56.  ¿Qué importancia tiene la historia en tu país?

   ninguna           poca              bastante             mucha

   56.1  ¿Por qué?

 


(Encuesta  Internacional  “EL ESTADO DE LA HISTORIA”  realizada  por  HISTORIA A DEBATE, p.23)

 

Pilar Rodríguez
Universidad de Santiago de Compostela


            En este trabajo se va a analizar las respuestas a la pregunta 56.1. Ésta se podría formular así: ¿por qué tiene -o no tiene- importancia la historia en tu país?

            Antes de nada, cabría comprobar como entendieron los encuestados la pregunta. Dada la ambivalencia del término “historia” y la falta de aclaración por parte de los que enunciaron la pregunta de esta manera, es comprensible que no se de una única interpretación. En general, se ha entendido en dos sentidos (esperemos que en los sentidos pretendidos por los autores de la misma). El primero es valorar la importancia de la historia como disciplina académica y el oficio del historiador. En segundo lugar, importancia de la historia en cuanto que interesan en el país los sucesos del pasado, tanto si nos referimos a la historia elegida por algunos –historiadores o no- con una finalidad “práctica” (legitimación…), o el interés por el pasado para comprender el presente, etc. El observar el objeto de estudio desde una perspectiva o desde la otra, puede dar resultados opuestos, pero no contradictorios, en muchas ocasiones son las dos caras de la misma moneda, en otras no tienen ninguna relación. En ambos sentidos, se refiere a una importancia consciente de la historia, y en la mayoría de los casos adquirida por una decisión de los dirigentes del país, más que de la academia o la comunidad de historiadores. Teniendo en cuenta esto último, parece en principio un poco ingenuo pensar que la importancia de la historia en el país se deba a su valor como magistus vitae. Parece que los que así responden se refieren a una importancia de la historia inconsciente, no manipulable y dirigible… Es evidente la importancia de la historia pasada en la historia que se está haciendo en los tiempos presentes, lo que se pregunta, por lo tanto, es otra cosa: si la historia, por cualquier causa que se precie, tiene peso en el país concreto, en el que se vive o del que se es. De todas formas, lo que contestan esos individuos es lo que en realidad debería de ser, importancia de la historia por aportar respuestas –fruto de estudio concienzudo- a las preguntas del presente, fundamentándose en una función eminentemente social del historiador.

           

            El criterio de análisis de las respuestas, en primer lugar, es clasificarlas por afinidad, tantos las positivas como las negativas. Más tarde se hará una interpretación y reflexión sobre los resultados. Procedemos ahora a la clasificación de las respuestas.

            Se pueden diferenciar unos cuantos porqués a la contestación positiva de la pregunta 56 (bastante o mucha):

            1. Historia-argumento. Argumento legitimador de la Nación o de la existencia del país. Arma de los nacionalismos estatales y subestatales. Discurso legitimador de opciones políticas, de posturas sociales, etc. Alimenta el debate político, posiciona la opinión pública, etc. Creación de una memoria colectiva -al gusto del poder político-. En resumen, la historia como argumento de peso: fundamentarse en la tradición (real o manipulada).

            Esta respuesta no siempre conlleva aceptar la importancia de la disciplina académica y de los historiadores profesionales en el país, ya que no siempre se da, por ejemplo, muchas veces la historia “oficial” no es escrita por historiadores celosos de la rigurosidad.

            2. Historia-función cultural o lúdica. Leer historia como moda literaria de un momento o como símbolo de un determinado nivel cultural o intelectual. Realce de la historia en base a una demanda del público lector. Historia formativa. En este caso tampoco es imprescindible ser historiador para cumplir esta función, es más, literatos y periodistas son los principales protagonistas.

            3. Historia-maestra. La historia tiene peso en el país porque se la considera fundamental para entender el presente y poder construir un futuro mejor.

            4. Historia importante por tradición. Porque la historia del país es larga y “gloriosa”, además de atractiva. Es importante, porque siempre tuvo un lugar preeminente, en realidad de acuerdo a una función, y ahora, aunque ya no la cumple, pervive la misma importancia.  También se diferencian una serie de porqués a la contestación negativa de la pregunta 56 (poca o ninguna):

            1. Historia sólo es memoria manipulada por el poder político para legitimar sus actuaciones. Creación del pasado al gusto del consumidor. Es llamativo observar que lo que en opinión de algunos encuestados era señal de la importancia de la historia para otros es lo contrario, la historia reduce su importancia en cuanto se la utiliza mal (también es porque no hay rigor, es tendenciosa…). Historia falseada, manoseada por muchos. Pero no sólo por culpa de agentes externos, sino a veces por culpa de historiadores que se venden o no son buenos profesionales. Ajena a la realidad en muchas ocasiones, ajena al verdadero interlocutor del historiador –la sociedad en su conjunto- por su servidumbre al poder establecido o por su encierro voluntario en el mundo académico.

