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III Congreso Internacional Historia a Debate Santiago de Compostela

III Congreso Internacional Historia a Debate
Santiago de Compostela, 14-18 de julio de 2004


11 de setiembre/ 11 de marzo




MESA M. 11 DE SEPTIEMBRE-11 MARZO

Juan Manuel Santana Pérez
Universidad de Las Palmas, España

"Recuperar la razón en la Historia Inmediata"

Los acontecimientos del 11 de septiembre y las repercusiones posteriores vienen a ser la continuación de una apuesta del imperialismo norteamericano y sus correligionarios, por "el lado salvaje de la vida", en una dinámica de clara apuesta por la guerra como motor de la Historia, tal como pensaba Leopold von Ranke y la Escuela Histórica Alemana, que entendía que el sujeto histórico eran los Estados, a los que asociaba con el concepto de nación y por tanto las relaciones internacionales son el objeto central de la historia.

Hoy en día, sufrimos una propaganda de guerra, por ello la contribución de los historiadores a la paz, quiero que sea difundiendo estos contramensajes anti-pensamiento único, tal como decía Julio Cortázar "mientras dure el tiempo de la máscara, todos somos judíos alemanes".

Afortunadamente, todavía las estadísticas demuestran que la gente no apoya estas acciones, porque toda guerra es en sí criminal y espantosa y ningún motivo había para creer que no lo sería ésta, que proclama su legitimidad, como siempre ha ocurrido.

Este conflicto como proceso característico del fin del siglo XX e inicios del siglo XXI se "juega" tanto en los medios de comunicación como en los campos militares, por eso, asistimos a unos intentos de monopolización de la información. Aquí las ciencias sociales en general y la historia en particular tienen una importante responsabilidad. Se nos dice que no creamos nada al enemigo, ya que son "los malos" y todas sus imágenes son manipuladas y tienen truco, pero se nos despacha objetividad a través de los medios de los invasores. No hay buenos ni malos, sólo hay beneficiarios y víctimas, éstas últimas son los pueblos agredidos en primer término, e incluso, nosotros (a una considerable distancia) ya que somos quienes estamos financiando la barbarie.

El dato más espectacular que hará reflexionar a los historiadores del futuro es que con los mismo inicios de la campaña bélica, suben las bolsas, eso es sintomático, business are business.

Todos nos damos cuenta que con los bombas no se acaba con el problema, lo agrava, desde antes de comenzar ya lo apuntábamos, por ello, me resulta absolutamente imposible creer que los cerebros grises de la CIA, no preveían lo que iba a ocurrir, luego no perseguían el objetivo que se nos dice.Seguimos descreyendo de las viejas pedagogías que indican que la letra con sangre entra, a través del conocimiento histórico sabemos que no es necesario matar para imponer la paz y la armonía entre Oriente y Occidente y que el fin no justifica los medios.

Las últimas guerras han tenido la virtud de hacerse odiosas hasta a los propios vencedores, quizás contrariamente a como solía suceder en otros tiempos. Porque nadie quiere que sus hijos vayan a la guerra esperan que vayan otros, ya que esto resulta menos trágico.

Tras el 11 de septiembre, la Guerra de Irak o "Guerra del Golfo II" viene a ser una especie de "Rambo IV", que una vez has visto una, sabes como acaban todas y los historiadores sabemos algo de esto.

Cuando muchos insistieron en retomar a Hegel para proclamar "el fin de la historia", nos encontramos no con el enfrentamiento clases ricas-clases pobres, sino con el denominado conflicto Norte-Sur, o más propiamente, países ricos-países pobres. No hay que olvidar en que zona "se está jugando el partido", en la mayor bolsa de petróleo del mundo. Sin embargo, la visión de la historia que se nos trasmite a través de las teorías implícitas y explícitas acerca del desencadenante de la guerra es lineal, personalizada y ahistórica. Todo es reducido a los devaneos de un loco sanguinario, Sadam Husein.

