Grupo Manifiesto Historia a Debate


 Opiniones


[Publicado como introducción en el manifiesto "Historia a Debate" publicado en Venezuela]

Tenemos el agrado de presentar el Manifiesto Historiográfico de Historia a Debate, elaborado3 historiadores de diferentes países. La propuesta de HISTORIA A DEBATE surgió desde 1993 como un intento de replantear los paradigmas de la historia a nivel del actual mundo globalizado. Teniendo su centro en la Universidad de Santiago de Compostela (España), y como su principal inspirador al historiador Carlos Barros, Historia a Debate ya ha realizado dos Congresos Internacionales (1993 y 1999), y desde el 99 desarrolla una red de debates e intercambios en internet que abarca más de 40 países (www.h-debate.com.). Las propuestas de HaD coinciden plenamente con las ideas que hemos venido defendiendo desde 1992 el grupo de historiadores que nos agrupamos en el Centro de Estudios de Historia Actual "Carlos Márquez" (CEHACANA).

Hemos dicho en diferentes ocasiones que el análisis histórico en Venezuela y toda América Latina se ha plegado a la razón dominante, salvo contadas excepciones. La historiografía está siendo concebida como tarea de una élite. Según esta visión, la producción del saber histórico debe estar reservada a un reducido grupo de intelectuales que cuente con las "credenciales académicas» suficientes para ello. Existen las "altas esferas' de los centros de investigación, que vierten su conocimiento hacia el resto de la sociedad. La posibilidad de que las comunidades populares, grupos étnicos y grupos sociales en general elaboren su propio conocimiento histórico está negada. La verdad histórica sólo puede ser descubierta por especialistas poseedores del respectivo título profesional y que cumplan además con las exigencias manualescas del llamado "método histórico", único e indivisible para todas las épocas y todos los lugares.

La historia escrita por élites busca evitar que las clases dominadas adquieran conciencia del carácter histórico, cambiante, de la sociedad, de su propia historicidad y de su capacidad real para transformarla. El conocimiento histórico, como todo el conocimiento científico en general, debe ser elaborado, aprehendido y debatido por todos los sectores de la población, quienes tienen todo el derecho a decidir sobre las cuestiones que les afectan directa o indirectamente. Hasta el presente las ciencias de acuerdo con el criterio positivista imperante, están divididas en parcelas o territorios claramente delimitados por los "especialistas" en los cuales entra solo el que cumple los requisitos arbitrarios que ellos mismos imponen, lo que les otorga el poder de decidir sobre todo lo relativo a líneas de investigación, proyectos, formación profesional y de postgrados, etc. Nosotros postulamos la construcción de un conocimiento científico que elimine las jerarquía y el monopolio de las ideas por los intelectuales y los especialistas; postulamos la democratización del saber.

Un elemento que resalta actualmente es la exclusión de lo popular en las investigaciones históricas. Explotados, rebeldes, dominados, no son considerados sujetos protagónicos de la historia. Masa pasiva de las élites dirigentes o de las fuerzas económicas y sociales, el pueblo aparece en la historia sin una identidad propia. El desaparecer del pasado de las clases populares y de las naciones dominadas contribuye a mantener y mitificar las formas actuales de sometimiento. Al valorar la historia de los dominados, de los pueblos y los grupo sociales derrotados, consideramos que la razón histórica no está necesariamente del lado de quienes triunfan en términos políticos concretos. Hay muchas sociedades, proyectos y revoluciones inconclusas que dejan mayores enseñanzas históricas que los triunfos político-militares de los grandes imperios que en casa época han dominado al mundo o regiones de él. Rescatar la memoria de los oprimidos es una tarea básica en el proceso de construcción de identidades, la cual consideramos una de las funciones principales de la Historia.

Otro factor coadyuvante de la dominación es la falta de pertinencia social de las investigaciones que se realizan en nuestras universidades. Postulamos en cambio una historia comprometida socialmente, que de respuestas a los retos del presente, aportando explicaciones sobre los procesos históricos que han dado origen a nuestra realidad actual, y proporcionando enseñanzas para orientar el rumbo de la nación en beneficio de las grandes mayorías sociales. La historia no es para saber más, sino para actuar mejor.

La historiografía venezolana debe superar el paradigma eurocéntrico que arrastra desde su nacimiento. No ha existido históricamente una única línea de desarrollo, sino que cada sociedad generó y expandió en forma independiente sus potencialidades productivas, socio-políticas, científicas, artísticas y que sólo a partir del siglo XV la expansión europea incorporó factores de homogeneización en las distintas sociedades del mundo. Por ello consideramos que la historia global/mundial debe mostrar la diversidad y relatividad de culturas, mediante la intersubjetividad, sino el resultado de una comparación de diferentes versiones, donde cada una aporta la visión de su propia cultura y de la de otros.

