Grupo Manifiesto Historia a Debate


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Estimados amigos de Historia a Debate, ¡Saludos desde Chile!

He planteado en una comunicación anterior un conjunto de problemas a propósito del debate sobre Historia y ética.

Mis reflexiones en esta ocasión estarán referidas al historiador en tanto que profesional según la propuesta del Manifiesto.

Lo primero que podemos señalar es que en la medida que el oficio de historiador es una profesión con una formación regular, normada, y que dicha normativa viene dada por la autoridad política a través de los programas de formación universitaria, existe una determinación de los fines de nuestra profesión por un ente público ajeno a la profesión de historiador que protege con su decisión acerca de las características del currículum de la carrera de Historia determinados intereses. Intereses que se presentan como los propios de la sociedad de que se trate.

La relación del historiador con su medio social viene determinada en primer término entonces no por la comunidad de historiadores sino por una decisión de autoridad.

Dicha decisión de autoridad era en España y América Latina hasta la década de 1970 principalmente pública y por lo tanto política. Hoy por hoy en cambio es privada en la medida que la universidad privada ha venido a desplazar, o está en proceso de hacerlo,a la universidad pública. Como es evidente la autoridad en la universidad privada no es pública ni política y por lo tanto acontece en muchos casos que el oficio del historiador ya no viene definido por la "sociedad" sino por un grupo de interés:en Chile por ejemplo instancias católicas conservadoras han fundado universidades, como la Univesidad de los Andes, Finis Terrae, que ya no se legitiman políticamente ante la sociedad y definen sin embargo distintos perfiles profesionales. Evidentemente la falta de transparencia de lo que se llama hoy en día el "mercado universitario" implica que muchos historiadores ignoran absolutamente bajo que perspectiva están siendo formados.

Qué responsabilidad le cabe al historiador ante esta situación según la propuesta de Historia a Debate? Creo, y dejo abierto el debate sobre este tema, que el historiador que suscribe y participa de las ideas expuesta en el Manifiesto tiene que efectuar, como primera tarea, un ánalisis de su propia experiencia formativa. Es decir, responder a la pregunta acerca de su propia formación como profesional: qué valores se me inculcaron en mi propio proceso de formación por mis diversos profesores;qué valores defiende pública y privadamente el ente educativo (Instituto, universidad) que me formó;qué concepción se me entregó sobre mi tarea en tanto que investigador y docente; cuál ha sido mi propia experiencia personal con dichos valores.

De esto se desprende a mi juicio, y quedo abierto para discutir este tema, que un primer mandato del "decálogo" del historiador del Manifiesto sería el siguiente: -Conoce a cabalidad el proceso de formación al que fuiste sometido sólo así tu participación en los ideales del manifiesto será plenamente consciente. ¡Que tu subconsciente no te traicione!.

De nada nos sirve tener claro que nuestra profesión tiene una utilidad científica y social; que está abierta a un compromiso social y político, a una militancia historiográfica; que nuestra tarea tiene un interés social, un impacto social y político; que nuestra tarea implica una participación activa en la construcción de una sociedad de ciudadanos y promotora de valores universales como los de justicia, salud, paz, democracia; que debemos denunciar los mitos que fomentan el racismo, la explotación de clase, género y etnia; si no somos capaces de identificar las ideas contrarias a estos valores que nos fueron inculcadas en nuestro propio proceso de formación.

El profesional de la historia según la propuesta del manifiesto es por la tanto un sujeto crítico, es decir, una persona que se conoce a si mismo, a su medio social. Tiene plena conciencia de los intereses cuya protección les fue inculcada y ha decidido hoy por hoy, conscientemente, comprometerse con dichos intereses o rechazarlos por no ser los enunciados en el manifiesto.

En síntesis, propongo que el primer aspecto de la ética histórica está referido al proceso de formación, en la medida que es responsabilidad individual de todo historiador conocer en que valores fue formado, y por tanto, cuales son los ideales éticos que guarda en su subconsciente.

Estimados amigos quedo a la espera de sus comentarios.Saludos desde este frío rincón del mundo que pasa a ser hoy por hoy, gracias a internet, no rincón sino vértice.

Eric Eduardo Palma.
Historiador del Derecho.
Universidad de Chile; Universidad Central de Chile; Universidad Alberto Hurtado
epalg@vtr.net