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III Congreso Internacional Historia a Debate Santiago de Compostela

III Congreso Internacional Historia a Debate
Santiago de Compostela, 14-18 de julio de 2004


Reconstrucción del paradigma historiográfico


[Respuesta al mensaje/abstract nº 51 de Santiago Aurell]

Tomo inspirado el texto de Santiago Aurell, porque casi una década me he dedicado a reflexionar la problemática de la historia como discurso, texto, subjetividad y otros relativismos. En México, y en particular en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la corriente jesuita de Michel De Certeau influyó hondamente en el quehacer historiográfico de la institución, donde el texto La escritura de la historia metió a la reflexión a una década de generaciones estudiantiles entre la que se incluye un servidor.

Hoy muchos continúan en ese trabajo apropiándose de lo que se ha dado en llamar la historia cultural, avanzando por textos relativistas como el de la meta historia de Hayden White e incluso a los textos sobre la percepción estética. El impacto de esta corriente siguió por cerca de dos décadas marcando la producción historiográfica de una de las tres alas de la Historia en la ENAH. Los trabajos de Roger Chartier sobre la lectura han inspirado más de una tesis en la ENAH.

Me he preguntado todos estos años, como Santiago Aurrell, la utilidad de los textos que expresan contenidos reveladores sobre la cultura y la percepción de la gente en el pasado, plasmados en el papel. Huyendo de la visión positivista de tomar tal cual el documento, como un hecho o un testimonio, he visto como los textos se relacionan con la cultura y la subjetividad, la mentalidad de la época y los sujetos que los escriben. Por lo tanto no he perecido ante la tentación de considerar lo que refieren los textos sólo como hechos objetivos, o meterme a probar o desmentir que tales o cuales hechos sucedieron, como las escuelas historicistas o positivistas lo han venido realizando en nuestro país.

La objetividad no es un problema de mera contemplación del objeto, sino de la reconstrucción profunda, objetiva y espiritual de épocas y momentos determinados donde existe una tensión continua entre la conciencia histórica y el devenir humano. Ya desde mis primeras reflexiones en torno a la obra de Michel De Certeau encontraba insuficiencias en "la operación historiográfica" cuando veía con desconfianza el énfasis de De Certeau por la subjetividad. La obra histórica en efecto tiene lo que De Certeau dice, un Lugar de producción (nótese aquí el concepto producción que enlaza con el concepto praxis), un referente de lo dicho y una estructura escriturística. Pero dichas aristas a las que se refiere De Certeau son señalamientos en los que la escritura se encuentra como atrapada. El historiador escribe desde sus referentes disciplinarios, se encuentra atrapados por ellos, por su formación y por lo que ha considerado la aceptación tácita de una autoridad disciplinaria. Referencia sobre todo a Foucault que se encarga de explicarnos la microfísica del poder y como en ella el poder se reproduce en los rincones más apartados de la sociedad. Es cierto, la producción esta mediada por referentes de carácter disciplinario donde el reconocimiento de los colegas en la propia institución constituye un punto de despegue. Es cierto, el historiador opera con un referente que es lo que ha sucedido, pues ficción y esta referencia es lo que separa precisamente a la literatura de la historia. Pero no necesariamente lo que dice el historiador, es lo que ha sucedido, pues del referente al relato obra una construcción discursiva, que opera en el tercer círculo propuesto por De Certeau, la estructura escriturística en la que pueden estar metidos las proyecciones del inconciente, recordemos la fuerte veta Lacaniana de De Certeau.