            2. Situación de dominación imperialista –colonia de iure o de facto- en la que se encuentra un pequeño país y por lo cual se ha anulado su historia como fuente de reivindicaciones. Historia de dominación externa. En este apartado también se encuentran aquellos que razonan la falta de importancia de la historia de su país, no por un impedimento externo, sino por propia voluntad de los que gobiernan de ocultar algo de la historia, intereses a los que no beneficia dar realce a la historia. Pactos de “olvido”.

            3. La economía es lo que importa, y lo que de beneficios. Realce a las ciencias “duras” porque son rentables, en detrimento de las humanidades y las ciencias sociales. Visión utilitarista y pragmática del gobierno. Presentismo, lo único que importa es el presente; el pasado, pasado está. No financiación –por crisis o por falta de interés-, y el paro no atrae a nuevas generaciones que saquen a la disciplina del agujero. No considerados socialmente ni la disciplina ni los historiadores –por falta de prestigio, de tradición o por infravaloración del oficio-. También se incluye la no valorización por ignorancia de los que gobiernan.

            4. Se considera la historia como ocio, por eso no tiene importancia en su sentido verdadero, científico, sino que se la considera como un género literario más.

 

 

Resultados estadísticos[1]:

 

                            

           

           

            En la pregunta de naturaleza cuantitativa ¿Qué importancia tiene la historia en tu país? un 36% respondieron que poca o nada, un 45 % que bastante o mucha, un 17% no sabe o no contesta y un 1% son nulas. A la pregunta de ¿Por qué? un 23% argumentaron la contestación de poca o nada, un 29% a la de bastante o mucha, un 31% no sabe, no contesta y un 14% de respuestas nulas. Cabría destacar la alta proporción de preguntas en blanco, señal de un grado de dificultad de la pregunta nada desdeñable; aún con todo, más de la mitad de los encuestados han respondido (y muy pocos con respuestas ligeras o superficiales): esta proporción es más que suficiente para hacerse una idea de las opiniones más comunes entre los historiadores, también, si es el caso, constatar la falta de conocimiento del tema. En nuestra pregunta sí que hay opiniones clasificables tipológicamente, por lo que se comprueba que es un tema conocido y tratado entre los historiadores, y el debate oscila entre unas concretas y determinadas opciones. Aproximadamente la cantidad proporcional de preguntas que obtienen respuesta, son similares para el conjunto de respuestas positivas como para las negativas. Esto indica que entrañaba igual dificultad –o facilidad- encontrar el porqué a la importancia de la historia como a la falta de relevancia de la misma.

            Aunque es una pregunta que atañe a cada país –con sus características propias, gran diversidad de situaciones-, se pueden hacer observaciones generales, que se refieren al estado de la historia en su aspecto más general. En realidad, este es el propósito de la encuesta, analizar los resultados globales principalmente, no nacionales. En primer lugar, se percibe una división bastante equilibrada entre los historiadores que opinan que la historia tiene bastante o mucha importancia en su país, y otra mitad (sólo un 10% menos) que argumenta la poca o ninguna importancia de la historia en su país. Estos resultados, ¿se deben sólo a la situación de cada país?, no, porque como fácilmente se puede comprobar, dentro de cada nación o estado hay historiadores que opinan distinto. Sobre esto es necesario reflexionar, ya que no se puede afirmar apresuradamente que los historiadores encuestados no tienen muy clara la situación de la historia en su país, como deducción de encontrarse con respuestas contrarias para un mismo espacio. Se podría decir -también es constatable-, que las respuestas diferentes de los compatriotas, no son contradictorias, sino que contestan la pregunta desde puntos de vista distintos, de acuerdo con la ambivalencia del término historia y los dos sentidos (o más), en los que se puede interpretar la pregunta, anteriormente señalados (estado de la disciplina o interés por la historia escrita). También hay otras respuestas contrarias no contradictorias, que se basan en una consideración de la realidad desde dos puntos de vista distintos, un punto de vista positivo –que añade importancia a la historia- , y un punto de vista negativo. Por ejemplo, la utilización de la historia por el poder político, a algunos le parece que otorga mucha importancia a la historia, otros al contrario (respuesta 1 de las positivas; respuesta 1 de las negativas); del mismo modo, considerar como ocio la historia a algunos les parece que la desprestigia, otros que la realza. En realidad, en la mayoría de los casos, la diferencia entre ambas respuestas es que unos conciben la “historia” en sentido estricto: rigurosa, realizada por historiadores, etc., o quizá porque consideran, como uno que respondió “los mitos nacionales están más en la promesa de un futuro que en la revisión del pasado”, por lo tanto esto no es “hacer historia”. Por el contrario, los otros conciben la historia en sentido amplio, rememoración de sucesos del pasado, en lo que entra cualquier cosa. Cabe decir que también hay una versión media, más moderada.

