, aceptémoslo, prefigura una cierta vocación para redimensionar el discurso de la historia y, por supuesto, el de la misma historiografía, que se ha venido produciendo a lo largo de los últimos treinta años. Redimensionamiento que opera como un vademécum para nuestra avidez temporizadora; como dispositivo crítico de una indistinción entre los hechos y sus interpretaciones. Aun más allá, incluso, de torpes determinismo y funcionalismos, de dilaciones entre la verdad y la mentira, entre los sueños y las vigilias de realidades y ficciones.

El proyecto Historia a Debate no quiere romper con una o varias corrientes para situarse cómodamente en otra; ni condena los dogmatismos para construir uno más. Tampoco invita a deshilvanar la creatividad de la historia ahogándola en las viejas polémicas circulares en torno al argumento de “hacer” y “pensar”, de ser y de estar, de suponer y de realizar, que suelen conducir a las Imposturas de la cátedra o a nihilismos intelectuales. Y como su más importante propósito es crear un escenario en el que los papeles y parlamentos no están preasignados, permítanme sugerir algunas de las tareas que, desde el momento mismo de plantearlas, nos acreditarían como signatarios activos del Manifiesto que presentamos.

Podríamos, sin temores escolásticos o falsos recatos académicos preguntarnos ¿cuáles son los nuevos paradigmas de la historia, más allá de la escuelas o corrientes hegemónicas de la historiografía del siglo XX? y plantearnos con rigor y seriedad la posibilidad y la urgencia de forjar una nueva construcción metodológica y hermenéutica del hacer y del pensar la historia. Asimismo, deberemos revisar los dogmas y los prejuicios establecidos por las diversas corrientes y sus legatarios, para revitalizar sus aciertos y escudriñar sus errores. Repensar el sujeto histórico, mirar bajo una luz nueva la intersubjetividad y postular un objeto histórico libre de esencialismos y de autocensuras. En fin, aminorar el significado que se la ha atribuido a la ortodoxia teórica sin bases sólidas, para bosquejar la ortopraxis del historiador, haciendo vigente la tesis de que sin vida no hay historia.

El Manifiesto se ha configurado a partir de muchas voces, cuyo punto de encuentro es el estudio del pasado y que, por lo mismo, miran siempre al porvenir. De ahí que, naturalmente, Historia a Debate, se conciba como un espacio idóneo para el relevo generacional académico. Porque sólo hay fiesta cuando se mata muriendo y se muere matando. Dando paso a la imaginación y a la pasión se rompe con los reductos acomodaticios de sólo seguir el camino. Sabia virtud de interpretar el tiempo como lo demuestra la obra diversa y por ende de vocación universal de Robert Darnton, Norman Simms, Georg Iggers, Ciro Cardoso, Jacques Revel, Hubert Watalet, Peter Burke y el mismo Carlos Barros, Enrique Florescano, Antonio García de Léón  algunos de quienes han participado en esta empresa.

Para Historia a Debate la historia debe estar al servicio de las mayorías sociales y reivindicar el compromiso con los valores existenciales de una ética planetaria. Por ello en esta propuesta encontrarán su lugar todos aquellos que se preguntan por la verdad, desde el deseo del conocimiento del pasado y quieran trascender la mirada autocomplaciente y yoíca de la falsa erudición circular de grupos, sectas y academias que, acaban por negarse así mismas, cuando sólo están preparadas para cumplir el ritual de repetir el discurso del Amo.

México, Tlalpan - Ciudad Universitaria, a 5 de julio de 2002