Si bien, las conexiones que De Certeau establecía me parecían ciertas, me pareció desde un principio que faltaba un elemento más que De Certeau no parecía tener en cuenta. El ser humano realiza una actividad material que se cristaliza no sólo en un discurso lingüístico, lleno de palabras y significados, sino en la propia percepción de los demás seres humanos. La actividad material tiene un producto que se traduce en el discurso, pero no en el discurso subjetivo, al que De Certeau hace énfasis, sino en la comprensión material de un mundo y su puesta en práctica. Discurso tiene en griego más acepciones que relato o narración, es también un tratado de conocimientos , es la raíz griega de la ciencia. Faltaba en De Certeau la objetivación material de los conocimientos históricos y faltó también el problema de esa objetivación en la conciencia de los hombres, en su ciencia, en su Espíritu como diría Hegel. Cuando los hombres se comunican, hablan, construyen sus percepciones del mundo, construyen también sus relaciones humanas, imprimen decisiones y relaciones sociales. Faltaba quizás lo que el propio Habermas llamó el mundo de la vida o el de la praxis humana para enfatizar al propio Gadhamer en sus obras posteriores.

Así en mi paso por la obra de Hayden White, encontré también limitaciones pues White afirmaba contundentemente que el inconciente

lingüístico-filosófico de Marx, por ejemplo, era Metonímico, lo cual quiere decir que Marx se encontraría atrapado en una visión de causa-efecto, un mecanicismo propio de los empiristas y tan reduccionista como las visiones estalinistas del siglo XX. Empatar empirismo y la propuesta de Marx, por muy abundante que fuese el discurso, me pareció un exceso. En la ENAH fue aceptado por hombres a los que yo considero inteligentes e incluso se me interpeló en una ocasión diciéndome que White había leído en profundidad a Marx. Pero al leer en particular problemas como la tecnología, la alienación y la autoconciencia, problemas expuestos desde los Manuscritos Económicos y

Filosóficos de 1844, en la ideología alemana e incluso en El Capital, me parecía ridículo decir que Marx era metonímico y mecánico y que su lógica procedía de una lógica de causa - efecto. Así propuse un artículo, publicado en la revista Cuicuilco denominado "La estupefacción por la Forma. Hayden White y el caso de la meta historia en el Análisis de Marx" (Cuicuilco 33/34 1993) que los topos propuestos por White en Meta historia eran insuficientes para calificar las obras de la vertiente hegeliana y dialéctica y propuse pensando en la lógica de White y en las obras de Cohen que si existía un topos que manejaba Marx este sería el paradogista y no precisamente el metonímico. Recorriendo la obra de Marx, fui mostrando como dicho pensamiento se construía en paradojas.

Desde luego, me metí también a pensar las diferencias entre los métodos propuestos por la hermenéutica, la meta historia y la semiótica como

herramientas de análisis de los textos. La creación de metalenguajes que explicaran, en el caso de mi tesis de maestría, la diferencia entre Niceto de Zamacois, historiador de la historia mexicana del siglo XIX, de origen vasco y José María Vigil. Encontré que estos métodos son útiles para encontrar significados diversos y para pensar y reflexionar los problemas que nos proponen estos autores. Nunca he entendido la veta que propone un solo, único método de análisis, como también me parece extraña la manera falsa como al menos en la ENAH se propone que Gadhamer dice que no existe Método y que se debe romper con los métodos, cuando desde mi percepción lo que hace Gadhamer es proponer un método, la praxis y desde luego tomar distancia sobre la percepción positivista de que existe un método establecido de antemano. La estructura de los relatos, sus sentidos, y su relación con el contexto cultural que los produce sigue dando que reflexionar, pero este no es un problema nuevo pues ocupó a la filosofía clásica alemana.

Así bien, desde luego que los textos, los lenguajes y su análisis son útiles para la percepción de los historiadores, pero dichos procedimientos son nulos o pobres si no se tiene en cuenta el problema de la conciencia, los sujetos y los conceptos en la construcción de los historiadores. Dichos problemas son los que tratare precisamente en Santiago de Compostela, si todo va bien como hasta ahora.

Mtro. Arturo Luis Alonzo Padilla. Profesor-investigador de TC,

Licenciatura en Historia, ENAH-INAH-CNCA












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