Debemos partir de que en una guerra hay más de un responsable, "dos no pelean si uno no quiere". Es preciso huir de análisis maniqueistas, es decir, el Séptimo de Caballería los buenos y los indios-árabes los malos.Siempre que estudiamos una guerra en Historia, hablamos del desencadenante formal y de las causas profundas, pues bien, con los siglos, esto no ha cambiado mucho.

En cuanto a la limitación territorial que se le impone a Irak atenta frontalmente contra el principio de la soberanía nacional. Los que estamos contra las armas estamos legitimados para oponernos a la instalación demisiles en cualquier lado, pero quienes aprueban que el planeta se convierta en una tienda de armas, no tienen derecho a inmiscuirse en la planificación militar de un Estado. Si aceptamos la legitimidad internacional de restringir una determinada actividad, estamos aprobando la posibilidad de impedir a un país, por ejemplo, la instalación de una fábrica de transportes, con el argumento de que puede beneficiar a la industria bélica, como sucedió en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, mientras que esta medida iba encaminada a evitar la competencia.

Si continuamos pensando sobre las "coincidencias" de este nuevo punto caliente, hemos de detenernos en que estamos atravesando una crisis cíclica del capitalismo, que la guerra en la antigua Yugoslavia no parece dar más de sí, que por otro lado, se siguen haciendo tratados de destrucción de armamentos y, ahora que ya no existe "el peligro comunista", el mundo árabe es demonizado. Samuel Huntington y su Choque de civilizaciones ya había pronosticado que los enfrentamientos vendrían de las diferencias culturales , religiosas y étnicas, así sustituía la poco creíble y menos rentable teoría del Fin de la Historia de Francis Fukuyama. Esto fue desmontado e ironizado por Edward Sais que lo calificó de choque de ignorancias. Todo esto conecta en el mundo anglosajón con una corriente de pensamiento que imprime mayor importancia social y política a los fenómenos culturales, para ellos el individuo en la sociedad actual se encuentra inmerso en las contradicciones culturales del capitalismo, en el que se han conformado tres lógicas antinómicas hedonismo, eficacia e igualdad; la única salida posible es el recurso a la tradición desechada, la única que puede dar al individuo la seguridad existencial de la que ahora careceLas distintas versiones de la guerra del Golfo y de Afganistán parecen una campaña de marketing apoyada por el monopolio informativo de la CNN, porque ya no se habla de metralletas y misiles, sino de marcas de misiles, donde, a cámara lenta, podemos ver que la producción norteamericana es superior a la rusa. La reacción lógica de los contribuyentes debe ser que compremos mucho armamento porque eso garantiza nuestra seguridad.Unido a esto se acrecienta el problema del racismo con respecto a los otros. Las bases filosóficas del racismo las podemos observar explícitamente en el pensamiento de Aristóteles. Este filósofo decía que el hombre para hacer grandes obras debía ser superior a la mujer, al niño y al esclavo. En los dos primeros casos está plasmada la discriminación de la mujer y de los jóvenes. En cuanto a los esclavos debemos ver que estos en Grecia eran los extranjeros, al igual que en Roma y, en la sociedad occidental eran mayoritariamente de otras razas. Por tanto, en ese pensamiento están expuestas las justificaciones del racismo y de la sociedad de clases, ya que predomina el modo de producción esclavista en el que los esclavos desarrollaban la mayor parte del trabajo.

El sentimiento del extranjero, del "otro" en relación a una existencia comunitaria, es de los de más antigua raíz en los orígenes históricos de la cultura europea. Su presencia en los libros bíblicos es bien patente y luego lo vemos desde Grecia y Roma (el que era de otro lugar era bárbaro y esclavo) en círculos de diferente radio a los que se refiere el concepto de extranjero que se conservarán en Europa.

Pero será en los orígenes de la modernidad cuando se configure y se inserte en las mentalidades colectivas este razonamiento. La presencia del "otro" no europeo fue siempre decisiva en la construcción de las identidades europeas desde el siglo XVI en adelante. Esta formación de identidades se produjo en oposición a ciertos "otros", sobre todo a partir de la aparición de realidades distintas con la exploración de América, �

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