            En cuanto las respuestas dadas, se puede aproximar una interpretación –y valoración- en su conjunto. La causa con más consenso (68%) sobre la importancia de la historia que señalan los historiadores encuestados, es la de ser argumento legitimador de la nación, del poder político, del debate político, etc. Esto se da en todos los países. Del mismo modo, el argumento contrario, la historia no tiene importancia en su país porque la manipulan y utilizan para legitimar actuaciones políticas, también tiene bastantes seguidores (25%), aunque no es la causa mayoritaria entre las respuestas denominadas “negativas”. Ante la respuesta historia-argumento, no se da una única actitud: hay quién la expresa con matiz positivo, pero también se da el tono irónico, o la acritud... en esta última actitud destaca España (más tarde se hablará más detenidamente de España, por lo que no me detengo en explicaciones). La respuesta que más adeptos tiene (más de la mitad, 59%) entre los que opinan que en su país tiene poca o ninguna importancia la historia, es la de la secundariedad de la historia en el país por causas económicas, la primacía de las ciencias “rentables”, el presentismo o pragmatismo de las políticas públicas. Se señala una infravaloración del oficio y del conocimiento de la historia por estas causas. El no otorgar fondos para el desarrollo de las investigaciones provoca que los historiadores no puedan desarrollarse profesionalmente y se queden en un nivel mediocre, lo que no incita a los jóvenes a optar por esa carrera… la pescadilla que se muerde la cola.

            Estos dos razonamientos mayoritarios (discurso legitimador y primacía de la economía), parecen dos reflejos de la misma situación mundial: la globalización. Su cara más inhumana, el neoliberalismo, afecta directamente, como no, a la depresión de las ciencias humanas. Por otro lado, una especie de vuelta a la historia decimonónica, al servicio de la unidad estatal, puesta en duda por el auge de las organizaciones transnacionales, fruto también de la globalización. ¿Pero esto significa que todo lo conseguido hasta ahora, la madurez y relativa autonomía de la disciplina, va a desaparecer? ¿Van a estar dependiendo siempre los historiadores del vaivén y decisiones políticas para poder realizar su trabajo? Y si es así ¿a qué coste? La función de la historia está en estrecha relación con la sociedad, a su servicio, y respondiendo las preguntas que individuos, colectivos y naciones actualmente se plantean ante el avance arrollador del nuevo e incontrolado sistema global. Pero esto es necesario que lo realice sin estar coartado por nadie, pudiendo dar la respuesta que más se acerque a la verdad, fruto de reflexión y del consenso, pero no la respuesta que siempre quiere oír el interlocutor. Además para respuestas “de conveniencias” de ese tipo ya llegan los periodistas e “historiadores” aficionados, incluso literatos.

            Con todo esto, no se quiere decir que la historia en los países en que es importante como discurso legitimador de la Nación, los historiadores no sean rigurosos, la academia no tenga ninguna importancia, se use de la historia indiscriminadamente, se relegue a los historiadores “de verdad” a una situación marginal, etc., no es así, depende de las situaciones concretas (véase el caso de Francia, con una importancia de carácter justificatorio de la historia, pero que no le quita peso a la profesionalidad y prestigio internacional de los académicos franceses), pero es cierto que esto es un peligro constante y presente.

            La siguiente razón en consenso, “positiva”, –pero ya a mucha distancia de la primera razón- es la de considerar a la historia magistus vitae. Como ya se ha señalado antes, parece la razón más idealista, que se de en algún país un acuerdo entre el poder político y la sociedad en darle a la historia un papel importante, por ser necesaria, no sólo útil en su sentido más pragmático. Pero la realidad es que un 16% opina esto, y no se puede decir que sean todos unos ingenuos, puede ser que en su país sea así, tengan unos ministros mínimamente inteligentes que valoren la importancia de la historia per se, o que se hayan dado cuenta de la necesidad de reflexión, de ver lo que ha pasado antes para no tropezar por enésima vez en la misma piedra y con el mismo pie. En realidad, esto es lo que debería ser.

