Historia a Debate


HaD con Dionisio Pereira

 
LA OPINIÓN
Martes 10 de junio de 2008

Paul Preston: "El aparato judicial de este país permite demandar a los historiadores, lo cual es cruel, insano y antidemocrático".

ISABEL BUGALLAL. A CORUÑA.

-Usted escribió sobre Carmen Polo, ¿cómo era?
-Era una persona bastante dura, egoísta, una burguesa asturiana bastante esnob de entrada y que una vez que a su marido lo empezaron a tratar de celebridad se le infló la cabeza y llegó a pensar casi que era la reina de España, puesto que Franco se había atribuido características de rey en la ley de sucesión, en la que se titulaba de regente vitalicio. Se creía todo eso, y tenía amigas que le decían que tenía derecho a todo porque su marido había salvado a España. Cogió mala fama por no pagar a los joyeros y a los anticuarios.

-Cuando venía los veranos se echaban a temblar.
-Eso dicen, pero es muy difícil encontrar un joyero que dé detalles de que fuera así. Lo comenta todo el mundo, tanta gente que uno ya empieza a pensar que debe ser verdad.

-¿La familia Franco debe de seguir disfrutando del pazo de Meirás?
-Yo soy un extranjero y no soy quien para decir lo que hay que hacer, por tanto sólo doy mi opinión. El pazo es un edificio importante para el pueblo gallego porque perteneció a Emilia Pardo Bazán y fue regalado a Franco por suscripción popular: todos sabemos que fue un impuesto a los coruñeses y que lo pagaron ellos. Como mínimo, pertenece a los coruñeses y como mínimo debe
estar abierto al público.

-¿Es normal que la familia Franco vuelva a Meirás constantemente, celebre allí bodas y se pasee tan campante?
-En Alemania, los herederos de Hitler -si es que los hay- no disfrutan de cosas que se hubieran auto atribuido durante la dictadura. Igual en una dictadura suramericana es normal. Habría que contestar en gallego: depende dónde es normal o no. Las otras dictaduras europeas acabaron en derrota bélica, pero ese no fue el caso de España y parte de la Transición y de la amnistía -base del llamado pacto del olvido- fue no tocar estas cosas. En una democracia europea es bastante llamativo que la familia de un dictador siga disfrutando de las prebendas de una dictadura.

-El caso del historiador gallego Dionisio Pereira muestra los agujeros de la ley de la memoria histórica, que facilita que se intensifiquen los juicios contra historiadores.
-Sí, el aparato de Justicia de este país permite que se pueda demandar a los historiadores por el resultado de sus investigaciones. Es una manera de cohibir e impedir que salga a la luz la historia reciente del país. A mí, y a los otros 400 firmantes de España y de otras partes del mundo (de un texto de protesta enviado al presidente del Gobierno y a las Cortes) nos parece cruel, insano y antidemocrático.

-¿Qué herencia ha dejado el franquismo?
-La idea de que en política el servicio público puede llevarse al beneficio privado.

-¿Por ejemplo?
-La destrucción de casi toda la costa española, porque los responsables de dar o de negar los permisos de construcción han obrado más en beneficio propio o de amigos que de la comunidad a la que sirven. Otra herencia envenenada del franquismo es el problema de las autonomías.

-Aún no resuelto, ¿ve alguna solución?
-Creo que el error está en el comienzo. La cosa empezó mal: la dictadura era centralista y veía las diferencias culturales de las nacionalidades históricas como separatismo, así que reprimió los nacionalismos periféricos. Si no hubiese sido por la represión franquista, hoy el nacionalismo vasco no sería tan extremo y sería difícil suscitar con tanta facilidad el odio a los catalanes que hay en el resto de España. Durante la Transición, se cometieron errores que no ayudaron: la derecha, para no demostrar indulgencia a los nacionalistas, sobre todo catalanes, inventó el café para todos y así es como Madrid y otras regiones se convirtieron en comunidades autónomas, a pesar de que nunca tuvieron nacionalismo propio, ni lengua, ni cultura diferente. Otro problema es que el sistema de financiación no es transparente y es diferenciador: el País Vasco tiene unos privilegios que no tienen otras. Yo opino que la solución sería un sistema federal con un modelo de financiación transparente. Es difícil conseguirlo pero, a la larga, eliminaría las tensiones.

-¿Cómo observa lo que está ocurriendo en el PP?
-La inmensa mayoría de la población no sigue con atención estas cosas, está pendiente de llegar a fin de mes. Y yo creo que la inmensa mayoría de la gente es de centro-izquierda o de centro-derecha. El partido que pueda ocupar el centro es el que responda a los anhelos y deseos de la mayoría. La crispación de los últimos años, que ha sido originada por la derecha y contestada por la izquierda, y las dos derrotas electorales seguidas han provocado una reconsideración de si ha sido o no acertada una política tan de extrema derecha. Habrá que ver si la actual crisis desemboca en una escisión de la extrema derecha o el Partido Popular se hace de centro.



 

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