Grupo Manifiesto Historia a Debate


 Opiniomes

 
Traducción al español, a cargo de Raúl Rosas von Ritterstein de la Universidad de Lujan, de la interesante reseña crítica del Manifiesto y de HaD por parte del historiador y periodista  Klemens Kaps, de la Universidad de Viena, publicada en:
 
Klemens KAPS, “Auf dem Weg zu einer neuen  Geschichtswissenschaft”, Geschichte Info, Universität Wien, Jänner 2005, pp. 9-10 (http://www.univie.ac.at/strv-geschichte/info_neu/Ginfo05b.pdf)
 
En camino hacia una nueva ciencia de la historia
 
Klemens Kaps
 
Todo se inició en los tempranos 90s, cuando las consecuencias de 1989 se presentaron con claridad y al mismo tiempo se hizo perceptible algo que ya hacía casi dos décadas se venía desarrollando de modo silencioso, dormido, y en general sin ser notado: la así llamada "globalización", muy estrechamente ligada con la tecnología de esos años, Internet. Todas esas tendencias enfrentaron a la Historia con una nueva exigencia, no sólo teórica, sino también práctica. Por una parte, al influjo de las transformaciones sociales se había roto con las "grandes narrativas" de los siglos XIX y XX; por otra, la polémica del área de la política económica contra las "inútiles cajas de orquídeas"[hace referencia en el ambiente universitario alemán a las cátedras "poco relacionadas con el mundo real", el ejemplo más generalizado son las diversas filologías antiguas, n. d. t.] también incumbía a la Historia. Restricciones en las inversiones y los proyectos de investigación fueron el resultado de la general manía ahorrativa. Era 1993 cuando, bajo la dirección del historiador español Carlos Barros, se realizaba en Santiago de Compostela un congreso con el nombre de "Historia a Debate". De este esfuerzo inicial para un nuevo ordenamiento de la ciencia histórica en un mundo regido por el desorden, se desarrollaría un proyecto homónimo, cuyo objetivo era fundar un nuevo paradigma científico sobre el cual debería basarse la futura escritura de la historia. Al congreso de 1993 siguió, seis años más tarde, su continuación, y en ése se sentaron las bases para una primera toma de posición. Sus conceptos fueron formulados en el Manifiesto  e la Iniciativa "Historia a Debate" (HaD, www.h-debate.com), que se publicó precisamente en Septiembre de 2001, y forma parte de todos esos esfuerzos de diverso cuño que, desde Seattle 1999, luchan por una rehabilitación de "lo social", tanto desde lo teórico como desde lo político.
 
Entre Positivismo y Postmodernidad
 
Carlos Barros y los iniciales 23 miembros de la Iniciativa, se separan en este Manifiesto, tanto de la escritura objetivista de la historia a lo Leopold von Ranke, cuanto del proceso postmoderno que, de acuerdo con los editores, conforma una proyección individualista, sin afirmaciones de validez general. Precisamente el campo de tensión entre la objetividad y la subjetividad impregna con claridad todo el Manifiesto. Y es allí donde Barros y Compañía intentan lograr la cuadratura del círculo; afirmando por una parte el fracaso de la objetividad y acentuando la necesidad de la construcción y reconstrucción del saber histórico: "La relación de los historiadores con la realidad que nos rodea pasa por su análisis en un contexto temporal continuo [...] Tomar en consideración las dos subjetividades que influyen en nuestro proceso de conocimiento, agentes históricos e historiadores, es la mejor garantía de la objetividad de sus resultados, necesariamente relativos y plurales, por lo tanto rigurosos." Al mismo tiempo, sin embargo, atacan a aquella historiografía que describen como "postmoderna" en razón de su presumible subjetividad, que imposibilita no sólo cualquier discurso (científico) sobre trabajos de investigación históricos, sino directamente el conocimiento histórico mismo, al no ser más que un constructo meramente subjetivo. Aún cuando se ha de conceder que esta esquematización se relaciona con un escepticismo radical antes que con los reales modos de actuación de lo postmoderno, muestra precisamente de manera descarnada el dificultoso proceso de camino gradual entre la objetividad y la subjetividad: uno de los conceptos no toma en consideración a l@s historiadores/as en su medio ambiente social, que con todo acuña unas formas definidas de leer y escribir "historia". El desarrollo postmoderno refleja esto absolutamente; en cualquier caso, Barros y sus consocios perciben aquí el peligro de una nueva apoliticización, y precisamente mediante la comprensión de la historia como construcción.
 