             La segunda razón “negativa”, es la ya nombrada antes, la mala utilización de la historia como argumento legitimador, en el sentido que ya se ha explicado. De este razonamiento sólo detenerse en lo que algunos historiadores señalan en sus encuestas y es interesante resaltar: la confusión de historia y memoria. Dos realidades muy distintas pero que a veces hasta los mismos historiadores caen en el error de equivalerlas. Pero son dos cosas contrapuestas, el tiempo de la historia se construye contra el tiempo de la memoria. La memoria es algo eminentemente subjetivo –individual o de un colectivo-, sin crítica ni análisis, sin depuración. La memoria es mucho más fácilmente manipulable que la historia, y más inconsciente. La memoria de un pueblo raramente se deja en manos de los historiadores, y sí en manos de propagandistas, periodistas, literatos, políticos, etc., y habitualmente es utilizada. Y esta confusión frecuente es un problema y peligro constante, sobre todo para la comprensión de la disciplina histórica.

            La historia como cultura o como diversión es la función con más trayectoria, y aunque en la encuesta esté en tercer lugar con un 11%, tiene todos los rasgos de estar en período de crecimiento, como decía un estadounidense, la historia como “culta” conversación de los pseudo intelectuales, o la moda vigente de la novela histórica. Esto no es algo malo en sí, entra dentro del servicio a la sociedad, llega muy bien a la gente, pero no puede ser literatura equiparable a una novela de ficción, narración sí, amena sí, pero sin perder el rigor, el estatus de investigación con unos métodos y unas técnicas de verificación, en suma, sin perder el estatus de ciencia y de disciplina académica que nada tiene que envidiar a las “ciencias duras”. Por lo que las respuestas permiten vislumbrar, esta función lúdico-cultural de la historia no es vista negativamente por los historiadores, muchos son los que lo nombran y lo ven como una objetivo a conseguir, que la historia sea leída por un público amplio. Esto también se puede constatar con el escaso 5% de los encuestados que opinan que el considerar la función de la historia como “ocio” es denigrarla, en realidad si sólo es eso, significa que la historia no es importante en el país, pero no por eso directamente, sino por la inexistencia de otra función.

            La importancia de la historia “por tradición” ocupa un cuarto y minoritario puesto en el ranking de razones por las cuales la historia es importante en un país concreto. Y realmente es la razón que puede que hasta ahora haya sustentado el puesto de la historia, pero que con los tiempos que corren cada vez es menos sostenible, y cada vez menos aplicable a los diferentes países, se ve en los resultados: un 5%, y de países de gran tradición historicista (Francia, España…). Además, la historia tiene una función, necesita servir a los tiempos, y no estar sin más –como parece expresar el “por tradición”, y ser campo de eruditos y anticuarios, que estudian el pasado “porque es bonito” (una de las respuestas de la encuesta decía así).

             Por último, la última razón por la cual la historia no tiene peso en el país: con un 9% de respuestas, la ocultación, el que no interesa que se sepa algo, el olvido forzoso, el espíritu anti-histórico. Los que opinan así son, sobre todo,  los países dominados, los que tiene un pasado reciente de dictadura (España) o viven en ella (países de Sudamérica).

 

            Como ya se ha dicho anteriormente, se pueden extraer conclusiones generales, pero también hay notas caracterizadoras de los diferentes países, cuyos historiadores realizaron la encuesta. Los franceses, en general, opinan que la historia tiene mucha importancia en su país, por el nacionalismo de estado, pero también por el dinamismo de la academia de Francia. En Gran Bretaña también importancia, aunque no hay tanta unidad de opinión. En los países de América Central y del Sur se percibe un poco de caos, reflejo de la situación de estos países, hay mucha diversidad de opiniones, también imagen de la diversidad de situaciones de los historiadores, pero prima un tono pesimista. Porque hay que tener en cuenta, y es un factor muy importante, que se les pregunta a los propios historiadores la situación de su profesión en su país, esto es, la cuestión les toca muy de cerca, y el intentar distanciarse de la vivencia personal para hacer una visión de conjunto es harto difícil.  

            Nos detendremos a analizar la situación de España, para ejemplificar lo dicho hasta ahora –aunque también tiene sus peculiaridades-. Se ha elegido este país porque hay suficiente proporción de respuestas como para poder hacer una valoración más o menos cercana a la realidad.

            Veamos en primer lugar, los resultados estadísticos.

