Grupo Manifiesto Historia a Debate


 Opiniomes

 
Estimados colegas de Historia a Debate:

Como firmante del grupo manifiesto debo confesar que las últimas discusiones me parecen en muchos casos estériles, por adopción de posturas irreconciliables en las que cada participante quiere, a toda costa, hacer prevalecer su opinión personal sin aceptar el disenso. Entiendo que este no es el sentido (o no debería serlo) de una discusión que apunte, como dice el manifiesto a construir un nuevo paradigma historiográfico.

Si nos planteamos nuevamente la antigua pregunta ¿para qué sirve la Historia? quizás podamos encontrar un hilo conductor que nos permita intentar ubicarnos en posiciones que, sin ser totalmente objetivas a la manera del positivismos, tampoco sean totalmente subjetivas.

El manifiesto sostiene una ciencia con sujeto en la que se piensa al historiador como agente histórico y como historiador, pero esto no significa que lo primero debe prevalecer sobre lo segundo. Si bien no podemos renegar de nuestro protagonismo en el espacio y en el tiempo en que nos toca actuar, tampoco podemos escudarnos en ello para juzgar y justificar cualquier circunstancia del presente y olvidarnos que como científicos sociales tenemos que ostentar y mostrar una serie de cualidades y conocimientos que van más allá del sentido común. El sentido común es también, indudablemente, parte de la construcción del conocimiento científico, pero no es el único.

El manifiesto afirma, además, que debemos recuperar la innovación en los métodos y en los temas, en las preguntas y en las respuestas y en la originalidad de las investigaciones históricas. Sin embargo, muchas de estas discusiones nos retrotraen a antiguas disputas entre posturas antagónicas (para el caso argentino, sólo por dar un ejemplo, liberales versus revisionistas) que marchan por caminos paralelos y que, aparentemente, no encontrarán jamás un punto de acercamiento. ¿No contribuye esto también a la fragmentación? Evidentemente no se trata de una fragmentación metodológica, pero sí de una fragmentación en posturas encontradas que se niegan a ver más allá de la propia postura.

El historiador no es un juez; No puede pretender juzgar los hechos del pasado. Apenas, como seres humano y como historiadores, sólo podremos, tratar de comprenderlos e interpretarlos dentro del contexto. Esta comprensión e interpretación no significa, por ende, descontextualizar los procesos  de las circunstancias históricas que los condicionaron, de la concepción de vida de entonces, de las ideologías imperantes, etc., tal como sucede con quienes pretenden  pretender 'juzgar' con los ojos del presente lo sucedido hace 500 años con la conquista española en América.

No es tarea fácil, sin lugar a dudas, pero éste es el desafío. Si no lo conseguimos, quizás sólo podremos opinar en alguna columna periodística o escribir, con suerte, un 'best seller' buscando algún 'golpe de efecto' en la opinión pública. Lo que así no lograremos hacer será proyectar para el futuro un nuevo paradigma, como declara el manifiesto. La autonomía del historiador no sólo debe ejercerse frente al mercado editorial o a las áreas académicas, también debe  construirse más allá de las presiones de nuestro propio entorno político, social y cultural, en la medida de lo posible. La discusión, imprescindible, no debe hacerse sin la auto reflexión sobre nuestras propias posturas;  ¿o acaso como historiadores/historiadoras, a lo largo de nuestra labor historiográfica no fuimos cambiando de posturas como consecuencia de la aparición de nuevas fuentes, la aplicación de otros métodos, la apertura interdisciplinar, el paso del tiempo, etc.?

¿Esta historia que proponemos a través del debate, es realmente más pensada? o simplemente nos dejamos llevar, en algunos casos, por el fervor de la discusión, sin tener tiempo de reflexionar ni intelectualmente sobre el trabajo empírico ni teóricamente sobre lo que hacemos como sostiene el manifiesto?

Si pretendemos reivindicar la historia debemos mostrar ante la sociedad un nuevo modelo historiográfico que supere los viejos antagonismos y las antiguas dicotomías irreconciliables. Para ello la ética profesional debe emerger y reflejarse en los trabajos y en el accionar de los historiadores e historiadoras.

Para que realmente HaD colabore con sus reflexiones a cambiar la historia de la humanidad, nuestras propuestas deberían ser más abiertas, menos intolerantes y radicales, más pluralistas sin dejar de ser críticas y abiertas a la discusión más reflexiva. Quizás todo esto parezca inalcanzable, pero, y a pesar de todo, todavía creo en las utopías.

María Mercedes Tenti
Lic. en Historia, Mg. en Estudios sociales para América Latina
Universidad Católica de Santiago del Estero (República Argentina)