Estimado Carlos: 

Estoy muy de acuerdo con Hebe en su reclamo de que la historiografía Latinoamericana no debe etiquetarse de periferia o de centro, especialmente en el caso de los hispanos parlantes. Mi impresión fue la de un congreso altamente preocupado por la epistemología y metodología histórica en general. Es decir que nuestra mayor preocupación fue la de concretizar cuál es la "corrección," la conferencia la llamó "crisis," que historiadores deben implementar, en el caso de aquellos que lo consideramos corrección, o abolir, en el caso de aquellos que la consideran "crisis," para que historiadores y audiencias tengan un dialogo más significativo acerca de qué sea la historia, arte o disciplina,  y su discurso. 

Sin embargo mi manera peculiar de pensar acerca del mundo intelectual del hemisferio occidental me fuerza a responder que no obstante el distanciamiento filosófico entre europeos y latinoamericanos reclamado por algunos pensadores latinoamericanos y europeos, es indiscutible para mí que el futuro de la historiografía de Latino América está en alto grado relacionado, pero no condicionado, y más bien guiado por el hecho de que los habitantes del hemisferio occidental que nacieron y se criaron hablando un idioma europeo, son mentes europeas. Es decir que la perspectiva de mundo, la mentalité, que conforma el pensar sistemático latinoamericano es completamente de raigambre europea. ¡Si hacemos un análisis del pensar sistemático de la historiografía latinoamericana, no encontraríamos sus raíces entre los amerindios de la civilización mesoamericana o la civilización andina, sus comienzos son rastreados en dirección de Europa! El aparato conceptual, definicional y el acercamiento epistemológico en general usado por los historiadores de Latinoamérica son de raigambre europea. Esto incluye también la perspectiva de mundo, el sistema de valores, la filosofía didáctica -aquí yo me refiero a la dicotomía de la realidad histórica entre el agente cognoscitivo y aquello que se quiere llegar a conocer: el objeto de disquisición. Este pensamiento "especulativo," este peculiar inquirir tuvo su génesis en Europa entre los helenos en tiempos antes de Cristo. Cuál es entonces el futuro derrotero de la historiografía latinoamericana se puede ver en los baluartes intelectuales ya bien conocidos -Enrique Florescano, Carlos Sempat Assadourian, Silvio Zavala, Josefina Zoraida Vasquez, Celso Furtado, Federico Brito Figueroa, Eduardo Arcilas Farías, así como también entre los estudiosos recién llegados a nuestra disciplina: Clara Elena Suarez, Antonio Ibarra, Antonio García de León, Támara Estupiñan Viteri, Reinaldo Rojas, Antonio Gonzales Antías, Carlos Suarez, Edelberto Torres, Hector Pérez Brignoli, y otros. ¡Todos estos estudiosos son europeos! Sus modelos de análisis obtienen su andamiaje conceptual y sus suposiciones epistemológicas de Europa. Lo que cambia el contenido del pensar sistemático latinoamericano es el objeto de disquisición, la unidad de análisis: Latinoamérica. 

Lo que hacen a estas observaciones un tanto extrañas es el hecho de que algunos intelectuales latinoamericanos reclaman no ser europeos. Pero el andamiaje conceptual que usan es definitivamente de índole occidental; es allá donde todo esto comenzó. Finalmente, quiero entonces subrayar que el contenido de la historiografía latinoamericana difiere de la europea simplemente como unidad de análisis que está siendo y fue afectada por factores exógenos y endógenos europeos y no europeos. De esto se infiere que para mí Latinoamérica es una manifestación cultural de la civilización occidental. Cultura que debe ser entendida en este contexto como concretización de la comunidad de valores abstractos que componen una civilización. Por ello, debemos hablar, en el caso del hemisferio Occidental de mexicanos europeos, colombianos europeos, en contraposición a amerindios colombianos, amerindios mexicanos, etc.. De la misma manera que se habla de España, Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, y otros países en Europa como manifestaciones culturales de la civilización Occidental, así también debe aceptarse la existencia de manifestaciones culturales de la civilización occidental en el hemisferio Occidental. Muy pocos objetarían el que se diga que la cristiandad de España se manifiesta muy diferente a la de Inglaterra. De la misma manera, muy pocos reclamarían, si algunos, que España no sea miembro civilizacional de la civilización Occidental. ¡La estructura mental latinoamericana es europea! Esto me lleva ahora a ponderar la teoría de dependencia como nos pide Carlos en su petición a debatir la historia como pensamiento sistemático. 

La teoría de Dependencia es precisamente una grafía de lo que Ortega y Gasset precisó en su "Yo soy yo y mi circunstancia." La teoría de Dependencia es una estructura mental de los pensadores sistemáticos latinoamericanos. Digo "pensadores sistemáticos latinoamericanos" por que me interesa incluir tanto a miembros de las disciplinas sociales como a los novelistas y escritores latinoamericanos. De manera que en mi opinión los historiadores y científicos sociales encuentran eco en sus reclamos de "dependencia" económica en los novelistas e intelectuales latinoamericanos en general. Es decir que mucho antes de que los científicos sociales latinoamericanos proclamaran que había un intercambio desigual de riquezas entre el hemisferio occidental y Europa, algunos intelectuales latinoamericanos ya habían destacado en forma intuitiva la presencia de una coyunturas económicas desiguales entre estas dos regiones. Ejemplos elocuentes de estas aseveraciones lo son Rómulo Gallegos (Mr. Danger) y Miguel Ángel Asturias (Mr. Gengis Kahn). No es que yo esté de acuerdo con todos los reclamos que arguyen los dependentistas, pero sí quiero establecer que despachar la teoría de dependencia como si ésta no tuviese acierto alguno es definitivamente caprichoso. Algunos estudios empíricos demuestran algunos de los desaciertos de esa teoría, pero no debemos dejar al margen el hecho de que como "estructura mental," la teoría dependencia si explica mucho acerca de la mentalidad latinoamérica, por ejemplo, Eduardo Galeano y su "Las venas abiertas de Latinoamérica," y su historiografía pasada. Más sin embargo, una mirada a los trabajos de Antonio Gonzales Antías, Reinaldo Rojas, Clara Elena Suarez, Antonio Ibarra, Jorge Silva Riquer y Antonio Garcia de León claramente demuestran que los jóvenes intelectuales latinoamericanos están abriendo nuevos canales de reflexión acerca de su historia y su posición en la historiografía global. Los trabajos de estos jóvenes historiadores latinoamericanos claramente demuestran que en Latinoamérica el uso del pensamiento sistemático ha sido bienvenido en la historia como disciplina en Latinoamérica. 

Eugenio Piñero 
University of Wisconsin-Eau 
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