Historia a Debate


HI con 15 M

 

Hola a todos!

 

El movimiento Democracia Real Ya-15M-Indignados reúne varias características que lo hacen un serio aspirante al éxito. Por un lado, sus reivindicaciones (su “programa”) son muy realistas porque atacan frontalmente problemas concretos, porque se proponen objetivos perfectamente materializables, y porque todo ello le aporta (como estamos viendo) un creciente apoyo social. A diferencia del “Mayo del 68”, están “pidiendo lo posible”. Otra cosa es que el (también creciente) empecinamiento del Estado lo haga todo “imposible”, aunque así consiga aumentar las razones de los Indignados.

 

Sin embargo, a mi juicio lo más interesante se encuentra en los medios con que se proponen alcanzar sus fines: la participación democrática y la no violencia. Ambas no son meros atributos formales, sino que constituyen también su “programa”, sin duda su mejor parte, y desde luego su “nueva ética”. Una de las principales lecciones del Movimiento Antiglobalización de la pasada década es que la violencia capitalista no se combate a pedradas. Ninguna violencia se combate con más violencia. Y una de las lecciones del fin del bloque soviético es que el conjunto de derechos y libertades democráticos de las constituciones liberales, que son asimismo derechos humanos, constituyen un bien irrenunciable.

 

Muchos tertulianos televisivos reprochan al Movimiento 15-M que “no está organizado” porque no posee una estructura jerárquica. Como es obvio, no se están enterando de nada, no porque sean tontos, sino porque su mentalidad pertenece al mundo que está muriendo. La organización horizontal de DRY es su propia propuesta de ejercicio de la política: ¿o acaso no somos todos iguales? Y la inexistencia de “representantes oficiales” de los Indignados no es consecuencia de su desorganización o de sus desacuerdos. Es el resultado de su estrategia participativa. Cualquiera, en cualquier momento, puede representarlos a todos, porque todos han intervenido democráticamente en el proceso de toma de decisiones. Es el pueblo realmente soberano.

 

Y pacífico. La opción no violenta de los Indignados no es una pose coyuntural destinada a despertar la simpatía de amplios sectores sociales o a presentar una cara amable del Movimiento (¡por fin en España podemos hablar “del Movimiento” sin referirnos al del 18 de julio de 1936!). Por eso la Policía se ha esforzado tanto en provocar incidentes, infiltrando agentes entre los indignados con el objetivo de alentar o llevar a cabo directamente actos violentos. Pero no han podido robarles el alma. Frente a la inmensa brutalidad capitalista, que no tiene parangón en la historia de la humanidad, el pacifismo es un lenguaje alternativo cuya eficacia probó Mahatma Gandhi. Ya lo apuntaba un indignado el mismo día 19 de junio: “la violencia es un monopolio del Estado y su Policía, que se la queden toda ellos, no la queremos”. El nuevo mundo posible será pacífico o no será; la violencia debe ser desterrada de la historia.

 

Por otro lado, el 15-M ha nacido en un contexto histórico general de reapropiación de la soberanía por los pueblos del mundo. Un proceso que comenzó en América Latina durante la pasada década, y quizás un poco antes si incluimos la Rebelión Zapatista de 1994. Allí ha adoptado diversas formas, desde la victoria electoral de Lula en Brasil en el año 2002 hasta las luchas populares de Bolivia por el control de sus recursos naturales de esos mismos años. Y continúa.

 

En lo inmediato, la crisis financiera, en combinación con la corrupción y el totalitarismo, ha provocado a lo largo de este año una serie de revueltas en el Mundo Árabe sin antecedentes en su historia, aparte de las que se desencadenaron durante su largo proceso de descolonización. Y en Europa, sobre todo los islandeses y los griegos se han opuesto firmemente a las políticas gubernamentales frente a la crisis, si bien con desigual éxito. También los portugueses se han movilizado significativamente. Y en Italia, no tanto la recesión como su presidente del gobierno, está generando una agitación social nada despreciable. En cualquier caso todos estos pueblos están exigiendo esencialmente lo mismo: Democracia.

 

Al 15-M no se le escapa la naturaleza global del problema que está abordando (el capitalismo), ni la respuesta popular casi global que está provocando (también ya en la República Popular China). Por eso, desde el principio ha adoptado la estrategia de la internacionalización, en la que está profundizando, como lo hizo antes el Movimiento Antiglobalización: no es una oportunidad, es una necesidad. Aunque cabe esperar que los grandes capitalistas se resistan y contraataquen, un inmenso tsunami social está formándose y amenaza con barrer el capitalismo de la historia, pacífica y democráticamente.

 

Sin embargo, en España esta ola tendrá que afrontar un rocoso acantilado “suplementario” que explica en parte la resistencia del Estado a atender las peticiones de “sentido común” que blanden los Indignados. La persistencia sociológica, política y cultural del franquismo: la incultura y la desigualdad, la memoria histórica y Garzón, el catolicismo conservador y totalitario, el Diccionario Biográfico…

 

Es como si la Guerra Fría hubiese pospuesto este conflicto inevitable. No en balde, el “referente ideológico” del 15-M, Stéphane Hessel y su “Indignaos”, sólo han rescatado de aquel pasado los valores intrínsecos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Estos principios y valores los necesitamos hoy más que nunca”, nos apremia Hessel. Pero el Movimiento también tiene a su favor hombres que “vienen del futuro”, como Eduard Punset: “no paréis”, les dijo. Eso esperamos.

 

 

Saludos cordiales.

Domingo Marrero Urbín
Profesor de secundaria,
IES Lila, Gran Canaria.
 



 

Volver