Hola a todos:

Me ha sorprendido agradablemente la intensidad de las intervenciones que han tenido lugar al poco tiempo de plantear este debate, y creo que de ellas ya van apuntando líneas de discusión en las que me interesa profundizar. Evidentemente, la finalidad de un debate como este no es sólo la de recopilar un repertorio de errores del alumnado para solaz jocoso, llanto inconsolable o arrebato de santa indignación del profesorado implicado; lo interesante es que los disparates están ahí, preceden a la actuación didáctica, perviven a ella y se transmiten, convirtiéndose en algo más que en anécdota: en conceptos operantes con los que el alumno, nos guste o no, construye su visión de la realidad en que vive. El conocimiento histórico vulgar se nutre, como dice una conocida cita, de lecciones mal recordadas, lo que el abuelito hizo en la guerra, documentales televisivos a los que les faltan la mitad de las secuencias, novelas históricas sensacionalistas, fragmentos del folklore local, una docena de películas, lo que logramos ver en la última excursión turística antes de que el pequeño de la familia se marease, varios chistes sobre Enrique VIII y esa pintura al óleo del rey muerto en el campo de batalla con la cara verde... Renunciar a conocer esa realidad puede servir de bálsamo a nuestra conciencia profesional, si lo acompañamos de una atribución de la responsabilidad de las barbaridades a esas fuentes espurias; pero a mí, particularmente, me parece más interesante penetrar en esa red semántica de significados para intervenir sobre ellos y dotar a mis alumnos, en la medida de lo posible, de los elementos para elaborarse una visión no mistificada de su devenir histórico, que a la postre es de lo que se trata. ¿Que también es responsabilidad nuestra (métodos trasnochados, inadecuados, programaciones extensas y falta de tiempo, inadecuación del lenguaje empleado en las explicaciones al nivel de madurez del alumnado...)? De eso podríamos discutir, y mucho, y me gustaría conocer vuestros argumentos. Yo constato, por ejemplo, que mis alumnos de 4º de ESO que cometieron los ya citados errores sobre Franco y su era nunca habían visto antes el periodo de la Historia de España comprendido entre 1931 y la actualidad...ni tampoco Historia Contemporánea Universal. Las consecuencias se pueden observar incluso en las actitudes ( a cuya formación se consagra el espíritu educativo de la LOGSE): en uno de mis grupos "disfruto" de la presencia de un grupo de skins filonazis entre los que se encuentra...un chico negro de origen hispanoamericano. ¿Que puede parecer un poco alambicada la relación entre errores del alumnado y su cosmovisión? Acabo de corregir un examen relativo al descubrimiento y colonización de América donde un alumno define a la Casa de Contratación de Sevilla como "el lugar donde acudían los indios a pedir trabajo" (sic)... No puedo estar más de acuerdo con lo que dice Susana Murillo: la memoria histórica tiene efectos políticos, y en los tiempos de xenofobia que corren por aquí lo anterior es una muestra.  Reconozco también , con Raúl Dargoltz, que no todo el cupo de barbaridades se cubre con las de nuestros alumnos. Una de mis muestras favoritas es el "fino análisis" que Xabier Arzalluz realiza de la Guerra de Independencia española (1808-1813), publicado en el diario DEIA de 1 de julio de este año: "No quiero entrar en la famosa ‘Guerra de la Independencia’, con el alcalde de Móstoles, David (sic) y Velarde y Agustina de Aragón. Ningún comentario de cómo fue posible que toda la clase dirigente española, sin excepción, fracasara tan estrepitosamente. Un Rey que abdica en su hijo por imposición de Napoleón, y un hijo que entrega la Corona a Napoleón. Un país entero que recibió sin chistar a José I Bonaparte. Y si no hubiera sido por Waterloo, se hubiera perpetuado la dinastía napoleónica en España. Y si no hubiera intervenido Wellington no habría habido Guerra de la Independencia. Con todos los matices y peros, esto fue así." Que la batalla de Waterloo ocurriera en 1815 y la guerra de Independencia terminara en 1813 no parece que sea motivo serio que afecte a lo esencial del discurso de este autor, para quien no debe existir, por lo que parece, guerra de independencia mejor que la suya... Y en otros predios ideológicos también las hacen llamativas: vivo en una localidad de la periferia industrial de Madrid, en un municipio gobernado por la izquierda y en un barrio de nueva creación y desarrollo urbanístico ejemplar, donde las calles han sido bautizadas con nombres que conmemoran a figuras femeninas emblemáticas de la cultura y/o de la lucha política. Pues bien, la fidelidad en la conmemoración, ese intento de celebración conjunta que supone la definición de un "lugar de memoria", como dirían los franceses, no debe figurar entre las prioridades de mi ayuntamiento, al que me he dirigido en varias ocasiones para que rotule correctamente las calles hoy todavía dedicadas a "Victoria Kents " (sic) y "Rosa de Luxemburgo" (sic, sic...) (que corre el riesgo de acabar confundida con una folclórica al uso...).

En fin, dejo aquí estas reflexiones y espero atentamente las vuestras.

Un saludo

Fernando Hernández Sánchez
Dto.de CCSS, Gª e Historia
IES."SEFARAD" Fuenlabrada
Madrid (España)