Estimado Eugenio:

Efectivamente no había captado el sentido de tu pregunta final. En principio debo decir que coincido plenamente contigo: en América Latina podemos diferenciar dos (en sentido general) mentalidades: la "occidental" o "europea" y la amerindia, no obstante las diferencias que, a su vez, podríamos encontrar en ellas, y que, como tú dices, entender estas mentalidades (como "programas de percepción de la realidad") es crucial para tratar de comprender no sólo los conflictos sino las producciones culturales, las repuestas frente a los acontecimientos, o las vivencias de lo cotidiano. Me viene a la memoria el libro de Todorov, creo que se titula La imagen del Otro, en el que plantea (grosso modo) que la conquista de América no fue solo un enfrentamiento entre la flecha y la pólvora sino entre distintos modos de comunicación y percepción, planteo este último que, en términos generales y aplicados a las diferencias entre sociedades orales y escrituradas, proponen también otros autores como Jack Goody, Walter Ong o Paul Zumthor.

Y ya que citas a escritores permíteme mencionar a Juan Rulfo quien, en opinión personal (y sin valorar aquí sus enormes méritos literarios), logra expresar el tipo de estructura mental y comunicacional de, por lo menos, los indígenas del centro-norte de México. Los relatos de El llano en llamas y la novela Pedro Páramo son (al margen, repito, del valor literario) verdaderos documentos etnológicos. También mencionaría, en el mismo sentido, a Manuel Scorza, para las comunidades andinas, con su ciclo de novelas sobre los levantamientos campesinos en Perú (Redoble por Rancas, Garabombo el Invisible, El Cantar de Agapito Robles, etc.), y quizás a Augusto Roa Bastos, sobre las comunidades guaraníes (y cito arbitrariamente sólo basándome en gustos personales). Y para terminar, el "sup" Marcos, mentalidad "mestiza" si cabe la expresión, una por origen e inserción social, otra por decisión y voluntad personal, a partir de la primera.

Y con esto retomo el tema de la "ciudadanía universal", con lo que quería expresar, básicamente, dos cosas: un concepto amplio de ciudadanía que, además de los derechos políticos (cuando existen o se cumplen) incluya los sociales y económicos, comenzando por el respeto irrestricto a los derechos humanos elementales (contra los que no caben argumentos basados en supuestas razones culturales, históricas o confesionales) y, en segundo lugar, las "identidades múltiples", como concepto que se opone a las "identidades nacionales excluyentes" o aún a "identidades culturales excluyentes", conceptos éstos que, a su vez, no tienen que ver con el amor espontáneo a la tierra de los padres, o al lugar en que se nació, o a la "cultura materna", sino que son producto, en las sociedades "modernas", de la intervención sesgada del poder político que produce una cultura de base xenófoba.

Por "ciudadanía universal" no entiendo tampoco la homogeneización, la disolución en una "media standard", al modo de la presente expansión neoliberal, sino el respeto a la diversidad, a la pluralidad, a lo diferente, única probabilidad de supervivencia y crecimiento. También entiendo que la propia identidad no tiene porqué ser unilateral: podemos ser varias cosas al mismo tiempo: aymaras y occidentales, "sudacas" y europeos, calabreses y argentinos, irlandeses y yankees, bereberes cosmopolitas, ciudadanos, en definitiva, de aquél planeta "azul pálido".

Un saludo muy cordial

Miguel Somoza
Universidad de Luján

(extracto de Seminario 29/11/1999. Respuestas II)