 

 

 

 

            Los resultados de las encuestas realizadas a españoles, son más o menos similares a los resultados totales en cuanto el orden de respuestas de más consenso a menos. Pero internamente las proporciones varían un poco, y se dan matices que otorgan un carácter particular al caso español de la nómina general (dentro de la normalidad, sin hacer de él un caso “especial”). La historia-argumento es la más votada entre las respuestas “positivas”, pero no tan abrumadoramente como en el recuento general; sí es verdad que es la opinión del 57% de los encuestados hispanos, pero hay otras razones que le hacen competencia, como es la concepción de la historia “maestra” con un 20% de seguidores o la historia con función cultural y lúdica, con un 16%. En claro detrimento, la historia importancia por tradición, con un 5%.

            Entre los que opinan la causa de la “historia-argumento”, reiteradamente se alude a la cuestión de los nacionalismos (estatal y subestatales). El tono de las respuestas delata la actualidad y seriedad de la problemática, por lo general no son contestaciones asépticas, sino muy sentidas –acento irónico, acritud, pasión, etc., casi nunca matiz positivo-, hay una vivencia personal detrás, y si ya en general el ser imparcial es difícil, aquí se complica todavía más (vivido como profesional pero también como ciudadano). También hay un cierto consenso en la respuesta opuesta: no es importante la historia porque “los nacionalismos la están falsificando”. Y es que es un tema en auge en el debate político, en la opinión pública, y muy utilizado para temas partidistas, propaganda electoral, etc.

            El problema económico (61%) está a la cabeza de la falta de importancia de la historia (en sus dos sentidos) en el país, y es que el neoliberalismo no perdona a nadie, y se nota. En esto hay más consenso que en las respuestas positivas, hay un cierto pesimismo sobre la cuestión de las humanidades entre los historiadores –sobre todo entre los profesores de secundaria, que son los que más sufren más drásticamente los cambios en los planes de estudio-.

            Como tercera y última razón por la cual la historia tiene poca o ninguna importancia en España –según la opinión de un 10% de los historiadores de este país- es la ocultación, en concreto lo que casi todos denominan “el pacto de olvido”, sobre todo refiriéndose a historia reciente, la guerra civil y la dictadura franquista. Este es otro tema que está en vigor en el debate historiográfico, pero también político, y diferencia dos grupos de opinión. El establecimiento de dos posturas encontradas, es algo que se percibe en los encuestados españoles, no sólo en el tema de la historia actual, pero sí a consecuencia de la historia actual. Un ejemplo de esto es que se den dos respuestas encontradas del tipo de estas: uno dice que la historia en España es importante porque “es un país con mucha historia”, “atractiva”, “gloriosa”; y otro dice que la historia no tiene ninguna importancia ya que “ni siquiera parece que estemos seguros de que existe nuestro país…”. En realidad estas posturas no tendrían que estar encontradas, pero se ha otorgado un significado político a la historia –por su uso indiscriminado en tiempos recientes para justificar actitudes y acciones dictatoriales-, lo que conllevó etiquetar de un bando o de otro, temas históricos en principio imparciales. A esto hay que añadir el carácter historicista de los nacionalismos, lo que politiza todavía más la materia histórica. Es evidente que esto causa grave perjuicio a la disciplina y daña la libertad de elección del historiador. Tal y como se expresa en una lúcida apreciación de un historiador, España “es un país acomplejado por su historia”.

            Para terminar, sólo decir que ante la pregunta ¿por qué es –o no es- importante la historia en tu país?, predomina en general una actitud pesimista, ya sea por las causas que hacen que la historia sea importante o por la precariedad de la situación de la historia, sobre todo en aquellos lugares en donde esta situación es más grave. Pero también hay que tener en cuenta lo dicho anteriormente, la pregunta va directamente a un tema íntimamente relacionado con el encuestado, y la respuesta va a tener mucho que ver con la propia situación personal y laboral. Este pesimismo en la respuesta sobre la situación presente no implica un pesimismo sobre la visión del futuro, reflejo de ello es que hagan la encuesta. Y es que conceptuar el problema es el primer paso para solucionarlo: primero reflexión y después actuación. Saber lo que hay para quedarse con lo válido e eliminar lo perjudicial, buscar nuevas vías para avanzar, y nunca esconder la cabeza bajo tierra. Hacer crítica y autocrítica, pero siempre para construir un edificio mejor y, por supuesto, un mundo mejor.



[1] De un total de 631 encuestas leídas: 94 nulas, 201 blancas, 186 positivas y 150 negativas