Estimado Carlos Barros: 

Lamentablemente no pude asistir a HaD2. Sin embargo, me parece interesante la discusión que se ha abierto sobre la historiografía en América Latina y quisiera externar algunas opiniones. 

Aunque el proceso de descolonizacion en America Latina fue 130 o 140 años antes que el de África y Asia, los conflictos de este subcontinente guardan más simitudes con el resto del Tercer Mundo que con los conflictos que se desarrollaron en Europa, Japón o USA en los siglos XIX y XX. 

Creo que los historiadores latinoamericanos no hemos puesto suficiente atención en compararnos con otras áreas del llamado Tercer Mundo. ¿Por qué? Porque nos sentimos siempre "en vías de desarrollo"; porque, por ignorancia, las vemos culturalmente muy alejadas o atrasadas; porque nuestros deseos de alcanzar al Primer Mundo nos ciegan; porque imitar o tomar los modelos europeos o nortemaricanos nos prestigian; porque se puede engañar a algunos o a muchos ingenuos latinoamericanos vendiéndoles la moda historiográfica europea y lo norteamericana como panacea ; ¿porque somos flojos para reflexionar?; o porque creemos, auténticamente, que esos modelos son "superiores", o son los más razonables, o son la tabla de salvacion... etcétera, etcétera. 

Es evidente que en America Latina las oligarquias criollas (por criollo me refiero a un tipo de comportamiento y, de ninguna manera, al lugar de nacimiento o ascendiente familiar) que se formaron en tiempos coloniales fueron las que ocuparon y siguen ocupando, en mayor o menor grado, de acuerdo con el crecimiento demográfico y económico, las posiciones políticas y económicas dominantes en la mayor parte de los países latinoamericanos. Son las mismas familias-mafia las que se han perpetuado y reciclado durante estos 130 o 140 años, a las cuales se han sumado "naturalmente" los caciques, compadres, amigos y sobre todo los "buenos servidores". Esto ha significado la exclusión del 90% de la población latinoamericana en la toma de decisiones, o sea, la ausencia, casi total, de democracia. Ellas han estado, desde hace siglos o décadas, en la mejor posición para apropiarse de las buenas tierras y otros recursos naturales, de controlar las redes mercantiles y financieras, de adquirir empresas, industrias y puestos burocráticos, de darle a sus hijos una mejor educación dentro o fuera - en Europa o USA -. Esto ha significado el desarrollo de una mentalidad mafiosa con sus correspondientes conductas corruptas, de sobreexplotación y violencia silenciosa o de alta o "baja intesidad", y ha significado el mantenimiento de relaciones autoritarias donde desde las altas jerarquías hasta los más sojuzgados han clamado, recurrentemente, ser guiados por el líder guerrillero, el líder sindical, el hombre fuerte o el dictador. 

Son las oligarquías criollas las principales constructoras y promotoras del catolicismo fanático u otras religiosidades, del nacionalismo, el indigenismo, el etnicismo y de la misma llamada "latinidad". Esta ha sido su mejor arma para cerrarse al resto del mundo. El aislamiento de América Latina, la famosa "excepcionalidad" de lo mexicano, lo argentino o lo peruano, han servido para defender los cotos de poder de las elites cuando les ha convenido o sus intereses se han visto amenazados por el capitalismo extranjero. Mientras los intelectuales latinoamericanos desarrollaban sus teorías de la dependencia y achacaban todos sus males al imperialismo, los capitalistas extranjeros firmaban contratos con las oligarquías nacionales latinoamericanas y USA sellaba pactos de intervención con sus dictaduras militares o presidencialistas. 

Por todo lo anterior creo que si los historiadores no vemos que el nacionalismo, el etnicismo, la "peculiaridad de lo latino" y otras formas de aislamiento, xenofobia y racismo han sido los fundamentos en los que ha descansado la ideología de las élites criollas, si no somos capaces de denunciar que el imperialismo ha tenido a su mayor cómplice en casa, difícilmente se podrá tratar de reflexionar y menos de explicar la historia. 

Marialba Pastor 
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM-México