Estimados colegas de Historia a Debate:

He leído con enorme gusto las recientes colaboraciones respecto de la enseñanza de la Historia. En el segundo Congreso, al que he asistido, he visto el interés que esto despierta, no solo en España. Yo en realidad creo que es una cuestión crucial, en la medida en que permita refundar el vínculo entre la investigación y la enseñanza. Como han señalado López Facal y otros colaboradores, nuestra entrada en los ámbitos de enseñanza, en particular primaria y media, tiene más que ver con asuntos políticos que con los que se relacionan directamente con la producción de conocimientos históricos. Es cierto que existe toda una historiografía nacionalista que armoniza bastante bien con los fines que el estado y la sociedad asignaron a la enseñanza de la Historia durante un largo período de tiempo, pero también es cierto que los tiempos, y la propia Historia, también cambian.

Desde la enseñanza y desde la investigación histórica (no ya necesariamente nacionalista y patriótica) podemos y debemos rever la cuestión del tenor de nuestros relacionamientos académicos, educativos, sociales y políticos. Precisamente lo que la Didática de la Historia está investigando en estos momentos es acerca de los caminos para poner la Historia de los historiadores en las aulas y en los manuales. Es una tarea que recién comienza, y además es una empresa titánica, que va a requerir enormes esfuerzos de todos.

No se trata de "cambiar los historiadores" y luego en clase decir "ya no enseñamos a estos, porque no nos gustan, ahora, enseñaremos a estos otros que son mejores". Sería como pasear el mismo perro, con distinto collar. La Didáctica de la Historia tiene que encontrar un modo de encontrarse con la Historia (¿"las" Historias?), y no con una historiografía contra otras más vetustas o menos convenientes. Esta es su búsqueda, es decir, ésta es su investigación.

Naturalmente que esta investigación empieza en la Historia, en la de los Historiadores, en conocerla, en comprenderla, en valorarla en sus dimensiones diversas y complejas (en lugar de proceder a desplumarla para hacerla comprensible a los niños y jóvenes). Si este no fuera un desafío suficiente, está el de la formación de los profesores que estén al tanto de todo esto. Disponer de gente formada en una cierta ética profesional que entienda el valor de enseñar la Historia de los historiadores y no "algo que se le parece", en razón de que los niños son también "algo que se parece" a los adultos, es nuestro segundo desafío. La enseñanza será todo lo teórica que quieran, pero es antes que nada una cuestión práctica. No sirve de nada inventarse una Didáctica perfecta, si se nos queda en los libros. Para terminar, quisiera considerar -de pasada- el lado "político" de todo esto. No se trata de que además de la Historia de los Griegos, conozcan la de los Hititas, o la de las tribus amazónicas contemporáneas, o las corrientes de la historia económica. No es un "además" ni en sus intencionalidades ni en sus consecuencias. Es otro perro, y otro collar. Es, en definitiva, algo "conmovedor", en el mejor sentido de la palabra.

Entre tanto, lo mejor es seguir trabajando, y compartiendo lo trabajado. Agradezco enormemente la creación de este espacio (ciberespacio) de diálogo, que llega por igual a profesores y a investigadores, socios en la tarea -social y politica- de hacer y pensar la Historia.

Ana Zavala

P.D. Un saludo especial para Carlos Barros y la gente del Congreso,
recordándoles que siempre serán bienvenidos, si se animan a venir por estas
tierras.