Historia a debate, contesto a las dos propuestas juntas: lo de una supuesta historiografía latinoamericana y el artículo sobre las concepciones cerca de la guerra civil española. ("Manifiesto") 

Considero que la cuestión para entender los puntos de vista tan opuestos que hay (felizmente todavía) entre los historiadores no pasa por continentes, ni por etnías, ni por el grado de desarrollo del capitalismo en sus respectivos países. Es cierto que eso influye, condiciona las formas en que se asimilan las maneras de hacer historia, las teorías o concepciones que se han ido desarrollando en el mundo, pero ni siquiera es determinante para la elección de temas o formulación de problemas. El fondo está en otro lado, justamente, como lo dice muy claramente el Manifiesto de Combate por la Historia: está en los intereses de clases y las multifacéticas formas que adopta en los complejos procesos históricos. Y tal es así que en HAD II, puse en claro mi pensamiento cuando alguien hablaba de "los argentinos" o de "los latinoamericanos". No, no nos confundamos, allí fuimos muchos expositores de A.L. y varios de mi país con puntos de vista que iban desde la ortodoxia posmodernista, hasta usos del materialismo histórico dialéctico. En mi ponencia y en notas para la reflexión hacía notar qué lucha despareja estamos llevando en mi país contra una historiografía "oficial"aparentemente avanzada (en realidad "globalizada de modo que si se expusiera en inglés o en francés nadie distinguiría si se está ante un ejemplar de la "vanguardia" europea o americana con las "modas" que hoy se pueden englobar en un gran "globo" de la posmodernidad). Pero es interesante observar que en HAD II estos puntos de vista críticos no provenían sólo de algunos latinoamericanos, sino que, aunque aguja en un pajar, aparecía en algunos europeos y estadounidenses. Interesante una anécdota del HAD II . 

Un historiador español desde el público planteó, después de mi intervención, que parecía que habíamos quedado (los "argentinos"), traumatizados (esa es la palabra que usó) con los militares, que allí en España en cambio "habían sabido cicatrizar las heridas". Si por heridas se entiende que hay un abismo entre los intereses de distintos sectores y clases de la sociedad, esas heridas no se pueden cerrar mientras existan las clases a no ser que pretendamos sellarlas con una política de temor, de olvido deliberado, de terror, con la complicidad de historiadores y demás científicos sociales que responden a una línea "oficial" es decir a los sectores de clases que tienen el poder y pretenden manipular el conocimiento y la construcción de la memoria desde las universidades, las escuelas y los medios de comunicación masivos. 

Aquí en mi país, también está instalado el "de eso no se habla". O "se habla" de una parte, pero en realidad se oculta el fondo. Somos pocos los que estudiamos el papel de la oligarquía financiera, el proceso de concentración de capitales y que identificamos los dueños del poder del estado a su servicio, quienes posibilitaron que hoy se haya aniquilado el patrimonio nacional y haya caído a niveles de pobreza absoluta un tercio de la población. Somos muy pocos los que desde la universidad vemos ese proceso en el marco de las formas diversas que va adoptando la lucha de clases. A ese historiador en HAD II, le pregunté si los historiadores de su país, o él mismo, habían estudiado cómo aprovecharon los dueños de los grandes capitales para concentrarse en toda la etapa de la dictadura franquista; qué se había estudiado acerca de cómo tan grandes capitales hoy estaban comprando todas las grandes empresas de mi país y de otros y de cómo ahora estaban avanzando sobre las empresas de propiedad del estado español. Pude comprobar con ese Congreso, entre otras cosas importantes, que historiadores, aún viviendo y trabajando en distintos continentes, con distintas situaciones, pueden seguir - sin saberlo y a veces hasta sin quererlo- las directivas de los sectores del gran capital en contra hasta de sus propios intereses, y se hacen eco de un discurso que afirma que para superar los lastres del pasado es preciso mirar hacia el futuro y por supuesto dejar de escudriñar la realidad con la teoría de la lucha de clases y del imperialismo. 

Comparto con los autores del citado "Manifiesto", yo lo digo con las mismas palabras: "la memoria histórica es un campo de batalla de la lucha de clases". Los historiadores "oficiales" no participan concientemente de la batalla por conquistar la memoria del pueblo, porque en un lavado provocado por la "globalización" y las variadas formas "a la moda" del "posmodernismo", creen haberse convencido y pretenden convencer a los demás que la lucha de clases no existe. Y cuando fui a visitar el Museo del Alcazar de Toledo, ví la memoria viva de quienes vencieron la guerra civil. Ellos sí saben que la lucha de clases existe, curiosa paradoja, mientras le quitan esta herramienta valiosa a los pueblos para comprender su historia. Ellos hacen su propia historia desde sus intereses de clase; pretenden conquistar la conciencia de cada uno de los miles de visitantes que van por día, de todos los escolares españoles; como cuando desde cada púlpito de iglesias se sigue levantando la gesta de los franquistas contra "el demonio" y "los apátridas". Hoy, eso no lo ven los historiadores "del sistema", o no quieren verlo, y convalidan, desde su sitial de privilegio , pretendiendo salirse de la batalla porque saben que puede ser cruenta, porque incomoda, porque no vale en los curriculum agregar, ni siquiera al pie de página, que uno es un historiador que está dando una batalla científica en el frondoso plano de las ideas. 

Estamos ante un debate de crucial importancia para la historia- hoy de la humanidad. 

Irma Antognazzi 
Directora Grupo Hacer la Historia 
Universidad Nacional de Rosario
Argentina