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HISTORIA A DEBATE

Mesa H

Cristina Segura Grai�o. A.C. Al-Mudayna. Universidad Complutense de Madrid

Los estudios universitarios de Historia en Espa�a est�n orientados a la formaci�n de investigadores m�s que de docentes. Para las ense�anzas medias los actuales planes de estudio manifiestan unas importantes carencias que los reci�n licenciados tienen que suplir con su esfuerzo a la hora de enfrentarse con unas oposiciones. La preparaci�n que se intenta dar est� dirigida a concluir los estudios de doctorado y emprender una tesis de licenciatura o de doctorado. La falta de empleo favorece esta situaci�n pues prolonga la estancia en la Universidad unos a�os m�s. Pero, en la mayor parte de los casos esta prolongaci�n no abre nuevas expectativas profesionales y nos encontramos con doctores/as en paro o trabajando, por ejemplo, en agencias de viajes. Esto supone un costo para la econom�a nacional y, sobre todo, una frustraci�n para las personas que se encuentran en esta circunstancia, que son reconocidas a nivel cient�fico pero que no consiguen una promoci�n profesional acorde con su preparaci�n, en la mayor�a de los casos.

Para intentar paliar este grave problema podr�an arbitrarse algunas soluciones que, desde mi punto de vista, deben ir en una doble direcci�n. Por una parte un replanteamiento de la pol�tica de becas y, por otra, introducir modificaciones en la carrera docente.

Con respecto a las becas de formaci�n del personal investigador, provengan de una instituci�n o de otra, deb�an modificarse los baremos para su concesi�n. Actualmente el expediente acad�mico es decisorio y no siempre los/as alumnos/as con mejores notas son los m�s dotados para la investigaci�n. Descuidos de primero de carrera tienen luego un grave costo. El profesorado, por su parte, deber�a ser m�s riguroso en la evaluaci�n de los conocimientos del alumno y tener presente que las notas concedidas son las que conforman los futuros curricula que entrar�n en competencia. Los baremos de becas deber�an ser elaborados por expertos y, con leves matizaciones, ser universales. Es decir que ante cualquier beca, MEC, Comunidades Aut�nomas, Instituciones privadas, etc. hubiera las mismas exigencias. Adem�s, deb�a de haber un seguimiento cuidadoso de los resultados de las becas para evitar despilfarros. Cada beca debe tener como resultado una tesis doctoral, cosa que no siempre pasa. Ser�a necesario crear una conciencia clara de la finalidad investigadora de la beca. �sta es y debe ser, como su propia denominaci�n dice, una inversi�n en formaci�n de personal investigador y profesorado universitario. Lamentablemente, a veces se convierte en un simple medio de vida para los reci�n licenciados mientras encuentran otro trabajo, ajeno en muchas ocasiones a su propia formaci�n.

El fin de las becas de formaci�n investigadora y la lectura de la tesis doctoral abrir�a la puerta a las becas postdoctorales que estar�an orientadas a la formaci�n del profesorado universitario y del personal investigador de otros centros. Estas becas, que se conceder�an tambi�n atendiendo a unos baremos de caracter�sticas semejantes a los anteriores, dar�an paso a la entrada en la Universidad como profesores/as ayudantes.

El acceso al profesorado universitario se har�a por un concurso de m�ritos con un baremo elaborado por una comisi�n de expertos y, respetando la autonom�a universitaria, semejante en todas las universidades. En �l se primar�a el haber disfrutado de las dos becas anteriores y haber desarrollado con suficiencia la labor investigadora. La aplicaci�n de este baremo no la har�a el departamento al que se adscrib�a la plaza sino una comisi�n de la Universidad.

El acceso a las categor�as de profesor/a Titular y a catedr�tico/a se producir�a de forma autom�tica al conseguirse un n�mero determinado de quinquenios de docencia y de investigaci�n.

El cumplimiento estricto de la LRU en lo referente al n�mero de alumnos/as por grupo y a las actividades docentes complementarias supondr�a un importante incremento en las necesidades de profesorado. A ello habr�a que unir la implantaci�n de la jubilaci�n a los 65 a�os y el acceso a partir de los 60 a una situaci�n de "actividad reducida", en la que el profesorado se dedicara a la direcci�n de tesis y a impartir cursos de doctorado.

Todo esto podr�a acompa�arse de una dinamizaci�n de los Institutos Universitarios como centros de investigaci�n y de la creaci�n de figuras de personal investigador adscritos a las universidades.

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