Ciertamente me parece que va siendo hora de que nos ocupemos de la guerra civil como se merece. Pero no para volver hacer la historia militante y de los protagonistas, tan autentica com parcial. Tampoco para hacer una Historia revisada a la luz del pacto sociopolitico de la transicion. Me temo que tenemos que inventar algo nuevo, que responda a las demandas actuales, si es que las hay, que las hay aunque tan profundas como indicaba el companhero Vargas. Los topos salieron de los agujeros hace veinte anhos pero la memoria colectiva y popular no. Una memoria muy diversa y compleja, transformada por la posguerra y el franquismo, que no se agota en la movilizacion anarcosindicalista pero que tampoco puede reconocerla ni convertirla en responsable absoluta de todos los errores y frustraciones, como se ha hecho (porque de todas las fuerzas de la guerra fueron los unicos que no tuvieron una fuerte y organizada herencia en el presente). 

Si los historiadores no somos capaces de situar el debate sobre la guerra y la revolucion donde se merece en la sociedad de hoy, poco nos queda decir sobre nuestra funcion y utilidad social. Porque la guerra es nuestra memoria trangeneracional mas intensa en todo el Estado y en todos los grupos sociales, como puede apreciarse en los velatorios, en las comidas fmiliares, en el cine y la literatura (A lingua das bolboretas), en los periodicos y hasta en el Congreso de los Diputados. 

El debate sobre la guerra y las consecuencias de la posguerra es imprescindible por profilaxis social. 

LOURENZO FERNANDEZ PRIETO 
Universidade de Santiago de Compostela