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Mesa G

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Juan Manuel Santana

Univ. Las Palmas

Nuestra reivindicaci�n del papel del historiador en el mundo actual debemos vincularla a un compromiso social donde a trav�s de la Historia aprendamos que somos libres, que podemos y debemos criticar y cambiar la evidencia de una verdad ya que �sta ha sido constru�da en un momento hist�rico determinado y, por ello, debemos relativizarla.

Muchas de las cosas que forman parte de su paisaje y que la gente piensa que son universales, no son sino el resultado de algunos cambios hist�ricos muy precisos, as� podemos ver la arbitrariedad de las instituciones, cu�l es el espacio de libertad que todav�a podemos disfrutar, y qu� cambios pueden todav�a realizarse.

De este modo, la Historia tendr�a una funci�n deslegitimadora, aqu� radica la importancia de contextualizar la historia del pensamiento en una historia de estructuras sociales porque el pensamiento tambi�n es social.

Existe una inseparable uni�n saber-poder, es decir, "la verdad no est� fuera del poder ni sin poder". De ah� que debamos hacer la historia de las relaciones que unen el pensamiento y la verdad, es decir, la historia del pensamiento en tanto pensamiento de la verdad.

En definitiva como ha se�alado Fontana, la Historia ha de servir para: "... desvelar las legitimaciones en que se apoya la aceptaci�n del presente, y, sobre todo, porque ha de permitirnos reconstruir una l�nea de progreso que pueda proyectarse hacia la clase de futuro que deseamos alcanzar" . Es decir, hay que desenmascarar las legitimaciones en que se sustenta el poder.

Queremos hacer una reivindicaci�n de la heterodoxia de cualquier sistema cerrado y acabado de interpretaci�n, por tanto, el derecho a disentir de aquellos que propugnan unos catecismos a los que hay que ce�irse y que de manera mecanicista tienen todas las respuestas a cualquier pregunta posible hacia el pasado y hacia el futuro. As�, la Historia de la Humanidad ser�a una m�quina perfecta donde cada consecuencia es un producto de una causa y ya podr�amos escribir cu�ndo, c�mo y d�nde se encuentra el final de esta historia interminable. Y, por otro lado, levantar banderas de heterodoxia frente a quienes intencionalmente elaboran teor�as que proclaman el triunfo incuestionable de las actuales democracias burguesas, frente a las que toda duda o negaci�n son calificadas de locura, aberraci�n y fanatismo.

Consideramos preciso seguir manteniendo una postura cr�tica contra cualquier dogma, especialmente los que difunde el poder de las clases dominantes por medio de sus m�ltiples apoaratos de reproducci�n ideol�gica. En este sentido, resulta primordial un compromiso conducente a unificar los planteamientos te�ricos filos�ficos con los trabajos emp�ricos de investigaci�n historiogr�ficos que abordamos cotidianamente, evitando la tan frecuente desligazon entre teor�a y praxis. Una vez aunados ambos campos lo coherente es llevarlo a la docencia, hay que hacer un esfuerzo por llevar a las aulas nuestras desconfianzas en los paladines del fin de la Historia que tratan de perpetuar unas relaciones sociales de producci�n determinadas. Es decir, unificar filosof�a, investigaci�n y docencia de la Historia.

Ante los mensajes presentistas e inmovilistas que difenden los mass media debemos trasmitir unas aspiraciones de cambio hacia mejor, atribuimos a las cosas una historia porque cambian o son capaces de cambiar. Las cosas tienen historia y tienen tiempo, sin que importe el orden de prelaci�n en que le atribuyamos una u otro. En definitiva, sigue estando vigente el pensamiento gramsciano de ser realistas y pedir lo imposible. Hay que apostar por la solidaridad y no s�lo con el pr�jimo-pr�ximo, sino con aquellos que aun no han nacido y con el Tercer Mundo. Una postura �tica coherente debe relacionar teor�a y praxis, con el compromiso del historiador en su trabajo emp�rico y su correlato pol�tico como sujeto perteneciente a un momento hist�rico determinado, donde otros ya llevaron a su m�xima radicalidad este pensamiento dejando la historia acad�mica por la construcci�n de su historia como Marx, Gramsci, Bloch, Negri y actualmente el subcomandante Marcos en Chiapas.

Debemos prescindir de lo absoluto. No es preciso obsecionarse con la b�squeda de la finalidad libertadora porque los propios zig zag de la Historia constituyen un fin emancipador en s� mismo. Lo importante para hallar sentido al proceso hist�rico no es llegar al final, sino estar en el camino.

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