El actual predominio del capitalismo globalizado no es en modo alguno el "fin de la historia". A lo largo de la historia los centros de poder mundial han ido trasladándose de un lugar a otro, los grandes imperios han colapsado al cabo de décadas o siglos, y por tanto no existen elementos veraces para afirmar que la actual hegemonía capitalista encarnada en los Estados Unidos y los países del G-7 no sea transitoria en el tiempo histórico como lo fue, por ejemplo, el Imperio Romano. En cierta forma, lo atentados del 11 de Septiembre también derrumbaron las tesis de Fukuyama sobre el fin de la Historia, y volvió a colocar a la humanidad ante la necesidad de delinear un mejor futuro, como alternativa ante el riesgo real de autodestrucción al que nos conduce el capitalismo globalizado.

Nuestra historiografía ha hecho énfasis en la pretendida objetividad del conocimiento histórico, colocando a los historiadores como si fueran científicos de bata blanca dentro de un laboratorio, y las fuentes documentales serían semejantes a elementos químicos que combinados producirían un único y exclusivo resultado. Ellos hablan de la búsqueda de la "verdad histórica", frase que siempre he relacionado con deseos propios de ingenuos o que sencillamente ocultan intenciones demagógicas. No la ciencia ni la tecnología son neutras, como formas de produciión y aplicación del conocimiento científi

La ciencia tiene un carácter histórico, responde a cada época determinada y al tipo de sociedad que la desarrolla. También tiene la ciencia un carácter de clase o de grupo social, pues responde a uno u otro de los distintos y contradictorios intereses de clase que están en conflicto en una sociedad determinada. En lo personal, siempre he pensado que len las ideas de Marx está implícita una visión del conocimiento científico más integral que la conocida división en disciplinas que introdujo el positivismo. Sobre este punto las nuevas tendencias que promueven la interdisciplinariedad, la multidisciplinariedad y la transdisciplinariedad apuntan a cuestionar la manera como hasta ahora se produce el conocimiento científico en nuestras sociedades.

En el caso específico de la profesión histórica, el pasado, el hecho histórico, como objeto de la historia, está sujeto a una continua reconstrucción, en la medida en que la historia como ciencia tiene su propia historicidad. Cada época histórica, y cada interés de clase, influye de diversas maneras en la forma de orientar los estudios históricos. El hecho histórico también se reconstruye en la medida en que van surgiendo nuevos elementos de análisis y nuevas fuentes documentales que aportan datos significativos que pueden variar la valoración de determinado hacho del pasado. El historiador construye su objeto de estudio; hay que romper el criterio positivista que sigue imperando en muchos investigadores, que establece una separación sujeto-objeto, separación que es falsa y no responde a la realidad de los hechos , pues el sujeto investigador es parte de diversas maneras del objeto investigado. Su trabajo está condicionado por el tiempo histórico en que vive, el espacio, los intereses sociales que se defienden así como las teorías y métodos que aplica, y hasta por los gustos personales del mismo. Esto no significa que el conocimiento histórico sea de una relatividad absoluta, pues los intereses de clase son finitos así como las teorías y métodos, y siempre podrán realizarse grandes agrupaciones en cuanto a tendencias dentro de la historiografía.

En conclusión, la investigación histórica no es objetiva, en el sentido de que plantee verdades absolutas (el mismo Marx planteaba en algún lugar que la verdad histórica no podía ir más allá de cuestiones como la fecha de la muerte de Napoleón, por ejemplo). En función de ello es que nosotros postulamos la necesidad de construir una historiografía que replantee la historia de América Latina y de Venezuela en particular. Cualquier proyecto de desarrollo político, económico, social y cultural para nuestro país no puede seguirse fundamentando en la visión histórica que la burguesía construyo durante ciento cincuenta años , pues es obvio que las conclusiones de esta visión de nuestra historia están destinadas a garantizar la continuidad de la dominación económica y la opresión política sobre las grandes mayorías sociales. En ese sentido, individuos como Germán Carrera Damas, tal vez el más conocido historiador de la actualidad, ha dedicado toda su obra a fundamentar el nacimiento y desarrollo del proyecto nacional "burgués" en Venezuela. Y creemos que hay que hacer lo mismo pero desde la óptica popular, y en ello comprometemos nuestras investigaciones

Roberto López Sánchez
Universidad del Zulia
Venezuela