Consenso y discurso "en red"
 
L@s autores/as de Had quieren deshacer este delicado antagonismo entre el positivismo naïf y el postmodernismo apolítico apelando a dos mecanismos: una concepción de la verdad como consenso, que ha de ser alcanzada mediante un discurso lo más abierto y extendido posible. De allí que se inclinen a la entrada en Internet; l@s historiadores/as de todo el mundo deberían integrarse en una comunidad digital global. Si esto representa  en los hechos una revolución, desde el momento en que de tal modo tod@s l@s hasta ahora marginad@s investigadores/as de los países en desarrollo podrían participar en el discurso histórico, entonces el problema seguramente no puede ser resuelto sin la participación de la política: el equipamiento de las universidades en aquellos estados y su conexión a Internet siguen la lógica de las sociedades nacionales. L@s autores/as del Manifiesto deberían tener en cuenta que ell@s no reflejan esa problemática de manera explícita, pero que sin embargo adoptan una posición principalmente crítica frente a la así llamada "globalización" -justamente también ante sus efectos en la actividad científica.
 
Del retorno de la objetividad tradicional...
 
Pluralidad es la palabra clave -no solamente en lo que a opiniones se refiere, sino además en la selección de fuentes: "Somos partidarios de una nueva erudición que amplíe el concepto de fuente histórica a la documentación no estatal, a los restos no escritos de tipo material, oral o iconográfico, a las no-fuentes: silencios, errores y lagunas que el historiador y la historiadora ha de valorar procurando también la objetividad en la pluralidad de las fuentes."
 
Esto irrita, rechaza todo standard de objetividad para el concepto de Historia como (re) construcción. Esto muestra no solamente el desgarramiento imposible de HaD, sino también cuán problemático es erigir precondiciones para un consenso acerca de las "verdades" históricas, que al mismo tiempo permanezca abierto a la crítica y posibilite una continua evolución de sí mismo. También la conexión entre el trabajo teórico y el empírico que propugna el Manifiesto no resulta aquí una solución patente. En verdad la reflexión teórica en la ciencia histórica debe ser totalmente bienvenida, pero en el caso de que contribuya a explicitar los procesos de reconstrucción del/la investigador/a, y a ordenarlos con ello, pero no queda claro cómo puede esto concordar con lo "objetivo". Finalmente, también Barros y Compañía caen víctimas de la temida "trampa de la objetividad": la recriminación con todo, no se justifica por la falta de objetividad; la mayor carencia del Manifiesto se halla en que en ningún lugar, ni siquiera a modo de insinuación, se define qué se entiende por "objetivo". Sin crítica -y, es todavía más temible aún sin concepto- se retoma la definición positivista tradicional y se la vuelve a escribir. Esta es al menos la impresión que posibilitan las contradicciones internas del Manifiesto de HaD. Si se observa en profundidad, ya existe hace rato consenso en cuanto a que la objetividad representa un marco construido en sí mismo, que debe regular y reproducir  una forma definida de ciencia -y que por ello es susceptible de mutaciones. El III Congreso de HaD, que salió a escena este verano en la española Santiago de Compostela, hizo esto aún más claro. El ya tradicional punto fuerte, en el cual se discutieron temas de la política actual así como conceptos políticos generales en relación con su influencia en la ciencia histórica, experimentó una mayor expansión. Esto señala también la tendencia de los participantes frente a toda ciencia histórica apolítica; en todo caso, el trabajo histórico aislado de lo político es, a priori, imposible.
 
...a una renovación radical
 
Se esboza aquí una versión renovada y politizada del principio constructivista, que debería reconciliar al marxismo tradicional con la Escuela de Annales y el  postmodernismo. HaD se posiciona políticamente como democrática y discursiva, en combate por los Derechos Humanos y los intereses de la mayoría de la sociedad. Esto no significa de ninguna manera una nueva doctrina de la redención, sino que arma un marco para una ciencia histórica responsable, que debe incentivar a  la discusión y la oposición. En ese marco, la construcción no es entendida solamente como un proceso, que parte de l@s historiadores/as, sino algo en lo cual toman parte de modo decisorio l@s que integran el proceso de la investigación histórica. Un entendimiento plural de las subjetividades exige sin embargo también con ello, traer a colación las consecuencias en los sectores de la enseñanza y la formación, donde todavía dispone el positivismo de una hegemonía ilimitada. El estúpido estudio agotador de las cifras de años es el tema que muy a menudo se asocia con "la historia" en una primera aproximación, y  lo que a la vez la aliena. Se espera desde hace mucho tiempo una renovación de la Didáctica y los Temas de Clase. HaD es un intento dedicado y rico en opciones de avanzar contra el actual letargo en las Ciencias Sociales y Humanas, en el cual la apertura de la torre de marfil académica que vienen exigiendo los neoliberales de toda traza resulta algo más que meramente considerado. Es mucho más el punto de giro y bisagra del concepto, en todo caso con un principio politizado, humanista y por lo tanto anti-neoliberal.
 
Es digno de lamentarse que l@s investigadores/as de los EEUU y Europa Occidental permanezcan apartados de HaD, con lo cual ésta amenaza con transformarse en una plataforma hispana e hispanoamericana. Asimismo hay una carencia en el intercambio con los estudiantes, lo que lleva a que el Proyecto siga siendo elitista y profesoral.


 

 

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